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lunes, 6 de julio de 2026

«La tarea del cóndor»: PACHA J. WILLKA



LA TAREA DEL CÓNDOR

  

«¡Qué fugaces son los deseos y esfuerzos del hombre!

¡Qué breve su tiempo!, y, por consiguiente, ¡qué pobres

serán sus resultados, en comparación con los acumulados

en la Naturaleza durante períodos geológicos enteros!»

 

Charles Darwin

 


«Vivant du sud du Mexique jusqu'au nord de

l'Argentine, il faisait partie intégrante de la

la culture maya, puisque c'est à travers son

image, bien discernable avec sa caroncule

(excroissance) sur le bec, qu'était représenté

Cozcaquauhtli, le 13e jour du calendrier

de cette civilisation mésoaméricaine».

 

 Janlou Chaput

 

 

—¿Saben de dónde vienen las aves?... De los dinosaurios, jóvenes y señoritas, de los dinosaurios. Las aves, filogenéticamente, son dinosaurios. Comparten más de cien características anatómicas. Las aves fueron terópodos o para que entiendan “pie-de-bestias” que vivieron desde el triásico superior hasta el cretácico. Hace veinte años se descubrieron fósiles de dinosaurios con plumas. Pero las semejanzas entre los arcaicos dinosaurios y las aves no son únicamente las plumas, sino el cuello, el pubis, la muñeca, la cintura pectoral, el omóplato, la fúrcula y la quilla del esternón…

—Disculpe, profesor... ¿qué es la fúrcula?

—Buena pregunta. ¿Alguna vez, sin duda, usted ha comido pollo? Pues existe un huesesillo en forma de horquilla con el que existe la costumbre de jugar a los deseos. Dos personas cogen el mismo huesito, y tiran hacia sí. Quien se queda con el trozo mayor, puede creer que su deseo se cumplirá. Ese hueso se llama fúrcula... Volvamos... Los dinosaurios terópodos caminaban de dos patas, como lo hacen las aves... ¿Qué otras semejanzas existen?... Pues... los pulmones, el corazón, la postura al dormir, y una cosa importante, la reproducción... Finalmente, surge la interrogante: ¿Cómo llegaron los reptiles a volar? Existen varias teorías... Pero eso lo dejamos para el próximo lunes. Jóvenes, que pasen un buen fin de semana.

Los estudiantes universitarios se dispersaron cada quien a lo suyo. Subían algunos por las escalinatas, bajaban otros por el ascensor, mientras que algunos se quedaban a charlar. Inti Quispe, de origen boliviano, biólogo y sociólogo, participante de la formación en París, pidió a Jessy, una de las chicas que había conocido recientemente, que le devuelva su iPhone.

—¿Lograste encontrar el dato? —le dijo.

—No, Inti. Pero alguna vez pude averiguar que la etnobiología está desarrollada en México. De todas maneras, buscaré en mi ordenador, cuando llegue al hotel.

—Tengo contacto con el Dr. Arturo Rey Carpio. Tal vez te sea útil.

—¿Quién es?

—Es un investigador...

Inti no terminó de pronunciar la frase cuando otro joven le tocó el hombro, saludándolo y preguntándole si esa noche estaría en el bar. Él contestó que no, que tenía mucho trabajo. Luego continuó hablando con Laurence, su colega:

—... ¿Qué te iba decir...?

—Dime, Inti... ¿cuál es tu especialidad?

—Las aves grandes del territorio americano, en especial el cóndor...

—¡El cóndor! ¡Qué hermoso! ¿Cómo te interesaste por el cóndor?

—Un día conocí a un pastor de aves. Se llamaba Mario Álvarez Keller. Hoy día es un conocido especialista de los buitres negros en España. Los conoce tanto que se ha producido un diálogo entre ellos y él.

Los dos descendieron por el ascensor hasta la planta baja y se dirigieron a la salida. Atravesaron por entre un grupo de estudiantes que se manifestaban contra el alza de los derechos de enseñanza, y se despidieron al llegar al límite del campus.

 

***

 

Esa noche, Inti se puso a trabajar. Desde muy niño, había sentido el anhelo de conocer la naturaleza. Entre sus objetos más preciados, estaba un álbum de cromos con el título de Naturama, una colección bastante didáctica de especies animales que iban desde las primeras formas de vida hasta la diversidad actual. Con el correr del tiempo, la biología se convirtió en profesión.

Ahora, la simple idea que un dinosaurio transformara su cuerpo para poder levantar vuelo, mientras otros de su tipo se quedaran en tierra, le parecía extraordinaria. Un ave que dejó de caminar transformó sus escamas en plumas, aligeró sus huesos y aprendió a sostenerse en el aire, tal vez lanzándose desde los árboles, o quizás aprovechando el impulso del viento. Pero ¿cuántas especies de aves existen? Ni la propia ornitología lo llega a saber exactamente. Miles y miles. Desde el pájaro mosca o colibrí, o los grandes rapaces, pasando por el pollo que es comida habitual humana, hasta llegar a las hermosas aves selváticas, coloridas y parladoras. Por otro lado, también llamaba su atención el simbolismo de las aves. Por ejemplo, el del ave fénix, en cuyo origen real está el flamenco migratorio; el de la paloma mensajera transformada en el símbolo de la paz; o algunas aves de cetrería, elevadas a ícono en los estandartes romanos o en la bandera alemana; sin dejar de lado a animales mitológicos como pegaso, el caballo alado, o los ángeles, mensajeros de los dioses y protectores de los desvalidos.

Por eso se había inclinado por escoger como materia de sus investigaciones al majestuoso cóndor. Aunque nacido en Bolivia, llevaba dentro de su alma, con orgullo identitario, una melodía muy famosa en el mundo entero, compuesta por un músico peruano, Daniel Alomía Robles, llamada El cóndor pasa.

Sus estudios los fundamentaba con las obras de Konrad Lorenz y Edward O. Wilson, y ahora prestaba gran importancia a Manuel Soler.

Precisamente, leía su ensayo Adaptación del comportamiento: comprendiendo al animal humano, en cuyo índice, se le ofrecía temas de su interés, como, por ejemplo: reproducción, búsqueda de pareja, selección sexual, fecundación, competencia espermática, selección críptica de la hembra, cuidados parentales, sistemas de apareamiento, gregarismo, agrupaciones y sociedades, comportamientos altruistas, relaciones entre especies, comunicación y lenguaje humano, y la mente animal. Casi nada.

Sin embargo, otros aspectos le parecían increíblemente interesantes. El hecho que varios animales son capaces de realizar gestos, aunque no “hablar”; las conductas monógamas de algunas aves, y las de dividir el trabajo y actuar comunitaria y altruistamente.

Estas prácticas reorientaban constantemente su trabajo. Y la especie elegida, el cóndor, phus gryphus, el ave más grande del planeta, era su reto, su meta y de momento el sustento de su labor.

 

***

 

Eran las siete y media cuando su radioreloj emitía la canción de Llapaku, con la que se despertaba. Inmediatamente se duchó, preparó café, desayunó y salió en dirección a la universidad.

Al ingresar al laboratorio de etnobiología encontró a dos colegas suyos, con los que empezó a dialogar empezando por intentar explicar los objetivos de su investigación.

