domingo, 29 de marzo de 2026

Vanessa Ponce: «POLARIDADES»





Vanessa Ponce no describe: sangra sobre el papel y lo llama poema. "Cada poema es un poco de piel" —lo dice ella misma, y uno le cree porque se nota. Se nota en El vuelo, donde un poema muerto entre los dedos termina siendo amanecer. Se nota en Intensidad, donde el pecho desollado y necrosado se reconstruye, irónicamente, justo después del deceso emocional. Se nota en El mitómano, que es quizás el más feroz del libro: un ave que come palabras ajenas y las vomita en otras bocas, y a quien la hablante casi destroza —casi. Se nota también en Arco devoto, que rebosa ternura, las risas del hijo como burbujas que rompen el suelo, el llanto como charco de cloro que hay que enjuagar.

No hay aquí ninguna voluntad de ordenar el caos. Al contrario. La contradicción es el método, la ambivalencia es el músculo. Luz y oscuridad cohabitan sin resolverse —como tiene que ser, como duele que sea.

Hay momentos en que el libro respira. Pero son pocos, y bien puestos. Polaridades no es un libro tranquilo. Es un libro vivo, que a veces muerde. Lo editó el Centro de Estudios y Capacitación Ágora, en Arequipa, en junio de 2024.




EL VUELO


Hay un poema muerto entre mis dedos 
se quema lento y me disuelvo 
para encontrar respuestas. 

Avecillas caminan sobre mis sienes 
rasmillan la conciencia con delicadeza. 

Los puños que golpean desde 
adentro mi pecho 
se desenredan para abrazarme. 

Aquellas amargas lágrimas 
brillan cristalinas esta noche. 

No hay disfraz cuando estoy contigo
y la luna tierna como madre 
se esconde en su velo 
para mostrarme el amanecer.




INTENSIDAD

Lastimero es el viento 
que sopla en mi pecho desollado 
desarma el nido de válvulas que ahí reside, 
el día sobrevive en mi mirar 
de espinas, pestañas y cenizas. 

Me revuelco en la derrota, 
contemplo el nacimiento de los días 
y en este ciclo 
el pecho necrosado, irónicamente fortalecido 
se reconstruye, 
no hay dolor después del deceso emocional.




ARCO DEVOTO

Tus risas son burbujas 
que vuelan sobre mi cabeza 
rompen el suelo al caer 
me dejan fuera de este espacio. 
Me llevan al jardín de dulces hibiscos, 
en donde naciste,
arropado en tul de mis entrañas. 

Tu llanto es un charco de cloro 
el cual tengo que enjuagar, 
limpiarte de todo mal. 
La continuidad que irá destiñendo 
mis cabellos y agrietando mi piel 
será la misma que cuente nuestra historia




EL MITÓMANO

El ave oronda, alimentaba y llenaba el espacio 
entre mis costillas. 
Escondida entre los anaqueles la encontré,
palideció de vergüenza. 
El ave canta y escucho todas las mentiras 
que hizo volar y germinaron en otras bocas. 
El ave come palabras mías, 
las vomita sobre alguna que otra cabeza, 
de alguna que otra ave que se alimenta de vómito. 

Embebida, se estremece, se estremecen juntas 
creyendo que son libres. 
Embebida está la avecilla que se esconde en mi jardín. 
El ave canta y escucho todas las mentiras 
que hizo volar y germinaron en otras bocas. 

Que ganas de partir sus alas 
de hacerle conocer el silencio. 
Pasó por mi mente 
concederle la paz que tanto busca, a patadas. 
Pasó por mi mente 
y ahí se quedó. 
Pasó la noche, amaneció también su salud, 
se agitó oronda entre el viento, 
se marchó a seguir contando cuentos.



VANESSA PONCE

Psicóloga nacida en Arequipa. Es autora del poemario Polaridades (2024). Su trabajo literario explora las emociones, los vínculos y las dualidades de la experiencia humana. Actualmente, desarrolla nuevos proyectos literarios y ejerce en el ámbito de la salud mental.

