Siempre en las cumbres en redor,
en redor,
de alguna cruz, signo fatal
del dolor.
Voy dando vueltas sin cesar,
sin cesar, mi amarga suerte fallar,
sin fallar.
Como una tromba de horror y de luto,
y como un perdido proscrito paria;
Visto de negro sin querer,
sin querer,
llevo a los ojos un telar
de sombras.
Todos ahuyentan mi clamor,
mi clamor,
el pueblo impío me odia cruel,
me odia cruel.
Mi quena al viento es mi fiel compañera,
mi audaz consuelo, mi eterno lamento:
Y ando sin saber donde voy,
donde voy,
mi quena llora ante una cruz
ingrata.
como un recuerdo de maldad,
de maldad,
como un estigma de ese horror,
de ese horror,
como un estigma de ese horror,
de ese horror,
como un sollozo de aquel dolor negro;
dolor fatal de mis antepasados:
Entre las sombras que llena,
la media noche lejana,
triste y lenta, suena y suena,
solitaria una campana.
Sonando en el viento corres,
campana cantas o lloras,
voz amarga de las torres
con quien hablas a estas horas.
¡Ay! campana lenta y fría,
como puñal, desgarrando
las carnes, tu sinfonía
va sonando, va sonando.
Tiene tu acento sombrío,
algo de agudo que hiere,
o es quizá por algo mío,
que se muere, que se muere.
Me han llenado de tristeza
tus lamentos, oye y di
campana si acaso rezas
es por otro, o es por mí.
Porque muerto no es quien goza,
la calma de los sepulcros;
muertos son los que sufriendo
están en pie, todavía…
Tengo abierta la ventana,
la noche está negra y triste,
has vuelto a sonar campana;
¿qué dijiste?, ¿qué dijiste?
Con el dolor de los siglos, siempre en cruz,
voy arrastrando mi suerte, cantando,
sin que ni Dios, ni los hombres permitan
que el tráfago de mis penas se acabe.
Yo no soy el tenebroso del mundo,
mi suerte es la tenebrosa injusta;
yo soy el trauma perpetuo del dolor,
que libo la copa fría de este vivir.
Un corzo de mil tormentos me asalta,
me abate y me exaspera, y nada más.
Y en vano llamo a los hombres llorando,
para ver si alguno restaña mis llagas.
Y aunque siento el gran bullicio en mi redor,
siento que estoy solitito en el mundo,
como una cometa al viento, acá y allá,
sin que siquiera su hilito se arranque.
Y entre el vivir y la muerte, saltando;
cascabelito de penas, me llamo.
Y entre la risa y el llanto, es el hombre:
Amalgama de payaso y sepulcro.
Cascabelito de penas,
cascabelito de penas,
al fin tendremos que cambiar
el disfraz por la mortaja.
I
Todos me dicen, walaycho,
porque me gusta cantar,
hasta en sucuchos wajjteros,
donde es urgente chupar.
Y canto a los cuatro vientos
del mundo, la adversidad.
Canto el dolor de los pobres:
la injusticia universal;
canto el clamor de los hombres,
y a los caídos sin cruz…
Me gusta sufrir con gusto,
hasta perder la razón.
Y canto y me lloro a ultranza,
que en las chinganas sombrías
amasan su perdición;
signo aciago de un submundo,
q u e a r r o d i l l a l a r a z ó n
II
La chingana está esperando,
la mesa sucia también,
los verdugos pronto,
pronto, llegarán.
Y la copa de mil tragedias,
a b r e s u s f a u c e s, v o r a z
Cuatro wajjteros se juntan
de noche y a media luz
en el tenducho alcoholero
de la chola Rantifuz.
Y temblorosos comienzan
c o n e l «c u a r t i t o» f a t a l
Pasan las horas, las noches,
en penosa bacanal,
y todos toman y toman,
sin acabar de tomar.
Y en un grito de histerismo
dicen que el wajjto es p i e d a d
Llega el cuadro: «Yo te estimo»,
máscara del arlequín:
Abrazos, lágrimas, besos,
para enseguida pelear.
El vicio en el paroxismo,
c a m i n a a l p u n t o f i n a l
No les importa la suerte,
ni el trabajo ni el pudor,
y arrastran su vida y su alma,
en penosa procesión.
Difuntos aquesta vida,
r e s a b i o s d e u n p e r r o a m o r
Jamás se acuerdan del hijo,
de la madre, del hogar,
y con un triste recuerdo,
v u e l v e l a c o p a y ¡s a l u d!
y al bordón de mi requinto,
lloran su vicio sin fin.
Con veinte tragos adentro
cada uno se siente un rey,
enfermos ya demenciales,
ninguno de ellos es quién.
Se asoma el delirium tremens:
l a p a r c a s e a s o m a a l p o r t ó n
Cambiará el mundo, los siglos,
pero ellos no cambiarán,
de esa vida en la PICOTA,
hasta la consumación.
Sin que nadie se conduela,
d e e s t a t r i s t e p r o c e s i ó n
Ya es tarde, dice la chola,
«Páguenme y váyanse pues».
«Aurititita, patrona,
un cuartito más, no más».
Y con dos sorbos groseros,
c i e r r a n e l d r a m a o t r a v e z
Ya aguaita tenue la aurora,
y los wajjteros se van,
sin un real en el bolsillo,
jalándose el pantalón.
DESTINO INMISERICORDE;
d ó n d e, d ó n d e i r á n a d a r
III
Y la chola ya curtida,
wajjtera de ocupación,
despachó treinta cuartitos.
Pero al hacha la mitad,
mira la tragicomedia,
soñolienta en un rincón.
Cholita linda lechona,
de cara muy regular,
ojos de polilla ingrata,
su hociquito es un primor.
Quisiera que la degüellen,
para comprar chicharrón.
Wajjto: Alcohol rebajado con agua.
JOSÉ ANDRÉS DÁVILA MARTÍNEZ