Una tarea era comprender por qué el cóndor habita en el continente americano y no en otros continentes. Cuestión tan simple como preguntar por qué la cebra habita en África. Cada ser llega a ser como resultado de un proceso de reproducción y de adaptación ecológica, genética, selección sexual y preservación de su descendencia, a través de un proceso de millones de años... y sin embargo... ¡el ser es al mismo tiempo único y siempre en camino de cambio...! ¿Quiere esto decir, que después del cóndor aparecería una especie nueva, mejor, más poderosa, más bella y más increíble que el cóndor? ¿Gracias a la informática podríamos proyectar cómo sería esta nueva especie? Y para poder lograrlo... ¿cuál, cuánta información, y qué programa utilizar?

—Es una búsqueda inútil —dijo Gilberto Bennet, un austriaco nacionalizado francés, profesor de la Universidad Autónoma de México.

—A mí me parece interesante, pero, aunque tampoco le veo utilidad, puede llevarnos a descubrir un camino para hacer lo mismo con otras especies no domésticas —intervino el otro, un ruso llamado Boris Mendeleiev.

—¿Por ejemplo? —replicó Gilberto.

—¿El elefante? —dijo Inti.

—El elefante... ¿por qué el elefante? El elefante en la India es doméstico, no...

—Sí y no. Sí, cuando se le usa para ejecutar trabajos de tracción de cargas pesadas, y no cuando se le trata en un estatuto superior al que en otros lugares del planeta se le otorga al camello, a la llama, al caballo o al burro. Ustedes saben que me refiero a Ganesh.

—No nos desviemos... El gran reto es imaginar si de una especie actual saldría una nueva especie. Si esto es posible, de cada especie podría salir otra.

—U otras.

—¿De la gallina, por ejemplo, también?

—Hmmm, sí. De una especie tan cercana al ser humano, también.

—Un momento, intervino Boris. Esto no está relacionado con la manipulación genética.

—O sí. La ciencia tiene como una de sus características la libertad, incluyendo...

—... En realidad, deberíamos precisar a qué llamamos especie...

—Exacto. ¿Qué es una especie? —dijo Inti.

—Nosotros somos una especie. Nuestro genoma ha sido descifrado. Hemos conseguido ser una especie diferente después de millones de años, en África, y desde entonces, no descansamos de explorar y poblar la Tierra, la Luna y próximamente Marte.

—Gracias por la aclaración, Gilberto, pero no me refería a eso precisamente, sino: ¿Cómo se llega a distinguir una especie...? ¿En qué instante y cómo se separa de otra y varía su propia esencia? — exclamó Boris.

—Es cierto. Sin embargo, creo que esto ya lo dejó claro Darwin. Diversificar para purificar, que es lo mismo que analizar para luego sintetizar. De la abundancia brota la singularidad —aclaró Inti.

—Voy a por un café, disculpen —dijo Gilberto.

—Mi problema más difícil, este momento, es lograr que el proyecto sea clasificado dentro de la próxima financiación. De lo contrario, ya puedo estar pensando en otra cosa.

—No te preocupes, Inti. Me parece que si agregas, como se suele hacer, el detalle de preservar la especie, nadie puede oponerse tratándose de un ave tan conocida, espectacular y con connotaciones culturales como el cóndor. ¿Cuántos ejemplares existen? ¿Menos de mil?

—Eso espero, Boris. Eso espero —finalizó Inti, y enseguida continuó su labor.

Se colocó los auriculares y abrió su cibersesión con la intención de comprender mejor el término especie. La especie muchas veces era definida de una manera tautológica indicando que se trataba de cada uno de los grupos en que estaba dividido un género; pero otras veces se era más preciso dando la definición: ser vivo, animal o vegetal que tiene determinadas características... o miembros de poblaciones que se reproducen o pueden reproducirse entre sí en la naturaleza... Esta última definición le resultaba más apropiada porque exigía dos condiciones básicas: poder reproductivo y producción de descendencia reproductiva. En suma, continuidad de vida. A ello se agregaba la similitud o distancia entre el ADN de dos especies, y cinco códigos internacionales de nomenclatura. Un argentino, Sergio A. Lambertucci, de la Universidad de Comahue, Río Negro, tenía difundido un estudio sobre el cóndor andino, en el que identificaba las amenazas contra esta ave: matanza, ingesta de cebos tóxicos y municiones de plomo, colisión contra tendidos eléctricos, cacería furtiva, competencia por alimento y trampas de cepo. En realidad, existían siete especies americanas de la familia Cathartide, de las cuales dos son cóndores: Vultur gryphus (en los Andes) y Gymnogypus californianus (en Norteamérica).

Sonó la señal en su iPhone. Inti rápidamente supo que era ella. No existía otra posibilidad. Contestó: «Hola». «¿Inti? Soy yo: Jessie. ¿A qué hora terminas? Lo digo para encontrarnos a mediodía y comer». «¿Te parece a las doce y media?». «A partir de la una, por favor». «Bien. Estaré en el mismo lugar de la última vez». Después de desconectar, pensó: "Cada especie se comunica de una manera determinada para encontrar pareja. ¿Cómo lo hacía el cóndor?". Ya sabía que después del apareamiento el cóndor hembra ponía un único huevo incubado por espacio de dos meses, y que las crías de cóndor permanecían en el nido más de medio año antes de acompañar a sus progenitores en el vuelo. Asimismo, sabía que la madurez sexual la alcanzaba entre los seis y los ocho años de edad... pero ¿cómo elegían pareja?

Volvió al artículo. Primero, las condoreras —en las que pueden habitar hasta más de una centena de individuos— están ubicadas en roquedales acantilados con repisas para perchar. Luego, los nidos están en cuevas o repisas, distintos de las condoreras. Ello indica que al momento de reproducirse la pareja se separa temporalmente del resto del grupo y elige su nido, en un período de ocho a nueve meses, mediante cortejos, cópulas y elección de nido. ¿Indicaba esto que los cóndores eran endógamos? Y otro detalle. Si los cóndores tienen atrofiada la siringe, ¿quiere decir que los machos no cantan para atraer a las hembras? Al parecer son las hembras, quienes en el momento del estro cambian el color de su cabeza del rojo habitual a amarillo. Signo que es observado por su pareja. Según ciertos investigadores, la época de celo es entre los meses de agosto y septiembre, y el cortejo consiste en una especie de danza sobre el suelo. El macho abre y cierra muchas veces sus alas, hincha su cuello y lo encorva hasta tocar con su pico la parte superior del pecho, emitiendo débiles silbidos. La hembra de vez en cuando se acerca al macho para tocarlo con el pico. La acción concluye con el apareamiento, que es cuando el macho lanza fuertes bufidos... Lamentablemente, nada sobre su endogamia...

Gilberto, que había permanecido en silencio, se dirigió a Inti, y le pidió disculpas, dándole a entender de que si entre ellos no se producía la solidaridad y el aliento mutuo, menos se podía esperar de otras personas.

Inti dejó para la tarde la revisión del tema del gran intercambio americano, cuando el sur americano se conectó con el norte americano, y pensando en Jessie salió a buscarla para comer.

 

* * *

 

En el restaurante, ambos departían una ensalada de betarraga, zanahoria y lechuga bañadas con aceite de oliva, luego una cremosa lasaña de carne picada, acompañadas de jugo de frutas, y de postre helado de vainilla con canela.

—Jessie... Ya me explicaste que eres bióloga, pero no conozco cuál es tu especialidad.

—Eres olvidadizo, Inti. ¿No te acuerdas?

—No.

—Soy candidata a un doctorado en etnobiología.

—Sí. Eso sí recuerdo. Lo que no sé es cuál es tu tema de doctorado.

