jueves, 28 de febrero de 2013

TRES POETAS NORTEAMERICANAS


Foto: Jan Faukner

 
TIEMPO PARA RESPIRAR

                                                   (Adaptado de una prosa poética de Jean-Pierre Burgart)

Anocheceres perdurables, mezclados
uno con otro. Océanos meciéndose
tranquilos, dársenas reflejadas y aquellas
calles indescifrables que
se inscriben en el cielo
más allá de la trayectoria de los vencejos.

Esa frescura, una
y otra vez, el verano
en los pliegues de tu vestido, tela misteriosa.
y en la perturbadora
y suave elegancia de tu cuello.
La misma sombra veraniega
asomando en tus ojos.

La noche parece acabar de repente
en el horizonte. Tal vez nunca
llegue. Tal vez,
renovados por el hálito de estos
primeros días de verano,
dejemos de morir.

Denise Levertov (1923 - 1997)

Traducción: Rosa Lentini y Susan Schreibman






nací con doce dedos
como mi madre y mi hija.
cada una de nosotras
nació llevando extraños guantes negros
bebés con dedos de más asomando por los bordes de las cunas y
bañándose en la leche.
temían que aprendiéramos hechicería
y nos cortaron los portentos
pero nunca comprendieron
la poderosa memoria de los fantasmas.   ahora
cogemos lo que queremos
con dedos invisibles
y nos comunicamos
mi difunta madre    mi hija que está viva    y yo
a través de nuestras terribles y oscuras manos.


Lucille Clifton (1936 - 2010)

Traducción: Rosa Lentini y Susan Schreibman

Foto: http://rosemortem.tumblr.com/






SERVICIO SELECTIVO

Nos levantamos de la nieve donde estuvimos
acostados y llevados por el aire como niños,
desde el dibujo de alas perfectas y trajes de fiesta,
y nos tambaleamos con aliento a vino, hacia la ciudad
donde la gente está construyendo
sus ejércitos de nuevo, pocos años después
de las bolsas de cadáveres, de los incendios. Hay un hombre
al que he llegado a amar después de los treinta, y tenemos
nuestros rituales de café, de aeropuertos, la pena.
Después del amor, fumamos y dormimos
con unas revistas, dos copas
y el colapso negro y blanco de las horas.
¿En qué tiempo vivimos que es tan tarde
para tener chicos? ¿En qué lugar,
que sólo pensamos diversas formas de abandonarlo?
No hay lugar desde hace tiempo
para una tarjeta de servicio selectivo destruida
durante un combate, la prisión que viene luego,
una bandera desgarrada por el viento en su palo
y los muchachos enviados a casa en bolsas de basura.
Les diremos todo. Están en la edad de aprender fracciones.
Les diremos todo sobre las fracciones.
La mitad de nosotros están muertos o callados
o perdidos. Dejen que hablen por sí mismos.
Nosotros nos echamos en los prados y dejamos atrás
los cadáveres de ángeles.

Carolyn Forché (1950)


Traducción:  Jorge Aulicino

Foto:
http://keep-it-kinky.tumblr.com/

lunes, 25 de febrero de 2013

LYN







Si el cincel golpea con rabia

El suave y relajado relampagueo de tus delirios

Sin la más mínima prueba

De que mi verdad sea incólume,

Es que mi sinrazón preside este juego,

Es que mis ansias destiñen la presencia de una flor,

De un jardín antagónico al movimiento del día.

La desolación tantas veces ha fogueado mis alientos

Y hoy mi casa no es más que piedra

Y de piedra esta hecha la bruma que avanza

Hacia el palpitar inútil del ser.



Rechazar el minimalismo de un corazón.

Rechazar el arpegio doliente entrecruzado, tu gesto.

Nuestras pieles son lóbregas y sin tino

A la luz de una vela doblemente consumida.

Lejanía, fuego abierto, sonrisas húmedas,

Estruendos de una fiesta vespertina. 



Ya las noches no capean tus embarcaciones

El sol ya no hace piruetas en los trapecios de tus ojos



¡Parte pues hacia tus tierras germinales!

¡Puebla esa solitaria evocación!

¡Marcha pues hacia tu gobierno de sangre y rosas!

¡Paséate por los ámbitos tranquilos de la muerte!



Leo Cáceres

AGUALUZ




 
Somos
un túmulo usurpador
de agualuz.


