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jueves, 11 de julio de 2024

Lotófagos Lacustres 3.0

 





FILONILO CATALINA






POEMA DE UN SOLO DISPARO
 
Si no fuera poeta
hubiera sido un pistolero
sí / uno de esos
de dura mirada
soltando balas como suspiros y
sin el menor remordimiento
(Justo como ahora
que escribo estos versos)
hubiera digo
ya que en ambos casos
conquistan a la más bella y luego se les va
o la pierden por azar
hay una que muere por él (siempre la hay)
pero él muere por alguien más
la fortuna
-para los dos-
es una bala que en el tambor gira
sin saber a quién le tocará.
De no haber sido poeta dije
y suponiendo que mi destino hubiera sido elegido
sería un pistolero
recitando maldiciones como los más sublimes versos
y en este momento
-claro / con todo y arma en mano
además del cigarrillo al borde de los labios -
estaría
calladamente
deseando
que de mis manos
en vez de balas
salieran versos
y que tú estuvieras muerta por solo uno de ellos.



ITALO PASSANO






SR. PARAISO:



Amores mediocres 
crecen como plantas carnívoras
 invadiendo los pueblos destruidos.
Su beso garantiza la copula dolorosa al mirar el cielo.

Es un decreto hermano Nacer

en las arterias más pesadas del monstruo que nunca duerme.
Somos perfectos así
Cuidando el líquido vital de los muertos
Que no te de pena la incertidumbre de mi caminar
Porque muchas veces hemos sido gloriosos ante el viento
De nada sirve que me engañes
Que te engañes
Buscando pasiones en los huecos de esta sierra

¿Acaso no estoy tranquilo?
¿Acaso no voy despacio?
Si soy el hijo soy el padre
Me sumerjo en las llagas de esta tierra
Puedo ser abyecto y desalmado
Astuto fugaz
Pero si no te recuerdo es porque no llegaste al centro de mis miedos
¿Qué queda en el corazón cuando el mundo se ha detenido?
¿Quiénes somos, hijos de las carreteras, de los manantes, de los nevados y los vencidos caciques de esta ilusión mortuoria?


¿Quiénes son?
Nadie me ha regalado la dicha de decirte en la cara
Que ahora todos somos concubinos de la muerte
Te amo perdón perdón te amo (x2)
Ayúdame a saltar todos los registros de esta niebla
Sé libre para aceptar que las huacas no están predispuestas para nacer
A fin de cuentas quién soy yo para decírtelo
A mí con suerte el mar vendrá a poblarme
No soy cristo redentor ni la virgen de Guadalupe
Solo he sido el glorioso despreciado por el viento


Púdranse las mentiras
Púdranse los gobiernos
Púdranse en la belleza alienada de sus cantos
El indio que llevo dentro los va tranzar como a todas las costas que me han visto nacer


Tomemos este Señor Paraíso
Nadie más merece disfrutar de este olor
Gracias Lilith por tanto agave agave
Los cristos ya nos sonríen en el abismo de las carnes
Terminemos por fin con este llanto
Tomemos este Señor Paraíso de los tiempos cocinados
domesticados por fascistas religiosos 
de santa podredumbre y sabiduría
persígueme porque ya estoy libre
se la auténtica gloria que todos esperamos
no sean los pobres infelices de la historia
no renuncien a la evolución de sus vacíos
mama y papa seguirán contando los amores muertos
los muertos con los que vamos a tomar esta ciudad perdida
ya que jamás entenderán la virtud que nace de los ciegos
jamás entenderán el corazón de los hombres libres
este mundo ya los calcino en recuerdos bastardos
por eso terminemos con las cunas de oro
terminemos con este Señor Paraíso
tomemos la vida que es una sola
y amemos todos en un solo corazón solar
marino, solar, marino, astral
marino, marino, marino, marino
y no hables más ni ames al esclavo eterno del miedo…



LEO CÁCERES




ASTIGARRAGA

Existen las conversaciones que a la luz de un grupo de astros
Versan sobre literatura romántica 
tras los lechos amargos del viento
Las que versan sobre manos gigantes que labran la tierra 
y pelan papas gigantescas

Existen las ancestrales tardes taciturnas, como la gente,
toman el color ámbar del cielo,
Como existen también los silencios tenebrosos
Porque las personas desaparecen sus lenguas en un vaso.

