martes, 29 de octubre de 2013

«Será maldecida la raza de los poetas porque ha herido»


Estoy enamorado de Verónica Forrest-Thomson como quien se enamora del aire frío de la madrugada, o de un río olvidado. Una atmósfera de misterio envuelve la personalidad de esta extraña poeta inglesa, desaparecida en abril de 1975. A pesar de la singularidad de su obra, el nombre de Verónica Forrest no figura en ninguna antología poética, ni en ningún diccionario biográfico. Sus libros están agotados y los centros donde estudió o colaboró, así como sus profesores, editores y cuantas personas establecieron contacto con ella en los círculos universitarios de Cambridge, guardan celosamente cualquier dato acerca de su biografía, incluyendo la fecha y el lugar de su nacimiento y las circunstancias del suicidio.

Dos volúmenes publicados con posteridad a su muerte, «En la periferia» (1976) y «Artificio poético: una teoría de la poesía del siglo XX» (1978) reúnen, respectivamente, su producción poética y sus trabajos teóricos.



CORDELIA O «UN POEMA NO DEBERÍA SIGNIFICAR SINO SER»

A aquellos que besan en el temor de no volver a besar nunca
A aquellos que aman con el temor de no volver a amar nunca
A ellos dedico esta rima y lo que tenga.
Que ninguno de nosotros, nunca, cogerá el transiberiano
Se resuelve, y me gusta, en refrán
Sobre todo porque puedo, ahora y luego, repetirlo
Que estribillo es el uso, sustancial, del refrán.