Leo Cáceres

jueves, 21 de febrero de 2013

HORROR VACUI




a Layla Martínez


Ha desaparecido al arnés que sujetaba las invertebradas lágrimas que se desprenden de un sigiloso morir en llamas. Las crepitaciones del sánscrito en la palma de mis ojos reanudan el oleaje de mi acorchado corazón en los manantiales del caos. Lloran las sangrientas noches, y veo como las sienes de los hombres las consuelan con una máquina de escribir. En los atardeceres tranquilos en los que presiento un idioma solariego, capaz de escudriñar los altares de la emoción; siento los mapas de la luz que nos conducen en danza tambaleante hacia la sombra de mis destinos desfragmentados. ¿Qué tipo de alma fingió desollar Trakl con su suicidio? ¿Qué frases marmóreas recitaba besando las arrugas en la frente del aniquilamiento? Y toda la vida es navegación sicalíptica por los mares del ensueño, un vibrar al unísono con los ruidos del vacío. Tumbado bajo un roble, inamable, cautivo del dolor, atisbando las estelas que dejan en las nubes las carcajadas infinitas del tiempo... tumbado bajo un roble, con la escarcha del amanecer entre mis dedos y las tumbas de toda una estirpe de palabras aciagas bajo mis pies, persigo, con el arpón de mi alma ciega y herida, la corrupta esencia de la vida para reprogramar el círculo de la muerte.

Leo Cáceres (Hernani 2012) 


Foto: Jon Wisniewski, "Lake Conway" 

martes, 19 de febrero de 2013

OJOS SIN SEÑALES DE AVE




                                                                                          A Leo Cáceres


Mi aguda y ciega mirada
se inclina en suspiros y

letra a letra absorbe tu voz.

La suavidad de mis labios tuyos
desencadena fardos repletos de
inviernos de luna, viejos de inocencia y soledad.

Estremecidas despiertan nuestras moléculas
sincronizando el cortejo,
pintando los cuerpos entre lienzos intactos,
suben y bajan en movimientos infinitos.

Estañando cada una de tus formas, de mis formas
árboles nocturnos, cielo y luna, 
tan tuyos, tan míos,
creando manos y caminos.

Ardiendo de placer y agonía,
es hora de cruzar para descender

aprender a ser pez para volar.

Mi joven vejez aprendió 
a acariciar sin tocarte,
a amar sin tenerte
a verte sin soñarte.

He llegado ya a tu orilla.


                                               Lina Q'inti




Foto: http://groteleur.tumblr.com/

LA MUERTE TRAS LA MUERTE


 



«Unicamente creen en lo divino
aquellos que también lo son»

Hölderlin


I

La muerte aguzaba el oído para sentir con inexorabilidad,
la herida en el silencio, la fractura,
la leve ondulación del alma tras el relámpago,
el gorjeo de un río que transcurre taciturno
por entre flores y hados.

La muerte aguzaba el oído
para dar caza a un búho impaciente,
para desenroscar un sortilegio entre las nubes,
para barrer con minucia las migajas de amor
que depositan los ciervos en las estrellas.


II

Dos niños se desentienden de la vida,
y fraguan un destino en los nevados más alejados,
detrás de ellos, un mosaico de rostros inquisidores,
una ramificación de sangres primitivas,
el albañal citadino y su malestar neblinoso.

Dos niños estrujan sus sueños en los ápices del olvido, 
dejan caer lentamente las sábanas del tiempo
sobre la mampostería de sus soledades,
mientras vislumbran ávidos como el sol
embaraza sus sombras con luz neurálgica.



Leo Cáceres, de "La Suspiradora"


Foto: Marco Barone, "Dark atmosphere"
http://500px.com/Marcobarone 

domingo, 17 de febrero de 2013

CAVANDO EL POZO




Hacia lo que ignoro,
paso a paso, grieta a grieta,
con temblores de alma
y en la nuca la agonía.
Soltando las amarras,
atravesando el pantano de palabras,
no soy ni esto ni lo otro.
Desdeñando todas las metas
solamente voy.
Silencio que gira para inundar la lengua,
carne convertida en tropel de cometas,
zambullida en el comienzo eterno.
Carcajada cósmica arrastrando a mi nombre,
convirtiendo la memoria en danza ridícula,
liberándome de las sanguijuelas pegadas a mis huellas
No respirar, ser por fin el aire,
regresar a lo que siempre ha sido,
centro de felicidad sin límites
donde mana el alma desnuda
dando alas al abismo.
Asciendo, me abro, me entrego.
Incendias mi ausencia,
entras como un meteorito fragante
en mi conciencia.
Somos uno.
Ya puedo regresar,
nunca más diré Yo.


