jueves, 15 de abril de 2021

CARLOS MENDOZA: «Tus manos son una canción de ovejas preñadas»




A VECES ES MEJOR IRSE…


A veces es mejor irse
Coger un pañuelo
Agitarlo en son de paz
Columpiar los ojos en el aire
Abrir la mochila
Guardar latas de atún, galletas
Beber harta agua y guardarla en el lomo
Es necesario marcharse con las manos limpias
Y los pies desempolvados
Hurgarse la nariz 
Mirarse al espejo
Peinarse las penas
Descubrir arrugas, líneas que expresan el peso en los párpados
El ritual de huida debe ser ceremonioso
Observar el lecho, las paredes, el cielo
Agitar nuevamente el pañuelo como quien se despide en el puerto rumbo a la guerra
Coger la mochila cargarse el orgullo y la tristeza y emprender hacia la puerta
Abrirla lentamente
Como quien pela una fruta
Recibir el golpe de la brillantina sobre el rostro
Cruzar el umbral
Describir la calle con la mente en la orilla de los labios
Empuñar la manija y cerrarla violentamente
Para que el mundo se entere que partes hacia el infinito
Y que si te buscan
Jamás estuviste aquí.



NO HAY PADRE EN ESTE CEMENTERIO DE MOSCAS


No hay padre en este cementerio de moscas
Ni una figura de barro que se deshaga al sol
Las calles revestidas de ausencia
—nadie entra ni sale—
No hay padre en mis manos ni en mi ojo
Los hospitales, las comisarías, las cárceles, los hoteles están llenos de ellos, 
Pero en mi cuarto y en mi estómago no hay padre, 
No lo encuentro este día de ceniza y quizá
Mañana deba ir en busca de uno
Que yace en algún rincón de esta estúpida ciudad 
Que le huele hasta la axila mordida por un pájaro silvestre
No hay padre que por bien no venga ni orfandad que aguante cien años
Acaso el teléfono que quedó descolgado cuando hiciste la última llamada 
Hace XXIX Años. V meses. XX días. XV horas. XXIV minutos 
Sea el pretexto perfecto para justificar la falta de agua en el inodoro
Y no olvidemos que el orgullo es un pan quemado que huele a azufre
No hay padre, y no pesa como antes la ausencia
Las
Flores
Que mamá recogía las he dejado en su tumba para que crezca un caballo
Los días que aún faltan por escupir sólo traen ansiedad
(las noches que aún faltan por beber traen calma)
La cruz, el rezo, las polillas del libro de Lenin me miran sordos
Sobre esta corona cae la tarde y también tu recuerdo, no hay padre
Y esta melancolía azul se enciende como los pechos de Clara
¿A dónde has ido, por qué demoras tanto?
Clara debes apurarte, el silencio duele más cuando te llevas el amor en la cartera.



RÉQUIEM OBSOLETO

para Rosa Verenisse Arela Mamani


Cuando era niño creía que tus ojos eran puentes oscuros
... también paisajes eternos
Yo te pintaba de cuerpo entero en hojas silvestres,
Hermana,
Compañera,
Tus manos son una canción de ovejas preñadas
Ahora en ti
Solo cabe mi silencio cuando te digo que te quiero
Pero
Siempre
En
Shuuuu!



ARQUITECTURA NATURAL


Una puerta es una ventana
Una puerta de metal es una ventana de papel
Una ventana de papel es una puerta de madera
Un árbol es una puerta y una ventana
(un pasadizo oscuro donde guardamos los ojos).



POEMA PARA LA CASA


/ EJERCICIO N° 1

‌Si olvidas el retrato o la miscelánea hecho de colillas de cigarro. Si desatas las agujetas o el carmín que sostiene mi pena, dejarás una pregunta que oscila entre los frascos de aerosol y las almohadas que oxidaron sueños ajenos. De un silencio brotan caracoles desquiciados; exhuman los colores de la luna, oran y cantan sobre los tejados. Yo descubro las luces del último cielo que ciego de estrellas vuelve a herir mis brazos, corte tras corte desfigurando mis venas las puebla de heridas de donde solo brota mistura. ¿Dónde quedó mi sangre? ¿Por qué ya no posee el color de las tardes? ¿Por qué en cambio anida un reptil que blasfema tu nombre con la cola? Sé que las noches se han inventado para esconder el corazón en la huerta de los vecinos y cuando amanece siempre encuentras una flor en su lugar. Sé también que tú duermes boca abajo respirando los aullidos, los pasos, todo lo que la ciudad deja caer en tu blanco sueño. Es entonces que espejos de agua inundan todos los parques públicos donde la soledad es un árbol, una banca, un tacho de basura. El amor está donde menos lo piensas. Despojarse de la piel no siempre es desollarse, puede ser un ejercicio, por ejemplo: Cuatro niños poseen dieciséis extremidades. ¿Cuántos corazones hay en total?