—Adivina.

Inti la miró fijamente. Luego le pidió que se ponga de pie, y que haga un giro mostrando su figura. Ella le siguió la broma. Al final él hizo un gesto de suficiencia y sentenció: «Una mujer así sólo puede dedicarse a una cosa.» «¿A qué?», dijo ella. «Al sexo», respondió él. Rieron.

No. Ella no dedicaba sus estudios al sexo, sino a la reproducción de quelonios, específicamente de las tortugas de mar. Y por eso necesitaba contactar con el Dr. Arturo Rey Carpio, biólogo marino.

—Dime, Jessie. ¿Cómo se aparean las tortugas? Debe ser complicada su cópula... como si se tratara de juntar las dos partes de un yoyó.

Rieron nuevamente. Al despedirse quedaron para volverse a encontrar el fin de semana. Visitarían el zoológico de Chapultepec. Una buena manera de divertirse y continuar hablando de sus temas de interés.

 

***

 

Al día siguiente, Inti se dirigió a la enorme Biblioteca Central del Instituto Paleontológico para incrementar su información sobre el gran intercambio biótico americano, llamado GIBA, una de las más grandes redemarcaciones naturales geográficas del decurso planetario, que se produjo como resultado de cambios téctónicos y actividad volcánica que permitieron el surgimiento del itsmo de Panamá, el enfriamiento global, la gran elevación de los Andes que formó asimismo una barrera que cambió el clima y patrones de drenaje; y finalmente los intercambios biológicos entre la masas terrestres de la región neotropical y de la región neoártica, desde el sur hacia el norte y viceversa.

Tomó nota:

«Brown y Lomolino, en su Biogeografía, 1998, señalan que: “Este evento provee un fascinante caso de estudio de los efectos combinados de dispersión, interacción interespecífica, extinción y evolución de diversidad biológica”». Inti reflexionó: “Al parecer desaparecieron los animales de más de media tonelada excepto el bisonte americano. Se extinguieron todos los inmigrantes sureños en el norte con un peso mayor a 15 kilos, todo animal nativo sudamericano mayor de 65 kilos y todo inmigrante norteño en Sudamérica mayor de 450 kilos”.

Inti se sorprendió al comprobar que había existido en Suramérica una enorme ave terotónida del mioceno, llamada Argentavis, cuya extraordinaria envergadura fue de ocho metros, así como otra gran ave marina, Pelagornis chilensis, un poco menor. Llegó entonces a la conclusión que el cóndor fue el ave más grande que sobrevivió al GIBA.

Y ahora se preguntó: ¿Cuáles son los siguientes pasos? Respecto del programa informático que él gustaba llamar el “premonitor”, la última noticia era la de Microsoft en coordinación con el Instituto Tecnológico Technion, basada en la revisión de acontecimientos registrados en el New York Times, bajo el lema: “El pasado no se repite, pero rima”, queriendo indicar con ello que el mundo tiene un ritmo. Efectivamente, el mundo tiene un vaivén. Las estaciones se suceden ininterrumpidamente desde un registro de frío, los meses de invierno, hasta el calor estival. Las placas tectónicas de tiempo en tiempo chocan entre ellas, en los días festivos se repiten accidentes de tránsito, delitos y estupideces que la policía ya tienen computados; como en el filme Minority report, algún policía puede impedir el crimen si entiende que la cantidad de información enciende una lucecita roja, o simplemente análisis de ciclos, de repeticiones en general. Sin embargo, para los fines de su proyecto de investigación el programa informático, en realidad debía ser mucho más especializado. Era ineludible manejar datos desde la era protozoica hasta el plioceno. El asunto era complicado. Demasiada información difícilmente obtenible. Y también algo fundamental relacionado con el financiamiento. Era imprescindible obtener los datos más fidedignos y actualizados sobre la población del cóndor y toda la legislación y reglamentación al respecto, en los diferentes países de su hábitat. Si todo salía bien, por fin su sueño de niño un día tendría la posibilidad de llegar a un buen final.

Y aunque habían pasado más de veinte años, se acordaba como si fuera ayer de un hermoso relato que su profesor de comunicación, a él y a sus compañeros, les hizo leer en aula, una fría mañana de agosto. El autor del texto, o de la recopilación no se conocía. Quizás era el editor del libro. O un escritor que decidió permanecer en el anonimato. ¿Por qué ese relato le impresionó bastante? ¿Por su nombre? Tal vez. El nombre Inti, sol en quechua, indicaba la preferencia de la familia por preservar la identidad cultural andina. El relato se titulaba: La diplomacia del cóndor.

Escrito en un lenguaje fácil, especialmente comprensible para un público lector joven, contaba la terrible historia de la destrucción de nuestro planeta, a consecuencia de la extinción de la capa de ozono, del abuso del uso de combustibles tóxicos, de la contaminación de las aguas de los mares, lagos y ríos, y, sobre todo, por la basura que en ese entonces nadie reciclaba. Había guardado el libro como un tesoro de su niñez, y cuando releía el relato era cada vez más consciente que recrudecía el exterminio de muchas especies, precisando aquella cuyo hábitat era la Amazonía. La deforestación y la contaminación sobrevenida por la explotación del caucho, del petróleo y del gas, causaban gravísimos daños.

El relato era más o menos así:

Todos los seres vivos, puestos en alarma por el peligro en que se encontraba el planeta, se reunieron en asamblea de sociedades y pueblos en el gran pantanal de Matto Grosso, unos meses antes que los gobiernos se congregaran en la Cumbre de la Tierra. Entre los cientos de asambleístas, los mamíferos estaban representados por Cebú y Otorongo; los reptiles, por Anaconda y Lagarto; las aves por Tucán, Loro, Águila y Papagayo; los insectos por Libélula y Abejorro; los peces por Paiche y Piraña; los árboles por Mono trepador y Pájaro carpintero; las frutas por Gusano y Mosca; las raíces por Papa y Yuca; los ríos por Paiche y Ronsoco; y las plantas en general, por Orquídea.

Después de mucho discutir, decidieron elegir un representante para que pronuncie un discurso ante los jefes de gobierno de todo el planeta. Y se encontraron con el grave problema que ninguno de los que estaban allí estaba capacitado para hacer frente a semejante empresa. Alguien dijo que necesitaban la presencia de Puma, otro dijo que se necesitaba alguien ágil como Colibrí, y otro, fue más audaz aún y dijo que el mejor vocero era Llama. Esta última sugerencia provocó en algunos de los concurrentes gestos de desavenencia.

Finalmente, de entre los cientos de representantes extranjeros al mundo andino, un anciano venido del Techo del Mundo elevó su voz y dijo:

—Yo ya estoy viejo, y me quedan pocas horas. No me quejo. Al contrario. Vivo en libertad, y esa misma libertad es la que espero para todos ustedes. Cuando mis funciones corporales se detengan, lleven mis despojos por favor a la cumbre de un nevado. Allí, el cóndor hará su labor.

—Si así lo desea, así lo haremos —dijo Paiche.

—Pero... ¿qué ganamos con ello, estimado maestro?

—Al mismo tiempo que él me purifica, cada una de las aves, en especial las más coloridas, entregarán una o varias plumas a los mejores tejedores para que, con ellas, confeccionen un traje, una hermosa investidura...

—Y entonces...

—... Ese atuendo, espléndido y significativo, será el que use el cóndor para concurrir a la Cumbre del Planeta en nombre de los seres vivos y de la naturaleza. ¡Los gobernantes oirán su discurso y tendrán la oportunidad de recapacitar de sus estúpidas acciones!

