domingo, 31 de mayo de 2015

PAN Y VINO - Friedrich Hölderlin





A Heinze



1

La ciudad reposa en torno; la calle, con luz, se aquieta
y con antorchas ornados se deslizan los carruajes.
Saciados vuelven los hombres al reposo en sus moradas,
sopesa algún pensativo la pérdida y la ganancia
satisfecho en el hogar; ya sin vides y sin flores
descansa en sus tareas el afanoso mercado,
de cuerdas, lejana música se oye desde los jardines,
¿son los sones de un amante o recuerda un solitario
a los perdidos amigos y la juventud ya ida?
Sobre sus lechos fragantes brotan frescos manantiales,
en el aire de la tarde suaves tañen las campanas,
atento al curso del tiempo un sereno da la hora.
La suave brisa reciente las copas del soto agita.
¡Mirad! La sombra de nuestro planeta, la hermosa luna,
viene también en secreto; la soñadora, la noche,
llega grávida de estrellas sin cuidarse de nosotros,
brillando, la sorprendida, entre el hombre forastera,
con tristeza y esplendor sobre la altura del monte.


2

Maravillosa es la gracia de la sublime, y no existe
quien conozca cuándo y qué por su causa le acontece.
Así mueve el mundo y el alma esperanzada del hombre.
Ni siquiera el sabio entiende sus designios, pues que así
lo dispone el dios supremo que a ti, Heinze, te ama tanto,
así, el día pensativo, cual la noche, te es preciado.
A veces ama la sombra la vista clarividente
y, antes que sea preciso, busca los goces del sueño,
o un hombre que es devoto mira la plácida noche.
Sí, oportuno es dedicarle dulces coronas y canto,
pues sacra es para los muertos y para los errabundos
aunque eterna permanezca dentro del más libre espíritu.
Mas, para que en la tiniebla un asidero tengamos,
deberá ella concedernos, al momento de la duda,
la dádiva del olvido y la inspiración divina,
darnos al ardiente palabra, cual los amantes insomne,
una copa rebosante y una vida más osada
y también sacra memoria para velar la noche.


3

Ocultamos vanamente el corazón en el pecho;
en vano, maestros y alumnos, el ánimo controlamos,
pues, ¿quién nos impedirá o prohibirá el contento?
Partamos; un fuego sacro noche y día nos impulsa.
¡Ven, pues! Miremos lo abierto, indaguemos algo propio,
no importa su lejanía, por los confines del mundo.
Algo permanece estable: se trate del mediodía
o sea la medianoche, hay un cannon compartido
y a cada cual se le asigna su medida peculiar;
hacia ella se llega y de ella se vuelve hasta lo posible.
Que se burle de la burla un extravío dichoso.
Cuando en la noche sagrada sobrevenga a los poetas.
¡Ven hasta el Itsmo!, allá, donde ruge el mar abierto,
cabe el Parnaso y rodeado por délficas rocas níveas,
en las tierras del Olimpo, del Citerón en las cumbres,
allí bajo los pinares, bajo los dulces viñedos,
donde el Tebas y el Ismeno cruzan la tierra de cadmo,
de allí viene y hacia allí señala el dios venidero.


4

¡Grecia bienaventurada! ¡Hogar de todos los dioses!
¿Es cierto lo que una vez, cuando jóvenes, oímos?
¡Gozoso aposento! El mar, cual suelo; los montes, mesas;
antaño fuiste erigida para un único destino.
Pero, ¿dónde están los tronos, los templos? ¿dónde los vasos?
¿dónde, colmados de néctar, para los dioses y el canto?
¿dónde alumbran los oráculos que descrifran lo remoto?
¿dónde resuena, si Delfos dormita, la voz del rápido
destino? ¿dónde, jocundo, irrumpe sobre los ojos,
pleno de lo omnipresente y tronado del aire?
"¡Padre Eter!" era el clamor volando de boca en boca:
sin fin. No existe quien haya sufrido la vida solo;
dulce es tal bien compartido y, trocado con extraños,
cambia en júbilo. La ardiente palabra despierta en sueños:
resonando: "¡Padre! ¡alegre!" cual emblema milenario,
es la herencia de los padres: signo creador y certero.
Así vuelven los divinos: desde la sombra de su día
adviene profundamente emotivo entre los hombres.