Foto: Marco Zamora


CARLOS MENDOZA 
(Ayaviri - Puno,  1990)

Estudió psicología. Ha publicado los libros de poesía: Cuerpo enamorado, 2010; Canto pedestre, 2012; 15 poemas para acompañar la soledad, 2013; la plaquette Las llaves de la muerte, 2014; como homenaje a la madre, publicó Qué pasará mañana cuando te hayas ido, 2015; con el seudónimo de Matías Gris, publicó La máquina del azar, 2017; Hasta aquí ningún recuerdo será una fotografía vencida, 2018. Ha sido antologado en la muestra de poesía puneña editada por el Municipio de Puno en su formato Munilibros. Obtuvo la Primera Mención Honrosa en el VI Concurso Literario «El Búho», organizado por el semanario El Búho (Arequipa, 2014) con el libro Retrato de familia y otros poemas, también obtuvo el Primer Lugar en el Concurso Nacional de Poesía Homenaje por los 100 años de vida del poeta Nicanor Parra, organizado por la academia Cygnus (Lima, 2014) con el libro La danza de los alucinados. Ha sido finalista en el Premio Copé Internacional de Poesía Petroperú 2015 con el libro Desierto de ceniza. Fue finalista en el VII Concurso Literario El Búho (Arequipa, 2018). Poemas suyos han sido publicados en la revista de arte «La Hormiga», también en la revista mexicana electrónica de poesía Circulodepoesía.com. Actualmente dicta cursos de Plan Lector para instituciones particulares y estatales en la ciudad de Juliaca. Los poemas presentados en esta selección son inéditos.






martes, 30 de marzo de 2021

Yachaq Illa: «ALAS DE KANTUTA»


 

                                                                        GERANIO

Estás en todas partes
Incluso en la sonrisa de los presentes

En tus ojos nace el marianito
Y hacia ellos vuelve el alkamari

Mis párpados enamorados
Agradecen la manera de ser de tus faldas 

Eres tú la que me va a servir
Un vasito de fuego en las alturas


RETAMA

Cuánto quieren opacar y silenciar
El big bang de tus ojos

Si yo escucho como todos los colores 
Van rodeando tu locura

A media noche 
Cultivamos juntos el arcoíris


DIENTE DE LEÓN

Tú, que sostienes el cuello del oxígeno
Haces que todas las palabras sean tuyas
Y te abanicas en la primera gota de lluvia
Que es la misma que bebe de ti

Los poemas que han salido
A poblar el mundo
Han germinado en tu boca
Pero solo algunos van a incendiarse
En la oscuridad


RUDA

Llegas a la ceremonia de sonrisas
Y te sientas muy cerquita del fuego
Eres un naufragio que flamea alto

Somos buceadores de la suerte y el hechizo
Los eternos cantores del rebaño


ISPALLA

Tus lágrimas van a parar a los ríos
Llegas con los dedos granizos

Paso a paso recogemos nuestras chakanas
En esta vapuleada y enfermiza tarde

Ven, vamos a darle de comer a todo el mundo
Tu raíz será el ombligo 


KANTUTA

Eterno y para ti es este
Baile de nubes felinas
Ellas absorben la fragancia de tu vuelo

Sangra la nieve
Y si tú me miras no caerá
El rayo que dulcemente
Nos separa una vez más

Kantuta, engendra
Lo que produce el viento

Eres la única flor a la que la lluvia
Toca con sus propias manos

//

¿Quieres ir a acariciar a los pumas
En la laguna que los vio nacer?

En esta noche de luna
Con las manos de Yachaq Illa
Lo puedes hacer


Foto: Obra teatral «Alas de Kantuta» presentada en diciembre de 2019 en el Teatro Municipal de Puno por el Centro de Investigación Cultural - Teatro «Yachaq Illa».

miércoles, 17 de marzo de 2021

Luis Gallegos Arriola: «QORIWAY»

 



«¡Santusa trajo a este mundo un niño ciego!». La noticia corrió como un relámpago por toda la comunidad. Dicen que el Apu Allin Qhapaq cegó al niño con su resplandor —cuando este guerrero del Olimpo andino se vistió de gala para brillar igual que el Sol. Entonces, Santusa, madre del niño, habría mirado de frente al Apu cuando llevaba en sus entrañas a su hijo; y como castigo, el guerrero habría quitado los ojos al hijo de la madre atrevida.

Hay otra versión y es que, un día, Santusa dio a luz a un hijo varón con dos bellísimos ojos verdes. Al otro día, la madre habría llevado al hijo a la montaña majestuosa y los cóndores le arrancaron los ojos por mandato del guerrero Apu Allin Qhapaq.

Con estas sencillas leyendas explican los viejos de la comunidad de Machu-Kancha la ausencia de los ojos del pequeño Jerónimo. Y luego, más allá de la montaña del Atamari, y más acá del Kenamari —entre estas dos altas montañas—, Santusa enloqueció del susto y murió dejando un hijo ciego, sin luz en los ojos, para vivir en la noche eterna. Desde entonces, el pequeño Jerónimo creció entre los comuneros de Machu-Kancha, y comenzó a valerse de un bastón para guiarse por los caminos que se deslizan como cintas por las laderas de los cerros. Y dicen también que a la edad de once años, un comunero lo bajó de la montaña y lo dejó en Qawasani, junto con el ichu, a la vera del camino carretero que va de José Domingo Choquewanka a Macusani y se prolonga hasta San Gabán.

A propósito de esto último, hay que señalar que los hombres de la puna somos como el ichu, que sobrevivimos al reto del invierno, al mordisco de la helada, al garrote de la lluvia y al azote del rayo: «Donde crece el ichu, vive el hombre de la puna».

En el promontorio de Qawasani, dentro del territorio de la hacienda Ollanta, entre los pueblos de Tirapata y Asillo, mendiga un hombre ciego. Lleva un bastón gastado como guía. Su ropa de harapos es la de un quechua en desgracia. Cuando escucha el ruido de un carro que se aproxima, se incorpora, baja de su pedestal de Qawasani, luego avanza unos pasos hacia la carretera, se quita el sombrero —que hace muchos años fue de color marrón—, y estira la mano esquelética para que los viajeros, desde la caseta o los adrales de los camiones, le arrojen una moneda. «¡Qoriway!», «¡Qoriway!», exclama el ciego. Entonces, su cara se asemeja a los monolitos que tallaron en la piedra sus antepasados quechuas. El ciego mendigo se llama Jerónimo Atamari. Hace cuarenta años que es pordiosero, y a la fecha tiene cincuenta años. 