Alejandro Jodorowsky

Los fotogramas de la imagen son de la película "La Montaña Sagrada" (1973)

sábado, 16 de febrero de 2013

ESCABECHINA






¡Amparo para mi cuerpo!
                                                       ¡Amparo para mi negritud!
¡Amparo para mis manos!
                                                       ¡Amparo para mi muerte!

el clímax es el rictus final
quirófano expoliado

                                              degollados / unificados / fascinados

venas rotas, taponadas con toallas púrpuras. 
trenes circulando por tus sesos
sucios cuchillos en tu ano
fuego en tu hígado / comiendo arena

                                              lívida piel, todos los vicios me rondan, ataque al corazón,
el reino se abre fresco
tripas, la linfa manando
un mamífero descomponiéndose desde una catarata

                                              huesos muertos / médulas apartadas / agonía.



Leo Cáceres, de "Aromas Oscuros" (Madrid - 2007)

jueves, 14 de febrero de 2013

HEROÍNA





Mi sonrisa adormecida va trepando lánguidamente
la válvula tricúspide de una oración maldita,

el sudor frío va socavando el relámpago azul
de mis ojos marchitos en la timidez del reflejo.

Lacté la luna de abril tras las celosías del tiempo,
mientras mi corazón se embadurnaba con la nueva sangre de los muertos.

Atiné con la dama blanca una tarde en Malasaña y la llevé a
transitar la necrópolis de la Almudena,

correteamos juntos por las venas del ocaso,
sobornamos al amanecer con lágrimas jubilosas,
 
y terminamos chirriando en las pupilas del desvelo.


Leo Cáceres, de "Aromas Oscuros" (Madrid 2007) 

miércoles, 13 de febrero de 2013

¿DE QUÉ MURIÓ CÉSAR VALLEJO?



 




A propósito de la acusación de Larrea contra Neruda
                                                     Dr. ENRIQUE ROBERTSON
                                                          Médico en Bielefeld, Alemania




En nerudiana 6 (diciembre 2008) * se conmemoró el 70° aniversario de la muerte de César Vallejo. El gran poeta peruano murió durante la mañana del viernes 15 de abril de 1938 en la Clínica del Boulevard Arago de París, donde había ingresado muy enfermo tres semanas antes, sin que el equipo de cinco médicos encabezados por el afamado Dr. Lemière hubiese podido establecer el diagnóstico del misterioso mal que lo mató lentamente. Los resultados de las pruebas de sangre y otros análisis clínicos y radiográficos resultaron inútiles para aclarar la causa de su enfermedad. Según Georgette Vallejo, esposa del poeta, el Dr. Lemière le dijo: «Veo que este hombre se muere, pero no sé de qué». A falta de un diagnóstico médico, para explicar la causa de su prematura muerte abundaron otros diagnósticos establecidos por amigos, poetas, escritores, músicos e historiadores. Unos dijeron saber que había muerto de tuberculosis, otros que de sífilis secundaria, o fiebre amarilla, o malaria o paludismo, diagnósticos que la Clínica Arago había descartado en los 23 días que estuvo hospitalizado allí. 

Entonces y después, se aseguró repetidamente: murió en cumplimiento de su célebre profecía «Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo» (del soneto “Piedra negra sobre una piedra blanca”). Neruda dijo: Vallejo murió de hambre y asfixia: murió del aire sucio de París, del río sucio de donde han sacado tantos muertos. Juan Larrea inculpó a Neruda de haber contribuido indirectamente a que Vallejo muriese de sus muchas hambres, por no haberlo ayudado a conseguir cierto trabajo remunerado que le habría permitido ganar dinero para comer. Según Georgette: el señor Larrea está mal informado, casi no hay informe de él que no contenga alguna inexactitud leve o grave. Otros dijeron: la muerte de Vallejo es un paradigma, una página heroica, una epopeya como la más grande de los fastos universales, murió por consunción y agotamiento, en batalla contra el mal y la muerte, en defensa de la dignidad, el bien y la nobleza. Vallejo murió de España.

