martes, 28 de mayo de 2024

«CONTRA LOS MALOS PRESAGIOS»: Luzgardo Medina Egoavil





POEMA 1

El viento tiene
su verdadero sentir
(Luis Hernández)

    Tengo en mis manos el durazno recogido de la rama más alta de este siglo (estoy acostumbrado a sudar claveles en las épocas de frío).

    Pienso: "En la intemperie nos han procreado, en las colinas donde el oso hormiguero tiene su madriguera habité un día". La noche viene levantando polvareda. ¿Quién canta?

    Existe un grillo que cuando canta enciende la noche. Abre bien el alma, mira que desde lo más profundo del bosque emergen los aullidos del otoño.

    ¡Shust!, calla, que el viento no nos escuche.

  No, no es el viento. Es la mirada de otra nostalgia, de otra luciérnaga, de otro equino que no figura en el mapa, pero la premonición con todo su peso nos trae la penúltima flor deshojada.



POEMA 4

    Quisiera eternizar la nostalgia, introducirla en un saxo, asirla con mi mano líquida y en un pedestal santificarla con un beso negro.

    Voy cayendo lo mismo que una flor de cactus. Enciendo una fogata, arde la nieve. La intimidad nos condena a vivir, por siempre, buscando las sierpes que se perdieron en lontananza.

    Cada día el hombre confunde las puertas de la salida con las ventanas por donde se filtra un amor colibrí.

    Después de nada y de todo te recuerdo que el limbo tiene jilgueros como cáscaras o archipiélagos, y por debajo de cada árbol hay una nostalgia, una generación de muertos, cajones de inocencia y aires de abanico.

    La nostalgia destila todo el cariño que necesitan los afligidos por una vaga idea.



POEMA 8

A la hora del té
Despójate el universo
Y bótalo a la basura.

    En esta maleta guardo la hojarasca del último otoño y en esta mano la única verdad que dije en mi vida. Todo está listo para el viaje.

    Hace soledad, mucha soledad.

    Debo irme pronto a los bosques tropicales a vestirme de verde, de paiche, de barro sentimental. Ver que las palabras humeen bajo el agua, y las melodías se tornen abstractas o atizar el fuego donde la inocencia sangra olvidos.

    Estoy harto de vivir sumergido en un charco al que acuden las flores de la nada a calmar su sueño.

    Mi vida es apenas un golfo donde -a pesar de todo- las tortugas entierran sus huevos y el bufeo se torna más blanco que la pulpa del coco.



POEMA 13

Agua entre aguas,
Como agua entre muros:
Es demasiado llorar por nadie.

    Maldita la hora que se va sin dejar un recuerdo, Maldito el río que se va directo al mar sin mojar, siquiera, el corazón deshabitado del poeta.

    Maldita la ventana que nunca está abierta para la tarántula, aquella en cuyas patas lleva bolas de oxígeno al fondo de las aguas hediondas.
    
    Es verdad, el animal racional se pasó veinte siglos maldiciendo el amor, bendiciendo la pólvora. El pan nacía embrutecido, la jungla con rabia era talada, las lagunas como novias abandonadas se iban secando.

    Dentro de los edificios estaban los caníbales (los he visto), a coro y a pura dentellada se repartían la nieve colmada de rastros.

    Pobre de mi huerto donde un día enterré a mi perro y donde hoy crecen siete matas de pallar.



SIGILO PARA EVITAR QUE UN MAGO RIVAL ARROJE UN ENCANTAMIENTO SOBRE EL QUE LO LLEVA PUESTO

    Todos los domingos gobierna Baldur. Dicen que en los granos de arroz perviven los animales adoptivos, esos con los que anhelamos jugar con trozos de intransigencia. Todos los domingos hay que llevar este amuleto.

    Cuando se vea este amuleto a la entrada de los negocios, a la salida de los cines, en el portón más pequeño de la dicha, en el fondo del río donde están ahogadas las preguntas: no lo cuentes a nadie. Podría incorporarse una frente a tu frente o un musgo aéreo a tu sombra,

    Con este amuleto el maravilloso Merlín pudo transformar la intensidad de la noche en un aullido de jabalí herido. Pudo decir ¡te amo! sin pronunciar una sola letra. Sólo así pudo coleccionar todos los lunares habidos en un frasco.

    Las reinas anhelaban copular con él.

    De llevar este sigilo grabado en el brazo con tinta china ten la certeza de que cada vez que el otoño llegue de cada dedo te fluirá un universo y una mirada saldrá de tu boca.