5

Advienen en el comienzo sin que les reconozca,
y los hijos les porfían, con su luz ciega, la dicha,
y el hombre de ellos recela. Apenas un semidiós
nombrar a aquellos podría que con dones se le acercan.
El ánimo de los dioses vasto es; el pecho del hombre
insuflan con alegrías, bienes que usar sabe apenas;
necio y dadivoso, crea, dilapida y, cuando toca
con mano bendita, casi trueca en santo lo profano.
Los divinos lo toleran; mas, luego, ellos mismos llegan,
reales, y toma el hombre el hábito de la dicha,
y el del día y del mirar a los dioses manifiestos,
al rostro de los nombrados, largo tiempo, Uno y Todo,
que insuflan el hondo pecho mudo con libre abundancia
y aplacan, antes de nada, los inexhaustos deseos.
Así es el hombre. Recibe suerte, y cuando un dios lo atiende
con sus obras no le ve ni podría conocerlo.
Mas si debió sufrir antes, nomina lo que más ama,
y será en ese momento, tan solo en ese momento,
que palabras como flores brotarán para nombrarlo.


6

A los bienaventurados piensa honrar con devoción,
sí, todo debe anunciar ciertamente su alabanza,
no surja nada a la luz que no agrade a los divinos;
nada vaya al Padre Eter intentando con fatigas.
A fin de estar dignamente en presencia de los dioses,
entre sí van ordenándose gloriosamente los pueblos
para construir ciudades y templos de maravilla
alzados en las riberas de los mares y los ríos.
¿Dónde están? ¿dónde florecen las villas más renombradas,
las coronas de la fiesta? Mustia está Tebas, y Atenas.
¿No se escuchan ya los ruidos de las armas en Olimpia?
¿tampoco el de las doradas carrozas para el combate?
¿Y no se coronan ya los bajeles de Corinto?
¿Por qué enmudecen los viejos anfiteatros sagrados?
¿por qué no alegran las danzas de rituales ofrecidos?
¿por qué no signa un divino la frente del favorito,
cual una vez, señalando como antaño al elegido?
O compareció en persona, tomando humana figura,
culminando con consuelo la fiesta de los celestes.


7

¡Tarde llegamos, amigo! Por cierto, los dioses viven,
pero arriba, en otro mundo, por sobre nuestras cabezas.
Sin descanso ahí trabajan y de nosotros parecen
no cuidar; pero vivimos, tanto es lo que nos protegen.
No podría un frágil vaso a menudo contenerlos,
solo a veces tan divina plenitud resiste el hombre.
La vida es un sueño de ellos. Pero el estravío ayuda
cual sueño, y nos fortalecen la necesidad, la noche,
hasta que en cunas de bronce crezcan héroes bastantes
surgiendo con corazones fuertes cual de los celestes.
Descenderán entre truenos. Mientras estoy a su espera,
mejor me parece el sueño que vivir sin compañero;
al persistir indolente no sé qué hacer o decir
luego, ¿para qué poetas en un tiempo de penuria?
Son, dices, cual oficiantes sagrados del dios del vino,
errando por las comarcas bajo la noche sagrada.