Hace veinte años, el alemán Hans Magnus Erzensberger dictaminó: «Las enfermedades de que sufrió Vallejo eran desconocidas en la medicina. Una se llamó España, y la otra, una enfermedad muy vieja y muy venerable: el Hambre».  Antes y ahora, la mayoría coincide en asegurar que Vallejo murió de hambre. Hay mucho de verdad en ello, estaba crónicamente desnutrido. A más tardar desde 1923 la pobreza lo había obligado a acostumbrarse a comer muy poco: «En París tendremos que vivir de piedrecitas», dijo a un amigo. En octubre de 1923, desde la Sala Boyer del Hospital de la Charité, le escribe a otro amigo: acabo de ser operado de una hemorragia intestinal. Después de esa operación, alimentarse le fue difícil no sólo por falta de dinero. Privado de buena parte de su estómago, ya no pudo comer y beber —carne y vino, es un decir— sin sufrir las consecuencias.

Lo que el resto de su estómago toleraba era probablemente la dieta ovo-lacto-farinácea. Pero nunca se supo que bebiese leche, era más cara que el vino. También los huevos. Se alimentaba de patatas, de papas —originarias del Perú, como él—, según está indesmentiblemente documentado por Arturo Serrano Plaja. Recordando la llegada a París (1935) de la delegación española al I Congreso Internacional de Escritores Antifascistas —grupo procedente de Madrid, al que se sumaron Neruda y González Tuñón—, Serrano Plaja escribe: «Para prolongar la estancia en París cuanto fuese posible, con el no mucho dinero que teníamos (la mayor parte lo ponía Neruda), decidimos hacer un plan de austeridad o algo por el estilo. Y como en París encontramos a Vallejo (alimentado de casi exclusivamente patatas cocidas mañana y noche, como cuando le conocí en España) el plan parecía sobrevenir del modo más natural.»

Algo menos de tres años después moría César Vallejo, de un modo que evidentemente no parecía natural. ¿De qué mueren los poetas? La ventaja es que mueren para seguir viviendo, como Vallejo. La señora Oyarzún —esposa del chileno Cuto Oyarzún, que en la víspera de su muerte pasó toda la noche velando junto a su cabecera— cuenta que, a las cinco de la mañana del 15 de abril, César Vallejo llamó a su madre y poco antes de expirar, ya en presencia de su esposa y varios amigos, pronunció estas palabras: «España. Me voy a España.» Vallejo murió poco después de haber escrito su testamento: el poema dedicado a exaltar la lucha del pueblo español en el trance de la guerra civil, que tituló como una oración al vislumbrar su martirio y final inmolación. «Murió —escribió Juan Larrea, esta vez con exactitud— sin aspaviento alguno, dignamente, con la misma dignidad con que había vivido». El músico peruano Gonzalo More, que estaba en el grupo de amigos del poeta junto a su lecho de muerte, escribió: La expresión de su rostro muerto era verdaderamente maravillosa. No te imaginas qué belleza interior y qué luz sobrehumana en la frente del cholo. Su gesto de dolor desapareció para dar vida a una expresión de serenidad y bondad infinitas.

2

Pero ¿De qué murió? ¿Quizá envenenado?. Me lo pregunté porque, hace poco tiempo, la extraña enfermedad de César Vallejo despertó también el interés y la imaginación de Roberto Bolaño. En su novela Monsieur Pain (Anagrama, 1999) el escritor fabuló sobre la muerte del poeta peruano en un ambiente en el que aparecen formas marginales de la ciencia y supuestas conspiraciones fascistas para asesinarle. Bolaño explicó que tuvo noticia de Pierre Pain por las memorias de Georgette Philipart, viuda de Vallejo, quien contaría en ellas que pidió los servicios de Monsieur Pain, curandero que trataba enfermos aplicando fenómenos mesméricos (doctrina del magnetismo animal del médico alemán Mesmer), para que curase de un nefasto ataque de hipo que hacía sufrir mucho a su moribundo esposo. Bolaño me contagió su interés. Considerando aspectos anamnésticos y otros, en cuanto médico —y en cuanto aficionado a investigar misterios literarios— me atrevo a sostener un diagnóstico que hasta ahora nadie ha emitido: César Vallejo falleció a consecuencias de una intoxicación crónica por solanina, agudizada en sus últimas cuatro semanas de vida.  

