lunes, 6 de julio de 2026

«La tarea del cóndor»: PACHA J. WILLKA



LA TAREA DEL CÓNDOR

  

«¡Qué fugaces son los deseos y esfuerzos del hombre!

¡Qué breve su tiempo!, y, por consiguiente, ¡qué pobres

serán sus resultados, en comparación con los acumulados

en la Naturaleza durante períodos geológicos enteros!»

 

Charles Darwin

 


«Vivant du sud du Mexique jusqu'au nord de

l'Argentine, il faisait partie intégrante de la

la culture maya, puisque c'est à travers son

image, bien discernable avec sa caroncule

(excroissance) sur le bec, qu'était représenté

Cozcaquauhtli, le 13e jour du calendrier

de cette civilisation mésoaméricaine».

 

 Janlou Chaput

 

 

—¿Saben de dónde vienen las aves?... De los dinosaurios, jóvenes y señoritas, de los dinosaurios. Las aves, filogenéticamente, son dinosaurios. Comparten más de cien características anatómicas. Las aves fueron terópodos o para que entiendan “pie-de-bestias” que vivieron desde el triásico superior hasta el cretácico. Hace veinte años se descubrieron fósiles de dinosaurios con plumas. Pero las semejanzas entre los arcaicos dinosaurios y las aves no son únicamente las plumas, sino el cuello, el pubis, la muñeca, la cintura pectoral, el omóplato, la fúrcula y la quilla del esternón…

—Disculpe, profesor... ¿qué es la fúrcula?

—Buena pregunta. ¿Alguna vez, sin duda, usted ha comido pollo? Pues existe un huesesillo en forma de horquilla con el que existe la costumbre de jugar a los deseos. Dos personas cogen el mismo huesito, y tiran hacia sí. Quien se queda con el trozo mayor, puede creer que su deseo se cumplirá. Ese hueso se llama fúrcula... Volvamos... Los dinosaurios terópodos caminaban de dos patas, como lo hacen las aves... ¿Qué otras semejanzas existen?... Pues... los pulmones, el corazón, la postura al dormir, y una cosa importante, la reproducción... Finalmente, surge la interrogante: ¿Cómo llegaron los reptiles a volar? Existen varias teorías... Pero eso lo dejamos para el próximo lunes. Jóvenes, que pasen un buen fin de semana.

Los estudiantes universitarios se dispersaron cada quien a lo suyo. Subían algunos por las escalinatas, bajaban otros por el ascensor, mientras que algunos se quedaban a charlar. Inti Quispe, de origen boliviano, biólogo y sociólogo, participante de la formación en París, pidió a Jessy, una de las chicas que había conocido recientemente, que le devuelva su iPhone.

—¿Lograste encontrar el dato? —le dijo.

—No, Inti. Pero alguna vez pude averiguar que la etnobiología está desarrollada en México. De todas maneras, buscaré en mi ordenador, cuando llegue al hotel.

—Tengo contacto con el Dr. Arturo Rey Carpio. Tal vez te sea útil.

—¿Quién es?

—Es un investigador...

Inti no terminó de pronunciar la frase cuando otro joven le tocó el hombro, saludándolo y preguntándole si esa noche estaría en el bar. Él contestó que no, que tenía mucho trabajo. Luego continuó hablando con Laurence, su colega:

—... ¿Qué te iba decir...?

—Dime, Inti... ¿cuál es tu especialidad?

—Las aves grandes del territorio americano, en especial el cóndor...

—¡El cóndor! ¡Qué hermoso! ¿Cómo te interesaste por el cóndor?

—Un día conocí a un pastor de aves. Se llamaba Mario Álvarez Keller. Hoy día es un conocido especialista de los buitres negros en España. Los conoce tanto que se ha producido un diálogo entre ellos y él.

Los dos descendieron por el ascensor hasta la planta baja y se dirigieron a la salida. Atravesaron por entre un grupo de estudiantes que se manifestaban contra el alza de los derechos de enseñanza, y se despidieron al llegar al límite del campus.

 

***

 

Esa noche, Inti se puso a trabajar. Desde muy niño, había sentido el anhelo de conocer la naturaleza. Entre sus objetos más preciados, estaba un álbum de cromos con el título de Naturama, una colección bastante didáctica de especies animales que iban desde las primeras formas de vida hasta la diversidad actual. Con el correr del tiempo, la biología se convirtió en profesión.

Ahora, la simple idea que un dinosaurio transformara su cuerpo para poder levantar vuelo, mientras otros de su tipo se quedaran en tierra, le parecía extraordinaria. Un ave que dejó de caminar transformó sus escamas en plumas, aligeró sus huesos y aprendió a sostenerse en el aire, tal vez lanzándose desde los árboles, o quizás aprovechando el impulso del viento. Pero ¿cuántas especies de aves existen? Ni la propia ornitología lo llega a saber exactamente. Miles y miles. Desde el pájaro mosca o colibrí, o los grandes rapaces, pasando por el pollo que es comida habitual humana, hasta llegar a las hermosas aves selváticas, coloridas y parladoras. Por otro lado, también llamaba su atención el simbolismo de las aves. Por ejemplo, el del ave fénix, en cuyo origen real está el flamenco migratorio; el de la paloma mensajera transformada en el símbolo de la paz; o algunas aves de cetrería, elevadas a ícono en los estandartes romanos o en la bandera alemana; sin dejar de lado a animales mitológicos como pegaso, el caballo alado, o los ángeles, mensajeros de los dioses y protectores de los desvalidos.

Por eso se había inclinado por escoger como materia de sus investigaciones al majestuoso cóndor. Aunque nacido en Bolivia, llevaba dentro de su alma, con orgullo identitario, una melodía muy famosa en el mundo entero, compuesta por un músico peruano, Daniel Alomía Robles, llamada El cóndor pasa.

Sus estudios los fundamentaba con las obras de Konrad Lorenz y Edward O. Wilson, y ahora prestaba gran importancia a Manuel Soler.

