miércoles, 25 de febrero de 2026

«NOMBRAR LAS GOTAS»: Sarah Gonzales Añez





Nombrar las gotas es entrar a una casa hecha de agua y de huesos. La poeta boliviana Sarah Gonzales Añez (San Ignacio de Velasco, 1994) construye en su tercer poemario un universo donde el dolor no es un abismo, sino un ciclo: llueve, inunda, limpia y, finalmente, nombra.

Con una voz que es cuerpo y que es muchas ("soy una sola y no me reconozco", advierte), el libro transita desde la intimidad de la ducha hasta el ruido de la ciudad, desde el crujir de las costillas que "se desintegran para que surja el hombre" hasta la ternura de una abuela que dobla un mosquitero. Hay una arqueología de lo pequeño aquí: hormigas, moscas, polillas y el silencio de un perro que deja de ladrar. En Cosmoedro nos gusta mirar el universo desde las grietas, y este libro es un prisma perfecto para hacerlo.

Publicado en 2025 por el Proyecto Editorial Convergencia en La Paz, Bolivia, bajo el sello de la Colección La Casa de la Jauría, esta primera edición cuenta además con ilustraciones de portada de Khorimaya Adriana Z. Delgadillo y diagramación de Nelson A. Terrazas Vega. Les comparto cuatro gotas de este poemario que me atravesaron.



PREMONICIONES


He tenido un sueño luminoso: 
todas las hormigas venían a mí 
con un grano de azúcar en las patas, 
entre saltos escondían intenciones 
de llevarme cargada en sus crujientes lomos. 

Trepé sus antenas, 
tuve miedo de que encontraran 
mis ojos cálidos de luz. 

Qué desastre descubrir 
que los años no trepan en los huesos, 
el frío calándonos 
es el vacío de los que se fueron. 

Pobres las hormigas, 
desconocen que no cargan nuestro peso. 
Nos hemos ido. 

Sí, pobrecitas las hormigas.



INCIERTO


La única certeza de mi nombre 
es que me lo dio mi madre. 
Nací la segunda vez 
que guardó el tiempo en su vientre. 

Cómo sabe acurrucar 
mi cabeza entre sus manos 
cuando una tormenta roja 
se desliza en mis venas. 

Mi madre es 
una palabra sólida. 
Una piedra bañada de río 
vestida con el musgo de sus orillas. 

Yo la corono 
reina del páramo 
desierto de días. 

Ella me recoge 
cuando soy rama 
y caigo en la corriente, 
sabe que no tengo idea 
de cómo nadar en sus aguas. 

Mi madre suele ser un árbol 
que se incendia de amor, 
sus astillas son los segundos 
 que tardo en despertar 
cuando el fuego me quema.


ANATOMÍA


Mi abuela tiene muchos huesos, 
tal vez en alguno esté la infancia 
que no recuerdo 
dónde dejé escondida.




DESDE EL TEJADO


Niñita, mira, 
todos los días 
viene a mi casa una estrella 
se rasca la barriga con sus puntas brillantes 
y deja que la acaricie desde el tejado. 
La noche me contó que antes de ser amarilla era gris, 
se alimentó del vuelo de mil búhos 
y recorrió los océanos para volver. 

Vamos, niñita, 
la estrella espera por tu caricia, 
dentro de unos años 
la tierra será un cubo de hielo, 
dormiremos dentro de bolsas de yute, 
los cielos serán el manto 
que tendremos para cobijarnos del olvido. 

Niñita, 
¿te dan miedo las alturas?, 
Recuerdas el vacío de la caída, 
su hondo palpitar dentro de tu pecho. 

Niñita, 
no has querido subir al techo, 
dejaste que tu memoria oscureciera 
los recuerdos de tu brillante estrella, 
no le has dado una caricia en la frente 
como en los buenos días de enero, 
al calor de tu mano duerme 
el deseo intacto 
que no pediste al cometa luminoso, 
se estrelló contra tu tejado.



SARAH GONZALES AÑEZ 

San Ignacio de Velasco, Santa Cruz, Bolivia, 1994. Es comunicadora. Publicó los poemarios El vacío más allá de tus manos (Literatelia, 2025), Nombrar las gotas (Proyecto Editorial Convergencia, 2025), Infancia de pájaro (Fruit Salad Shaker Ed., 2022) y Muralla rota (Literatelia, 2020). Sus poemas han sido incluidos en publicaciones, revistas y antologías literarias internacionales, en ediciones impresas y digitales. Ha participado en festivales y eventos literarios en Bolivia, Argentina, México y Perú.


Foto: Mario Jr Nicorelli