—¿Y si el cóndor no acepta el reto?

—Aceptará. Aceptará. Lo siento así —concluyó el anciano, con una sonrisa de satisfacción.

 El relato continuaba describiendo cómo los mejores artesanos juntaron las plumas, y con la ayuda de los animales más creativos, tejieron una hermosa vestidura, al tiempo que agonizaba el anciano. Durante el proceso de confección, todos compartieron comida, bebida, música danza y conversación. Cuando el corazón y el cerebro del abuelo se detuvieron, una comitiva ceremoniosa ascendió hasta las alturas nevadas para cumplir las exequias. El cóndor los esperaba en lo alto. Su aspecto imponente, oscuro y fiero, adquirió la solemnidad del caso. Su misión era purificar la vida.

Mientras los ayarachis se balanceaban tocando sus sikus, el cóndor lentamente ingirió las entrañas del anciano, y cogiéndolo con sus garras lo llevó hasta un alto y hermoso picacho de la cordillera. Después, cuando salió el sol, dos allqamaris vistieron al cóndor con el traje hermosamente tejido, y él, investido de radiante poder, se despidió de la concurrencia, y levantó el vuelo en dirección a la extensa selva amazónica.

Y llegó su turno.

En la Cumbre del Planeta, ante la sorpresa y expectativa de los cientos de delegados y representantes, con la fuerza de la naturaleza, con la magia de las plumas de aves parladoras, con el cielo cuyas nubes dejaron ver un hermoso arco iris, el cóndor provocó un estado emocional colectivo muy especial. Modulando su canto con la misma intensidad del trueno andino, de su garganta casi siempre atrofiada, salió un magistral y convincente discurso. El ave más grande del planeta logró ser escuchada, entendida, y su mensaje se transmitió en todas las lenguas. Los representantes de los gobiernos entraron en diálogo, en comprensión, en solidaridad, y finalmente en acuerdo.

Tiempo después, los gobiernos de los países ricos e industrializados anunciaron medidas contundentes para solucionar las causas del cambio climático y la contaminación ambiental. El mensaje de los seres vivos había causado efecto.

Inti se acordaba, como si fuese ayer, que su profesor les había dejado de tarea dibujar un cóndor.

 

* * *

 

Se detuvieron frente a un letrero que indicaba: Tortuga africana de espolones, y Jessie comenzó a explicarle su estado de conservación, pero él miraba sus ojos, atendía a sus ojos y únicamente le interesaban sus ojos.

—En La Paz tenemos el Zoológico de Mallaza. Allí se puede observar el cóndor en cautiverio. En septiembre de 2010 la Fundación Bioandina Argentina y el Zoológico de Buenos Aires liberaron tres ejemplares en las sierras de Paileman, en Valcheta... Si deseas puedes verlo en Vimeo.

—Observa... ¡observa! Ves la tortuga... En su lentitud está expresada su sabiduría. Esta especie no es objeto de tráfico ilegal. La pochicote y la golfina, sí.

—¿Tráfico ilegal? ¿Aquí en México hay tráfico ilegal?

—La Procuraduría Federal así lo constata a diario.

Continuaron dialogando y caminando por el zoo. En un momento dado, cuando él le habló de la necesidad de utilizar un programa informático, ella se refirió a los animales del futuro, diseñados por ordenador.

—Cuando visité Francia, en un parque de atracción llamado Futuroscopio pude experimentar modelos virtuales de animales del futuro. Por ejemplo...

—Sí. Pero eso, aunque es ciertamente diseño con características científicas, se parece más a Jurassic Park que a la idea de mi trabajo.

—¿Jurassic Park?

—Es una película que me impresionó de niño. Mucho. Me impresionó, pero luego comprendí que allí todo estaba confundido.

—¿Te refieres al genoma?

—Claro. Jurasisc Park, ahora, me parece un horror de película. Sin embargo, si hay algo que rescatar es el tema que sugiere la posibilidad de reconstrucción de un genoma, y, por tanto, su modificación. Es un tema apasionante. ¿Tienes sed? Vamos a beber algo. Tengo calor.

Se dirigieron a un quiosco, compraron dos pequeñas botellas de jugo de frutas, y se sentaron en un tronco de árbol. El parque del zoológico era un buen lugar sentirse en un ambiente completamente natural.

Continuaron el diálogo hablando del Futuroscopio, ubicado en las proximidades de Poitiers.

Antes de despedirse, se pusieron de acuerdo en mirar juntos un filme. ¿Cuál? Ella había sugerido Jurassic Park y él estuvo de acuerdo, sólo si era el primero de la saga. Cuando ella le preguntó por qué, él le explicó que era el único que planteaba el tema verdaderamente desde un ángulo científico.

Salieron del zoológico de Chapultepec y caminaron por el Paseo de la Reforma llegando al Metro Auditorio. Al descender por las escalinatas, compraron dos tickets en la máquina expendedora y atravesaron la tranquera. Cuando el tren arribó y las puertas se abrieron, montaron e inmediatamente buscaron asientos; pero estaba lleno y permanecieron de pie. De pronto, un hombre topó contra Inti, justo en el instante que llegaban a la siguiente estación. Al abrirse las puertas, Inti se tocó el bolsillo del pantalón comprobando la existencia de su billetera... ¡No estaba! El hombre tropezó adrede contra él para sustraérsela. Pero el tren ya estaba en marcha.

—¡Jessie, me acaban de robar la billetera...! —dijo Inti.

—¡No es posible!

Tuvieron que esperar la siguiente estación para salir, de manera apresurada, indagar la ubicación de la agencia de policía más próxima y presentar la denuncia. Inti se encontraba muy nervioso y enfadado.

Ella, acongojada, trataba de consolarlo. Una hora y media duró la gestión, más protocolar que efectiva: explicar el dónde, el cómo, qué documentos, cuánto dinero en efectivo, y dar sus señas.

—Lo peor de todo es que en la billetera también está la carta magnética con la que abro mi habitación.

Jessie vivía con su familia y no podía alojarlo. Sin embargo, conocía una amiga que en su apartamento tenía una habitación libre. La llamó y ella consintió alojarlo. Entonces tomaron un taxi, con el que atravesaron la enorme ciudad de México hasta llegar a la dirección de la amiga de Jessie. La esperaron una media hora, y cuando llegó les invitó a pasar.

Se quedaron charlando hasta que se hizo de noche. Ordenaron una pizza por teléfono para acompañarla con vino tinto.

—¿Dónde vives, Jessie? ¿Lejos de aquí? ¿Hasta qué hora funciona el metro?

—Sí. Vivo un poco lejos.

—Por mí no hay ningún problema si te quedas a dormir aquí.

Inti y Jessie cruzaron sus miradas. ¿Es que había algo más que una amistad entre ellos?

Decidieron que Jessie y su amiga dormirían juntas y él en la habitación libre. Al día siguiente todo volvería a la normalidad. La inmobiliaria le proporcionaría una nueva llave magnética, el banco una nueva carta, y del dinero, simplemente a darlo por perdido.

 

* * *

 

—Una especie llega a serlo en millones de años. ¿Cómo podría surgir una especie sucedánea del cóndor? Gatos, perros, caballos, gallinas, y cuanto animal doméstico existía en el mundo, miles de años habían sido objeto de manipulación reproductiva. Las llamadas “razas” no eran o cosa que fruto de esa manipulación, a la que se podía llamar decentemente crianza. Para poner un ejemplo didáctico, veamos el caso del perro doméstico... ¿cuántas razas o variedades existen? Veamos; usted, Lisandro, ¿sabe cuántas razas de perros existen en el mundo, o por lo menos tiene alguna idea?