¡Viajero, que vas o vienes de Macusani, detente en Qawasani y arroja unas monedas a Jerónimo Atamari, ciego del camino!


Este cuento pertenece al libro: «Cuentos de Q'oñi K'ucho» de Luis Gallegos Arriola, editado el año 1984.


LUIS GALLEGOS ARRIOLA
(ILAVE, 1919 - PUNO, 2020)


Extraordinario y prolífico narrador, es uno de los más populares y conocidos escritores puneños, debido a sus cuentos cargados de sátira y humor. Sus narraciones reflejan los problemas y vivencias de los diversos pueblos altiplánicos, llevan consigo un excelso aire tragicómico y a la vez una profunda reflexión social.

Trabajó como profesor rural en los Núcleo Escolares Campesinos, estructuras educativas que consolidaron a las comunidades campesinas. Impulsó estudios antropológicos en el Instituto Indigenista Peruano y luego en el Proyecto Puno – Tambopata. Trabajó durante muchos años como periodista en el diario «Los Andes», decano de la prensa regional y ha publicado numerosos libros de cuentos y novelas cortas de corte histórico y erótico y además fue antologado en libros que recogen lo mejor del cuento peruano. Recientemente ha sido incorporado al Colegio de Antropólogos del Perú, por su trabajo narrativo y periodístico en este campo. El 10 de octubre del 2019 alcanzó la edad de 100 años, el secreto para ello es una vida destinada al amor: a su familia, a su obra y a su pueblo.


de Izq a Der: Luis Gallegos, Vane Santos, Jolu Barriga e Iván Dueñas



Foto (1): Eberhard Grossgastegeir

Foto (2): Uriel Montúfar

Blanca Wiethüchter: «LUMINAR»




Si tú te mueres primero amor
ay, si tú te mueres primero
si eso ocurriera ya no habría árbol que tocara el cielo
ni puerta que mirara al campo
y la calle se truncaría con el sólo andar de mis pies

Si yo muero primero amor es necesario dejar dicho
que fue el prodigio de tu presencia iluminada
tu abrazo, tu mano, tu pie de tranco largo
el germen, el enigma, de todas mis palabras
el más grande sortilegio que diera la aurora

Entonces, si por la gracia de la vida eres verbo
oh, dulce amor
si yo muero primero, ay, si yo muero primero
me hallarás encaramada sobre el más alto faro
atenta a las olas
                             regresar nuestra hoguera.



BLANCA WIETHÜCHTER

(La Paz, 1947 - Cochabamba, 2004)

Poeta, ensayista, crítica literaria y docente. Fue una de las más importantes escritoras y poetas bolivianas a lo largo de 40 años de obra literaria. «Liminar» fue publicado póstumamente, el año 2005, por las editoriales «El hombrecito sentado» y «Plural». 

Foto: Charlotte May

miércoles, 17 de febrero de 2021

BORIS ESPEZÚA: «El origen de la danza»





«La sangre es espíritu»
Friedrich Nietzsche


El espíritu es fuego. Alrededor del fuego se danzó por primera vez en un día lunar con los ojos sorprendidos de luz sobre las piedras, con el chasquido de los astros y las estrellas que iluminaron los fósiles del sonido. 

Las mariposas de la danza, tienen la memoria de los sueños, ellas invirtieron los sistemas de la naturaleza, para leer los ideogramas de las sombras y los saltos de los tigres negros.
Cuando esas sombras se atropellan en la vía láctea, también lo hacen las estrellas en otras constelaciones en un pedazo de tiempo que dura la luz de una danza.

Así el hombre encarnó el movimiento, como un estallido fulgurante de cosmos milagroso. Entonces la tierra danzó y nosotros que somos tierra, aire y fuego, que salimos del humus movimos el cuerpo al compás del universo, de la brisa convexa, del fuego adverso y del amor intenso. 
Dando vueltas a la sangre exaltada, ebria de pasión hasta desamornizar la razón y perder su peso en el aire con su calentura de saltos y la sal vibrante del barro, en ritos de coca a la fertilidad sagrada se la elevó.
El movimiento es sensación, la pulsión de vida es danzar, con lo que se une las modulaciones del cuerpo y las contorsiones de la mente.

Alrededor del espíritu se aquietaron las entretejeduras de los enigmas, lo sagrado fue el agua labrada para el inicio del movimiento. Truéquese luego en goce lunario, en goce oracular. Aquel ánimo se manifestó en todos y arrancó su chispa en algún tambor maravilloso que nos impulsó a danzar. ¿Ese fulgor convertido en sopor chorreando brillo, descifra el desconsuelo de nuestras sombras? ¿Dónde estuvo desterrada la espina de fuego, dejando su quemadura encostrada? (1)

Todas las respuestas las supo el danzante milenario que encarnó en la danza ser lakato, el gusano volador y salvador. En la danza el lakato pierde el ala de mariposa al filo del aire y su infancia precoz en la tierra encendida, también el cielo de su lengua y el ayer que no le pertenece.

El aire es posterior a su pensamiento, es anterior a su remordimiento. Quien danza es un lakato maduro que enloquece su lengua, con sus requiebres fónicos con su carácter plurívoco. Antes de ocultar su certidumbre, los pormenores del interior de la brisa que respira, la danza extiende su ajayu rebelde de ese condenado a iluminar hasta el delirio su orfandad pública, su hermandad, lealtad y felicidad. 
Y tiene que llorar tras esa apariencia horrísona y de misterio, llorar sin dejar de agradecer la alegría a nombre de todos que al danzar alejan la grandeza de las elevadas lluvias. 