Precisamente, leía su ensayo Adaptación del comportamiento: comprendiendo al animal humano, en cuyo índice, se le ofrecía temas de su interés, como, por ejemplo: reproducción, búsqueda de pareja, selección sexual, fecundación, competencia espermática, selección críptica de la hembra, cuidados parentales, sistemas de apareamiento, gregarismo, agrupaciones y sociedades, comportamientos altruistas, relaciones entre especies, comunicación y lenguaje humano, y la mente animal. Casi nada.

Sin embargo, otros aspectos le parecían increíblemente interesantes. El hecho que varios animales son capaces de realizar gestos, aunque no “hablar”; las conductas monógamas de algunas aves, y las de dividir el trabajo y actuar comunitaria y altruistamente.

Estas prácticas reorientaban constantemente su trabajo. Y la especie elegida, el cóndor, phus gryphus, el ave más grande del planeta, era su reto, su meta y de momento el sustento de su labor.

 

***

 

Eran las siete y media cuando su radioreloj emitía la canción de Llapaku, con la que se despertaba. Inmediatamente se duchó, preparó café, desayunó y salió en dirección a la universidad.

Al ingresar al laboratorio de etnobiología encontró a dos colegas suyos, con los que empezó a dialogar empezando por intentar explicar los objetivos de su investigación.

Una tarea era comprender por qué el cóndor habita en el continente americano y no en otros continentes. Cuestión tan simple como preguntar por qué la cebra habita en África. Cada ser llega a ser como resultado de un proceso de reproducción y de adaptación ecológica, genética, selección sexual y preservación de su descendencia, a través de un proceso de millones de años... y sin embargo... ¡el ser es al mismo tiempo único y siempre en camino de cambio...! ¿Quiere esto decir, que después del cóndor aparecería una especie nueva, mejor, más poderosa, más bella y más increíble que el cóndor? ¿Gracias a la informática podríamos proyectar cómo sería esta nueva especie? Y para poder lograrlo... ¿cuál, cuánta información, y qué programa utilizar?

—Es una búsqueda inútil —dijo Gilberto Bennet, un austriaco nacionalizado francés, profesor de la Universidad Autónoma de México.

—A mí me parece interesante, pero, aunque tampoco le veo utilidad, puede llevarnos a descubrir un camino para hacer lo mismo con otras especies no domésticas —intervino el otro, un ruso llamado Boris Mendeleiev.

—¿Por ejemplo? —replicó Gilberto.

—¿El elefante? —dijo Inti.

—El elefante... ¿por qué el elefante? El elefante en la India es doméstico, no...

—Sí y no. Sí, cuando se le usa para ejecutar trabajos de tracción de cargas pesadas, y no cuando se le trata en un estatuto superior al que en otros lugares del planeta se le otorga al camello, a la llama, al caballo o al burro. Ustedes saben que me refiero a Ganesh.

—No nos desviemos... El gran reto es imaginar si de una especie actual saldría una nueva especie. Si esto es posible, de cada especie podría salir otra.

—U otras.

—¿De la gallina, por ejemplo, también?

—Hmmm, sí. De una especie tan cercana al ser humano, también.

—Un momento, intervino Boris. Esto no está relacionado con la manipulación genética.

—O sí. La ciencia tiene como una de sus características la libertad, incluyendo...

—... En realidad, deberíamos precisar a qué llamamos especie...

—Exacto. ¿Qué es una especie? —dijo Inti.

—Nosotros somos una especie. Nuestro genoma ha sido descifrado. Hemos conseguido ser una especie diferente después de millones de años, en África, y desde entonces, no descansamos de explorar y poblar la Tierra, la Luna y próximamente Marte.

—Gracias por la aclaración, Gilberto, pero no me refería a eso precisamente, sino: ¿Cómo se llega a distinguir una especie...? ¿En qué instante y cómo se separa de otra y varía su propia esencia? — exclamó Boris.

—Es cierto. Sin embargo, creo que esto ya lo dejó claro Darwin. Diversificar para purificar, que es lo mismo que analizar para luego sintetizar. De la abundancia brota la singularidad —aclaró Inti.

—Voy a por un café, disculpen —dijo Gilberto.

—Mi problema más difícil, este momento, es lograr que el proyecto sea clasificado dentro de la próxima financiación. De lo contrario, ya puedo estar pensando en otra cosa.

—No te preocupes, Inti. Me parece que si agregas, como se suele hacer, el detalle de preservar la especie, nadie puede oponerse tratándose de un ave tan conocida, espectacular y con connotaciones culturales como el cóndor. ¿Cuántos ejemplares existen? ¿Menos de mil?

—Eso espero, Boris. Eso espero —finalizó Inti, y enseguida continuó su labor.

Se colocó los auriculares y abrió su cibersesión con la intención de comprender mejor el término especie. La especie muchas veces era definida de una manera tautológica indicando que se trataba de cada uno de los grupos en que estaba dividido un género; pero otras veces se era más preciso dando la definición: ser vivo, animal o vegetal que tiene determinadas características... o miembros de poblaciones que se reproducen o pueden reproducirse entre sí en la naturaleza... Esta última definición le resultaba más apropiada porque exigía dos condiciones básicas: poder reproductivo y producción de descendencia reproductiva. En suma, continuidad de vida. A ello se agregaba la similitud o distancia entre el ADN de dos especies, y cinco códigos internacionales de nomenclatura. Un argentino, Sergio A. Lambertucci, de la Universidad de Comahue, Río Negro, tenía difundido un estudio sobre el cóndor andino, en el que identificaba las amenazas contra esta ave: matanza, ingesta de cebos tóxicos y municiones de plomo, colisión contra tendidos eléctricos, cacería furtiva, competencia por alimento y trampas de cepo. En realidad, existían siete especies americanas de la familia Cathartide, de las cuales dos son cóndores: Vultur gryphus (en los Andes) y Gymnogypus californianus (en Norteamérica).