—No, doctor. Lo siento. Si le digo quinientos o le digo ochocientos, le mentiría. No tengo ni idea.

—En la actualidad se calcula, de manera aproximada, la exorbitante cifra de unas 343 catalogadas y de 700 no catalogadas... La razón de esta gran variedad, indudablemente, es la facilidad de la reproducción, y el corto período de maduración sexual. Los perros pueden procrear a los dos o tres años de vida.

La media docena de asistentes al Seminario esperó a que finalizara la charla y cuando el expositor se hubo marchado, dos de ellos se quedaron a charlar, e Inti también, solitario. Pensaba en la edad de maduración sexual del cóndor y en la enorme dificultad de ensayar la “mejora racial” a través de la crianza. Entonces, ¿cómo hacerlo? Su mente divagaba: «¿Gracias a la informática podríamos proyectar cómo sería una nueva especie? Y para poder lograrlo... ¿cuál, cuánta información, y qué programa utilizar?» Nuevamente, volver al principio. ¿Quizás en México algún biólogo ensayaba a través de la informática? No. No lo sabía. Y estaba perdido. Se sentía como en un paraje desértico.

Abrió de mala gana su ordenador portátil y busco en Google.

Después de unos minutos no tenía sino pistas referidas a ganadería, así que abandonó la idea. Luego, pensó en Jessie. No era su tipo de mujer, pero...

Cerró el ordenador, se levantó de la silla y salió de la sala, con la idea fija de alquilar la película Jurassic Park, e invitar a Jessie a verla juntos. ¿Dónde? No lo tenía claro, pero, ya se le ocurriría un lugar adecuado. Además, le buscaría el contacto con el Dr. Arturo Rey Carpio, un gran especialista en tortugas. Y de paso, podría intercambiar algunas expresiones con él, porque a diferencia de otras especies, las tortugas eran longevas, y presentaban semejanzas con la especie que le interesaba a él. Buscó su email en las páginas web de los organismos que lo tenían fichado como profesor o investigador y al encontrarlo, abrió su servidor, y escribió un texto breve:

Doctor... ¿Se acuerda de mí? Soy Inti Quispe, de Bolivia. Tuve el honor de conocerlo en el Curso de Evolución en Montevideo. Le envío este mensaje para solicitarle una entrevista personal. Si usted se encuentra actualmente en el Distrito Federal, podríamos sostener un encuentro con Jessie Peralta, una bióloga y conservadora interesada en consultarle temas sobre su especialidad. Gracias.

Luego escogió “Enviar mensaje”, y presionó “Enter”.

Volvió a sus apuntes. Notas sueltas: 1953, James Watson y Francis Crick deducen la estructura tridimensional del DNA y proponen un modelo para su replicación. Manolis Kelis Genómica funcional genómica evolutiva Bruce Tidor Genoma = constitución genética del organismo... Tenía la mente llena de esas ideas. ¿Y la mente de Jessie?

La última vez ella le dijo algo referido a la Fundación Flora, Fauna y Cultura de México... un Programa de Conservación de Tortugas Marinas en la Riviera Maya. Cruzó, de pronto, por esa mente llena de ciencia, alquilar una habitación de hotel para ver con Jessie la película. Luego reflexionó. No: era una chifladura. Mejor verla en su habitación. Y, con el dinero del alquiler podía comprar un equipo de cinema. Pero horas más tarde, cuando recibió un mensaje de respuesta del doctor Rey, consintiendo el encuentro, se animó a poner en práctica la cita con Jessie. En el fondo sabía que no sentía por ella más que simpatía, pero también tenía plena consciencia que tanto él como ella no tenían pareja, y, por tanto, en caso de ligar no harían ningún mal a nadie. Buscó en un Centro Comercial una consola de cine. Después de dos horas de caminar, observar y comparar, al fin escogió un sistema llamado Bbox VOD - Sensatio TV Cine – Multiecran Interface TV HD. Pero antes de comprar se dio cuenta que hacía falta el DVD de la película, y como era antigua... ¿dónde y cómo hallarla? Imposible. Sería mejor, más sencillo y menos caro verla en su ordenador portátil, aunque sin la calidad del elegante aparato. Llamó a Jessie, e hizo la invitación formal. Ella se sorprendió al comienzo, pero luego captó la idea y aceptó. Traería tacos y una botella de vino tinto. Al atardecer él la esperó en un parque, al frente de su estudio. Se saludaron con beso, y una mirada cómplice.

El ambiente le reveló a Jessie que era una típica vivienda de un aprendiz de científico con un desorden de soltero, hasta cierto punto agradable.

Destaparon la botella de vino, colocaron los tacos en el horno microondas y se acomodaron en un sofá colocando el ordenador en una pequeña mesa de centro.

—Es la cuarta o quinta vez que la veo —dijo Inti. ¿Y tú?

—No. Yo la he visto una única vez. Casi no me acuerdo de qué se trata... ¿es de un parque de diversiones, no es así? —respondió ella.

Inti activó el play del filme, pero pasadas las primeras escenas, en la escena de la excavación en la que encuentran la resina que conserva íntegro el mosquito succionador de la sangre y el ADN del dinosaurio, lo detuvo, con el fin de comentar el hecho. ¿Era posible realmente esto? Jessie opinó que eso no tenía importancia. «Las especies vivas de la biósfera actual establecen el equilibrio ecológico por sí mismas». «Totalmente de acuerdo. Pero es el hombre que sobrepasa la condición de depredador y arriba a la de destructor. Es la especie...» —exclamó Inti.

—Te entiendo. Detén la película, Jessie. Ése es el problema, y no es un problema genético, sino un asunto sociocultural. La lucha entre manadas de póngidos, al arribar los homo sapiens a multiplicarse y distinguirse en unas tribus y otras tribus, al mismo tiempo que inventaron la agricultura, la ganadería y la arquitectura, inventaron la guerra como una manera más de lograr mejorar su nivel de vida a través de la expoliación. ¿Es eso difícil de comprender?

—Cierto. La guerra y la esclavitud. De todas maneras, en cuanto a lo que estoy investigando, es para mí interesante avanzar sobre el tema de la manipulación genética. Yo sé que ese no es tu dominio, pero compréndeme que para mí es interesante el tema.

Continuaron mirando el filme sin mucha atención y terminaron la botella de vino. Enseguida, Inti abrió dos cervezas y mientras las bebían, se atrevió a preguntar: «Jessie: ¿tienes novio?». «No. ¿Y tú?», respondió ella. «No. Pero tengo un hijo en La Paz. No estoy casado con su madre. La llamo a veces, pero únicamente para preguntar por mi hijo. Ahora él tiene cuatro años. ¡Lo quiero mucho!», respondió Inti. «Y a ella ¿la amas aún?», indagó Jessie. «No. No. Rompimos hace más de dos años», concluyó él.

Mientras el ordenador seguía reproduciendo las imágenes de Jurassic Park, los dos jóvenes se enlazaron en caricias mutuas y terminaron dirigiéndose al lecho. La noche vino a ellos y los cubrió con su manto de calor.