8

Pero cuando en un momento, que creemos ya remoto,
ascendieron a la altura los que la vida alegraban,
y el Padre de los humanos su rostro apartó divino,
y se inició con razón el duelo sobre la tierra,
y adivinó apacible genio, celestial consolador,
que anunció el fin de aquél día, desvaneciéndose luego.
Dejó aquel coro celeste determinadas ofrendas
cual signo de su presencia y retorno venidero,
que como antaño nos causan un humano regocijo,
pues la dicha en el espíritu insoportable sería 
para el hombre: héroes no hay que soporten tales goces,
sin embargo, en la quietud vive un reconocimiento.
El pan fruto es de la tierra y es bendito por la luz,
y del tonante proviene el regocijo del vino.
Pues que nos recuerdan ambos a los celestes venidos 
antaño, y que volverán cuando sea el tiempo justo,
con devoción los poetas al dios del vino le cantan
y loas que oye el anciano no pensadas en vano.


9

¡Dícese, pues, que el anciano reconcilía día y noche!,
que a las estrellas del cielo eternamente dirige,
siempre alegre, cual follaje del verde pino que ama,
o cual Corona de yedra que eligió, porque Dionisos
permanece, y el vestigio trae dioses idos 
a quienes, faltos de dioses, yacen bajo las tinieblas.
Mira lo que el canto antiguo vaticina de los hijos 
de dios, Heinze, somos nosotros: el fruto de las Hespérides,
maravilloso y exacto, que maduró entre los hombres.
¡Afírmelo quien lo vio! Bastantes cosas suceden, 
pero pocas dejan huella; sin corazón, sombra somos
hasta que, reconociendo a cada uno, el Padre Eter
sea de todos. En tanto, llega quien porta la antorcha 
el sirio, hijo del altísimo, a las tinieblas bajando.
Lo ven los sabios dichosos: sonreír ilumina
al ánima prisionera y, al hombre que la guarece,
al resplandor de la luz le abre súbito los ojos.
Cuán plácido sueña y duerme el Titán sobre la Tierra
e, incluso, el envidioso Cancerbero, bebe y duerme. 




Versión de David Sobrevilla y Ricardo Silva-Santisteban
(Dedicada a Gred Ibscher)

Separata de la revista «Oráculo» - N° 1, julio de 1980

viernes, 8 de mayo de 2015

CONVERSACIÓN DE MAO CON WANG HAI-JUNG, SU NIETA


Me sorprendió bastante hallar en medio de un maremágnum de poemas esta conversación que viene a refrescar un poco la memoria de todo eso que se ha dado en llamar «maoísmo» y que nuestro país se ha visto tergiversado de múltiples maneras. Ahora que han pasado casi 40 años de este intercambio de ideas entre abuelo y nieta, es necesario hacer un balance de lo que realmente llamamos una educación progresista, democracia participativa, conceptos en auge pero que son muy poco desglosados por nuestros profesionales de la educación.




Wang:
La lucha de clases se ha agravado en nuestra escuela; palabras reaccionarias han aparecido escritas en inglés en nuestro pizarrón.
Mao: ¿Qué palabras reaccionarias?
Wang: Yo no conozco más que una: "Viva Tchang".
Mao: ¿Y qué otras?
Wang: Solo conozco esa.
Mao: Bien, dejémoslo. Déjalos que las escriban y que todo el mundo las lea. ¿Eso no mata a nadie, no?
Wang: Yo no digo que mate o no. Pero si se descubre al autor, será necesario enviarlo a la "reeducación por el trabajo".
Mao: Mientras que no mate a nadie, no se tiene derecho a excluirlo ni de mandarlo a la reeducación por el trabajo. Que se quede en el Instituto y prosiga sus estudios. Ustedes pueden reunir una asamblea y preguntarle por qué Tchang es alguien de bien, qué hace de bueno. Así podrían discutir sobre por qué Tchang no es alguien de bien. ¿Cuántos son ustedes en el Instituto?
Wang: Más de tres mil, comprendiendo el personal docente y administrativo.
Mao: No estaría mal del todo, si entre tres mil que son, hay siete u ocho partidarios de Tchang Kai Chek.
Wang: Siete u ocho, ¡qué horror!
Mao: Bueno, tu eres cómica. Basta que leas una palabra reaccionaria para perder la cabeza. Lo esencial es que no maten a nadie, y además se les puede utilizar para enseñar los ejemplos negativos.