Camino acompañado de elefantes y camiones industriales
Camino acompañado del clamor de un mar infinito de pájaros.

En mi mano derecha se gesta el frío
De mi mano izquierda se sostiene un viejo dormitante
En él habitan caminos intransitables, colinas humeantes
Almuerzos de primitivos domingos, 
hongos y caracoles doblegados por los siglos.

Yo, desde luego tengo acceso a mundos nefastos, 
A mundos calcinados
Presencio el despertar de la muerte 
Sentado en un sillón marino 
Leyendo a la luz
De algún mutismo dorado 
Los poemas desarticulados de Ducasse.

Pronto las letras se aglutinan en la cueva, 
Salen despedidas por un vómito
Excretado desde las entrañas de un corazón mutilado.

Astigarraga me permite adentrarme en su iglesia boscosa
Tomar sus manzanas desperdigadas en las calles
Reunirme conmigo mismo de camino al río
Con las viejas ganas de matarme como barca
Y la sonrisa como remo terriblemente corto.

Existen esas conversaciones  
Cada vez estoy más convencido
Pero terminan extraviadas en los 
granos de arena de una playa inexistente.



Afiche: Italo Passano
Fotos: David Arias

viernes, 16 de junio de 2023

Américo Yábar: «POEMAS MOSCAS»




Me burlo de la historia
me río
aunque doliéndome
aunque mosca
           picando mi sangre fosforescente
Me almo como un pelícano 
hambre en preñada blancura
en galerías nocturnas
alas de mis uñas
molinos de signos
Me destilo me salpico
               incógnitamente



Sangre golpeadora 
en saliva lanzada
ovarios las celdas
boca de un fuego intenso
de tu negrura
salen sueños encorvados
                          hacia arriba
                          por encima del dorso
Sueños avispas que escapan
                             por donde pueden
sueños dulzones que revuelcan su presa
y aunque te resistas
Cuando la celda es oscura
emerge el sueño con sus tenazas
Te lleva en su boca muda 
Te chupa, te masca tiempo
y cuando suena el candado
te suelta
               muerto dulzón
               muerto dulzón



Crece la noche 
            cercándome
al mismo tiempo el número
                          de celdas
pare primero el ojo tuerto
Toca interior
                      con su pestaña
Se revuelven
                         en órbitas
cantando mis lágrimas
algo que yo mismo
                               No entiendo
                               No hilvano
En el fondo de la masa negra
                             Tristeza seca
                              alimento secado
Cuerpos mascados 
              inútiles colgados
                     en la reja
Gritan mis huesos YAI! YAI! YAI!
                      Cantando





Estos poemas fueron extraídos del poemario Poemas Moscas del vate cuzqueño Américo Yábar, editado en enero del 2018. Se juntaron dos casas editoras: Yakuruna Ediciones y Salka Ediciones. Poemas Moscas fue escrito en 1967 entre Perú y Barcelona.


AMÉRICO YÁBAR
(Paucartambo - Cusco, 1947) 

Fundador del movimiento poético energético Salk'a. Viaja por el mundo compartiendo el espíritu andino en conferencias poéticas sobre energía no domesticada. Ha publicado Poemario del Camino (1971), De pie sobre el crepúsculo (1972), Sesofagia Humbría (1976), La Cresta del clavel (1976) y Poemas Moscas (2017).

viernes, 12 de agosto de 2022

Italo Passano: «ENVANECIDO»





El síndrome erotomaníaco se caracteriza por la convicción delirante y persistente de ser amado. El paciente normalmente es del sexo femenino y cree recibir mensajes y señales del objeto amoroso, que suele ser un hombre de nivel socioeconómico más elevado, y muy a menudo casado. Los rechazos por parte del objeto son interpretados como evidencias de amor hacia la paciente (conducta paradójica). Algunos autores han descrito la que denominan 'Erotomanía limítrofe' o 'borderline', que estaría caracterizada por los siguientes criterios: 