El espíritu es fuego. Su emerger comienza en el vientre materno en una reminiscencia de aguas fetales que viene de hace tres millones de años y que se guarda en la matriz de la vida.
El espíritu de la danza está en la sangre tierna del infante que tiene en sus dos ojos a Dios con su gracia diminuta. 
Yo tengo en mis huesos dos tuétanos que tienen el agua iracunda donde rueda una luz con sus ojos cortados.
La danza fue el primer desborde emotivo. Iras, temores, resoplan y gorjean para ser luego un conjuro mágico que involucra la mímesis de uno y lo eleva al cielo con todas sus fuerzas misteriosas. (2)
Una llamarada de vértigo que rompe el dolor en la médula de los huesos, hace de la energía un torbellino surcando su festín, para dar paso al cuerpo con un mar de destellos en el pálpito de su infortunio, y saberse poderoso volátilmente.
Encendemos el paso triple y envolvente con el graznido del molar de la armonía, con su grito desenroscado de un caracol bajo el agua.

El equilibrio de la música es el áurea del cuerpo en movimiento, es el pulso gozoso del aire asumido. El cuerpo tiene su propia memoria, danza silencioso sin escuchar la música que ya está mimetizada con él.

El espíritu es fuego. En el altamar del ADN el inmarchitable embrión del fuego hizo una hoguera para que las olas alumbraran los sentidos y los ojos se inunden de magia.
Las partes del cuerpo al danzar están en escena coreografiando las pieles del espíritu para resistir nuestra sombra. 
Así se elevó la danza, hasta el milagro y el agua se mantuvo vibrante, trayendo la heredad en el lomo de la adrenalina, agarrotando los nervios en sus movimientos. (3)
La llama del danzar se prende cuando la facultad de maravillarse se torna herejía vital.
La máscaras facilita el desahogo. Gruñidos, bramidos, pitidos, saltan de todos los apéndices de los cuerpos.
Esos cuerpos curvan la cintura de los círculos en el aire desdoblando la exactitud del asombro vertebral, enrollando el ojo de agua, hirviendo y conservando en la gravedad su refugio. 
Siente la respiración, azotándose, siente el peso de la levedad elevándose con el retorno de las edades en su equilibrio. 

Contoneándose, retumbándose  .
El espíritu es fuego, es aire y es tierra. Un corazón flota para no caerse cuando se toca con el oído, con los latidos y los ojos que se subieron aguas arriba a desnudar el fuego y treparse a la voz del ángel. 
No tiene espíritu muerto lo que no viene del agua y del fuego. La punta de varias lluvias hace crepitar de frío los huesos que se mimetizan con los movimientos de la danza. 

La danza nace de un soplo, de las estrellas que hacen su galaxia en los ojos. Las palabras cantadas fundan con sus moléculas el aire danzante, son momento risueños, de estallado vacío y embrujo desquitado.
En todo movimiento hay dos fases: Elevación y descenso. Vapor de coca y alcohol. Al final el aire descansa en la lengua y el fuego en la respiración de su altura ondulada. 
Danzar es estar en consonancia con el cosmos, porque el cuerpo se mueve inconfesado y liberado axialmente al son del universo. 

El danzante es una aspa que se ondula, un signo de rotación, con su diapasón de ensueños que termina ensombreciendo a la luz.
El espíritu es fuego. desnudo arabesco frutecido de luz felina. 

(1) Santiago: Medito antes de apreciar la festividad al arribo a la ciudad de plata. La danza es un espectáculo teatral y ritual, un conjunto de seres vivos, movidos por ritmos semejantes a los que rigen las constelaciones estelares a las plantas. 

(2) Santiago: Cuando se danza, el hombre repite la formación de toda su especie, vuelven a nacer después de rehacerse desde el vientre de donde fue expulsado. El danzante es un ser dividido que intenta reconciliar sus partes en la danza, que une su paso, la dualidad, en el repicar de la herrumbre.

(3) Santiago: Hay una pulpa de incandescencia en el danzar, allí se funda y renace la historia, el lenguaje sensual en perpetua ósmosis.



Poema extraído del libro «Máscaras en el aire», del reconocido poeta puneño, Boris Espezúa, el cual está compuesto de poderosas e infinitas escenas, vistas desde muchos ángulos; en las que el lector muchas veces llega sin aliento al último párrafo, pero repleto de aromas y de experiencias sobre los componentes de esta gran fiesta que es la Candelaria. El libro se divide en cuatro secciones: «Entorno», donde se habla sobre el motivo de danzar, sobre la magia que contienen las máscaras y donde ya aparecen figuras tan reconocibles como: El kusillo, el achachi, el ayarachi, la chinadiabla, el karabotas, estos personajes alzan su voz al viento y afirman su paso por este mundo. Luego prosigue con «Festividad», donde el poeta habla sobre las costumbres que se dan en las albas, en las vísperas, las procesiones, los cacharparis. La tercera sección, se denomina: «Danzas autóctonas», donde se resaltan danzas ancestrales, como el awki puli, las tarkadas y pinquilladas y los sikuris, que tanto definen al hombre del ande. Finalmente se presenta la sección: «Danzas de luces», donde reconocemos danzas más modernas como: la morenada, la llamerada, la diablada, la saya, el kajelo y la infaltable pandilla puneña. El libro fue editado por el Gobierno Regional de Puno, el año 2014, y es una edición de lujo, donde también podemos observar fotografías de la fiesta por parte del artista visual, Guido Serruto - Roselló, y las acuarelas del maestro Moshó.