Foto: Ekaterina Belinskaya

martes, 10 de marzo de 2026

LEMY MARZOLINI: «NUEVOS POEMAS»




Nos topamos con un poeta que escribe como quien enciende fósforos en la oscuridad. Lemy Marzolini, juliaqueño del 90, suelta la mano y deja que las palabras ardan con vida propia. En sus versos hay un árbol que arde en el espejo, un camello opalino guardado en el bolsillo para los días de tornado, una golondrina terriblemente hermosa que nos pregunta si estamos vivos. Hay también una bandera-cicatriz, hecha de la misma materia que los recuerdos de la niñez, y un hechicero en un parque olvidado que no logra calmar el llanto del mundo. Es una poesía que duele con lucidez, que desciende a la montaña y vuelve con el corazón convertido en candelabro.

Estos cuatro poemas forman parte de Retazos de Papel V  (2025), una antología que reúne voces necesarias, compilada por Ángel Paima y publicada por la Institución Cultural Flor de Amancaes (ICFA) junto a la Editorial Apogeo. Para leer con el oído cementerio y el pecho siempre dispuesto.


LUCIÉRNAGAS

Yo canto y navego en la brújula del dolor
Reajusto el sol
Me fundo en el resplandor del bonsái 
Mi única bandera es este árbol péndulo que arde en el espejo
Incendiaré mi barca
Asesinaré al heresiarca de la montaña
Descansaré a la sombra de mi sombra
Incendiaré miles de luciérnagas suspendidas en el cielo
El tiempo ha terminado y abedules rojos adornan mi camino
Descenderé de la montaña y depositaré mi corazón en un candelabro.



LÁPICES ROTOS

¡Observa esta hermosa golondrina y dime que no estás muerto!
Tienes la certeza de mundos extasiados, mundos ensimismados en hachas en el pecho
El puente que te sostiene se balancea delicadamente en tu memoria 
Brillante tormenta que desciende a tu fango, a tus urnas, a tus lápices rotos,
a tu estatuilla del sol quemando, a la foto borrosa donde no aparece tu madre
El camello opalino que tú siempre llevas en el bolsillo para liberarlo en el oasis de tus tornados
La máscara que tiene tu rostro escondido en el plexo, en los entresijos de las cuerdas de cientos de violines
Ese templo que alimenta tus visiones de meteorito
Es la resaca de las noches azules cuando vienen los demonios y azuzan las sensaciones de libertad que no logran limpiarte las lágrimas 
¿Vas a llevarte tu último dibujo, tu abrigo gris, tu camello opalino?
Llévate el mal y las espinas que pueblan tu habitación y las páginas en blanco que olvidaste dibujar 
Veo que brillan las flores que corté para ti
¡Por favor, observa esta golondrina terriblemente hermosa y dime que no estás muerto!



BANDERA-CICATRIZ

¿Es esta la bandera-cicatriz hecha de la misma sustancia que tus recuerdos de niñez?
Guitarras sonámbulas desperdigadas en tu habitación
Miserable mancha que se evapora en la casa del basilisco
Mi delirio, templo sosegado
La trágica caminata al filo del cuaderno y del bolígrafo
¿Has encontrado el traje asesino, la baraja, el cuchillo?
Miles de aves bordadas en el cielo relampagueante 
Muchos hombres-heridas estampados sobre la muralla esférica 
Observa fijamente el fuego absoluto que detenido está en la cabeza del puercoespín
Noche laúd, puñaladas certeras, destierro pendular 
Pluma elegante que resiste el principio de los días 
Bien, ahora solo posees la bandera-cicatriz y has perdido para siempre los recuerdos de tu niñez.



EL HECHICERO DEL PARQUE

Luminosas islas artificiales-suicidas han sido rodeados por abismos fríos y el sol que se apagó de pronto
Pensamientos del sí no, esto te puede doler mucho si no logras ver la caída de la evasión
El girasol murciélago que toca el oboe cuando se ha desprendido de la madrugada azul 
Cientos de estrellas cansadas buscando el dormitorio eterno 
Luminosas islas artificiales-suicidas han sido rodeados por abismos fríos y yo aún no logro calmar el llanto del mundo
Todo esto sucedía mientras tú dormías de madrugada en un banco de un parque olvidado.



LEMY MARZOLINI
(Juliaca 1990)

Escribe poesía desde la adolescencia. Publicó sus poemas en revistas y webs de literatura, la misma que lo salvó de una profunda crisis existencial. Participa en eventos y recitales poéticos del sur del país. 


Pintura: Zdzisław Beksiński