Sonó la señal en su iPhone. Inti rápidamente supo que era ella. No existía otra posibilidad. Contestó: «Hola». «¿Inti? Soy yo: Jessie. ¿A qué hora terminas? Lo digo para encontrarnos a mediodía y comer». «¿Te parece a las doce y media?». «A partir de la una, por favor». «Bien. Estaré en el mismo lugar de la última vez». Después de desconectar, pensó: "Cada especie se comunica de una manera determinada para encontrar pareja. ¿Cómo lo hacía el cóndor?". Ya sabía que después del apareamiento el cóndor hembra ponía un único huevo incubado por espacio de dos meses, y que las crías de cóndor permanecían en el nido más de medio año antes de acompañar a sus progenitores en el vuelo. Asimismo, sabía que la madurez sexual la alcanzaba entre los seis y los ocho años de edad... pero ¿cómo elegían pareja?

Volvió al artículo. Primero, las condoreras —en las que pueden habitar hasta más de una centena de individuos— están ubicadas en roquedales acantilados con repisas para perchar. Luego, los nidos están en cuevas o repisas, distintos de las condoreras. Ello indica que al momento de reproducirse la pareja se separa temporalmente del resto del grupo y elige su nido, en un período de ocho a nueve meses, mediante cortejos, cópulas y elección de nido. ¿Indicaba esto que los cóndores eran endógamos? Y otro detalle. Si los cóndores tienen atrofiada la siringe, ¿quiere decir que los machos no cantan para atraer a las hembras? Al parecer son las hembras, quienes en el momento del estro cambian el color de su cabeza del rojo habitual a amarillo. Signo que es observado por su pareja. Según ciertos investigadores, la época de celo es entre los meses de agosto y septiembre, y el cortejo consiste en una especie de danza sobre el suelo. El macho abre y cierra muchas veces sus alas, hincha su cuello y lo encorva hasta tocar con su pico la parte superior del pecho, emitiendo débiles silbidos. La hembra de vez en cuando se acerca al macho para tocarlo con el pico. La acción concluye con el apareamiento, que es cuando el macho lanza fuertes bufidos... Lamentablemente, nada sobre su endogamia...

Gilberto, que había permanecido en silencio, se dirigió a Inti, y le pidió disculpas, dándole a entender de que si entre ellos no se producía la solidaridad y el aliento mutuo, menos se podía esperar de otras personas.

Inti dejó para la tarde la revisión del tema del gran intercambio americano, cuando el sur americano se conectó con el norte americano, y pensando en Jessie salió a buscarla para comer.

 

* * *

 

En el restaurante, ambos departían una ensalada de betarraga, zanahoria y lechuga bañadas con aceite de oliva, luego una cremosa lasaña de carne picada, acompañadas de jugo de frutas, y de postre helado de vainilla con canela.

—Jessie... Ya me explicaste que eres bióloga, pero no conozco cuál es tu especialidad.

—Eres olvidadizo, Inti. ¿No te acuerdas?

—No.

—Soy candidata a un doctorado en etnobiología.

—Sí. Eso sí recuerdo. Lo que no sé es cuál es tu tema de doctorado.

—Adivina.

Inti la miró fijamente. Luego le pidió que se ponga de pie, y que haga un giro mostrando su figura. Ella le siguió la broma. Al final él hizo un gesto de suficiencia y sentenció: «Una mujer así sólo puede dedicarse a una cosa.» «¿A qué?», dijo ella. «Al sexo», respondió él. Rieron.

No. Ella no dedicaba sus estudios al sexo, sino a la reproducción de quelonios, específicamente de las tortugas de mar. Y por eso necesitaba contactar con el Dr. Arturo Rey Carpio, biólogo marino.

—Dime, Jessie. ¿Cómo se aparean las tortugas? Debe ser complicada su cópula... como si se tratara de juntar las dos partes de un yoyó.

Rieron nuevamente. Al despedirse quedaron para volverse a encontrar el fin de semana. Visitarían el zoológico de Chapultepec. Una buena manera de divertirse y continuar hablando de sus temas de interés.

 

***

 

Al día siguiente, Inti se dirigió a la enorme Biblioteca Central del Instituto Paleontológico para incrementar su información sobre el gran intercambio biótico americano, llamado GIBA, una de las más grandes redemarcaciones naturales geográficas del decurso planetario, que se produjo como resultado de cambios téctónicos y actividad volcánica que permitieron el surgimiento del itsmo de Panamá, el enfriamiento global, la gran elevación de los Andes que formó asimismo una barrera que cambió el clima y patrones de drenaje; y finalmente los intercambios biológicos entre la masas terrestres de la región neotropical y de la región neoártica, desde el sur hacia el norte y viceversa.

Tomó nota:

«Brown y Lomolino, en su Biogeografía, 1998, señalan que: “Este evento provee un fascinante caso de estudio de los efectos combinados de dispersión, interacción interespecífica, extinción y evolución de diversidad biológica”». Inti reflexionó: “Al parecer desaparecieron los animales de más de media tonelada excepto el bisonte americano. Se extinguieron todos los inmigrantes sureños en el norte con un peso mayor a 15 kilos, todo animal nativo sudamericano mayor de 65 kilos y todo inmigrante norteño en Sudamérica mayor de 450 kilos”.

Inti se sorprendió al comprobar que había existido en Suramérica una enorme ave terotónida del mioceno, llamada Argentavis, cuya extraordinaria envergadura fue de ocho metros, así como otra gran ave marina, Pelagornis chilensis, un poco menor. Llegó entonces a la conclusión que el cóndor fue el ave más grande que sobrevivió al GIBA.

