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martes, 21 de enero de 2014

dos poemas: Alberto Guillén




OFRENDA

Ven 
aquí caminante,
—amigo o enemigo— ten
estas canciones que el Instante

dejó en
su vuelo en mi jardín.
Verás: la viña de mi sien
maduró su racimo sin

esperar
tu gratitud, y has de encontrar
entre el rumor de mis versos

huellas de tu dolor,
por que yo llevo en mí los universos
que murieron sin flor.



ANACREONTICA

Ríe al dolor, hermano,
y apura tu licor,
en este mundo vano
no hay minuto sin flor;

exprime con tu mano
las ubres del amor:
ya te espera el gusano,
el único señor;

acorta tu camino
con la embriaguez del vino
del placer y después

ve tranquilo a la puerta
de la mansión desierta
de lo que ya no es...



Poemas pertenecientes a «Deucalión» 1920


Alberto Guillén Paredes (n. Arequipa, 20 de enero de 1897 - m. Mollendo, 20 de octubre de 1935) fue un poeta peruano. Junto con Alberto Hidalgo, fue el más representativo poeta arequipeño de inicios del siglo XX. En palabras de José Carlos Mariategui: «Alberto Guillén heredó de la generación "Colónida" el espíritu iconoclasta y ególatra. Extremó en su poesía la exaltación paranoica del yo. Pero, a tono con el nuevo estado de ánimo que maduraba ya, tuvo su poesía un acento viril. Extraño a los venenos de la urbe, Guillén discurrió, con rústico y pánico sentimiento, por los caminos del agro y la égloga. Enfermo de individualismo y nietzscheanismo, se sintió un superhombre. En Guillén la poesía peruana renegaba, un poco desgarbada pero oportuna y definitivamente, sus surtidores y sus fontanas».