El Dr. Lemière habría debido considerar esa posibilidad. Que se sepa, no lo hizo, no obstante una publicación científica de su país, fechada veinte años antes —publicación que todavía hoy se cita—, había tratado detalladamente la causa de muerte de unos soldados franceses que saciaron sus muchas hambres —de semanas, que no de años— con patatas enverdecidas y con brotes. Consumidas, además, sin pelar y mal cocidas; es decir, muy tóxicas por su alto contenido de solanina. Los brotes de la patata enverdecida (porque conservada en ambiente húmedo y expuesta a la luz) son muy venenosos. En tal condición, una sola patata puede contener una dosis peligrosa de solanina. Hay suficiente información en Internet acerca de este veneno, cuya ingestión no mata hoy a muchos adultos porque las variedades comerciales de patata están controladas. Sí a niños, por lo que sigue mereciendo especial mención en el capítulo de las intoxicaciones alimentarias. Simula una infección —que el laboratorio no aclara— con fiebre, progresivo mal estado general, síntomas gastrointestinales, neurológicos y psiquiátricos, etcétera. Causa la muerte —no siempre, afortunadamente— sin que se sepa por qué: no es habitual pensar en la papa como causante.

Pocos acumularon nunca tantos factores para devenir víctima de una intoxicación letal con solanina como César Vallejo, «Alimentado de casi exclusivamente patatas cocidas mañana y noche». Seguramente estaba acostumbrado a soportar bien el veneno, pero la acumulación de éste en su organismo debió —en el transcurso de muchos años— haber llegado a niveles críticos. No pocas veces se sintió al borde de la muerte. Al sentirse muy enfermo, siguió alimentándose de lo que a él y su mujer les parecía que era lo único que podía tolerar. Los jugos gástricos se encargan de neutralizar parcialmente la toxina. A él, le habían extirpado parte del estómago; y seguramente neutralizaba los que producía con bicarbonato de sodio. Además, en su pobreza, las patatas que compraba en 1938 en París eran seguramente las más baratas que podía conseguir. Enverdecidas.Y éstas había que aprovecharlas al máximo, pelarlas poco o nada; cocerlas, bien cocidas, significaba un gasto adicional.


(*) Revista de la Fundación Pablo Neruda

El número 6 de "Nerudiana" en PDF (Publicación donde aparece este artículo)


lunes, 11 de febrero de 2013

INMANENCIA



Jackson Pollock - "Numer 8"

 
 I

Es el tiempo de los asesinos,
Los sueños han revelado el martirio humano.

La mustia piel se impregna de libros y otras
Fantasmagorías y se crea el delito
Y descubrimos con cierto estupor la brevedad de lo sagrado.

Cercenar la amabilidad – desterrar la compasión de nuestras fronteras.
El propósito de los deficientes mentales es vagar
Por el valle defenestrado, recogiendo los platónicos
Instrumentos de la vida.


II

Sol, carne y sed:


Entiendo la vaguedad del poeta recostado en la fina hierba, los ojos rápidos, la palidez de su rostro; ¡tramamos juntos la huida! El flagrante deseo de resucitar la naturaleza nos desborda y nos conmueve presenciar la debacle.


¡Lo siento mi bienamada, mi bienaventurada, mi correosa y ardiente niña, siento que tu sangre sea ahora la marca que delimita el bien y el mal!

El amor telúrico, fuente inagotable de ritmos, se devanea en la niebla apocalíptica, ¡Planearemos la clemencia!.


III


Adivinar las blasfemias, entronizar al caos y hacer gala de nuestra codiciosa inhumanidad; salvar el cielo a cambio de besos en las manos, salvar la vieja cruz a cambio de orgasmos ilimitados, salvar el último fruto a cambio de cerebros frescos...
El catolicismo nos maniató y clausuró para siempre las ventanas que daban a los valles prósperos, despojó toda luz de nuestros cuerpos, nos despiojó y la oscuridad se apoderó de los delirios del hombre. Aniquiló la quintaesencia de la naturaleza que hace nido en nuestros corazones y la bruma y la infertilidad son ahora nuestros amargos trajes.