(Más adelante)

Wang: En mi clase hay uno que es un hijo de un cuadro; no se defiende bien en los cursos, no escucha con atención, no estudia después del curso y se contenta con leer novelas y a veces se duerme en las clases. Lo sábados a mediodía, cuando hay reunión, a menudo no viene y el domingo no regresa en hora. Incluso, cuando nuestra clase o los miembros de la Liga de la Juventud tienen una asamblea en domingo, él no viene. Nuestro juicio sobre él está hecho.
Mao: ¿Vuestros profesores os permiten dormir o leer novelas durante las clases?
Wang: No, no lo permiten.
Mao: Es necesario autorizar a los estudiantes para que lean novelas o duerman durante los cursos, hay que ocuparse de su salud. Que los profesores hagan menos conferencias y dejen leer libremente a los estudiantes. Ese muchacho de que hablas creo que será un hombre de bien, pues se atreve a no participar en las reuniones del sábado y no volver a la escuela el domingo. Cuando vuelvas, dile que si vuelve a las ocho o a las nueve es aún demasiado temprano, que vuelva tranquilamente a las doce. ¿Quién los obliga a tener reuniones los domingos?
Wang: En la escuela Normal no era así, los domingos eran libres, pero aquí tenemos toda la tarde del domingo para asambleas.
Mao: Cuando vuelvas, tienes que ser la primera en rebelarte, no vas a las reuniones.
Wang: No me atrevería, está bien especificado en el reglamento del Instituto, es necesario regresar el domingo de cualquier manera. Si no lo otros dirán que no respeto el reglamento.
Mao: ¿Y qué hay? No vas, y declaras simplemente: "Yo no respeto el reglamento de la escuela".
Wang: No puedo hacer eso, sería demasiado criticada.
Mao: Yo creo que tú no llegarás a ser gran cosa, tienes miedo de que se te acuse de violar el reglamento y de ser criticada, por lo que tienes también miedo de que te reprendan y te expulsen, y quizá también de que no te acepten en el Partido-. Y bien, es necesario que la escuela dé a los estudiantes el permiso de rebelarse, y tú debes ser la primera.
Wang: Me acusarán de no tener educación ni disciplina, y dirán, miren la nieta del Presidente, no escucha sus palabras y viola el reglamento.
Mao: Y bien, tú tienes miedo de todo. Tú debes decirle que tú has escuchado las palabras del Presidente, y justamente por eso es que tú te rebelas. Creo que ese estudiante del que me hablas será en el futuro alguien mejor que tú, él ha osado resistir el reglamento. Ustedes, me parece, están todos un poco imbuidos de metafísica. 


Texto aparecido en la revista «Hipócrita lector» n° 6 - Lima, diciembre de 1976

martes, 18 de noviembre de 2014

HATUN ÑAKAJ, festival del lago




Ha pasado más de un mes del gran cierre de fiesta del 1er Festival de Arte «Hatun Ñakaj», en el que se «anudó» parte del centro histórico de Puno con trozos de telas coloridas, en una performance sumamente telúrica creada por el artista limeño Pancho Bazurco que busca la confraternidad de reconocernos en todo aquello que amamos. La resaca de todo eso es una émpatica toma de conciencia sobre la necesidad de generar este tipo de plataformas donde lanzar la esencia de cada mensaje artístico hacia la población puneña tan falta de este tipo de recursos culturales.

La actividad se desarrolló los días 10 y 11 de octubre en el pasaje Grau, quien no conozca Puno, que sepa que se trata de una de las zonas más emblemáticas de la Ciudad del Lago. Todo surgió de la tentativa de hacerlo en plena calle para buscar la participación del ciudadano de a pie, bajo la premisa de que el artista tiene que comunicarse con el pueblo, ya que si no lo hace, su mensaje se marchita y acaba pereciendo; y también porque es normal en Puno que a las actividades ligadas a la cultura acudan por lo general las mismas personas, conformándose así un molesto y nada productivo círculo vicioso. 