Y ahora se preguntó: ¿Cuáles son los siguientes pasos? Respecto del programa informático que él gustaba llamar el “premonitor”, la última noticia era la de Microsoft en coordinación con el Instituto Tecnológico Technion, basada en la revisión de acontecimientos registrados en el New York Times, bajo el lema: “El pasado no se repite, pero rima”, queriendo indicar con ello que el mundo tiene un ritmo. Efectivamente, el mundo tiene un vaivén. Las estaciones se suceden ininterrumpidamente desde un registro de frío, los meses de invierno, hasta el calor estival. Las placas tectónicas de tiempo en tiempo chocan entre ellas, en los días festivos se repiten accidentes de tránsito, delitos y estupideces que la policía ya tienen computados; como en el filme Minority report, algún policía puede impedir el crimen si entiende que la cantidad de información enciende una lucecita roja, o simplemente análisis de ciclos, de repeticiones en general. Sin embargo, para los fines de su proyecto de investigación el programa informático, en realidad debía ser mucho más especializado. Era ineludible manejar datos desde la era protozoica hasta el plioceno. El asunto era complicado. Demasiada información difícilmente obtenible. Y también algo fundamental relacionado con el financiamiento. Era imprescindible obtener los datos más fidedignos y actualizados sobre la población del cóndor y toda la legislación y reglamentación al respecto, en los diferentes países de su hábitat. Si todo salía bien, por fin su sueño de niño un día tendría la posibilidad de llegar a un buen final.

Y aunque habían pasado más de veinte años, se acordaba como si fuera ayer de un hermoso relato que su profesor de comunicación, a él y a sus compañeros, les hizo leer en aula, una fría mañana de agosto. El autor del texto, o de la recopilación no se conocía. Quizás era el editor del libro. O un escritor que decidió permanecer en el anonimato. ¿Por qué ese relato le impresionó bastante? ¿Por su nombre? Tal vez. El nombre Inti, sol en quechua, indicaba la preferencia de la familia por preservar la identidad cultural andina. El relato se titulaba: La diplomacia del cóndor.

Escrito en un lenguaje fácil, especialmente comprensible para un público lector joven, contaba la terrible historia de la destrucción de nuestro planeta, a consecuencia de la extinción de la capa de ozono, del abuso del uso de combustibles tóxicos, de la contaminación de las aguas de los mares, lagos y ríos, y, sobre todo, por la basura que en ese entonces nadie reciclaba. Había guardado el libro como un tesoro de su niñez, y cuando releía el relato era cada vez más consciente que recrudecía el exterminio de muchas especies, precisando aquella cuyo hábitat era la Amazonía. La deforestación y la contaminación sobrevenida por la explotación del caucho, del petróleo y del gas, causaban gravísimos daños.

El relato era más o menos así:

Todos los seres vivos, puestos en alarma por el peligro en que se encontraba el planeta, se reunieron en asamblea de sociedades y pueblos en el gran pantanal de Matto Grosso, unos meses antes que los gobiernos se congregaran en la Cumbre de la Tierra. Entre los cientos de asambleístas, los mamíferos estaban representados por Cebú y Otorongo; los reptiles, por Anaconda y Lagarto; las aves por Tucán, Loro, Águila y Papagayo; los insectos por Libélula y Abejorro; los peces por Paiche y Piraña; los árboles por Mono trepador y Pájaro carpintero; las frutas por Gusano y Mosca; las raíces por Papa y Yuca; los ríos por Paiche y Ronsoco; y las plantas en general, por Orquídea.

Después de mucho discutir, decidieron elegir un representante para que pronuncie un discurso ante los jefes de gobierno de todo el planeta. Y se encontraron con el grave problema que ninguno de los que estaban allí estaba capacitado para hacer frente a semejante empresa. Alguien dijo que necesitaban la presencia de Puma, otro dijo que se necesitaba alguien ágil como Colibrí, y otro, fue más audaz aún y dijo que el mejor vocero era Llama. Esta última sugerencia provocó en algunos de los concurrentes gestos de desavenencia.

Finalmente, de entre los cientos de representantes extranjeros al mundo andino, un anciano venido del Techo del Mundo elevó su voz y dijo:

—Yo ya estoy viejo, y me quedan pocas horas. No me quejo. Al contrario. Vivo en libertad, y esa misma libertad es la que espero para todos ustedes. Cuando mis funciones corporales se detengan, lleven mis despojos por favor a la cumbre de un nevado. Allí, el cóndor hará su labor.

—Si así lo desea, así lo haremos —dijo Paiche.

—Pero... ¿qué ganamos con ello, estimado maestro?

—Al mismo tiempo que él me purifica, cada una de las aves, en especial las más coloridas, entregarán una o varias plumas a los mejores tejedores para que, con ellas, confeccionen un traje, una hermosa investidura...

—Y entonces...

—... Ese atuendo, espléndido y significativo, será el que use el cóndor para concurrir a la Cumbre del Planeta en nombre de los seres vivos y de la naturaleza. ¡Los gobernantes oirán su discurso y tendrán la oportunidad de recapacitar de sus estúpidas acciones!

—¿Y si el cóndor no acepta el reto?

—Aceptará. Aceptará. Lo siento así —concluyó el anciano, con una sonrisa de satisfacción.

 El relato continuaba describiendo cómo los mejores artesanos juntaron las plumas, y con la ayuda de los animales más creativos, tejieron una hermosa vestidura, al tiempo que agonizaba el anciano. Durante el proceso de confección, todos compartieron comida, bebida, música danza y conversación. Cuando el corazón y el cerebro del abuelo se detuvieron, una comitiva ceremoniosa ascendió hasta las alturas nevadas para cumplir las exequias. El cóndor los esperaba en lo alto. Su aspecto imponente, oscuro y fiero, adquirió la solemnidad del caso. Su misión era purificar la vida.

Mientras los ayarachis se balanceaban tocando sus sikus, el cóndor lentamente ingirió las entrañas del anciano, y cogiéndolo con sus garras lo llevó hasta un alto y hermoso picacho de la cordillera. Después, cuando salió el sol, dos allqamaris vistieron al cóndor con el traje hermosamente tejido, y él, investido de radiante poder, se despidió de la concurrencia, y levantó el vuelo en dirección a la extensa selva amazónica.