IV

El anhelo sabio del ser son las humildes aguas,
Que vienen a recorrernos amorosamente,
Es el jilguero que con su áspero canto
Mece nuestros núcleos sucios,
Es la deformada roca que nos ampara,
Que nos secuestra para librarnos del oprobio natural,
Son las crines de veloces potrillos que bailotean
Tras el rastro del viento,
Son los himnos de paz y gloria
Creados por los altísimos para nosotros,
Crédulos y necios por antonomasia,
Ver al chiquillo mordisquear una moneda,
Ver a las vírgenes clamar por un hijo.


V

Jesucristo trituró mi alma
Condujo ciegamente mi cuerpo
Sobre su espalda para depositarlo junto a su cruz,
Y bendijo los días del hombre.

Escondió mis ojos, y esperé siglos hasta recuperarlos,
Estaban acurrucados en el seno de la naturaleza.

Empeño mis manos en el bazar del turco y mis piernas
Fueron a parar a las gélidas aguas de los osos.

Trazó los planos de la otra vida en mi espalda
Y fustigó la arena con sus sangrantes piernas.

El mar llegó al amanecer
Fuimos devueltos al vientre inefable.


VI

Me alivié en el abrazo consanguíneo
Y deleité mi ojos con la presencia de mis pobres gentes apaleadas,
Y entonces sacudí mis manos implorando la condenación
Y el estío me trajo consigo manjares y licores.

He visitado con ansías las casuchas donde me crié.

He congelado las escenas colmadas de amor de mi sanguinaria niñez.

Junto a primos y ángeles he fumado los delirios fríos encima del monte, atalaya del imperio.

Doy mis manos para que adivinen mi destino, llegué a bañarme en el gran lago,
Acá soy un mal compatriota.


VII


Me he regodeado en el razonable reflejo que el espejo proyectó, me he escindido en dos mezquinos seres, capaces de recolocar el orden, vivificar la vida es la esperanza de mi corazón enjaulado -y la lluvia prosigue ahí fuera, y los árboles delineados son oscuros parapetos- me he ahogado en la amabilidad de esta vieja cárcel, estuve cantando todos los días de mi vida, he vapuleado el papel con letras empapadas. La serenidad de este país es insuperable, hoy mismo he descubierto un acto amoroso a bordo de un autobús enjoyado.


VIII

La retorcida luz se acrecienta, el parque del allí enfrente es el limbo, y mi nariz es un adoquín a la espera de la desgarradora lluvia, la lejanía es el pan de cada día.
Sentí agotar todas mis fuerzas tras la dura contienda con mi alma egotista...
¡Rejuvenezco en sueños!
Y tramaré la evolución y os llevaré a todos hacia la oscura bóveda, donde están enterrados los utensilios de los sagrados monos.
Y la burda verdad es un sofisma embarrado y mi rostro es el cielo reconciliado con la sangre.


IX


... Aún niño creí poseer el amor de mis congéneres - ¡El pasado se agiganta en mi garganta!- y veía con ojo distante las penalidades de mis allegados, sus rostros avejentados; sus caricias eran hipócritas... sacudí las empolvados ropas y luché contra intrigantes seres desperdigados por mi imaginación, el perro movió la cola, el verano era inmundo.

Las fiestas, -galantes y embravecidas fiestas- eran la religión de mi familia, la rendición de la voluntad era su credo... ¡y bebían sin mirarse a la cara!.


X

El placer del silencio
Comprobar una vez más
Que se es humano,
Más humano aún en la soledad.

¡El reloj de mi esperanza está tocando el saxofón!
¿Cuán largo es el deseo de saber?

No preciso de pan y amores
¡Me han ofrecido una cama de flores y les he escupido en la cara!
Soy desmerecedor de esas ambrosías
Mas cabalgo locamente hacia los confines de esta absurda
Búsqueda primigenia.

¡Sí! Represento a todos los hombres y estoy en sintonía con los vegetales,
¿Iré codiciando la idea de volver al redil taimado?


XI

Ese paño empapado de perfumes, de semen y de lágrimas,
Flota inmune por la iglesia, merodea por el pulpito,
Y va a parar a los ojos del salvador,
¡Hay quien se tira pedos en plena eucaristía!
Hay orondos patrones ensalzando la inmundicia,
Hay quien bebe decenas de litros de vino para ver la sombra del patrón
Resbalo y grito en el pasillo contemplando a los santos encarnados,
¡Me han arrebato la dulzura y la energía con sólo un hábil pestañeo!