BORIS ESPEZÚA SALMÓN

Nació en Juli en 1960. Poeta y abogado. Es un escritor imprescindible en la promoción del ochenta de la poesía peruana. La calidad de su poesía le hizo merecedor del premio Copé de Oro en Poesía (2009), por su poemario «Gamaliel y el oráculo del agua» (2010). Anteriormente, editó los libros: «A través del ojo de un hueso» (1988), «Tránsito de amautas» (1990), «Alba del pez herido» (1998) y «Tiempo de cernícalo» (2002). En el 2014, presentó «Máscaras del aire. Candelaria fe y fuego», libro poético basado en la Fiesta de la Candelaria de Puno

Fotografía: Adonyi Gábor

viernes, 5 de febrero de 2021

DORIS ENCALADA: «Animal intenso»




041   

Trazo estas líneas de un pobre boceto interminable, plagio desvergonzadamente un gesto sensual, apagas las luces irritables, prendes unas más suaves para crear una atmósfera agradable, pero nuestras emociones roen hasta a los más viejos árboles, nuestras palabras violan hasta a la gravedad cero y caen cometas, asteroides, fragmentos de nuestros universos, arqueología de tu cuerpo salvaje, disección de mi cuerpo vestido, diálogo que se va ahogando hasta flotar muerto en esta habitación y el retumbo de un río crecido que, bajo la lluvia, trata de menguar nuestras más tristes nimiedades. 


047   

Por andar con esta piel enamorada, padecí la lluvia de un cielo poblado de invisibles cabras aladas piloteadas por almas solitarias, desgasté mis zapatos tras un sueño inflamado que pronto reventó como ampolla sobre mi almohada. Me fui quedando aplastada por mi propia piel enamorada, fue tan mayúscula toda mi negligencia que me perdí sin ganas de tejerme una nueva piel humana. Me quedé desabrigada, desnuda, cadavérica, deliciosa, lista para devorar a la muerte.


061  

En el jardín de su placenta dejó crecer sobre fértiles campos de sangre a una enlutada estrella. Habité durante nueve lunas menguantes en lo más profundo del universo de esa hembra preñada, me alimenté en su bar con cocteles de fresa, jugué con nuestro cordón umbilical hasta inmolarme llena de ferocidad hacia la luz. Más tarde di mis primeros pasos, después millones, trillones de pasos más hasta llegar al tiradero de los sentimentales desamparados. Desde entonces puedo decir que comprendo el lenguaje de los cerdos, el de los perros, el de las nubes, el de los mares profundos y el de todas las bestias vulnerables de la Tierra, y que algún día la muerte bella ha de devolverme, al fin, mi propia vida entera. 


062   

Yo bailo con la auténtica fricción de esta piel animal, exquisita y húmeda piel de barro, al son de un cardumen de notas que me atrapan hasta convertirme en río agitado, arrancando estrellas a mi paso. No hay más colmado amor que este, alistarme cada mañana para ser preñada, para ser parida, para justificar la rienda suelta del universo y alzarme al vuelo con toda mi consistencia humana. 


064  

No hay métrica ni medida que se me antoje, he muerto sabia y en piyama sobre mi cama, han asistido a este funeral poético solo las rosas estampadas de mi edredón. Sobre mi cuerpo ha nacido un paisaje de montañas, la luz del sol me ha santificado eludiendo todo proceso y juicio sagrado. He muerto retratada sobre un campo de sábanas abrazada a mi propio corazón. Acompañada por el ballet de una paloma sobre la calamina. Consagrada al dios que no es dios, sino diosa, y a la diosa que no es diosa, sino dios


Versos extraídos del emocionante poemario «Animal intenso», de la arequipeña Doris Encalada. Este libro fue premiado con el primer lugar, el año 2014, por el Semanario «El Búho», en su concurso de poesía. Posteriormente, fue publicado, por la autora, el año 2017, en formato fotográfico a través de Facebook. Hace poco, el 24 de enero de 2021, ella lo subió a la red para su descarga gratuita. 


DORIS ENCALADA ZEGARRA

(Arequipa, 1978)

Artista visual. Es profesora de dibujo y pintura; también es escenógrafa y directora de arte. En 2014 se hizo acreedora del primer lugar en el Concurso de Poesía del semanario «El Búho». 

ANIMAL INTENSO - POEMARIO COMPLETO (DESCARGAR)

Conversación sobre el poemario «Animal intenso», entre Willni Dávalos y la autora.


Fotografía: «Le pavot» by Sarah Moon (1997).

Sarah Moon

sábado, 12 de diciembre de 2020

ARTURO CORCUERA: «La jaula encantada y el gato volador»




Provocando el desconcierto de los músicos de la aldea, la jaula vacía se puso a cantar. Tantos años había dado hospedaje a un canario que ante la muerte del trovador decidió ocupar el puesto vacante.

Acostumbrada, como estaba, a los conciertos matutinos, no quiso aceptar la soledad de un repentino silencio. Canturreando mantenía vivo el recuerdo del maestro y cumplía también su preciado anhelo:

«Cuando muera —le había dicho el canario— quiero que ejerzas el oficio de juglar. De este modo me sentiré feliz donde quiera que me halle dormido: en el jardín bajo la tierra del rosal grande o, en el huerto, junto al cerezo».

Las armonías de la jaula eran tan perfectas que los expertos en canto, el gallo, la cigarra, el grillo, el sapo barítono (desaprobado en la Escuela de Música), el pájaro-pájaro (que nunca cesa de cantar), el pájaro-alas-de-noche (que solo canta a la sombra y cuando va a morir), y toda la gama de plumados canoros, realizaron un congreso para analizar el caso. No faltó nadie a la cita. Hasta la desorejada y áfona cigüeña llegó a curiosear; la melancólica y cándida cigüeña que, por carecer de voz, busca solitario albergue en los campanarios. 