AMULETO PARA EL AMOR 
Y OTRAS IMPUREZAS DE LA CARNE


    Los escribas cuentan que Safo llevaba siempre, colgado del cuello, una cadena de plata. Se supone que éste era su amuleto, se supone que con esta idea melancólica vivió, murió y resucitó entre los perfumes zodiacales.

    La diosa Friga, que no es otra que la despampanante Venus, llega a este mundo todos los viernes. Huele a los insultos más finos y sutiles. Viene toda vestida con sedosos bufidos. Breve telarañas cuelgan de sus axilas. Ella, que es la diosa de la fertilidad y del alumbramiento, aconseja que todas las criaturas inasibles deban llevar esta marca que no es sino la marca del beso y del esperma.

    Con este amuleto el espejo reanuda su paso, los alimentos divididos en cuatro se transforman en círculos prolongados. La escalera que conduce al suplicio de pronto deja traslucir su dos robustos pulmones renacentistas.

    En dónde poder comprar un amuleto como éste, en dónde poder llorar al pie de un rumor para que ni el mejor de los artesanos sepa interpretar  el fondo de mi barca. 


Portada "Contra los malos presagios"

Luzgardo Medina Egoavil



Poemas extraídos del libro Contra los malos presagios, del gran maestro Luzgardo Medina Egoavil, y fue editado por Eclosión en la ciudad de Arequipa en junio de 1992 en el tradicional distrito de Chiguata


LUZGARDO MEDINA EGOAVIL
(Arequipa, Perú, 1959-2015)

Estudió Ciencias Jurídicas y Políticas en la Universidad Católica Santa María (Arequipa). Obtuvo el Premio Nacional “César Vallejo” 1994, de diario El Comercio. Ganó el Premio Nacional de Poesía “Municipalidad de Paucarpata” 1993. Por su libro “Avatar” obtuvo mención honrosa en el Concurso Nacional de Poesía de la Asociación Cultural Peruano Japonesa del Perú (1994). Recibió el Premio Copé de Bronce en XIII Bienal de Poesía “Premio Copé Internacional 2007” , Le fue conferido el Segundo Premio Regional de Cultura del Instituto Nacional de Cultura del Cusco (2007). Publicó La boda del dios harapiento (1981), Cuervos en Sodoma y Gomorra (1983), Ad libitum (1995), Contra los malos presagios (1995), Avatar (1996) Rostros del sueño (2005), Nada (2007), Bajas pasiones para un otoño azul (2008), Cronología del equilibrio (2008). Trabajaba en la Sub Gerencia de Cultura de la Municipalidad Provincial de Arequipa como Artista. Fundador de la revista Eclosión que realizó gran actividad cultural en la década del 80 dentro del ámbito surperuano. Fue Diputado del Parlamento Mundial para Seguridad y Paz (1994). Como periodista estuvo comprometido con la defensa de la ecología y al estudio del folclor. Fue Presidente del Sindicato Centro Federado de Periodistas del Perú. Falleció el 25 de enero del 2015.

Foto: Dennis Perreault

jueves, 16 de mayo de 2024

«[VERBO] Bordado Original»: Ernesto Carriøn






Made in humana la garganta tiene su cacerola. Archiva el borrador de su libertad: piensa con rapidez. Un mundo se confecciona con esa credibilidad y hacia allá el pie no sube. Sin esquivar el rigor del montaje la limpieza interna es un hecho: no queremos oír lo que no diremos de otros pero sí queremos oír lo que no dirán de nosotros. Mariposa en una jaula sin años en esta lengua. Echa en cara una atmósfera caníbal.



Licor en el corazón. Cielos tatuados de nubes palmeras trozos de tazas cemento agua mezclada con mango: un porvenir. Mujeres amadas por hombres hombres amados por hombres mujeres amadas por hombres amadas por mujeres amadas por mujeres amadas por hombres amados por hombres amados por millones de siluetas. Nada se recorta todo se cruza como una hipótesis y un piano cayendo en picada. Certeza de lo desconocido: el cuerpo es la Provincia homenajeada de todo lo vivo.



Seguramente hay, un día cero de un año en decimales, coronación de fémures y selva en este monasterio del misterio universal que es la ola scorpii hecha un ángel. Vemos a la derecha un sueño decorado por pezones que bailan a través de las rayas de los arcoíris. La naturaleza es llama, no está simplemente allí, sino que está en mi vientre y en la papada de los viejos recitando: "voy a la fruta y al mineral y a lo que se esconde en la noche que no es más tigre que mi mano apoyada en la nube". "Vamos que vamos a un asteroide de menudencias festivas".