I. Cactácea: Sentimientos de ser amado (no ideas delirantes). 
II. Puñuy: Historia de contacto mínimo con el objeto. 
III. Enamoraerizo: Historia morbosa de celotipia contra el estado de abandono. 
IV. Sisífilo: Respuestas agresivas. 
V. Envanecido: Narcisismo, histrionismo, paranoide, conductas de evitación, aislamiento social.

ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA AMERICANA 



1 

“…Atados en la guerra del fuego 
a las intensidades de un ser que no entendemos 
Nuestro nuevo yo…” 


Envanecido, sentado, 
carne acumulada en la irreverente silla de tres patas 
que no puede volar. 

Metaparasexual deseo: 
Calibrar tu pineal 
Además de saborear el lecho 
serás perdonado - aléjate del éxito 
No menciones los placeres de la nuca 
El ahmor no debe saberlo 

No retrocedas a la vida por debilidad. 
Diremos que el cordero ha confundido 
                                                          la soberbia con devoción 
Cabalgo sin pies, me sumerjo, es espantoso 
escucho al conjuro floral de mis deseos:


7 


“¿Como reconocernos después de morir?” 


No has muerto totalmente 
Te esperan desgarramientos 
progesteronas fósiles 
secretos ambivalentes 
y fetos decodificados. 

No existen declaraciones formales de guerra. 
Soy un cadáver en el cementerio púbico 
que amenaza con trozos de sábila 
y así hiere tanto como sana. 

Puedo ser padre, madre, un profeta elegido. 
La certeza de la muerte entre nosotros. 
El magma de los finales cortos, 
llenando la luna de cocteles astrales, 
fluidos inmortales en los que nos bañaremos 
como animales extintos de esta generación


15 


Devuélveme la pureza 
Madre de lo absurdo e indoloro. 
He menospreciado mi útero por tanto tiempo. 

Al ande fueron mis glóbulos, 
al hoyo las esporas 
porque al gritar: 
¡te necesito más! 
En sí pido verte, 
hurgar entre lo mundano, 
en la trampa que mece 
de espinas la laguna 
es~pe~rán~do~nos

Anciana, 
te despojas de toda sexualidad. 
Eres la última coloración del desierto, 
y estas tus semillas 
que no encontraron el amanecer


18 


Con las manos en la tierra 
parece recuperarse después del aplauso. 
Flor de fuego encendida se desliza por su corteza 
y mata el capricho lunar del despertar 
que en silencio y mes a mes perfora mis manos. 

Renacer no es suficiente. 
La ensoñación primitiva nos da elegir: 
apasionarnos o la regeneración 
único lago donde sumergir los pies es seguro 
Soles y lunas resuenan sobre bondage 
Símbolos circulan como sangre 
rociada sobre una multitud agachada
Es la entropía, 
no imagino otra música 
cuando me toma por la cintura 
y camina a mi lado



31 


Apuñalo el corazón del ángel sangrante 
de los animales que llueven de los muros 
de las vírgenes perfumadas en los desagües, 
llanto febril al robar un pan
 y destruir las carreteras donde el espíritu 
fue esparcido en distintas lenguas. 

Sin emoción al morir 
floto lentamente como una mariposa de fuego 
olvidada en las montañas por ser poeta 
Por creer que las carnes son más preciadas 
que el mismo ahmor



Estos poemas fueron extraídos del poemario Envanecido, editado el 2016 por Kunah Co - Laboratorio Editorial. 




miércoles, 15 de junio de 2022

LIDIA CAYO: «Cemento S.A.»


 


        Había faltado con gravedad a las normas de la empresa. Por ello lo hice llamar a mi oficina, para seguir manteniéndolo como un trabajador. Él entró algo apenado pero confiado en que la mujer le daría otra oportunidad si la convenciera por su lado sensible y maternal.