Algunos opinaron que el fenómeno se debía al maleficio de un hechicero que odiaba a los metálicos pájaros cantores y su gozo consistía en ir convirtiéndolos en chatarra. Un ruiseñor erudito se empecinó en probar que los barrotes de la jaula habían sido forjados con cuerdas de violín y metal de campana, aleación de poderosos efectos acústicos, capaz de reproducir los arpegios después de fallecido el concertista. Algo semejante a lo que ocurre con ciertos espejos antiguos que continúan reproduciendo la imagen de su dueño mucho tiempo después de que este ha desaparecido.

Maese búho, patriarcal y solemne, sabihondo en materia de ultratumba, atribuyó los trinos a una mariposa amarilla que revoloteaba alrededor de la jaula, ánima errante del canario —según él— condenada a saltar y a silbar de jaula en jaula por toda una eternidad.

Día y Noche se sucedían las discusiones y, como todos cotorreaban al mismo tiempo, la reunión parecía, en el calor del debate, una olla de grillos.

«Siete garras», un vecino gato maullador que había sufrido la humillación de impedírsele la asistencia al evento, alentaba la sospecha de que la melodía no tenía otro origen pajarero que el de sus vulgares tripas silbadoras. No le cabía ninguna duda que su esqueleto (de gato) servía de flamante prisión, de última morada, al alado cantarín.

—Ya decía yo que los ratones no son amarillos, ni suelen llevar ese atuendo de plumas—, sacaba sus propias conclusiones el malhechor.

Una mañana mientras volvía fatigado de sus fechorías nocturnas, ebrio de alcohol y de la luna, sintió que su cuerpo ascendía vertiginosamente. Primero creyó que solo se trataba de una sensación en el lomo, igual al que produce el encuentro cara a cara, con un can enemigo. Pero luego tuvo la certeza de que volaba cautivo de una jaula, completito: con uñas y siete vidas, con bigotes y siete colas, su lengua de lija, convertida en una sedosa cinta dorada, caía deshilachándose en un reguero de trinos sobre la ciudad. Y sus fosforescentes ojos biliosos, desde los techos del amanecer, estallaban también en una ensordecedora lluvia de oro. 


Relato aparecido en el suplemento cultural del diario «La imagen», fechado el 13 de marzo de 1977.


ARTURO CORCUERA
(Salaverry, 1935 - Lima, 2017)

Reconocido poeta peruano. Estudió en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima; y en la Universidad de Madrid, entre 1964 y 1966. En 1972 representó al Perú en la Bienal de Poesía de Knokke, en Bélgica. En 1974 integró el jurado del concurso Casa de las Américas de Cuba. Ha dirigido también en Lima la revista de poesía Transparencia.

Su primer poemario, Cantoral, fue publicado en 1953. Su obra más conocida, Noé delirante, fue publicada originalmente en 1963 y se han realizado posteriormente once ediciones, algunas con ilustraciones de Tilsa Tsuchiya. En 1990, alcanzó una edición de cuarenta mil ejemplares, en el diario Página Libre. También destacan: Primavera triunfante (1963), Territorio libre (1965), Las sirenas y las estaciones (1967), Poesía de clase (1968), La gran jugada o Crónica deportiva que trata de Teófilo Cubillos y el Alianza Lima (1974), De los duendes y la Villa de Santa Inés (1977), Los amantes (1978) y, entre otros títulos, Puente de los suspiros (1982), Corea Monte de diamante (1984), Prosa de juglar (1992) y A bordo del arca (2006).

Ha recibido los premios: Premio Nacional de Poesía, en 1963; Premio internacional de poesía Atlántida, en 2002; Premio Internazionale di Trieste di Poesia, en 2003 y Premio Casa de las Américas 2006.


Pintura: «En roue libre», 2001, by Sarah Moon.

jueves, 29 de octubre de 2020

ALEJANDRO PERALTA: «Al filo del tránsito»





¿LOBO ESTÁS?

Voy a morir voy a morir me empuja
hacia la muerte el ardoroso viento
Llevadme de la mano aladas manos
a un refugio de hojas y de cielo

Abrí la boca y se encendió la tarde
Fuga por los ramajes del silencio
Aladas manos y rasantes nubes 
ante vosotros huye todo cielo

«Voy a morir» insiste el pecho herido
«No», «Tienes que vivir» cantan los niños
Patos y pececillos los escuchan

«¿Lobo estás? ¿Lobo estás?» «Muerte a los lobos»
Salta una voz del estridente cerro
Es mi voz enredada en la balumba 



ERGUIDO EN EL OTOÑO

Al sol oxíduo
escucho los pasos de la sombra
Seguro de tenerme en pie 
enfrento el carro de las horas

Me defiendo hombre triste
me refugio en mi profunda aurora
Nieve y viento me prepararon
para enfrentar el carro de las horas

Vivo el malabarismo de los días
¿Me harán caer hasta descalabrarme?

Dejadme que me entienda con la vida

Que no quiero
que se me imponga resignarme
Que no será aunque me déis por muerto



SOLO

Libro a medio leer
ventana abierta
peiódico del día
soledad de hoguera
Lápiz que se encabrita
letras palabras letras
saltamontes
ventana abierta
Horas de la tarde
receptor de radio
habladme
vosotros
que me miráis solo
sabéis que soy de luz y barro



MUCHACHA DE ORO PURO

Para Dachska

Una selva de acero
deshojarte en mis manos
muchacha de oro puro
y corazón alado

Esplendor dulce viento
azul alas flor campo
muchacha de oro puro
y corazón amando 

Férreo brazo de mar
sacudiste el umbral
de mis trágicos días

Desde mi patiecillo
mis pajaritos
le dan la bienvenida
a la muchacha de oro puro
que ha abierto
de par en par 
las puertas de la vida



BONUS


LIMINAR

    Alejandro Peralta ha dejado como exrpesión testamentaria de alta tensión un manojo de poemas, —que son los que contiene este libro», y, lo que suele ser raro en los poetas, el fondo económico para la publicación de las obras que tengan caracter puneñista o sean de autores puneños. Alejandro, cuya vida transcurrió silenciosamente, amarrada a quehaceres oficinescos, descuidando apararentemente su producción poética y literaria, voluntariamente aislado de contactos sociales, en cuanto alcanza su jubilación en la Caja de Depósitos y Consignaciones, inicia una nueva etapa de prodigiosa actividad. Publica dos libros: Poesía de entretiempo y Aire-Tierra, deja los poemas que figuran en este libro póstumo; y dándonos una sorpresa completa, se propone y logra, luego de desplegar una actividad crematística de hombre de empresa, el financiamiento de la obra de su gran hermano, Gamaliel Churata: Antología.