Y llegó su turno.

En la Cumbre del Planeta, ante la sorpresa y expectativa de los cientos de delegados y representantes, con la fuerza de la naturaleza, con la magia de las plumas de aves parladoras, con el cielo cuyas nubes dejaron ver un hermoso arco iris, el cóndor provocó un estado emocional colectivo muy especial. Modulando su canto con la misma intensidad del trueno andino, de su garganta casi siempre atrofiada, salió un magistral y convincente discurso. El ave más grande del planeta logró ser escuchada, entendida, y su mensaje se transmitió en todas las lenguas. Los representantes de los gobiernos entraron en diálogo, en comprensión, en solidaridad, y finalmente en acuerdo.

Tiempo después, los gobiernos de los países ricos e industrializados anunciaron medidas contundentes para solucionar las causas del cambio climático y la contaminación ambiental. El mensaje de los seres vivos había causado efecto.

Inti se acordaba, como si fuese ayer, que su profesor les había dejado de tarea dibujar un cóndor.

 

* * *

 

Se detuvieron frente a un letrero que indicaba: Tortuga africana de espolones, y Jessie comenzó a explicarle su estado de conservación, pero él miraba sus ojos, atendía a sus ojos y únicamente le interesaban sus ojos.

—En La Paz tenemos el Zoológico de Mallaza. Allí se puede observar el cóndor en cautiverio. En septiembre de 2010 la Fundación Bioandina Argentina y el Zoológico de Buenos Aires liberaron tres ejemplares en las sierras de Paileman, en Valcheta... Si deseas puedes verlo en Vimeo.

—Observa... ¡observa! Ves la tortuga... En su lentitud está expresada su sabiduría. Esta especie no es objeto de tráfico ilegal. La pochicote y la golfina, sí.

—¿Tráfico ilegal? ¿Aquí en México hay tráfico ilegal?

—La Procuraduría Federal así lo constata a diario.

Continuaron dialogando y caminando por el zoo. En un momento dado, cuando él le habló de la necesidad de utilizar un programa informático, ella se refirió a los animales del futuro, diseñados por ordenador.

—Cuando visité Francia, en un parque de atracción llamado Futuroscopio pude experimentar modelos virtuales de animales del futuro. Por ejemplo...

—Sí. Pero eso, aunque es ciertamente diseño con características científicas, se parece más a Jurassic Park que a la idea de mi trabajo.

—¿Jurassic Park?

—Es una película que me impresionó de niño. Mucho. Me impresionó, pero luego comprendí que allí todo estaba confundido.

—¿Te refieres al genoma?

—Claro. Jurasisc Park, ahora, me parece un horror de película. Sin embargo, si hay algo que rescatar es el tema que sugiere la posibilidad de reconstrucción de un genoma, y, por tanto, su modificación. Es un tema apasionante. ¿Tienes sed? Vamos a beber algo. Tengo calor.

Se dirigieron a un quiosco, compraron dos pequeñas botellas de jugo de frutas, y se sentaron en un tronco de árbol. El parque del zoológico era un buen lugar sentirse en un ambiente completamente natural.

Continuaron el diálogo hablando del Futuroscopio, ubicado en las proximidades de Poitiers.

Antes de despedirse, se pusieron de acuerdo en mirar juntos un filme. ¿Cuál? Ella había sugerido Jurassic Park y él estuvo de acuerdo, sólo si era el primero de la saga. Cuando ella le preguntó por qué, él le explicó que era el único que planteaba el tema verdaderamente desde un ángulo científico.

Salieron del zoológico de Chapultepec y caminaron por el Paseo de la Reforma llegando al Metro Auditorio. Al descender por las escalinatas, compraron dos tickets en la máquina expendedora y atravesaron la tranquera. Cuando el tren arribó y las puertas se abrieron, montaron e inmediatamente buscaron asientos; pero estaba lleno y permanecieron de pie. De pronto, un hombre topó contra Inti, justo en el instante que llegaban a la siguiente estación. Al abrirse las puertas, Inti se tocó el bolsillo del pantalón comprobando la existencia de su billetera... ¡No estaba! El hombre tropezó adrede contra él para sustraérsela. Pero el tren ya estaba en marcha.

—¡Jessie, me acaban de robar la billetera...! —dijo Inti.

—¡No es posible!

Tuvieron que esperar la siguiente estación para salir, de manera apresurada, indagar la ubicación de la agencia de policía más próxima y presentar la denuncia. Inti se encontraba muy nervioso y enfadado.

Ella, acongojada, trataba de consolarlo. Una hora y media duró la gestión, más protocolar que efectiva: explicar el dónde, el cómo, qué documentos, cuánto dinero en efectivo, y dar sus señas.

—Lo peor de todo es que en la billetera también está la carta magnética con la que abro mi habitación.

Jessie vivía con su familia y no podía alojarlo. Sin embargo, conocía una amiga que en su apartamento tenía una habitación libre. La llamó y ella consintió alojarlo. Entonces tomaron un taxi, con el que atravesaron la enorme ciudad de México hasta llegar a la dirección de la amiga de Jessie. La esperaron una media hora, y cuando llegó les invitó a pasar.

Se quedaron charlando hasta que se hizo de noche. Ordenaron una pizza por teléfono para acompañarla con vino tinto.

—¿Dónde vives, Jessie? ¿Lejos de aquí? ¿Hasta qué hora funciona el metro?

—Sí. Vivo un poco lejos.

—Por mí no hay ningún problema si te quedas a dormir aquí.

Inti y Jessie cruzaron sus miradas. ¿Es que había algo más que una amistad entre ellos?

Decidieron que Jessie y su amiga dormirían juntas y él en la habitación libre. Al día siguiente todo volvería a la normalidad. La inmobiliaria le proporcionaría una nueva llave magnética, el banco una nueva carta, y del dinero, simplemente a darlo por perdido.

