Nombrar las gotas es entrar a una casa hecha de agua y de huesos. La poeta boliviana Sarah Gonzales Añez (San Ignacio de Velasco, 1994) construye en su tercer poemario un universo donde el dolor no es un abismo, sino un ciclo: llueve, inunda, limpia y, finalmente, nombra.
Con una voz que es cuerpo y que es muchas ("soy una sola y no me reconozco", advierte), el libro transita desde la intimidad de la ducha hasta el ruido de la ciudad, desde el crujir de las costillas que "se desintegran para que surja el hombre" hasta la ternura de una abuela que dobla un mosquitero. Hay una arqueología de lo pequeño aquí: hormigas, moscas, polillas y el silencio de un perro que deja de ladrar. En Cosmoedro nos gusta mirar el universo desde las grietas, y este libro es un prisma perfecto para hacerlo.
Publicado en 2025 por el Proyecto Editorial Convergencia en La Paz, Bolivia, bajo el sello de la Colección La Casa de la Jauría, esta primera edición cuenta además con ilustraciones de portada de Khorimaya Adriana Z. Delgadillo y diagramación de Nelson A. Terrazas Vega. Les comparto cuatro gotas de este poemario que me atravesaron.
PREMONICIONES
He tenido un sueño luminoso:
todas las hormigas venían a mí
con un grano de azúcar en las patas,
entre saltos escondían intenciones
de llevarme cargada en sus crujientes lomos.
Trepé sus antenas,
tuve miedo de que encontraran
mis ojos cálidos de luz.
Qué desastre descubrir
que los años no trepan en los huesos,
el frío calándonos
es el vacío de los que se fueron.
Pobres las hormigas,
desconocen que no cargan
nuestro peso.
Nos hemos ido.
Sí, pobrecitas las hormigas.
INCIERTO
La única certeza de mi nombre
es que me lo dio mi madre.
Nací la segunda vez
que
guardó el tiempo en su vientre.
Cómo sabe acurrucar
mi cabeza entre sus manos
cuando una tormenta roja
se desliza en mis venas.
Mi madre es
una palabra sólida.
Una piedra bañada de río
vestida con el musgo de sus orillas.
Yo la corono
reina del páramo
desierto de días.
Ella me recoge
cuando soy rama
y caigo en la corriente,
sabe que no tengo idea
de cómo nadar en sus aguas.
Mi madre suele ser un árbol
que se incendia de amor,
sus astillas son los segundos
que tardo en despertar
cuando el fuego me quema.
ANATOMÍA
Mi abuela tiene muchos huesos,
tal vez en alguno esté la infancia
que no recuerdo
dónde dejé escondida.
DESDE EL TEJADO
Niñita, mira,
todos los días
viene a mi casa una estrella
se rasca la barriga con sus puntas brillantes
y deja que la acaricie desde el tejado.
La noche me contó que antes de ser amarilla era gris,
se alimentó del vuelo de mil búhos
y recorrió los océanos para volver.
Vamos, niñita,
la estrella espera por tu caricia,
dentro de unos años
la tierra será un cubo de hielo,
dormiremos dentro de bolsas de yute,
los cielos serán el manto
que tendremos para cobijarnos del olvido.
Niñita,
¿te dan miedo las alturas?,
Recuerdas el vacío de la caída,
su hondo palpitar dentro de tu pecho.
Niñita,
no has querido subir al techo,
dejaste que tu memoria oscureciera
los recuerdos de tu brillante estrella,
no le has dado una caricia en la frente
como en los buenos días de enero,
al calor de tu mano duerme
el deseo intacto
que no pediste al cometa luminoso,
se estrelló contra tu tejado.
Foto: Mario Jr Nicorelli
SARAH GONZALES AÑEZ
San Ignacio de
Velasco, Santa Cruz, Bolivia, 1994. Es comunicadora. Publicó los poemarios El
vacío más allá de tus manos (Literatelia, 2025), Nombrar las gotas (Proyecto
Editorial Convergencia, 2025), Infancia de pájaro (Fruit Salad Shaker Ed., 2022) y Muralla rota (Literatelia, 2020).
Sus poemas han sido incluidos en publicaciones, revistas y antologías
literarias internacionales, en ediciones impresas y digitales. Ha participado
en festivales y eventos literarios en Bolivia, Argentina, México y Perú.
Foto: Mario Jr Nicorelli
