sábado, 11 de julio de 2026

«MUESTRA RADICAL»: Lisset Orihuela





Hay una piedra que sueña bajo otra piedra, y ahí empieza todo. Arqueología secreta. El tiempo no se mide en estos versos: se muerde, se vuelve raíz, fruto, polvo, magma, sangre de San Pedro ardiendo en la noche. El hombre deja de ser centro y se convierte en combustible, en eco, en sombra que rebota contra sí misma.

Lisset no escribe para responder. Escribe para dejar la pregunta afilada, temblando en el aire, como un ave que cae en espiral y aun así se levanta sobre el mar.




Del sueño 


Pasé la edad joven del sueño de los ancestros. 
Espejo suspendido en cada pasado. 
Árbol que ha fuerza del tiempo se endereza; 
Sin embargo, llego pronto a despertar el silencio. 

Soñé que la felicidad era un árbol cayendo 
en el huérfano privilegio de la noche 
a la deriva del bosque. 

¿Atravesar la edad como un acertijo o 
a través de mi la raíz elongar en el fruto del árbol? 
Cambio angular del pensamiento. 
Elegí perder las alas en la placenta del suelo 
Y así sentir el vacío del polvo 
cubriéndome del espacio. Ánima abandonada. 
Guiño inexplicable que cubre inexistencias. 

¿Acaso el pétreo recuerdo del tiempo 
podrá sanarnos?

Somos el recuerdo inerte de otra forma de vida. 
Somos la piedra dormida sobre la piedra. 

La noche de San Pedro reavivando la sangre. 
Así salimos de nosotros mismos. 
Fruto tejido. Arrojado al tiempo. 
Somos la edad del sueño de los abuelos. 
Una constante en la angostura de la existencia.




El planeta de los simios 


Y siguen evolucionando las especies 
A pesar del hombre, por el también 
En un curso que no pide permiso a los hombres 
o a las bestias, tampoco a los animales. 

El gran vientre que nos alberga 
quien nos manda a desplazarnos para dejar vivir a 
especies tal vez más nobles 
Puede incluso expulsarnos de la historia del tiempo. 
Existe a pesar de nosotros, con o sin nosotros. 

(Crecer: mantener el ruido del alma intacto. 
Lengua materna que recorre frente a los ojos 
con nuevas preguntas) 

Abrupta grieta que nos entierra a todos 
y fosiliza en negro magma. 
Combustible para otro futuro. 
El único futuro: fuego incesante en tus entrañas. 
Centro de la tierra, masa viva del cosmos. 

Rugimos en sus entrañas, 
no selecciona, no expulsa, 
devora sus frutos. 
Como toda selección natural. 
(Expulsión natural) 
Nos abriga, alimenta y nos revierte 
a su centro de estrella deseosa. 
No hay nombre que te sobreviva, 
¿edad acaso?, que importe menos
que tu hambre al paso del tiempo, a la inevitable, 
pérdida del tiempo, el tiempo que empuja a vivir. 
El tiempo que nos prolonga como 
líquido inflamable.




El objeto es dejar de ser objeto 


Pensamientos: Memoria. 
Toco en espiral la caída del ave 
que se levanta sobre el mar. 
Madriguera maternal 
desovada en el tiempo. 
En el recuerdo: la humanidad 
(murió hace siglos) 
mirada nonata de un mito desproporcionado. 
¿Exhumarnos nos devolverá belleza? 

El objeto es dejar de ser objeto. 

Volutas emergen en su lugar 
en este flujo de estado de reflejo 
de nosotros en otros objetos 
Somos, pues, hasta cierto punto, 
vertiginosas huellas para medir el tiempo. 

Si hay algo vivo en mí es la memoria del recuerdo, 
por ello se nos dio conciencia desde y por nosotros 
Queda: Ánima pendiendo sobre la alta tensión de la ausencia. 
¿Se perdió la belleza de ser uno mismo? 
¿Acaso como misterio desgastado de otro Dios 
que nos ocupa a toda hora? 
¿Observas desde el desangramiento y los clavos 
o por encima de la tortura que deserta las horas? 
El hombre no es esclavo anímico de sus ídolos 
Esculpimos la existencia de saber ser 
en la eternidad misma de nosotros. 

¿Cuánto silencio en este instante?
Perfume empotrado abrasando la retina. 
Rebote espacial entre la carne y tu sombra 
Somos más que el objeto y el recuerdo. 
Somos la desnuda pregunta de salvar el tiempo 
que vivimos dentro.



Estos poemas son apenas la grieta por donde ya se asoma algo mayor: Mito Radical, el libro donde Lisset termina de incendiar la piedra que sueña. Editorial Wilaqota lo trae pronto al mundo, y no será un libro más en el estante: será una fractura sideral en la poética peruana actual, un mito que se niega a quedarse quieto y prefiere estallar en la boca de quien lo lea.



LISSET ORIHUELA ASCARZA

Nació —o más bien fue invocada— en Ayacucho, tierra donde la piedra también recuerda. Estudió Contabilidad y Auditoría en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, pero su verdadera contabilidad ha sido la del silencio: cuánto cabe en un verso, cuánto se pierde en el intento de nombrar lo innombrable. Ha recorrido festivales de Lima a Quito, de Iquique a Arequipa, sembrando palabras como quien siembra fuego lento. Es autora de Nadie nos habita/Manan saphiyuq, publicado dentro de la colección latinoamericana El árbol migratorio. Ahora prepara Mito Radical, su próxima erupción, bajo el sello de Wilaqota.

Foto: Gaby López

No hay comentarios:

Publicar un comentario