Todo esto se generó tras una pesadísima campaña electoral en la que ningún candidato enarboló la bandera de la apuesta cultural, que sabemos que es un pilar básico para forjar una sociedad con criterio y que no sufra de los males endémicos de estos últimos años en el país, como son: la improvisación, el peculado, la falta de planificación a largo plazo y los altos niveles de corrupción en las áreas estatales y privadas.

El nombre del evento brota desde las milenarias representaciones pétreas de la exultante cultura Pukara; Hatun Ñakak quiere decir «El gran degollador». Se trata de un monolito de piedra, esculpido con una pasión que ciertanemente aún nos es desconocida, en él se puede observar una figura humana que sujeta un hacha en una mano y en la otra una cabeza decapitada. «Decapitando la incultura para que pienses con cabeza propia» fue el lema que retumbó el altiplano. El festival nació con el inalterable propósito de revalorar una identidad escamoteada por siglos de confrontación y malos lineamientos, traer a la palestra actual una forma de pensar que no se ha analizado con nuestras propias herramientas, sino con las de Occidente, con la consiguiente deformación de los conceptos ligados a lo terrígeno y a la preservación de la vida.

Los artistas invitados entre nacionales e internacionales tuvieron la enorme amabilidad de presentar sus trabajos en la Capital del Folklore incluso viajando con dinero de su propio bolsillo. Tras varios meses de convocatoria, se configuró un cronograma variopinto, donde tuvieron cabida varias categorías artísticas: Fotografía, teatro, música en vivo, poesía, pintura, trabajo en material reutilizable, dibujo, etc.; el resultado de ese gran despliegue fue: Niños dibujando flores con tizas en la dura piedra de los andes, fotografías que supieron transmitir el vértigo de los lugares más espirituales del departamento de Puno, performances artísticas que llamaban a la conciencia sobre el calientamiento climático, conciertos de cuencos de cristal, recitales de poesía, presentaciones de libros, improvisación teatral, pagos a la tierra, y el fin de fiesta con un proyecto que rueda por todo el Perú, el ya nombrado «Anudando la tierra». También hubo mesas de debate sobre el manejo de las leyes en el ámbito de la cultura, se conmemoró los 50 años del grupo «Carlos Oquendo de Amat». Una vez finalizado todo, la música se hizo ama y señora de la noche; las conocidos colores sonoros de los sikuris deleitaron a la población que participó activamente y quedó gratamente conmovida por este suceso.

El equipo que organizó el festival, antes de que se inicien las actividades, dio una rueda de prensa donde sostuvo su intención de institucionalizar esta actividad y generar muchos más espacios para que todo ese esfuerzo llegue verdaderamente a cambiar mentalidades enquistadas, y que el sentir de todo un pueblo se impregne de estos nuevos aires a través de una buena gestión cultural de los políticos entrantes. Finalmente, agregaron que su deseo es que Puno sea parte del circuito de festivales que se dan a lo largo y ancho del país, que no se quede excluído de este panorama, y que en el futuro sea sede de un diverso intercambio intelectual entre ciudades, promoviendo un creativo y fresco flujo de ideas. 

Entonces queda claro que Puno goza de salud artística, que tiene un festival que respalde el talento de sus ciudadanos. Como muestra está la mirada antropológica de sus fotógrafos, esa inacabable búsqueda de la luz lacustre por sus pintores y los nobles artificios pirotécnicos de sus poetas. Aún seguimos danzando en nuestras mentes esa noche hasta despertar en la segunda edición del Hatun Ñakaj.