      Quien jamás había dado un paso para beneficio de sí mismo o para la circulación y venta de su propia obra, va de puerta en puerta como un buhonero, cargando varios tomos de la voluminosa Antología, asegura un buen número de suscritores, llegando a recaudar por ella una suma próxima a los veinte mil soles. No se queda con ella, la deposita en poder del Instituto Puneño de Cultura para que sirva de fondo editorial del mismo. Deja, además, en manos de la misma entidad, un apreciable número de volúmenes de la Antología, existiendo, también, la posibilidad de aumentar el caudal editorial, en cuanto se haga la liquidación de los volúmenes que fueron entregados a particulares y a libreros. 

    Esta inmensa actividad desplegada por Alejandro en estos últimos tres años, tiene un profundo significado: compensar el silencio e indiferencia con que Gamaliel fue recibido en Lima; hacer conocer, post mortem, la prodigiosa y sugerente obra de su hermano y dotar al Instituto Puneño de Cultura, del cual fuera Alejandro miembro fundador y secretario de Cultura, de un fondo que, si es hábil y cuerdamente manejado, permita la publicación posterior de tantas obras valiosas de puneños y puneñistas, necesarísimas para levantar el tono de tan importante departamento del Perú.

    Los poemas de este libro, depurados de todo artificio, parecen haber sido escritos en trance de muerte. Aparece en ellos, realzada y universalizada con extraños relieves, la propia vida del poeta, huérfana de atisnos publicitarios. Cada paso suyo, cada acción suya, todo lo que lo rodea, lejos de ser partícula de temática personal, adquiere latitud universal. El poeta está penetrado de una grandiosa e irreprimible responsabilidad ecuménica del hombre. Algunos de estos pomas, que fueron leídos por el autor, espontánea y premonitoriamente, en ambiente confidencial, al autor de esta líneas, nos invitan a descubrir el otro lado del tejido, mirando y superponiendo las imágenes borrosas del pasado y las que nos ofrece, inciertas, el porvenir. Es un bellísimo libro de recuento y profecía, donde el amor y la muerte se dan la mano. 

Ernesto More
 

Poemas extraídos del libro «Al filo del tránsito» (Ediciones Instituto Puneño de Cultura, Lima 1974)


ALEJANDRO PERALTA
(Puno 1899 - Lima 1973)

Integró el grupo Orkopata, que organizara su hermano Arturo y que reunió a diversos poetas del sur del Perú, en su mayor parte radicados o nativos de Puno, cuyo tema insistente era el hombre indio y la tierra andina, llegando, además, a ser el mejor exponente del vanguardismo y el rupturismo de todos ellos. Bajo pseudónimo colaboró en la revista literaria La Tea (1917) y junto con su hermano editó el Boletín Titikaka (1926-1929).

Llegó a jubilarse de su función pública y continuó su labor creadora, publicando, tras largo silencio poético, sendos poemarios en 1968 y 1971. Fatalmente, en 1973 murió a consecuencia de un accidente de tránsito.

Libros: 

  • Ande (1926)
  • El Kollao (1934)
  • Poesía de entretiempo (1968) Premio Nacional de Fomento a la Cultura en 1969.
  • Tierra-aire (1971)
  • Al filo del tránsito (póstumo, 1974)

Foto: Josh Hild

martes, 13 de octubre de 2020

ROY VEGA JÁCOME: «El fuego era un cachorro somnoliento»





POIESIS


      ¿qué mayor sabiduría que la de saberse incierto?
       lo incierto es lo que contemplo
lo que huelo en el estigma del acero y el invierno.
      es un descenso a través del lago rojo,
un cauteloso distanciamiento de las líbelulas y el fuego.
      lo incierto es el agua en un recipiento quebrado,
es una esfera que se consume en el granizo:
eres la sabiduría disfrazada del ocaso.
       noche sin noche grises,
eres la carga de un trueno silente 
yendo hacia los pozos de hedor y perfumes violeta.
       un único llamado emerge de las vastas olas,
un único nombre sin voz ni verdor,
una cadena de eslabones desconocidos.
       la coraza se sumerge en la sangre y grita,
un conjunto de rayos bajo el eclipse 
propaga clamores y náuseas de mármol:
que las palabras no rompan el cántaro que las contienes,
que el cántaro se junte con el cántaro mismo.