Leo Cáceres, de "Los ocasos de Larios" (Hernani, 2010)

viernes, 8 de febrero de 2013

LENA, efluvios deletéreos en la poesía


Leer la poesía de Lena Marice Orduña (Cusco, 1989) es dejarse arrastrar por una imaginería despiadada que inmoviliza y arrincona al lector hasta sumirlo en un estado de ingravidez emocional debido a la desnudez y horizontalidad de un mensaje repleto de un fulgor sumamente lascivo cuyo objetivo es contener el tiempo y hacernos cerrar los ojos ante tanta rojez oscura y fresca. Un aprisionamiento hipnótico que va empapando los desiertos urbanos que la cotidianidad alienante -con sus desalentadores horizontes grises- nos impone tan vehementemente. La suya, es una poesía de ruptura, un juego viscoso de luces de neón que nos quema las pupilas sin ropaje alguno, que va hacia el origen de lo que realmente nos hace tan humanos: el deseo de creernos envenenados solo para ser atenidos con minuciosidad por una mano compasiva, el acto de rescatar del fondo de nuestras propias oquedades esas sombras teatrales que nos dominan y a la que tanto pánico les tenemos; un juego de aromas crueles y corruptos hechos para dominar y ser dominados, donde lo hedónico y lo tóxico se mezclan con breves visiones angelicales. En cada verso hay un replanteamiento del amor como un medio efímero de pausar la tragedia vital que nos embarga. Para ella, el amor es algo serio, en la medida en que haya una entrega y una honestidad total donde la vida esté en juego. Cada poema es una cruel escalada por el lado crepuscular de los sentimientos; aparece la noche y nos cambia la faz, nos hace feroces y el desgobierno es ya la bandera de nuestras embarcaciones ("Nada es incorrecto cuando está anocheciendo)". Las ideas de Lena tienen ese aroma a cine negro, la búsqueda de un asesino que se camufla hasta en el humo y el hallazgo consternador de la sangre regada en un lecho que huele a viernes por la noche con tormenta, donde los relámpagos son dos corazones que alguna vez se trenzaron y cuyos latidos agónicos aún se hallan diseminados en las esquinas más neblinosas de un pueblo fantasma.      

El blog de Lena:   http://vertigobajolacama.blogspot.com.es/
(Me encanta darle de comer a sus peces)







CEREBRO DE UNA TUMBA


Qué significado tiene el vacío en la orilla de mis ojos
si el silencio es la orilla del vacío.


-Pequeña amapola, tristeza de cera, engendro mefisto-
Desluce el dolor con un suspiro caliente


En un Anochecer contra Anocheceres


¡Corazón!


No alcanzarás mi amanecer con el dolor de tus raíces
Ni con escombros en mi ser,


Cerebro de tumba


No hay nada entre líneas
Ni cuerpos de deseo absortos de placer,


Solo debes saber, que la soledad es una palabra vacía
Es el límite del viento, la aureola caída


Cerebro de tumba.


-Pequeña tristeza, amapola mefisto, engendro de cera-


Estás mojando mi silueta en tu laguna desierta


Con agua de llanto, con leche de madre.
Con calma cucaracha de mi alma,
 

deja de matarme en paz .


Lena Marice Orduña
 


miércoles, 6 de febrero de 2013

MALENKONIA

Hace mucho que las galerías de tus ojos de cántaro
Sostienen el puñal volátil y las máscaras sangrientas.
Hace poco que l'accélération de tus conciertos de luz
Hacen nido en las canosas aguas de mi rostro constelado.
Vuelta al inicio;
en el centro de las wiphalas:

naya machaqa / lífið – dauða
hankak
corazónocherniego

La sexta estrella recrea las palabras
Mirándose en el espejo/gaua:
sus coturnos, sus garúas,
sus racimos boreales,
su tomar de la mano a la muerte
y pasearla por sus camelias latentes.

Clamamos;
en el centro de la oharra:

qhantati Ururi / chevauchent
argia
cardiac arrhythmia

Hace mucho que mi voluntad guerrera
Se duele de no guerrear y empuñar el cor
Hace poco que la muerte no organiza pic-nics
En los altares mojados de mi alma
o en los repliegues de mi épica.
Vuelta al inicio...
 
Leo Cáceres