Si quieren ver las fotos y todo lo que pasó en el festival, ingresen a la página de Facebook tecleando «Hatun Ñakaj», o dándole clic aquí:

martes, 4 de noviembre de 2014

xii) APACHETA

 

     (Ganyar de los Ganyares) hacer el amor en el eco de los poemas encajonados ● oscurecer nuestra carne insatisfecha en esta piedra rebosante ● eyacular un ocaso que se compare al pulso onírico del fuego ● allá abajo se pudren dentro de sí las estrellas madrastras ●allá adentro babea la negrura que amparó mi vigilia ● allá arriba la ceniza errante de nubes agusanadas me nutre las uñas ● una vez más desmantelo mi sangre en los pabellones castigados y celestes ● que cambie qué si todo está tras una capa de leyes putrefactas ● si yo lo que quiero es besar la noche de tu muerte con mi sexo ● que cambie qué si yo reasigno el último vaho del día y cosecho la nada infecunda de los que se fueron sin nombre ● exhumo mi existencia y me marcho de esta aparición como un pez obnubilado (Empatías Cinerarias)


de «fuego | FATUO»

miércoles, 3 de septiembre de 2014

MUERTE



Pobres luces apasionadas,
danzando en un mundo petrificado:
un destello maniquí, 
un orgasmo delator.

Detengo la vida por error 
y en sus manos
la nada más expresiva 
me anuncia una colección 
de júbilos amordazados.

El mutismo lleva en la coronilla
una sola muerte tremenda.



de Desluz


Foto: Brooke Shaden

jueves, 28 de agosto de 2014

ROCÍO



Resplandece
mi oscuro canto,
chasqueo el sol
con manos jubilosos.

Froto lo humano 
y lo humano
en cuatro hemisferios blancos,
paralelos a la turbidez 
de un rocío anciano.

de Desluz

Foto: Isaac Cordal

jueves, 21 de agosto de 2014

Maja desnudándose




Tus piernas son las calles que recorro a gritos
buscando la lúbrica pinacoteca del instante;
este albor hace todo más palmario:

dentro

tu nombre es tierra fértil en la nada
y un animal radiante se traga mi sombra

tu canto exprime todos los silencios
y solo tras el silencio respira mi lámpara

tu brillo domestica todos mis días
y una sola piedra es un jardín de mundos.

Mis huesos reconducen el
sueño bautizado en voz de vulva:
este aroma hace todo más disímil;

más adentro

colocamos nuestro pincel
en su perpetuo círculo

redactamos juntos los colores
en el lienzo sudoroso que nos contiene.


de Atardesear
(2007)


Foto: Laura Makabresku

lunes, 18 de agosto de 2014

ABISMO

  


Las hienas del malestar están
oliéndome con menos fuerza
porque estoy bebiendo 
continuamente
de la tierra mojada 
                                         
Repleto de llaves 
y encantos.

Las aves que circulan 
el abismo iluminado
se saben aplastadas
por mis alas.

de Desluz

viernes, 16 de mayo de 2014

dos poemas: Luzgardo Medina Egoavil





Siempre he sentido una profunda admiración por los versos de Luzgardo, desde niño. Mi abuelo tenía algunos de sus poemarios, solía recibirlos por correo, todos ellos con una dedicatoria lírica; en uno incluso había una pequeña nota pegada donde narraba los pormenores de la reedición de Contra los malos presagios. En algún pasaje de ese breve manuscrito había un recuerdo para Ernesto More al vincularlo a la terquedad de publicar pese a los tiempos en que se vivía en ese entonces, y que seguramente son los mismos que se viven ahora. A los ocho años (la edad en la que conocí su obra) me era difícil leerlo, lo intenté más de una vez, me hacia acudir al diccionario cada nada, tenía una imaginería tan trepidante que literalmente me ahogaba en ese mar de sensaciones, imágenes, escenas, tonalidades, etc. En sus poemas hay desde ligeras vibraciones orientales hasta silogismos de metafísica caníbal, desde hermosísimos oximorones danzantes hasta salvajes polifonías siderales; esto lo sé ahora, pero en ese entonces sus poemas me estremecían la mente. Me di a otras cosas, al interminable río que no dejaba descansar a Twain, al conmovedor naturalismo de los cuentos de Chejov o a las peripecias insólitas de los personajes de Kipling. Muchos años después, no frente a un pelotón de fusilamiento, sino ante unas cervezas y un pisco, nos llevamos mutuamente a conocer el hielo, o mejor dicho a conseguir más hielo para la mezcla. Hablamos de su amistad con mi padre y mi abuelo, de la realidad peruana, de terrorismo de alto grado. Incluso llamamos por teléfono, inmediatamente, al poeta Boris Espezúa (que nos conoce bien a ambos) para hacerlo cómplice de ese momento álgido. Ahí entendí plenamente que la vida nos brinda sus mejores galas justo cuando va a empezar el baile, que todo lo que nos acontece se entrelaza con nuestra bisoña e insondable memoria.  