—Tiene usted muchas quejas de parte de los otros trabajadores, dicen que se va encima de sus compañeros estibadores, echando golpes y rabietas descontroladas —inicié la reprimenda.

—Solo cuando ellos quieren ofenderme o humillarme sin que yo haya dado motivo o incitado al alboroto —trató de poner en defensa sus argumentos.

Le sugerí mantener en armonía las relaciones laborales con los demás o su reincorporación sería imposible. Le advertí que las normas eran bastante claras en la empresa Cemento S. A., para la que yo trabajaba como regenta desde hace algún tiempo.

Debe notárseme en la cara la preocupación que tengo de trabajar aquí, tragándome el polvillo y el ruido de tanto tráiler equipándose de material para su comercialización o transporte a obra; sé que soy sujeto de burlas y quejas, pero igual soy regenta y les hago llegar a todos el anuncio de que un capataz ha fallecido y que asistiremos en grupo al funeral por la tarde, después de haber embarcado todo el material.

Fue mi último comunicado a ese escuadrón de cargueros, todos intrigando volvieron a sus posiciones de trabajo. No me agradaba dar esa clase de noticias, menos marchar a presenciar un funeral, es aceptable que todos los días mueran las personas, pero estas muertes me impactan en el pecho desde que llegué a trabajar a Cemento S.A. Estoy enterada de que aquí los estibadores de cemento trabajan por lo mínimo nueve años por propia voluntad, luego se quedan los que aguantan por el peso de la necesidad económica y muestran resistencia unos seis años más. Por compasión se les da el cargo de capataz que significaría que ya no cargarán o descargarán sobre sus hombros bolsas de cemento a los tráileres o conteiners con el riesgo de que alguna de estas bolsas se desgarre o se caiga por la mala manipulación de la grúa mecánica. Siendo capataces solo darán órdenes y contabilizarán las toneladas de envíos. De estos capataces, pocos siguen, sufren un largo tratamiento costoso por la formación de hernias discales de todo tipo, hasta han llegado a tener tres hernias en la columna sin ningún control ni tratamiento por parte de la empresa.

Fuimos al funeral todos en autobús, apachurrados por el excesivo número de trabajadores. Escuchamos el sermón del párroco formados en una columna, dimos el pésame a la viuda y sus tres hijas, algo que no quiero recordar. La familia no pasaba de nueve personas, esa era toda su gente, por eso decidí dejar a los chicos acompañando en las afueras del cementerio bebiendo en un ruedo de sillas a la intemperie, hablando del magnífico padre que era el difunto (debió serlo para soportar tantos años de su vida como estibador de bolsas de cemento para asegurar la educación de sus preciosas hijas), del magnífico compañero de trabajo que fue (hipocresía y honras a destiempo). Era de esperar que alguien debía estar al frente de la empresa, por lo que ordené que regresáramos. Éramos cuatro en las instalaciones de la empresa, en la oficina me precipitaba a pensar si mañana ya no abriríamos los ojos, todo era confuso, la muerte lo era.

—¿Puedo sentarme aquí? —preguntó el estibador (al que antes había reprendido) sin que pidiera permiso para ingresar a la oficina.

—No tienes otra opción, ya estás dentro —le dije revisando unas facturas de la mercadería.

—Es una pena que se haya ido el amigo, era fuerte y pospuso a su esposa y a su hija, quería obtener su liquidación para luego dedicarse a ellas, pero así es la vida —esbozó con profunda tristeza—, si yo amara a alguien no pospondría al amor.

—Entonces debes dejar este trabajo —le dije.

—Seguro estoy de que será aquí donde encontraré y amaré a alguien por eso no me voy, así me despidieran rondaría en los alrededores —dijo sin temor. 

—Qué quieres decir, seguro que en esta oficina no ocurrirá nada —le dije enfática, entendiendo el doble sentido de sus palabras.

