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domingo, 3 de marzo de 2013

ÁLVEO





Me hablabas de una ciencia extraña,

capaz de crear noches en las ubres de la luz,
capaz de rejuvenecer la melena de la luna,
capaz de extraer miel del abandono.

Un cristal mal medido ululaba

sobre nuestra respiración ausente.

Te hablé de los sueños de la carne,

los emblemas de mi infancia,
y la melancolía de mi hábitat.

Íbamos deshojando la niebla

entre especies resurrectas,
desnudos, brillando por los cauces
del más viejo de los ríos.


Leo Cáceres, de "La Suspiradora"
Foto:
http://sara-miriel.tumblr.com/

viernes, 1 de marzo de 2013

EURÍDICE


                                                                           


                                                                              «Palomas azules
                                                                              beben de noche el sudor helado
                                                                              que corre por la frente cristalina de Elis»

                                                                                                                              Georg Trakl


La flama de tu estela en el valle del oro
va dejando tras de sí un perfumado canto,
una ofrenda de níveas vibraciones en la yema del bosque.
El fulgor violáceo del cielo se jaspea de sombras,
la respiración subrepticia de los arroyos se detiene,
las flores se arquean buscando el barniz del viento,
el ocaso canta con su vaga orquesta de misterios
un delineado himno que enloquece a los árboles.
Lo que queda del sol se tambalea en el horizonte.

Desciendes con ojos antiguos por el valle del oro,
vas dejando atrás las constelaciones primitivas,
te adentras en la inmaterialidad, como un poema,
la piel del río se agrieta
las copas de vino se vuelcan,
los huesos del paisaje se quiebran,
los cuervos secuestran la luna,
los translúcidos latidos de la noche guardan silencio.
Te adentras en la irrealidad, como un poema.

La ventana más alta del galpón proyectaba una estrella,
los montículos de fibra de alpaca trazaban un laberinto,
el mutismo del recinto contrastaba con el siseo de la lluvia.
El veneno de la serpiente era nuestra sangre circulando,
las nueve cuerdas de la lira eran tus brazos que me buscaban,
los remos de Caronte eran mi labios que te buscaban,
los pastores y las ninfas eran dos búhos que ululaban
en la inmensidad de un mundo que nunca duerme.

Tus pasos también eran verdes bajo el frío de Pinaya.


Leo Cáceres, de "La Suspiradora"

lunes, 25 de febrero de 2013

JANIS





A Janis Lyn Joplin

Si el cincel golpea con rabia
El suave y relajado relampagueo de tus delirios
Sin la más mínima prueba
De que mi verdad sea incólume,
Es que mi sinrazón preside este juego,
Es que mis ansias destiñen la presencia de una flor,
De un jardín antagónico al movimiento del día.

La desolación tantas veces ha fogueado mis alientos
Y hoy mi casa no es más que piedra
Y de piedra está hecha la bruma que avanza
Hacia el palpitar inútil del ser.

Rechazar el minimalismo de un corazón.
Rechazar el arpegio doliente entrecruzado, tu gesto.
Nuestras pieles son lóbregas y sin tino
A la luz de una vela doblemente consumida.
Lejanía, fuego abierto, sonrisas húmedas,
Estruendos de una fiesta vespertina. 

Ya las noches no capean tus embarcaciones
El sol ya no hace piruetas en los trapecios de tus ojos

Parte pues hacia tus tierras germinales
Puebla esa solitaria evocación
Crea un gobierno de sangre y rosas
¡Paséate por los ámbitos tranquilos de la muerte! 




martes, 19 de febrero de 2013

LA MUERTE TRAS LA MUERTE


 



«Unicamente creen en lo divino
aquellos que también lo son»

Hölderlin


I

La muerte aguzaba el oído para sentir, 
con inexorabilidad,
la herida en el silencio, la fractura,
la leve ondulación del alma tras el relámpago,
el gorjeo de un río que transcurre taciturno
por entre flores y hados.

La muerte aguzaba el oído
para dar caza a un búho impaciente,
para desenroscar un sortilegio entre las nubes,
para barrer con minucia las migajas de amor
que depositan los ciervos en las estrellas.


II

Dos niños se desentienden de la vida,
y fraguan un destino en los nevados más alejados,
detrás de ellos, un mosaico de rostros inquisidores,
una ramificación de sangres primitivas,
el albañal citadino y su malestar neblinoso.

Dos niños estrujan sus sueños en los ápices del olvido, 
dejan caer lentamente las sábanas del tiempo
sobre la mampostería de sus soledades,
mientras vislumbran ávidos como el sol
embaraza sombras con su luz neurálgica.



Leo Cáceres, de "La Suspiradora"


Foto: Marco Barone, "Dark atmosphere"
http://500px.com/Marcobarone