19


los espectros bailaron en nuestra esquina
yo no oí tal relato pero lo recuerdo 
los frailes flotando en el sendero de piedras
y a lo lejos la gran puerta blanca
eran fantasmas ebrios de tela
tal vez sastres tal vez jornaleros 
iban al huerto a castrar animales
olfateaban el adobe pulposo
cincelaban el charco forestal
pila bautismal ¿mezclaste tú las edades?
cómo la fiesta nos regurgita del tiempo


del poemario «Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera», 
(Dedo Crítico Editores, Lima, 2014)




poema en el que la muerte emana 
un intenso aroma a lodo 


                           la muerte se descubre en las cavernas, 
en esto que llamamos hogar. 
aquí reposan sus gérmenes tibios, sus tentáculos, 
su dulce manera de aparecer en los rincones grises. 
                                 adopta diversos nombres, 
domestica las chispas del fuego que nos ilumina y nos observa, 
abre surcos en el pasado, 
envuelve nuestros alimentos con su hálito burbujeante. 
                                            he oído decir 
que es la verdad más poderosa, 
que debe ser venerada y temida, 
que gracias a ella disponemos de un refugio 
construido sobre huesos devorados por la tierra. 
                                  algunas noches los hombres más viejos 
suelen colocar cráneos vacíos alrededor de las hogueras. 
entre murmullos, dicen que las estrellas han cambiado de rostro 
y por ello debemos entregarles un presente 
que mantenga el equilibrio del encierro. 
                                   ellos la conocen mejor que nadie: 
varias veces han husmeado sus puertas, 
preguntándose cuándo llegará el día en el que compartirán 
la quietud de los barrancos. 
                                   ella está aquí en este momento, a mi lado, 
mientras abro el estómago de una oruga 
y unto mis dedos con su sangre. 
                                   ella sabe que intento colorear sus mejillas, 
que pronto dibujaré sus formas en este muro, 
tratando de hallar un respiro que nos separe 
o nos vuelva a juntar cuando las hogueras 
dejen de observarnos con sus ojos de lince

(A Helen Garnica Brocos)



hoy se acaba el mes 
y has querido disfrazarte de espiga 
(un sueño) 

the sound of the flesh. 

                                  vestida como la más adulta del corral, 
abriste el suelo de engranajes. 
                                   densa como la más perfecta vocación, 
corregiste el viraje de los vientos. 
                                     los arbustos dejaron sus sotanas 
para reunirse con el caos de tu venida. 
                                          la dislocación de tus manos 
pretendiendo abrazar la temeridad del fuego. 
                                                        falsa temeridad: 
el fuego era un cachorro somnoliento.
                                             el agua andaba de rodillas 
en su barcaza de hojas tiernas. 
                                  llegaste como una diosa irreconciliable 
frente a las complejidades divinas. 
                                  diosa despojada de letras mayúsculas 
que la pudieran preservar del sonido de la carne. 
                                  eras invisible para los cautos y los siniestros. 
ellos no te pudieron arrebatar de mi lado. 
                                  mi tablero de ajedrez era el tuyo. 
solo tú comprendiste que las tildes eran necesarias 
en los paisajes devastados.


del poemario «Muestra de arte disecado», Premio Copé de Plata 2015, Ediciones Copé, 2015



antielegía a césar moro

porque eres un reloj sin manecillas
un bello loto sobre el pantano

PIEDAD BONNETT


la vida escandalosa de césar moro
fue tan escandalosa como la vida monástica de los
                                                              [moribundos lectores de poesía.
el amó con un amor sin género posible.
él amó a la vía láctea y a sus fluidos.                                                  
 él amó las escorias impuestas a su cuerpo,                                         
                                                  [a su idioma, a su deseo.
es indudable que llevó una vida escandalosa y desangrada
entre los pasadizos de su memoria de hilos dorados.
indudablemente bebió también de la enfermedad mental
                                                                             [más perniciosa 
y optó por limarse las uñas, sometido a una dulce espera
                                        [en la que decidió mutar de nombre
y dibujar las cartas que habrían de convertirse en su
                                                                  [temprana radiografía.
deberíamos leer tan solo una línea de su poética,
aspirarla y devorar sus bordes, como las bestias
                                                    [de la noche que nacen a sorbos
y buscan en el pentagrama hilado por las estrellas
un símbolo que los acerque al manantial soñado.
deberíamos llevar vidas escandalosas para nosotros 
                                                                                                  [mismos,
sin autofotos ni ropas coloridas que invaden nuestra
                                                          [cada vez más perfecta soledad.
bien valdría la pena extraviarse en ese bosque de palabras.



del poemario: «Etapas del espíritu / runas grabadas en la piel», Primer premio del X concurso «El poeta joven» Época II, 2017



ROY ALFONSO VEGA JÁCOME 
(Lima, 1988) 

Egresado de Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su poemario "Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera" (Lima, Dedo Crítico, 2014) obtuvo una mención honrosa en el VII Concurso Nacional de Poesía José Watanabe Varas 2011, de la Asociación Peruano Japonesa. En el 2015, se hizo merecedor del Premio Copé de Plata de la XVII Bienal de Poesía de Petroperú por su poemario "Muestra de arte disecado" (Lima, Ediciones Copé, 2016). En el 2017, su libro "Etapas del espíritu / Runas grabadas en la piel" (Trujillo, Cuadernos Trimestrales de Poesía) resultó ganador del X Concurso El Poeta Joven del Perú, mítico galardón que no se entregaba desde 1999. Textos suyos han aparecido en las antologías peruanas "Recitales 'Ese puerto existe'. Muestra poética" (2011), "Poesía al filo del sol. Antología más allá de la mirada" y "Amor libre" (ambas de 2019), así como en la española "Versos en el aire V" (2016). Asimismo, ha sido publicado en las siguientes revistas y páginas web: Lucerna, Ínsula Barataria, Vallejo & Co., Dosis Cultural, Punto y Coma, Ángeles de Papel, Molok, Escrito en Mayúscula, Nuveliel y Verboser (todas de Perú), Liberoamérica (España), Bitácora de Vuelos, Editorial Búho Negro, Ibídem, Nudo Gordiano, Revista Primera Página y Katábasis (todas de México), La Poesía Alcanza (Argentina) y Álastor (Nicaragua).

Fotografía: Keenan Constance