¿Seremos entonces libres?
Libres. Y allí, en ese presente perpetuo se elevará un cuerpo nunca más incinerado en todos sus verbos, Un verbo es además lo que nadie quiso darnos. Millones de cuentos chinos, 40 mil estudiantes y doscientas enfermedades corriendo por los pasillos de cualquier enjambre de sueños cementados. Haciendo algo, diciendo algo, escupiendo por dentro lo que ellos necesitaron para cerrar el círculo amado de sus identidades. Trompetazo de todo lo que fue y tuvo y corrió con las piernas enrolladas en valses y cuerdas de poemas que alojaron una matanza en la acrobacia de sus triángulos leídos como una fotografía, vanamente cubierta. Una tracción. Una atracción. Un cuello parchando el ojo de lo fugitivo. Una erosión en largo desconocimiento de lo que fue. Antes y después: un amuleto. Un acto de medusa alrededor de un montón de muñecos dormidos. Arritmia y llanto congelado en trance perpetuo. Un espacio negro antes de poner por acción lo que se ubica por pensamiento y viceversa hasta quedarse en blanco. Un striptease en banda. Sólo un pedazo formal del formato de un hombre guiando el garabato de su desaparición. 




V.     Arboles amigo, un largo enigma. Arboles dentro de campos, debajo de los ataúdes, alrededor de las nubes, en bosques y en playas lejanas, encima de los naipes y sobre el comedor. Arboles y más árboles. Saliendo de las duchas, en los corredores de los hospitales, detrás de bancas en templos universitarios, adentro de los libros, en una oreja cerrada: árboles en su luto para iluminar el tropiezo de esta memoria. Arboles y árboles cuestionándonos.




Estos poemas fueron extraídos del poemario Verbo: bordado original del poeta ecuatoriano Ernesto Carriøn. El libro fue editado por Cascahuesos y Rastro de la iguana ediciones, el año 2013. VERBO Bordado original es el tercer libro del Volumen 18 SCORPII: ABIOGÉGENSIS, que cierra la trilogía ø


ERNESTO CARRIÓN
(Guayaquil, 1977)

Ha escrito en poesía la trilogía ø, formada por los volúmenes: I. La muerte de Caín, que reúne los poemarios: El libro de la Desobediencia, Carni Vale, Labor del Extraviado y la Bestia Vencida. II. Los duelos de una cabeza sin mundo, que reúne los poemarios: Fundación de la niebla, Demonia Factory, Monsieur Monstruo, Los diarios sumergidos de Calibán y Viaje de Gorilas. III. 18 Scorpii: abiogénesis, que reúne los poemarios. El cielo primitivo, Novela de Dios, VERBO Bordado original y Materia Oscura. De su obra han aparecido las siguientes antologías: Ghetto Americano, Bóveda 66, El sueño de los clones y cyborgs democracia, y otros poemas. Preparó el libro Identidades a plazo (Recopilación  de textos de pacientes del Hospital Psiquiátrico Lorenzo Ponce). Ha merecido los reconocimientos: Premio Nacional de Poesía César Dávila Andrade, 2002, Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín, 2007. Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade, 2008. Becario del Programa para creadores de Iberoamérica y Haití en México (FONCA Y AECID, 2009) y la mención especial del III Certamen de Poesía Hispanoamericana Festival de la Lira, 2011. Actualmente es editor del sello Fondo Animal. 

Fotografía: Steve Johnson

domingo, 28 de abril de 2024

Lotófagos Lacustres






LOTÓFAGOS LACUSTRE

 

Fuera del tiempo hay una flor invisible

Que hombres y mujeres buscamos

Y que nos busca.

Sabemos que no puede tocarse, ni medirse,

Por eso hemos cambiado la forma en que soñamos.

 

Hay quienes la han buscado

En la mitología ensangrentada de la nada

Hay quienes la han buscado

En las salas de parto de un verso circular

Hay quienes la han buscado

En un bosque lleno de lobos y de hierro

Y la siguen buscando en una

Mano que está templando un charango,

En un estanque repleto de ranas pájaro

O en la cirugía nocturna del alcohol.

 

Dicen que esa flor invisible

(Que quiere ser tragada)

Habita en los espejos más álgidos

Y quien se mira la mira.

 

Dicen que se encuentra

En mitad de una batalla

Y que cuando más sangre hay

Más se puede percibir.

Que todos los seres fueron engendrados

Por la voluntad de esa flor

Que es madrina de la luna.

 

Por todo eso

Los lotófagos lacustres

Han resuelto olvidar sus diferencias

Y acentuar sus afinidades

Para poder hallarla y roerla

Ya sin eternidad.