 

* * *

 

—Una especie llega a serlo en millones de años. ¿Cómo podría surgir una especie sucedánea del cóndor? Gatos, perros, caballos, gallinas, y cuanto animal doméstico existía en el mundo, miles de años habían sido objeto de manipulación reproductiva. Las llamadas “razas” no eran o cosa que fruto de esa manipulación, a la que se podía llamar decentemente crianza. Para poner un ejemplo didáctico, veamos el caso del perro doméstico... ¿cuántas razas o variedades existen? Veamos; usted, Lisandro, ¿sabe cuántas razas de perros existen en el mundo, o por lo menos tiene alguna idea?

—No, doctor. Lo siento. Si le digo quinientos o le digo ochocientos, le mentiría. No tengo ni idea.

—En la actualidad se calcula, de manera aproximada, la exorbitante cifra de unas 343 catalogadas y de 700 no catalogadas... La razón de esta gran variedad, indudablemente, es la facilidad de la reproducción, y el corto período de maduración sexual. Los perros pueden procrear a los dos o tres años de vida.

La media docena de asistentes al Seminario esperó a que finalizara la charla y cuando el expositor se hubo marchado, dos de ellos se quedaron a charlar, e Inti también, solitario. Pensaba en la edad de maduración sexual del cóndor y en la enorme dificultad de ensayar la “mejora racial” a través de la crianza. Entonces, ¿cómo hacerlo? Su mente divagaba: «¿Gracias a la informática podríamos proyectar cómo sería una nueva especie? Y para poder lograrlo... ¿cuál, cuánta información, y qué programa utilizar?» Nuevamente, volver al principio. ¿Quizás en México algún biólogo ensayaba a través de la informática? No. No lo sabía. Y estaba perdido. Se sentía como en un paraje desértico.

Abrió de mala gana su ordenador portátil y busco en Google.

Después de unos minutos no tenía sino pistas referidas a ganadería, así que abandonó la idea. Luego, pensó en Jessie. No era su tipo de mujer, pero...

Cerró el ordenador, se levantó de la silla y salió de la sala, con la idea fija de alquilar la película Jurassic Park, e invitar a Jessie a verla juntos. ¿Dónde? No lo tenía claro, pero, ya se le ocurriría un lugar adecuado. Además, le buscaría el contacto con el Dr. Arturo Rey Carpio, un gran especialista en tortugas. Y de paso, podría intercambiar algunas expresiones con él, porque a diferencia de otras especies, las tortugas eran longevas, y presentaban semejanzas con la especie que le interesaba a él. Buscó su email en las páginas web de los organismos que lo tenían fichado como profesor o investigador y al encontrarlo, abrió su servidor, y escribió un texto breve:

Doctor... ¿Se acuerda de mí? Soy Inti Quispe, de Bolivia. Tuve el honor de conocerlo en el Curso de Evolución en Montevideo. Le envío este mensaje para solicitarle una entrevista personal. Si usted se encuentra actualmente en el Distrito Federal, podríamos sostener un encuentro con Jessie Peralta, una bióloga y conservadora interesada en consultarle temas sobre su especialidad. Gracias.

Luego escogió “Enviar mensaje”, y presionó “Enter”.

Volvió a sus apuntes. Notas sueltas: 1953, James Watson y Francis Crick deducen la estructura tridimensional del DNA y proponen un modelo para su replicación. Manolis Kelis Genómica funcional genómica evolutiva Bruce Tidor Genoma = constitución genética del organismo... Tenía la mente llena de esas ideas. ¿Y la mente de Jessie?

La última vez ella le dijo algo referido a la Fundación Flora, Fauna y Cultura de México... un Programa de Conservación de Tortugas Marinas en la Riviera Maya. Cruzó, de pronto, por esa mente llena de ciencia, alquilar una habitación de hotel para ver con Jessie la película. Luego reflexionó. No: era una chifladura. Mejor verla en su habitación. Y, con el dinero del alquiler podía comprar un equipo de cinema. Pero horas más tarde, cuando recibió un mensaje de respuesta del doctor Rey, consintiendo el encuentro, se animó a poner en práctica la cita con Jessie. En el fondo sabía que no sentía por ella más que simpatía, pero también tenía plena consciencia que tanto él como ella no tenían pareja, y, por tanto, en caso de ligar no harían ningún mal a nadie. Buscó en un Centro Comercial una consola de cine. Después de dos horas de caminar, observar y comparar, al fin escogió un sistema llamado Bbox VOD - Sensatio TV Cine – Multiecran Interface TV HD. Pero antes de comprar se dio cuenta que hacía falta el DVD de la película, y como era antigua... ¿dónde y cómo hallarla? Imposible. Sería mejor, más sencillo y menos caro verla en su ordenador portátil, aunque sin la calidad del elegante aparato. Llamó a Jessie, e hizo la invitación formal. Ella se sorprendió al comienzo, pero luego captó la idea y aceptó. Traería tacos y una botella de vino tinto. Al atardecer él la esperó en un parque, al frente de su estudio. Se saludaron con beso, y una mirada cómplice.

El ambiente le reveló a Jessie que era una típica vivienda de un aprendiz de científico con un desorden de soltero, hasta cierto punto agradable.

Destaparon la botella de vino, colocaron los tacos en el horno microondas y se acomodaron en un sofá colocando el ordenador en una pequeña mesa de centro.

—Es la cuarta o quinta vez que la veo —dijo Inti. ¿Y tú?

—No. Yo la he visto una única vez. Casi no me acuerdo de qué se trata... ¿es de un parque de diversiones, no es así? —respondió ella.