MÁS ALLÁ DE LA MURALLA


La perfección no existe en el universo, la misma nada
es imperfecta. ¿Cuántas veces hemos besado de memoria?
Muchas. ¿Cuántas veces hemos espiado desde una enramada?
Muchas. ¿Cuántas veces hemos chapoteado en un arroyo?
Muchas. ¿Cuántas veces nos hemos prostituido por amor?
Muchas. ¿Cuántos humildes de corazón se yerguen sobre
los escombros del cinismo? Muchos. Es así que la perfección
es una palabra vaga donde ni la tristeza quiere
levantar su morada; ciertos alquimistas la comparan
con las grandes ciudades absurdamente construidas con
rezos y nubes verdosas. La perfección es más grande
que la locura expuesta en una charola incandescente,
mucho más que las piernas dilatadas de la ajena experiencia,
un poco menos que la maldición de los sentidos.
Si alguien deseara ser perfecto primero que experimente
las convulsiones de la luz submarina, que con serenidad
espante los gatos de la noche, que atrape la sombra del 
asesino con una mirada fugaz, que descubra una caja fuerte
de cocaína en la caverna del más preferido deseo.
Ni el hambre ni la soledad ni la muerte ni las frutas,
ni el vacío ni las emociones ni los sueños ni los ángeles
ni el cuerpo que busca otro cuerpo en la llanura
ni la tétrica boca llena de enfermizas estrellas, 
nada huele a perfección ¿Milagros?, hasta los elefantes
hacen milagros pequeños. Lo único perfecto es el corazón
del espejo peregrino (Eduardo Galeano en sus Venas Abiertas,
página 134, cuenta que «los dioses africanos continuaban
—continúan— vivos entre los esclavos de América»), aquel
espejo venido en medio de una eternidad maldita,
¿son negros los dioses de los negros? ¿De qué color
son los dioses de los Dakota/Sioux/Cheroqui/Hopi? Ni los
dioses tienen la misma piel. El destino de cada dios
es distinto: hay flores que curan la neumonía, otras 
que devuelven la virilidad, otras gimen en el centro
de la selva virgen pero sirven para curar el mal de patria.
Hay dioses y hay flores para todos los gustos,
si no tienes gusto te quedas sin dios y sin flor,
es lo mismo que quedarse desnudo y cubierto por un enjambre
de moscas metafísicas. Está escrito: «Quien busca, encuentra».
Está escrito, solamente. A veces se busca y se busca, y
no se encuentra nada. La nada, después de todo, es algo.
La nada tiene una memoria prodigiosa, jamás agoniza,
siempre está clavada en la pared con su ojo inclinado,
dispuesto a la fantasía habitual. 
La perfección no comienza con uno mismo ni va galopando
hacia los demás; los demás no existen, están ahí, pero no lo son.
¿Qué decir cuando te hablan en nombre de la utopía?, ¿a qué
perro tirarle un desvanecido hueso?, ¿a qué paisaje quitarle
sus tres sílabas?, ¿a qué muerte regalarle un trineo?
Lo único que nos queda (mi querido viejo) es irnos
a vuelo de pájaro sin el menor propósito de encontrar algo,
entonces —recién— nuestro cuerpo se ensanchará,
a la altura de los omóplatos nos crecerá un par de alas;
ya no importará para nada los libros de etnomusicología
y las piezas de ajedrez destinadas
para otros seres. Por eso (mi querido viejo, otra vez)
no creas ni en el cielo ni en el infierno. Dale una posibilidad
a la piedra en que te sientas, dale un suelo a tu abismo,
dale un beso de última cena a tu madre.