 

* * *

 

Unos días después, Inti recibió respuesta afirmativa del Dr. Arturo Rey Castro, y se lo comunicó a Jessie. El encuentro se produciría en dos semanas en el mismo México DF. Jessie entusiasmada, escogió un restaurante típico para celebrar la reunión: La serpiente emplumada.

El día acordado buscaron al científico y los tres se desplazaron hasta el restaurante en taxi. Era un local estupendo en Álvaro Obregón, uno de cuyos muros estaba decorado con una hermosa reproducción del famoso mural de Cacaxtla. Cuando tomaron asiento y les trajeron la carta de vinos, empezó la conversación.

—¿Desde cuándo se dedica al estudio de las tortugas, Jessie? —dijo Arturo Rey.

—Hace varios años. La reproducción de tortugas de mar es algo que me impresionó después de hacerme voluntaria en Campamento Tortugueros, cerca de Acapulco. Luego centré mi estudio en las tortugas laúd.

—Ah... ¡las laúd!... Conozco la especie. Se le calcula una antigüedad de cien millones de años. Sí. Ciertamente está en peligro de extinción.

Mientras Jessie degustaba el guacamole, Inti y Arturo Rey devoraban el pozole blanco. De pronto, Arturo preguntó a Inti: «¿Y usted? ¿Cuál es su campo de investigación?» «Hace dos meses que vengo estudiando el cóndor andino», respondió él.

—¿Conoce el urubu?

—Sí. ¿El zamuro negro?

—No. El rey. El rey zamuro que en Brasil le llaman Urubu rei. Su nombre científico es Sarcoramphus papa. El que tiene la cabeza de colores. ¿Nunca lo ha visto?

—No. Lo siento.

—Sí se da cuenta. Su hábitat hace contraparte con el cóndor. Es como si se hubieran dividido los territorios. Para el cóndor las cordilleras y para el urubu las selvas. Mi apellido es Rey, si se ha dado cuenta.

 

* * *

 

De regreso a su estudio, lo primero que hizo Inti, fue buscar información sobre el Urubu. No bien observó las primeras imágenes, comprendió las palabras del científico. Efectivamente, era el mismo cóndor, pero de colores. Simplemente magnífico. Y se diría formidable, mágico... en una palabra: increíble.

Ahí estaba la respuesta a su trabajo de investigación. La naturaleza había utilizado millones de años para avanzar en todas las direcciones posibles, recorrer todas las rutas, subir y bajar y atravesar todos los ambientes, revolver todos los nichos ecológicos, elaborar las microbellezas y los menos comunes artificios, y al fin liberar y desplazar sus energías encapsuladas hacia la libertad de los elementos.

«Sin duda, pensó Inti, el Urubu rei es el ave más bella del mundo», y enseguida comprendió que su investigación podría reorientarse: estudiar de manera comparada el sarcoramphe roi (rey zamuro o urubu rey) y el vultur gryphus (su amado cóndor). Y una luminosa idea brilló en su corteza frontal: ¿sería posible un cruce entre estas dos aves? Y nuevamente la imagen de su profesor le vino a la memoria. Ahí estaba la nueva tarea.




PACHA J. WILLKA

(Puno, 20/08/1957 - San Sebastián, 24/09/2021)

Alberto Cáceres Gómez. Escritor y artista. Licenciado en Educación por la UNA. Regidor de la Municipalidad Provincial de Puno (1984 - 1986) y Director Regional de Cultura de la Región «José Carlos Mariategui». Jefe de redacción de «Los Andes». Productor de radio y TV. Editor de libros y revistas. Gerente de Collas Creadores. Integró la APAFIT y la ANEA-Puno. Ganó el Primer Premio Departamental de Poesía convocado por el Instituto de Cultura Andina, dirigido por Ernesto More y Augusto Ramos Zambrano. Fundó el grupo artístico «Quaternario» y la agrupación teatral «Yatiri». Presidió la Casa del Poeta (Puno). Con Boris Espezúa condujo el Taller de Poesía «Oquendo de Amat». Ha publicado en poesía: «Invenciones» (1988), «Luz de lluvia» (1999) y «Wayrita» (2004). Y en narrativa: «La máquina de gobernar» (2007) y «La tarea del cóndor» (2018). 

Foto: "Urubu Rei" Instagram: zoosapaulo

jueves, 13 de julio de 2023

Pacha J. Willka: «PREÑEZ DE VARÓN»



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La obra inédita de Alberto Cáceres Gómez, titulada "América Raíz", registra por su constancia la peripecia histórica de Gamaliel Churata, gran heresiarca altiplánicoy arúspice kolla, ha de propiciar una aproximación didáctica a la lectura de tan caro y efusivo creador; propósito que el joven autor explicita en el subtítulo de la mencionada contribución. Planeada la obra en 11 capítulos, compendiamos el segundo: "Encrucijada del ego", que recorre desde el nacimiento de Churata hasta sus veinte años de existencia. Hemos titulado a esta primicia "Preñez de varón", en razón que la profunda metafísica y sustancial opción de Churata de mimetizarse, interpretar y sintetizar el medio ambiente cultural que rodea el gran Titicaca, le nace justamente por la comprensión  que de la indianidad como fórmula no simplificable, de indio y de paisaje, de cultura y naturaleza, la engendró en Puno. Esta tierra parió al hombre que fue Churata, que es como decir. Churata nació hombre no de madre sino de tierra. 

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ENCRUCIJADA DEL EGO

Me escurro, siento que me escurro. 
Siento que no soy, que jamás fui, 
que seré ya nunca. Me escurro. Me escurro. 
¡Ah, así te labras! ¡Así te modelas! 
¡Así te harás piedra y serás montaña! 
¿Me he perdido? Buscadme en el hampatu. 
En los ponchos. Buscadme en las chuspas. 
En la chinkhana de las khawras. 
Preguntad al Waksallu, al kirki, al wakaycholo. 

Gamaliel Churata, "El pez de oro", Treno XXVII


(2)



    Todo escritor, para serlo, es decir, para resolver su problema existencial debe haber vencido muchos fantasmas. En el caso de Gamaliel Churata, la esfera que lo envolvió estuvo compuesta de tantos y tan variados elementos que configura una problemática sui generis.

    Tal como el mismo dejara sentado por escrito, al cumplirse 100 años del gran orador y político puneño Mariano H. Cornejo Centento: "El hombre no es de donde nace sino de donde nacen sus raíces ontológicas". El "fue" donde no nació y nació donde no pudo ser.

    Queda deducido que son factibles los nacimientos fortuitos y gratuitos; el caso de Churata es uno más, por ello es que aclaro la situación con tan aguzado afán, tratándose de Mariano H. Cornejo, quien es lúcido en vitrina arequipeña. Pero veamos el comienzo de su vida...

    Estamos en 1896 y Puno es apenas una aldea de no más de 10,000 habitantes. Desde que años atrás el ferrocarril y los barcos transformaron la fisiología del pueblo, dándole un carácter de nexo comercial —además del aumento en el número de instituciones—, muchos foráneos e inmigrantes italianos se van asentando a la vera de sus calles barrosas. Con miras a instalar una zapatería, una joven pareja regulariza su estado civil contrayendo matrimonio: Demetrio Peralta Miranda, blanco y barbado arequipeño; y María Miranda Córdova, nacida en Moquegua. tenían ya dos hijas: Maximiliana y Estefanía (después llamada Juana, nacida en Puno en diciembre de 1893). Parece que luego tienen otro hijo, que fallece de niño. 