—Me gusta usted desde la primera vez que llegué aquí —dijo sin titubear causando una fuerte impresión en mí, a leguas se notaba sus profundos rasgos indígenas, el gesto de un duro joven del campo donde el frío intenso maltrata la piel, además era iletrado.

Normalmente él era tosco al hablar, eso contrastaba con su buen físico, delgado, pura fibra muscular pegada a sus huesos que se ha forjado a punta de esfuerzo y sacrificio como cargador de bolsas de cemento de 42.50 kilogramos. Sus mejillas estaban quemadas por el trajín bajo el sol durante doce horas diarias sin parar, gota a gota discurría el sudor de su frente y también de sus axilas. Era un cargador sudoroso y empolvado con micro partículas de cemento, con la mirada perdida, confundido en la fatiga del hambre y la miseria; eso enfriaba mi deleite por el sexo opuesto. Alrededor de su cintura llevaba tiras de talega blanca o fajas de látex proporcionadas por la empresa en prevención de hernias. La esclavitud moderna y voluntaria que uno elige pesimista y autocompasivo, en resistencia ante el fracaso inminente del desempleado al que le llega el lento devenir de la muerte.

—Eres mi jefa cuando estoy en el frontón (el área de cargamento), pero aquí no estoy en el frontón.

Nada presagiaba lo que iba a ocurrir esa tarde, a no ser que surgiera otra pelea propiciada por el ataque del compañero socarrón y racista que de continuo dejaba su oficio para ir tras el estibador y farfullarle en sus oídos motes burlescos. 

—Debería pensar antes de dirigirse a mí con esa insinuación inapropiada —di la vuelta al sillón giratorio sin descender las piernas cruzadas. Una mirada carnal pareció desnudarme dejándome en vergüenza, me intimidó con su postura de pie, acercándose a mí. Me llamó la atención que alguien nos pudiese ver, a pesar de que estábamos los dos solos en la oficina y los otros empleados aguardaban en el frontón, todo el contorno estaba sin vigilancia.

Lo observé y esta vez me pareció un hombre joven y sensual, eso me produjo un reflejo placentero en mi estómago e irradió en todas las terminaciones nerviosas de mi vértebra llegando a la culata fogosa. Me cogió de la cintura y me transportó con esa fuerza por los aires y me ubicó contra la mampara de vidrio que separaba la oficina del directorio, con rudeza me habló: «Voy a rematarte en este matadero fino como tú, sé que no dirás nada pues tú también lo quieres». Me sentí vencida por un ser dominante. Si este hombre anónimo, como lo son millones de obreros para el capitalismo, no disfrutaba del bienestar económico por lo menos le quedaba el consuelo de gozar de la ventura del sexo. De inmediato le ofrecí mi trasero turgente, él remangó mi falda, descubriendo mis medias de nylon sujetadas por tirantes y ajustadas a mi braga de encaje negro, lo que producía en mí una sensación de maestría en la sensualidad y a él seguramente le producía la erección de su ampuloso falo impulsado por la sangre hirviente que fluye en los cuerpos cavernosos de sus genitales estimulados por la lencería, que quizás le había sido esquiva a su visión hasta ahora. Mis manos alzadas dándose contra la mampara, la blusa negra entallada resaltaba mis pezones, los que se translucían en el vidrio, los tacones firmes sostenían sobre sus agujas mis piernas abiertas, solícitas a la tiesura fálica de aquel lozano varón, él agarró mis caderas y las zarandeó contra su cuerpo flaco, puro músculo, y me penetró mediante la contracción y distención apresurada de movimientos ondulantes, desde la cintura hacia los muslos, provocándome aullantes susurros y agitaciones vociferantes —sí, sí, sí, sí…—, su viscoso esperma caía en la alfombra, nuestros movimientos fueron volviendo a la normalidad, el empleado de Cemento S.A., sin vergüenza, guardó su desinflada y reducida erección adentro del calzoncillo, cubriéndolo por la bragueta irredenta de su pantalón, en cambio a mí me bastó un solo movimiento para bajarme la falda de las caderas tratando de planchar con las palmas de las manos las rugosidades que se formaban en el tafetán negro.