MISTERIOS DEL ANTIGUO ORIENTE


Ya viene, ya se acerca Ousha (la aurora), acaba de salir
de la muerte líquida, cubre su carcajada con

desdeñoso manto de gelatina, sus piernas son más blancas 
que la pulpa del coco, sus uñas más redondas

que una cascada rodeada de ósculos difíciles, su cabellera
donde se oculta la cejijunta nieve anglosajona

toca el extremo más urgente de mi yo; me asomo con cuidado,
la veo pasar, tiene gotas de limón en los ojos.

Después, a toda máquina, vía satélite llega Sivitris (el sol),
hace decir me-e-e-e-e-é a los borregos del tedio;

trae sus repollos lineales, su inocente trompeta endurecida
por las reservas de una añeja pubertad,

sus perros enmascarados, al ritmo de la obstinación
las pesadillas de un pentagrama se van a pie.

Con Sivitris llegan los Asuras (espíritus de la vida),
ellos se encargan de separar el calcio del

fósforo, de ponerle el más bello cráneo al acertijo;
quisiera ser uno de ellos para viajar

por mapas hechos en papel caramelo, recoger la oruga
que por placer aprendió a comer el vidrio poético,

entrar y salir de todas las fiestas, morder los pechos
enfebrecidos de una sirena consagrada al falso Eros.

Indra recorre todos los cielos, inclusive los cielos 
donde se guardan los atardeceres futuros,

él no cree en las nubes ni en lo que resulte de ellas,
señala con su dedo internacional y los rayos

no cesan; pero Varuna (el Urano de los griegos) es
un extremo más amargo que una princesa ciega,

más dulce que una mermelada de medusas, más eterno
que las mil puertas aseguradas con un cerrojo.



Poemas pertenecientes a «Ad Libitum», Lluvia Editores (1995)


Acuarela: Z.L. Feng  http://www.zlfeng.com/

lunes, 12 de mayo de 2014

Astro Deseo xxii




aunque sonreír es un acto de purificación
yo lo hago más por temor
para no ponerme el
enigma del mundo
nuevamente en la espalda

cabalgando 
con mi traje de vida
yerro el sendero del ocaso 
el galope es de respiración pesada
catafalco opalino hecho en los ápices 
de un tosco poblado errante 

la muerte 
ese iceberg deshojado 
tras el descanso de un borracho 
me dice
que por abrazar
tu sombra en un sueño
mis huesos se arquearon como flores

 me sangran otra vez los párpados  
cóncavo dolor de raigambre volatinera 
 mi vínculo industrial con dios está deslucido
porque ya no hay versos que burilen 
su llanura viuda de falsos cielos

ella
camina
                          a un lado
un barco de plata
hun           
 dién
              dose
al otro                      
golondrinas
sin lágrimas en las 
a          l          a          s
atrás
golpes de vida
con ademanes angelicales 
delante
un tórrido 
romance
con la 
n
a
d
a

el mar desgranó aquella vez con su ajetreo
la codicia del horizonte y mis huellas hospitalizadas

olvidamos fácilmente
que somos tiernos espasmos
mutilados con amor por la ventura del mañana

atrás vienen los sicarios de mi playa
un hombre muy delgado y cetrino
 una vieja con arrugas piramidales

tiritaré esperándote
pelando la oscuridad de la cebolla 
para poder mirarte y decirte que 
la madeja del amor que te habita
se devana en el patio soleado de mis nuevas manos