Inti activó el play del filme, pero pasadas las primeras escenas, en la escena de la excavación en la que encuentran la resina que conserva íntegro el mosquito succionador de la sangre y el ADN del dinosaurio, lo detuvo, con el fin de comentar el hecho. ¿Era posible realmente esto? Jessie opinó que eso no tenía importancia. «Las especies vivas de la biósfera actual establecen el equilibrio ecológico por sí mismas». «Totalmente de acuerdo. Pero es el hombre que sobrepasa la condición de depredador y arriba a la de destructor. Es la especie...» —exclamó Inti.

—Te entiendo. Detén la película, Jessie. Ése es el problema, y no es un problema genético, sino un asunto sociocultural. La lucha entre manadas de póngidos, al arribar los homo sapiens a multiplicarse y distinguirse en unas tribus y otras tribus, al mismo tiempo que inventaron la agricultura, la ganadería y la arquitectura, inventaron la guerra como una manera más de lograr mejorar su nivel de vida a través de la expoliación. ¿Es eso difícil de comprender?

—Cierto. La guerra y la esclavitud. De todas maneras, en cuanto a lo que estoy investigando, es para mí interesante avanzar sobre el tema de la manipulación genética. Yo sé que ese no es tu dominio, pero compréndeme que para mí es interesante el tema.

Continuaron mirando el filme sin mucha atención y terminaron la botella de vino. Enseguida, Inti abrió dos cervezas y mientras las bebían, se atrevió a preguntar: «Jessie: ¿tienes novio?». «No. ¿Y tú?», respondió ella. «No. Pero tengo un hijo en La Paz. No estoy casado con su madre. La llamo a veces, pero únicamente para preguntar por mi hijo. Ahora él tiene cuatro años. ¡Lo quiero mucho!», respondió Inti. «Y a ella ¿la amas aún?», indagó Jessie. «No. No. Rompimos hace más de dos años», concluyó él.

Mientras el ordenador seguía reproduciendo las imágenes de Jurassic Park, los dos jóvenes se enlazaron en caricias mutuas y terminaron dirigiéndose al lecho. La noche vino a ellos y los cubrió con su manto de calor.

 

* * *

 

Unos días después, Inti recibió respuesta afirmativa del Dr. Arturo Rey Castro, y se lo comunicó a Jessie. El encuentro se produciría en dos semanas en el mismo México DF. Jessie entusiasmada, escogió un restaurante típico para celebrar la reunión: La serpiente emplumada.

El día acordado buscaron al científico y los tres se desplazaron hasta el restaurante en taxi. Era un local estupendo en Álvaro Obregón, uno de cuyos muros estaba decorado con una hermosa reproducción del famoso mural de Cacaxtla. Cuando tomaron asiento y les trajeron la carta de vinos, empezó la conversación.

—¿Desde cuándo se dedica al estudio de las tortugas, Jessie? —dijo Arturo Rey.

—Hace varios años. La reproducción de tortugas de mar es algo que me impresionó después de hacerme voluntaria en Campamento Tortugueros, cerca de Acapulco. Luego centré mi estudio en las tortugas laúd.

—Ah... ¡las laúd!... Conozco la especie. Se le calcula una antigüedad de cien millones de años. Sí. Ciertamente está en peligro de extinción.

Mientras Jessie degustaba el guacamole, Inti y Arturo Rey devoraban el pozole blanco. De pronto, Arturo preguntó a Inti: «¿Y usted? ¿Cuál es su campo de investigación?» «Hace dos meses que vengo estudiando el cóndor andino», respondió él.

—¿Conoce el urubu?

—Sí. ¿El zamuro negro?

—No. El rey. El rey zamuro que en Brasil le llaman Urubu rei. Su nombre científico es Sarcoramphus papa. El que tiene la cabeza de colores. ¿Nunca lo ha visto?

—No. Lo siento.

—Sí se da cuenta. Su hábitat hace contraparte con el cóndor. Es como si se hubieran dividido los territorios. Para el cóndor las cordilleras y para el urubu las selvas. Mi apellido es Rey, si se ha dado cuenta.

 

* * *

 

De regreso a su estudio, lo primero que hizo Inti, fue buscar información sobre el Urubu. No bien observó las primeras imágenes, comprendió las palabras del científico. Efectivamente, era el mismo cóndor, pero de colores. Simplemente magnífico. Y se diría formidable, mágico... en una palabra: increíble.

Ahí estaba la respuesta a su trabajo de investigación. La naturaleza había utilizado millones de años para avanzar en todas las direcciones posibles, recorrer todas las rutas, subir y bajar y atravesar todos los ambientes, revolver todos los nichos ecológicos, elaborar las microbellezas y los menos comunes artificios, y al fin liberar y desplazar sus energías encapsuladas hacia la libertad de los elementos.

«Sin duda, pensó Inti, el Urubu rei es el ave más bella del mundo», y enseguida comprendió que su investigación podría reorientarse: estudiar de manera comparada el sarcoramphe roi (rey zamuro o urubu rey) y el vultur gryphus (su amado cóndor). Y una luminosa idea brilló en su corteza frontal: ¿sería posible un cruce entre estas dos aves? Y nuevamente la imagen de su profesor le vino a la memoria. Ahí estaba la nueva tarea.




PACHA J. WILLKA

(Puno, 20/08/1957 - San Sebastián, 24/09/2021)

Alberto Cáceres Gómez. Escritor y artista. Licenciado en Educación por la UNA. Regidor de la Municipalidad Provincial de Puno (1984 - 1986) y Director Regional de Cultura de la Región «José Carlos Mariategui». Jefe de redacción de «Los Andes». Productor de radio y TV. Editor de libros y revistas. Gerente de Collas Creadores. Integró la APAFIT y la ANEA-Puno. Ganó el Primer Premio Departamental de Poesía convocado por el Instituto de Cultura Andina, dirigido por Ernesto More y Augusto Ramos Zambrano. Fundó el grupo artístico «Quaternario» y la agrupación teatral «Yatiri». Presidió la Casa del Poeta (Puno). Con Boris Espezúa condujo el Taller de Poesía «Oquendo de Amat». Ha publicado en poesía: «Invenciones» (1988), «Luz de lluvia» (1999) y «Wayrita» (2004). Y en narrativa: «La máquina de gobernar» (2007) y «La tarea del cóndor» (2018). 