—A que no me dejarás desde ahora —comentó lisonjeado.

Pausando unos segundos que se hacían eternos debí arreglar una forma sutil, menos drástica, de decirle mi sentimiento en torno a lo ocurrido. ¿Cómo le diré que yo vuelo en libertad, que él solo fue un fantasma en erección de noches de hogueras fornicadoras?, me pregunté a mí misma.

Pues tuve que decírselo. «No imagino que los hombres me olviden, no temo ni a la muerte misma, es poca mi vergüenza y nulo el arrepentimiento. Espero me entiendas y no te pongas complicado. No ha significado nada tenerte entre mis piernas». Volví la espalda acomodándome en la posición anterior cruzando las piernas, haciendo girar la silla levanté la mirada serena. «Zózimo Quispe Mamani, por qué te contentas con ocupar un lugar marginal en el seno de esta sociedad esclava del capitalismo, del que ya vaticinamos su deprimente final. Antes de que la continuidad llegue al punto culminante te enseñaré a leer», le dije con dulzura. Solo vi su sombra marchar después de ese coito breve y brusco.



Este relato pertenece al libro Efluvios de la narradora puneña Lidia Cayo, que vio la luz en mayo del 2022, en la ciudad lacustre, gracias al esfuerzo de Kunah Co-laboratorio editorial y la bella luna de fresa. La presentación del libro se realizó en las instalaciones del Club Kuntur de Puno y los comentarios estuvieron a cargo de Alexánder Hilasaca y Diana Laureano.


LIDIA CAYO VELÁSQUEZ

Nacida en Puno. Es autora de la novela Radiografía del silencio, que fue publicada el 2016, en Arequipa, por el sello editorial Doce Ángulos y presentada ese mismo año en la programación del "Festival Poético Doce Ángulos", acaecido en noviembre del 2016.

Foto: Mariana Montrazi
Foto 2: Portada de Efluvios.

viernes, 5 de febrero de 2021

DORIS ENCALADA: «Animal intenso»




041   

Trazo estas líneas de un pobre boceto interminable, plagio desvergonzadamente un gesto sensual, apagas las luces irritables, prendes unas más suaves para crear una atmósfera agradable, pero nuestras emociones roen hasta a los más viejos árboles, nuestras palabras violan hasta a la gravedad cero y caen cometas, asteroides, fragmentos de nuestros universos, arqueología de tu cuerpo salvaje, disección de mi cuerpo vestido, diálogo que se va ahogando hasta flotar muerto en esta habitación y el retumbo de un río crecido que, bajo la lluvia, trata de menguar nuestras más tristes nimiedades. 


047   

Por andar con esta piel enamorada, padecí la lluvia de un cielo poblado de invisibles cabras aladas piloteadas por almas solitarias, desgasté mis zapatos tras un sueño inflamado que pronto reventó como ampolla sobre mi almohada. Me fui quedando aplastada por mi propia piel enamorada, fue tan mayúscula toda mi negligencia que me perdí sin ganas de tejerme una nueva piel humana. Me quedé desabrigada, desnuda, cadavérica, deliciosa, lista para devorar a la muerte.


061  

En el jardín de su placenta dejó crecer sobre fértiles campos de sangre a una enlutada estrella. Habité durante nueve lunas menguantes en lo más profundo del universo de esa hembra preñada, me alimenté en su bar con cocteles de fresa, jugué con nuestro cordón umbilical hasta inmolarme llena de ferocidad hacia la luz. Más tarde di mis primeros pasos, después millones, trillones de pasos más hasta llegar al tiradero de los sentimentales desamparados. Desde entonces puedo decir que comprendo el lenguaje de los cerdos, el de los perros, el de las nubes, el de los mares profundos y el de todas las bestias vulnerables de la Tierra, y que algún día la muerte bella ha de devolverme, al fin, mi propia vida entera. 