    Sobreviene 1897, y cuando transcurre el mes de mayo, doña María, muy avanzado su nuevo embarazo —"en trance mayéutico", como diría el propio Churata—, en la imposibilidad material de ser atendida en Puno, con la mayor seguridad es trasladada a las faldas del Chachani, donde da a luz el 19 o 20 de junio a un varón que bautizaron el 29 del mismo mes en el baptisterio de la catedral, con los nombres de Arturo Pablo. No pasan muchos meses y la criatura estaba nuevamente en Puno. 

    Arturo Pablo crece en medio de una familia que se acrecienta: tras él vienen: Alejandro (que se convertiría en el gran poeta peruano), Demetrio Ángel (quien adoptaría el seudónimo de Diego Kunurana para dedicarse al quehacer artístico-píctorico), Adriana, Domitila, María y Carmela. En medio del misticismo hogareño, Arturo obtiene basamento conceptual religioso por la religiosidad proveniente de su padre, quien fue primero católico y posteriormente adventista. Él, don Demetrio, por su condición económica y su educación sobresaliente, va convirtiéndose en notable del pueblo y ocupa cargos sociales y políticos; de diputado de la provincia de Cabana pasa a ser Inspector de pesas y medidas de la Honorable Junta Departamental; luego sería presidente de la Sociedad Fraternal de Artesanos y promotor e introductor de la biblia y el adventismo en el departamento de Puno, en compañía de Fernando Stahl. Al mismo tiempo, la economía familiar permite que se trasladen a una casa adquirida, ubicada muy cerca del local que albergaba la Tipografía de J. B. Eduardo Fournier. 

    Cuando en 1907 llega a Puno, recién egresado de la primera promoción de la Escuela Normal de Varones de Lima, José Antonio Encinas, es nombrado director del Centro Escolar de Varones Nº 881. Arturo y Alejandro, al igual que varios niños coetáneos, son matriculados en dicho centro de estudios, donde acontecería y emprendería su desarrollo, una pedagogía inusual y exploradora de nuevos métodos, sistemas y prácticas.

    Al mismo tiempo, en el ambiente sociocultural puneño, ocurría el despertar de voces altas que salían airadamente en defensa del indio. Los hermanos Peralta van entendiendo ello, entre el discurrir de sus quehaceres escolares, las labores en la zapatería paterna (Churata se convertiría en hábil apareador de calzado) y el intenso trajinar tipográfico e intelectual que se desarrollaba a pocos pasos de su casa, al otro lado de la calle, en la Tiporgrafía Fournier. De allí sale, el 28 de julio de 1914, el primer número de "La voz del obrero", quincenario que "empuña en una mano el estandarte de la libertad y en la otra la espada de la justicia... para cortar el nudo de la opresión y la tiranía". Oscar Raimundo Benavides se había encaramado al poder, y esta publicación es una voz discrepante de carpinteros, tipógrafos, zapateros, sastres y artesanos en general, que se autoconsideraban obreros. No era pues Puno, en ese momento, ajeno a los grandes movimientos mundiales del obrerismo y la prensa comprometida. 

    El 30 de enero de 1915, acontece una masacre en Arequipa: los pobladores que salen a protestar por la elevación de los impuestos y la mano fuerte que implementa el gobierno, son reprimidos en las calles. El joven Arturo Peralta, en una manifestación que se realiza en Puno, ante una multitud de trabajadores, pronuncia un efusivo discurso. Es apresado y conducido inmediatamente a Arequipa; su padre lo rescata cuando ya lo habían cortado el pelo para integrarlo al servicio militar (eso nos fue referido, entre otros datos, por su hermana Juana). Pero la preocupación no solo era política sino también social su hermano Alejandro, por ejemplo, ese mismo año publica en "La voz del obrero", un poema titulado. "El indio". Arturo y su hermano, al igual que otros jóvenes, van haciendo sus pininos literarios e intelectuales inmersos en el ambiente de la Tipografía Fournier e imaginando publicaciones. Arturo adopta indistintamente los seudónimos de Juan Cajal o Gonzales Saavedra,; su hermano, adopta los de Alex o Goy de Fernández. El propietario del local, Juan Eduardo Fournier Barrionuevo, propulsor del periodismo y la cultura puneña, sería más tarde alcalde de Puno en dos periodos. Tal vez a él se deba principalmente el hecho de hacer la tribuna de expresión a los futuros escritores, hecho que debe ser sopesado con la debida importancia. 

    Hasta aquí ya podemos elaborar algunas ideas sobre la personalidad del joven Peralta; creemos que a partir de estos hechos, su deseo de adquirir identidad como escritor lo llevan a iniciar un proceso de envoltura en crisálida socialmente indianista y comprometida e intelectual e ideológicamente cristiana. Y decimos esto porque Arturo va adquiriendo un conjunto de valores y lecturas que lo van formando. Al renunciar a seguir estudios secundarios en el Colegio San Carlos, se fue adentrando en las profundidades de lecturas avanzadas para jóvenes de su grupo. Refiere Emilio Romero: "Arturo Peralta, entre tanto, leía el antiguo y nuevo testamento, recitándonos sus capítulos y versículos en voz baja, pero con acento oratorio, dejándonos en suspenso, sorprendidos, en la hora del recreo. Más tarde sus recitados eran de párrafos de las "Confesiones" de San Agustín. Al correr de los años, mientras nosotros seguíamos la secundaria en el Colegio San Carlos, Arturo Peralta nos citaba Aristóteles, Platón, Plotino y a Santo Tomás de Aquino. Y unos nombres raros para nuestra etapa de estudiantes, como los de Spinoza o Vives, que sonaban en la serenidad de nuestras vueltas a la noria, que era nuestro querido Parque Pino". ("Antología y valoración" pp.424 a 432). 

    Mientras el prestigio del joven intelectual iba creciendo, entre broma y broma los amigos intercambiaban los nombres de sus enamoradas por nombres bíblicos... pero para Arturo la cosa era en serio. Así, uno de tantos días un nombre quedó grabado para siempre en la ideación: GAMALIEL, que corresponde históricamente al judío doctor en ley, considerado como décimo tercer discípulo de Jesucristo, quien actuó a la manera de espía entre los ajusticiadores; sin embargo, aún faltaba completar el nombre. 

    Es dable apuntar también, que en agosto de 1917, al mismo tiempo que continuaba su labor en "La voz del obrero", impreso en los talleres "El Departamento", salió a circulación el primer número de "La Tea", de naturaleza mayormente literaria. Este primer número es escrito, cajeado y tirado —lo cual demuestra que para ese entonces ya era un entendido en las diferentes facetas del arte tipográfico— por Juan Cajal. Así se inician los 15 inencontrables números "La Tea" que canalizó nativismo e inquietud literaria. 



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    Resumiendo el capítulo, podemos señalar algunos aspectos importantes: En primer lugar, la condición socioeconómica de la familia Peralta Miranda, emparentada con la naciente manufactura y curtiembre de Pedro P. Díaz, sustentada en una de las mejores zapaterías de la ciudad (pues contaba con taller y expendía calzado fino), demuestra que la extracción de Arturo fue pequeño burguesa. Ello se enmarcó en una coyuntura, que en el análisis de José Tamayo Herrera, se caracterizó por lo siguiente: a) la aparición del ferrocarril que revaluó e hizo moderadamente accesibles las tierra remotas; b) la coyuntura internacional de precios, especialmente de la lana; y c) la existencia de una fuerza armada privativa, que podía utilizarse como instrumento para el asalto de la propiedad indígena. ("Historia Social e Indigenismo en el Altiplano").  