Yo pretendo, sin vuelo medio, dejar clara la verdad
De honor, verdad y amor trasnochado que resurge
Es un hecho que el amor cuando vuelve aburre.
Puede que yo no entienda de dioses pero sé
Que Eros es dios, poderoso y púrpura.
Y que llegando a un punto, el incesto se convierta en
Traición. No lo digo de forma literal;
No amo a mi hermano o él me ama.
Hemos estado evitándonos mutuamente
Durante años así seguiremos.
Hasta sé de palabras cruzadas.
Lo que necesitamos es Dante.
Dijo que amaba a Beatriz. Hiciera lo que hiciere
No amó a Beatriz. Al menos, no
A la Beatriz Portinari que menciona la historia.
La conocía. Y lo que ocurre con todos esos
Florentinos es que todos se ocupaban en
Matarse unos a otros o en morir de tuberculosis
Galopante. Beatriz murió; Rosetti la pintó
Omitiendo a Dante en la calle. Boticelli
Pintó el resto: Simonetta Vespucci
Murió de tuberculosis galopante (edad, 23)
Giuliano Cavalcanti murió en el exilio (edad, 35)
Dante dei Aligieri murió en el exilio (edad, 90)
Lorenzo dei Medici, que vive para siempre
Puesto que allí estuvo, encargando
Cuadros, poemas y estatuas,
Si también encargó muertes
Yo no se lo reprocho. No se sintió
Muy magnífico cuando su hermano
Fue asesinado en el santuario.
Hay que comprender que quien lo hiciere
Había de ser excomulgado si, eso es, si
No hubiere asesinado también al enviado pontificio,
Su mejor amigo.
He vivido lo suficiente para observar una cosa;
Que el término tiene un final.
Oscurecía en el andén de ninguna parte
Cuando llegué a ti ansiosa y triste.
Ajena a la lluvia. Ajena al sonido del frío
Viento que sopla antes y después y
Hasta en Provenza se conoce.
Y por lo que respecta a esta línea, la robo de T.S. Eliot
Y de Ezra Pound y de A.C.Swinburne. Todos excelentes
Poetas para robar porque los tres han muerto.
El amor que es siempre, ha de guardar
Seña de amor que fue, fuera de su dolor cual fuere.
Jugamos a encajar las piezas que embozan los desagües.
Escúchame. Oh Mister Poster, yo sé
Que me cociste demasiado oscura, que debes hervirme de nuevo.
Ni noción tienes de la delicia que sería
Que nos cogieran y arrojaran al mar con las langostas.
Amor mío, es la alondra y no el ruiseñor.
Que ninguno de nosotros, nunca, cogerá el transiberiano.
Ella quiso y buscaba gente que quisiera
Yo creía que quería y ahora sé que no quiero.
Amor mío es la alondra y no el ruiseñor.
Por cierto que nunca escuché a una ni a otro
Pero la gente dice que suenan lo mismo o casi.
De qué pasta hicieron a ese Romeo y a esa Julieta
Que perdieron su postrer momento
Escuchando a los pájaros. Ah
A mí me gusta sorprender a las alondras.
Sorprender los juegos. Así obran casi todos los poetas
J.H Prynne incluso, el memorable poeta
Que se alegra al decir que U.L.
Tiene su apellido intermedio equivocado.
Pretende que la H sustituye a Hola
Pero todo tiene un límite. Y yo me las sé todas.
Adivina adivinanza, en un mar
Verde de mocos gira y rueda cuando
Nos cogen, cuando nos echan a la mar
Junto a los Joyces.
Cuéntanos el cuento de la derrota de Troya.
A todos nos habría gustado estar allí.
Infernal Ulises. Él es, él era, hiel turbia
de envidia y revancha, destruye
A la diosa-madre de mujeres. y a Swinburne
le chifló el dolor pero a mí no
Porque a mí me pegan.
Me gustaría no seguir sonando como Ricardo Tercero.
Claro que, si no, tiendo a sonar
Como Ricardo Segundo. Y quién quiere ese.
Supongo que debo sonar como Ricardo Primero.
¿Y él, qué hizo?
Nada, me imagino.
Me divierte sorprender con el pie a los ruiseñores.
Prynne dice que si no regreso
A salvo a Sicilia para el treinta de abril
Enviarán un destacamento.
Marzo es la estación más cruel
Para enfrentarte a los camorristas.
¿Te asustaba realmente que pudieran violarte?
No. Pensé que habría serias dificultades.
Y no sólo porque estuviera yo en franca oposición,
Que así estaba cualquiera, hombre, mujer o niño,
Que viajara en ese tren.
Me asustaba que pudieran matarme.
Puedo parecer estúpida pero no lo soy
hasta el extremo de pensar que tu nombre
Es Elisabeth Brown. Bueno. De acuerdo,
Mi nombre es Verónica Forrest Thomson.
Agamenón era rey de los aqueos por aquel entonces,
Príamo de los troyanos, Teseo de los atenienses.
Y están muertos, como todos los buenos reyes.
En mis tiempos era costumbre tomar partido
por los troyanos, por la simple razón de su
Fracaso. Pero yo siempre apuesto por
Los ganadores, cada vez.
Mary Shelley podría irse al infierno
Porque pensó que iba a ninguna parte
Y se llevo consigo a Frankincienso.
Quiero a su marido, vivito y coleando.
También a él lo mataron, por supuesto.
Casi ni extraña que él tuviera la costumbre
De leer a Aiscylos mientras navegaba.
No leía a Aiscylos cuando se ahogó
Fue incinerado como un rey pagano.
No así Agamenón, quien -como dije- era rey por entonces
Y perdió, asesino de su hija
Asesinado por su mujer y por su otra hija.
Asesinado por su muerte asesina de su vida.
Apuñalado por la espalda en su baño.
Lo pienso cada vez que tomo un baño.
Aunque no siento simpatía alguna
Hacia esa hija y ese hijo.
Pienso que no es justo que Helena
Lo tuviera todo, belleza inmortal,
Amantes, ciudades destruidas y batallas
Libradas por su causa. Ni que volviera a casa
Y pudiera pasearse tranquilamente como mujer de Menelao
Mientras su hermana gemela, Clitemnestra
Era asesinada por su hijo y por su hija.
Y los atenienses los frecuentaban.
Nación de sofistas, ¿por qué no habían de hacerlo?
Perpetuos traidores de aliados, torturadores
De mujeres y niños y esclavizadores de gentes
Hasta a Sócrates mataron, su hombre bueno y sin par
Entonces fue cuando platón intentó convertirse en un filósofo rey.
Le esclavizaron a causa de sus dolencias.
Desearía que le hubieran mantenido esclavizado.
Escapó, claro está, y escribió libros
Sobre cómo lo haría mejor,
De ser él responsable. Todos los poetas hacen eso.
Son tan incompetentes como el resto
Si intentan poner orden en las cosas.
Como testigo de mis esfuerzos en ese sentido
O los de mi avatar, Agamenón,
Quien, como dije, volvió a casa y fue asesinado en su baño
Asesinando a su mujer y a su hija.
Y si no conocéis la historia, debéis conocerla.
Leedla en la Ilíada, leedla en la Odisea.
No la leáis en Freud, se equivoca siempre
Aunque ni Freud merecería un hijo como Lacán.
Pero de comienzo y de final, leedme a mí, amada,
Asesinada en la matanza general
Pero revive de nuevo con John Donne
(Leedle también) Yo, Helena, Isolda, Yo, Ginebra,
Yo, Clitemnestra y otras muchas que están al llegar.
Yo lo hice, yo misma, lo hice matando al rey mi hermano.
Es la sorpresa, mi amor, y no el ruiseñor
Que a mí me chifla sorprenderme
Pero no me gusta dar coces.
Ellos tienen la potestad de herir y hieren
Sin que los maldiga Shakespeare u otro cualquiera.
De todos modos será maldecida
La raza de los poetas, porque ha herido. De todos modos
Es productivo el lindo proceso
Especialmente si uno puede ser fontanero a la vez que poeta
Y desatasca al mismo tiempo poesía y sumidero
Artificio Poético «El dolor detuvo el partido» y
Otros muchos libros, incluso poemas
1974 y Todo lo demás (lo digo en serio)
Yo, Verónica, lo hice. Entrecortada, buscada verdad
Hurgada en el estiércol consigue la victoria.
Los guerreros se escondieron en un caballo, ¡claro!
Pretendían traer la paz
Y no quisieron dirigirme la palabra, emboscados en lo oscuro
Como un puñado de necios que escucharan la voz de la diosa
En una ciudad ajena, yo hablo tu lengua en mi ciudad
Cambridge o Camelot, y no me escucharéis
Prevenidos como estáis por Odioseo, pretendiente, traidor,
Y cuando hubieron matado a todos los hombres,
Violado a todas las mujeres... etc.
Agamenón volvió a casa y, como dije, fue apuñalado por su mujer
En su baño. De todos modos mi amor, es la alondra,
Y no el ruiseñor. Sigo los sagrados pasos de
Hipólita, bendita tú, lo mejor
Que ha sido dicho o bien expresado en lengua alguna
Leed a John Donne – el memorable acreedor
No leáis a Mathew Arnold; es un estúpido
Yo no soy el príncipe Tomás de Aquino F.H.Elliot
Tampoco soy servidor de lores
Yo soy el rey que vive.
La primavera nos sorprendió atravesando la plaza del mercado
Y al salir el sol seguimos hacia la biblioteca universitaria
Y tomamos yogur y hablamos durante una hora.
Tú, tú, coge las riendas.
Bebe cuanto puedas y ama cuanto puedas
Y trabaja cuanto puedas
Que nada de esto podrás hacer cuando estés muerto.