062   

Yo bailo con la auténtica fricción de esta piel animal, exquisita y húmeda piel de barro, al son de un cardumen de notas que me atrapan hasta convertirme en río agitado, arrancando estrellas a mi paso. No hay más colmado amor que este, alistarme cada mañana para ser preñada, para ser parida, para justificar la rienda suelta del universo y alzarme al vuelo con toda mi consistencia humana. 


064  

No hay métrica ni medida que se me antoje, he muerto sabia y en piyama sobre mi cama, han asistido a este funeral poético solo las rosas estampadas de mi edredón. Sobre mi cuerpo ha nacido un paisaje de montañas, la luz del sol me ha santificado eludiendo todo proceso y juicio sagrado. He muerto retratada sobre un campo de sábanas abrazada a mi propio corazón. Acompañada por el ballet de una paloma sobre la calamina. Consagrada al dios que no es dios, sino diosa, y a la diosa que no es diosa, sino dios


Versos extraídos del emocionante poemario «Animal intenso», de la arequipeña Doris Encalada. Este libro fue premiado con el primer lugar, el año 2014, por el Semanario «El Búho», en su concurso de poesía. Posteriormente, fue publicado, por la autora, el año 2017, en formato fotográfico a través de Facebook. Hace poco, el 24 de enero de 2021, ella lo subió a la red para su descarga gratuita. 


DORIS ENCALADA ZEGARRA

(Arequipa, 1978)

Artista visual. Es profesora de dibujo y pintura; también es escenógrafa y directora de arte. En 2014 se hizo acreedora del primer lugar en el Concurso de Poesía del semanario «El Búho». 

ANIMAL INTENSO - POEMARIO COMPLETO (DESCARGAR)

Conversación sobre el poemario «Animal intenso», entre Willni Dávalos y la autora.


Fotografía: «Le pavot» by Sarah Moon (1997).

Sarah Moon

domingo, 6 de septiembre de 2020

dos poemas: LUDWIG SAAVEDRA




1

Hartado de sonidos
llego sin furia en mis ijares
Ni bruma en mi jardín
Añoro tan solo el deseo puro absurdo pleno
muerte
Rasgo cuerdas de ultrasonido
             Y mi canción es de hielo pero derrite
              los corazones de este este templo de
              gente vacua

              La poesía se derrite también pero en
              formas o volutas
pliegues de río
Nacarados vientres de tambor
Saxos chorreantes
              No me convence tu forma de arder
              tan tenuemente
Entre las frondas de esa nube
Prefiero la tormenta que hay en tu mirada
               Yo ahí sacio
               Esta intuición de amor
               De muerte
               De dar.


9

La noche pensó que chiquilla rima con
cuchilla
Y soñó una serpiente muchacha con navaja
             Su piel restregada a los hemistiquios
             y restos de las hogueras
Piel de sílabas

Entre los nardos
La serpiente soñó que se deslizaba por el
lomo de la montaña
Se apagaban las luciérnagas
Soñó río
Soñó tobillo blanco

El tobillo se sumergió en el Estrimón
Para ser mordido
Otra serpiente de sangre
Brotó del tobillo y nadó en el agua...
Eurídice miró la serpiente de sangre
Nadar hacia la nada...


Poemas extraídos del poemario «Hartado de sonidos», del poeta limeño Ludwig Saavedra, Editorial «Kunnih Munnah» (Kunah), Cusco. Fue editado el año 2014.

LUDWIG SAAVEDRA TARAZONA
(Lima, 1985) 

Graduado de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado las plaquetts de poesía: Florece, 2009. El mar de vinilo, 2015, ambos con Paracaídas editores; los poemarios: Los arrecifes, edición cartonera a cargo de Amaru cartonera, Hartado de sonidos (2014) y Al pie de la explosión (2018). Ha participado en diferentes festivales de poesía, ferias de libro, en Perú, Ecuador, Chile, Bolivia y el norte argentino. Es docente de Literatura en colegios, librero, declamador de poesía en parques, autobuses, puentes,etc. Prepara dos nuevos libros y espera la Revolución de la mente y que arda todo.


Pintura: Jean-Michel Basquiat: «Intitulated head»