    El circuito comercial surandino, había empezado a tejer su red de usufructo. Los arequipeños, a vista y paciencia de nuestros abuelos, silenciosamente saquearon los recursos agropecuarios del departamento más poblado del Perú —obviamente aprovechando la mano de obra barata por abundante—. La posibilidad que Arturo ya reflexionara ante estos hechos y otros más, e iniciara una animadversión a su "cuna fortuita", estaría corroborada.

    En segundo lugar, la vida cultural de Puno estaba marcada por dos corrientes: de un lado el periodismos en auge (se editaron varios periódicos simultáneamente) y las publicaciones y actuaciones de grandes puneños: Mariano H. Cornejo, Francisco Chukiwanka Ayulo, Federico More, Santiago Giraldo y otros; y de otro lado las novísimas corrientes europeas que principalmente tenían su canal comunicativo a través de Buenos Aires. Poco a poco se imprimió un espíritu nuevo, superior al de la generación anterior, en el pensamiento puneño; cada vez más se estrechó vínculos con la defensa y valoración real del indio, sus formas de vida social, su cultura e ideologías; y sobre todo hacer eco y difundir sus protestas y gritos de reivindicación, a la par que sus luchas.

    Y en tercer lugar, el ambiente de religiosidad que hubo en el hogar de los Peralta, hasta el punto que varias hermanas se sintieran llamadas para los votos religiosos e ingresaran a conventos o llevaran una vida austera y de entrega a los demás; y lo que es más importante, la fuerte y marcada influencia del medio casi rural que fue Puno en esos años. El niño Arturo, al querer proyectarse fuera del hogar, descubrió que no todos hablaban la misma lengua (Puno aún era materialmente punto de conexión entre aymaras  y kheswas); ello producía y reflejaba en la consciencia del joven intelectual, una triple escisión. De ahí que solía hacer largos paseos por las afueras del poblacho para reconocer en su entorno la verdadera y auténtica vida local.

    Son estos los factores los que en buena medida determinaron la fijación de su personalidad. Cuando decide ser escritor al mismo tiempo decide serlo de manera auténtica: "Toda sugerencia estética debe contenerse en ego. Todo injerto de ahayu (alma colectiva) supone, en periodo cíclico, la expulsión de los factores que determinaron su inhibición. El catolicismo en los distritos del régimen inkásico no es, ciertamente, tomista: más afín con Plotino y Simón el Mago y sus teúrgias". Y así, de una forma tajante, se pone al lado del indio, no para estudiarlo ni observarlo, sino para sentir junto al calor de la colectividad india las fuerzas telúricas y siderales, para comprender el lenguaje del los animales, el poder de las plantas, la magnanimidad de la tierra y la espiritualidad del sol y los astros.

    En esta encrucijada del ego se volvió contra la procedencia hispana: La humildad de mi padre no pudo soportar al hidalgo que heredó de antepasados que no había conocido... en mi padre humilde queda la belleza castellana del tatarabuelo... A cada paso chullpas, chullpas, chullpas. Allí los hombres que crearon el mundo; allí los que me amaron un día; allí los tatarabuelos remotos de mi madre. Aquí el uchukhaspa, el allkamari, del lluthu. Aquí retomé sociedad con ellos, les seguí a sus acérrimos nidales, perseguí sus fugitivas galerías, descubrí el rastro de sus alas en las nubes. Allí a gritos reproché a los Achachilas el tardío encuentro.

—¡Guaguay! ¡Guaguay!

    Hay que estar en soledad de paja, de roca, de viento, para sentir la primogenitura de la tierra.

    Tata Lupi: mi preñez era preñez de varón, urgencia de postrimería.

—¡Guagüititay!

    Veinte años se enternecían en las patitas de la krorukuta, patitas arreboladas, lavaditas ya cuando el ancho sol se sopa en el Titikaka. (Trenos XXIV, XX).

    Como corolario quedaría el planteamiento; ¿cuántos mestizos hispano hablantes sintieron como Arturo el llamado de la tierra y se consubstanciaron con su realidad geosocial? Estimamos que miles, pero no todos tuvieron emotividad estética y vocación literaria. He ahí un punto de partida para la Generación o Grupo Orkopata. He ahí, también aquellos kelkeris kuikos y no kuikos; ahí musicantes y troveros populares, artífices y artesanos, creadores intermedios en el corazón de lo andino: ¡antifelipillos!

    Anotábamos que en agosto de 1917 ve la luz "La Tea" que, sin ánimo de exageración y solamente consultando pocas referencias pensamos que es la primera publicación netamente literaria de Puno, sin dejar de señalar la importancia de "Ondina". ¿Quiénes escribieron en "La Tea"? Jóvenes de 15 a 20 años de edad, ávidos de abrir ventanas y puertas al mundo literario contemporáneo: Alejandro Peralta, Emilio Romero, Emilio Armaza, Gustavo Sánchez, y por supuesto, Gamaliel Churata.

    Es muy posible que la familia de Churata tuviera parientes que contactaban o radicaban en Buenos Aires —Ya dijimos que fue polo de desarrollo cultural en Latinoamérica— pues de un momento a otro, él, con sus veinte entusiastas años, hace maletas e inicia un recorrido transcontinental, el único extenso de su vida. Desde Buenos Aires envía una nostálgica carta a Emilio Armaza y Gustavo Sánchez, fechada el 20 de octubre de 1917, y un soneto modernista. A su regreso, se estaciona en Potosí y se relaciona con una excelente persona: el Padre Zampa, franciscano. Ello lo veremos en extenso en nuestro próximo capítulo.


*Este artículo salió en la revista puneña "Hojas Escritas", en abril de 1984. Nº 03 / 04

    
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Fotos: Arch. Pedro Pineda Aragón
(1): El grupo Orkopata; en esta foto se encuentran los tres hermanos Peralta, Arturo (Gamaliel), Alejandro, y Demetrio.
(2): María, la madre, sentada. Demetrio, el padre. Petronila Peralta, la tía. Los hijos, de izq. a der.: Arturo, Juana, Maximiliana, de pie; Alejandro y Demetrio, en brazos. La mística familia Peralta - Miranda.
(3)Los hermanos Arturo y Alejando Peralta.
(4) Gamaliel Churata junto a dos de sus hijos y un perro filósofo.
     

PACHA J. WILLKA

(Puno, 20/08/1957 - San Sebastián, 24/09/2021)

Alberto Cáceres Gómez. Escritor y artista. Licenciado en Educación por la UNA. Regidor de la Municipalidad Provincial de Puno (1984 - 1986) y Director Regional de Cultura de la Región «José Carlos Mariategui». Jefe de redacción de «Los Andes». Productor de radio y TV. Editor de libros y revistas. Gerente de Collas Creadores. Integró la APAFIT y la ANEA-Puno. Ganó el Primer Premio Departamental de Poesía convocado por el Instituto de Cultura Andina, dirigido por Ernesto More y Augusto Ramos Zambrano. Fundó el grupo artístico «Quaternario» y la agrupación teatral «Yatiri». Presidió la Casa del Poeta (Puno). Con Boris Espezúa condujo el Taller de Poesía «Oquendo de Amat». Ha publicado en poesía: «Invenciones» (1988), «Luz de lluvia» (1999) y «Wayrita» (2004). Y en narrativa: «La máquina de gobernar» (2007) y «La tarea del cóndor» (2018).