Presta atención al refrán de este poema
Y ponlo en práctica:
Mientras estés aquí, no desperdicies y no eches en falta
Los posibles júbilos.

VERÓNICA FORREST-THOMSON

sábado, 26 de octubre de 2013

Nasciturus: Dos poetas arequipeños.






EDGARDO PÉREZ LUNA


Las Canciones

I

El último muerto ha venido a comerse los gusanos
de esta selva azul y triste
y voy cantando entre corrales,
antiguas pinturas, aroma de lagos.
Alguien quiere olvidar mi rostro
y su voz como una canasta de peces solitarios
clama entre el gentío y los guerreros.
Extiendo mi mano para que los ciegos
depositen su sombra en los bosques,
pero un silencio de oro
llena las gargantas y las bolsas del día.
Mi gemido en los mercados
es un desperdicio que vaga entre los perros.


II


He despertado desde un árbol profundo
a la pesadilla de este baile de rostros
que caen como novias desgarradas.
Tengo alas y domino valles
de carnes y diamantes negros en el sur.
Mi sombra baja silenciosa como los faraones
y sumerge en palabras las hembras del miedo.
Sé que mi vida crece como el humo sobre las chimeneas.
Sé que estoy solo, cuando mis tristeza
es idéntica a la de todos. Y sé también
por qué se apagan las estrellas
cuando sopla el invierno en las ciudades.
Pero sigo sin comprender por qué duelen las heridas
y por qué en mi caverna de libros
mis manos son águilas sobre ruinas abandonadas.