Foto: "Urubu Rei" Instagram: zoosapaulo

domingo, 5 de julio de 2026

«EL FUEGO QUE SOSTIENE LA MANO»: María Negro





María no le canta al incendio: le canta a la brasa que alguien sostiene para que otro no tirite. En El fuego que sostiene la mano la herida deja de ser accidente y se vuelve animal propio, la sed no encuentra vaso donde caber y aun así se aprende a beber, la madre reparte siglos enteros con el mismo cucharón. Es un libro que no busca apagar el dolor sino nombrarlo hasta domesticarlo, que confía más en el lenguaje entrecortado —versos que se quiebran como leña— que en cualquier consuelo fácil. Su aporte no es la calma: es enseñarnos a sostener el fuego sin soltarlo y sin quemarnos del todo.




◆ 
El espejo 
es el color rojo 
que se acerca 
sin bajar la mirada. 
Toca la desnudez 
que desconozco 
de mí. 
Dice: 
No hay peor sordo que/ 
El que no quiere ver/ 
Ni peor ciego/ 
Que el que mira la luz/ 
La verdad es un animal inapropiado/ 
Nos queda el sonido/ 
De lo que cae y cae/ 
En el bosque/ 
Cuando no estamos/ 
Levanta tu piedra y anda.




◆ Acepta al tajo 
por su vacío. 
La herida ya tuvo lo suyo. 
No te demores. 
Ahí, no hay más. 
Los fugaces pechos del tiempo se derraman. 
Mama y descansa. 
Observa el fuego 
que sostiene la mano. 
El aire que le permite ser 
puede apagarlo. 
Sin embargo 
quema y arrasa, 
se nutre de su enemigo. 
Se entrega, erguido, al agua. 
¿Lo ves? 
Mama y descansa.




◆ 
He sanado 
de la mujer 
que me mira, 
he servido el agua ligera 
de los partos; 
Debajo de la batalla 
escondíamos el terror, 
la malicia ingenua, 
pretendidamente salva. 
He devuelto el puñal 
por el inverso. 
Aliviar la sangre 
como quien limpia un río, 
maleza y palabra, 
arrancar y arrasar, 
la turba a salvo. 
La fecundidad es el después 
sembrado en barro.




◆ 
Coloca la mano 
en el agua muerta 
y tira. 
Esa es su fe. 
La forma laxa 
de lo que ignora 
de lo que no sabe ver, 
reclama 
el sudor laborioso 
reclama 
la atenta disciplina. 
Es difícil 
destruir lo correcto. 
La certeza del golpe 
talla 
la escultura. 
Esa es su fe 
—se dice— 
Tendrás 
el monstruo 
que seas capaz 
de buscar 
—se dice—. 
Coloca la mano 
en el agua muerta 
y tira.



Estos poemas fueron extraídos de El fuego que sostiene la mano, de María Negro, publicado por Azul Francia en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, en 2025.


Foto: Sherine

miércoles, 17 de junio de 2026

«DE RETORNOS»: Naya Naya





Ticona


guardar el calor del sol 
guarecerme entre ichus, totorales y alfalfas 
brindar al ritmo de una tarkeada allá en Chuquiaguillo 

                    infames peticiones las mías 

partir durante aquel mes de la gran maduración 
regalarte un abrazo que te acompañe hasta siempre 
ver tus ojitos reventarse 

                    ay como chirapaba aquella tarde 

caminar 26 horas hasta el parque Neptuno 
recogerme en el mes de la expulsión 
                    mes sin piedad         mes de matanzas 
                    mes de la maduración de la tierra 

                    tres paredes me rodeaban 
                    con qué facilidad se abandona 
                    a los encerrados 

pude comprender entonces que me habían robado el calor 
                    que en el jirón Huallaga 
                                                    solo el aire me pertenecía 
                    que allí mis gritos eran mudos 
                    ¿viste, Mariela?        el sol fue cubierto 
                                                                la luna volvió 
                    habrá que escuchar mejor 
                                                    me borronearon todo 
brazos 
                    ingle 
                                    piernas
                                                    región lumbar    
¿Sabes una cosa? 
                                                                            Me han fregao!!!





a 5 centímetros 


                    a 5 centímetros del infierno 
allí 
                    cerquita de tu curvatura lumbar 
                                te dejaste guiar por la voz 
                                del Taulichusco ese 

y peleaste 
peleaste para que las hormigas tengan zapatos 
para que los reptiles tengan abrigos 
para que los niños tengan casas 
para que el infinito conquiste el tiempo 

¿y dónde está el compromiso, compañero? 
allí 
                    a 5 centímetros del infierno 
reventabas colores como granadas 
entre imágenes borrosas 
                                irreductiblemente 
                                tu cuerpo se esfumó 

¿y entonces? 
                    entonces 
                    entendiste que los fierros son maleables 
                    que los miedos no se justifican 
                    pero que tus huesos eran inmortales 
                                                                leales 
                                                                y hambrientos 

                    a 5 centímetros del infierno 

tus pulmones acogían gases y altoparlantes 
                                    y se encogían despiadadamente 
                                                                                    acelerados 
                                                                                    acelerados
                    a 5 centímetros del infierno 

compañero 
te perdí entre las multitudes 

corro 
te busco 
toso 
choco 
caigo 

a 5 centímetros del infierno 



Estos poemas fueron extraídos de De retornos, de Naya Naya, aparecido en diciembre de 2025, escrito en memoria de quienes perdieron hijos, hermanos y compañeros en las masacres de 2023 en Puno, Ayacucho, Apurímac, Arequipa, Junín, Cusco, La Libertad y Lima. Una publicación autogestionada, sin propietarix, hecha para circular sin pedir permiso.

Foto: Anderson Portella