Alguna vez pensé que el mar grita en los acantilados
los nombres de las aguas que el viento despedaza
y sin embargo la luna brilla en la noche.


III


Una corriente de fuego me arrastra
a tierras inhóspitas donde es inútil el amor.
Aquí en los parques las niñas entierran sus pechos
para sembrar serpientes de cal en los cementerios.
Idiomas desconocidos cuelgan de los faroles,
el aire se puebla de escamas
y en los hospitales se construyen balsas de yodo.
Debo partir pero mi alma es un árbol
en medio del mar y de las fábulas.
Pero no, no soy un árbol. El invierno amarillo
no muere desde mis hojas.
Soy un túnel de silencio manchado por la nieve
y a veces un insecto puntual que arrasa la montaña.

El desierto se aleja desde mis ojos
mientras crecen los espejos en las palmeras.
Vendré con los ríos en mis brazos
cuando la noche se hunda en mi cuerpo,
porque pienso que el miedo es tan triste
como la primavera, los sabios y los ángeles
o como la alfombra de las aguas
bajo los pasos de las gaviotas.


IV


Avanzo por un túnel donde respiro
sombras encadenadas y tropiezo con rostros de aceite
que caen de las paredes.

Aquí soy un sonido en las cuevas cegadoras
y el blanco silencio devora las campanas del sol.
Construyo columnas de pájaros salvajes
que el tiempo levanta por los aires,
como víctimas en las esquinas sin salida.

Desde mi desierto corazón veo galerías llenas
de víboras puras y ángeles de oro
porque aturden las calles como moscas sobre mi cuerpo
y se pudre el amor en el hinchado sueño de los vientres.

Una puerta, pronto una puerta, no hay demasiado tiempo.
Los cadáveres dan vueltas en torno de los cuervos
y en algún pedregal florece mi tristeza.

(Compilado por Jorge Cornejo Polar)






JOSÉ GONZALO MORANTE


DEL FELINO PLACER

Cómo no tatuar la música en tu pecho,
cómo no olvidar que el placer
es el horizonte flexionando en tus hombros
si tu risa labra los acantilados genitales?

Cómo no acampar en el hambre, si es preciso,
oír cantar a los pantanos que rodean el sueño,
rasgar la erosión que mana de los cóncavos sollozos,
si al humedecer los bordes del instinto
siento tu voz, como el instinto llameante en tus huesos?

Por qué no diluir el equilibrio carcomido
que es párpado sideral de tu memoria
si tu llanto es el tiempo
y se desplazan los témpanos del llanto entre tu sangre?

Pero la muerte, cloaca del vértigo,
pudiera olvidar, ciega de voces, que eres mía,
y entonces,
de qué valdría pintar con el tacto de mis gemidos,
si ya no podría cavar un capitel de días en tu sexo?

De «El mentir de las estrellas»


LA NOCHE DIGITADA

Si la noche fuera cólera del día
golpeara a cada niño en su inocencia,
a cada hombre en su inocencia,
para que yo cantase,
para que todos canten,
hasta mirar la tierra como aguijón de desolados párpados

Pero la noche,
aunque se quiebra rugosa de cráteres,
aunque palpa en la nieve el rayo de largas bocas,
y sale con la sangre insertada en el viento,
no es todavía la frente delgada de la cólera.

Y heme aquí, blanco de aliento,
con mi sangre, garra del vacío,
con mi voz, y su ciego encaramado
que ya no es ciego;
reuniendo sílabas y escarcha,
ciegos, ojos ciegos, y palomas.

De, «El mentir de las estrellas»


SONÁMBULO DE BESOS

Se empañan los trajines de la aurora,
el cielo está mojado de jazmines,
la brisa mueve hojas de confines
y huracán de tu piel que me enamora.

La sombra, eco del viento, se desflora
y tu pelo está limpio de violines
y la tarde, curvada de delfines,
se vuelca en unos ojos de pastora.

La noche ciega está de mariposas,
tecla la luna, blanca de bostezos,
como la vid del alma que desglosas...

Y voy a la deriva de mis huesos
con tu talle doblándose en las rosas
con mi cuerpo sonámbulo de besos.

De, «El mentir de las estrellas»


Textos extraídos de la «Antología de poesía arequipeña (1950 - 2000)» de Tito Cáceres C.
Fotografías: Hermanos Vargas