 





En dos ocasiones tuvimos la dicha de reunirnos para degustar la poesía lotófaga en esta ciudad del lago (Setiembre del 2022 y Junio del 2023) y obviamente olvidamos hasta nuestros nombres, nuestra patria y nuestras manos.

Diseño de afiches: Italo Passano

viernes, 29 de marzo de 2024

DENÉBOLA FISH: Tráfico Ilícito de Colores (T.I.C.)





IV

Dices No en mi mente 
estoy harta y me arrecho
Y quiero vivir en cada luz que se dispara
Y la maldita palabra de nuevo: No
que me amenaza perversa 
con mi Sí y con el tiempo 
que no te acepta
No.



VI

¡Maldita era artificial que me gusta!
andar dejando el alma en el cajón de los suicidas
morir de amor estando muerta
¿Qué parodia poética fue esto?
¿El verso suelto
al estilo trenzas?
el más chiste 
idioma aborigen 
prohibitivo de
No.



IX

Me perforas
soy feliz
suena nuestro 
sunday morning
en el día más cierto de febrero
domingo Veintinueve
vuelves underirte
y eres una femme fatale
disfrazada de poeta.



XI

He muerto de placer 
para no parir el XII
la última casa del zodiaco
donde me habita oculta
la constelación de las sirenitas muertas
la del karma abriendo
los labios subterfugios 
¡mira!
¿Ya ves que yo era el sacrificado?
¿El muerto idiota de todos los cuentos?
¿El importantísimo papel de Kenny en South Park?
el único arcano de cabeza 
el mal nacido doce.




Estos poemas fueron extraídos del breve libro de poemas T.I.C de la poeta tacneña de Denébola Fish y se terminó de imprimir y encuadernar en los talleres de Suicidal Mutants Lab el día 27 de marzo del 2015 en la ciudad de Takna por encargo de la editorial Sanatorio.

Foto: Dids

lunes, 12 de febrero de 2024

EL ESOTERISMO DE LA NADA: Leo Cáceres y los astros de la locura





    Según Kofler, (1972): "Todo arte se desarrolla idénticamente fuera de la vida". Es decir, que surge de la fantasía, en la medida que la fantasía, separada de la razón, constituye las representaciones, deseos, sueños. Por ende, el arte se encuentra más allá de toda sublimación. Pero los "críticos" han desvalorado y no han tomado en serio al arte ni a la fantasía. Sin embargo, la fantasía intuye y acopia sucesos de individualidad múltiple y experimenta la vivencia y reflexiona intuitivamente sobre ella. Mediante esta referencia indirecta se rige la poesía de Leo Cáceres (Puno, 1988); un poeta que experimenta y recrea sus vivencias y sus fantasías. Leo trabaja la palabra, la hace suya, la posee, la transforma en un sentimiento táctil, metafísico. Enfoca su visión más allá del universo y de la naturaleza. Su pensamiento apasionado se convierte en locura, un poeta esotérico que practica el ritual de los antiguos poetas y conversa con los astros. Su escritura pensada se conecta telepáticamente con el cosmos. Puno ha sido testigo de sus arrebatos y de sus borracheras, siendo fiel a los preceptos de Baudelaire: "Es preciso vivir borracho de algo, borracho de alcohol, de pena o de gloria; pero borracho". Hay que vivir borracho , aunque sea de agua, de paz o de ocio. Los brahmanes se emborrachan de meditación y a la mona le da por mirarse el ombligo, como decía Federico More. Pero su borrachera es otro tema. Más de una vez se negó a publicar, pero tiene tres libros de poesía: Aromas oscuros (Poesía reunida 2006 - 2012), Astro Deseo y Fuego Fatuo. La visión estética de Leo Cáceres tiene un aura incomprendida por los lectores y sus coetáneos; sin embargo, su capacidad luminosa nos lleva a leer con detalle cada verso, signo y figura inscrita en la energía espiritual, así como San Juan de la Cruz, el gran místico, quien llega a la noche gracias a los sentidos. Leo explica el misterio y nos deja frente a él. 

La catarsis y la contemplación

    Leo Cáceres, sin duda, ha excavado el pozo teórico de la poesía griega. Se ha centrado en la meditación y la contemplación como se ejemplifica en los siguientes versos: en el cráneo / de un río / en el alba desparramando / la calipedia de la lluvia / cuando miro un puente el corazón ya no me pertenece. En el verso redescubre el significado del "yo", una forma  de ocultarse para encontrarse en la naturaleza. El sujeto empírico busca el conocimiento y recobra el vigor de encontrarse de nuevo, solo. La inclinación de Leo, le lleva a preguntarse por el ser. Los versos antes referidos se sostienen en su estudio sobre la patafísica o la ciencia de lo inútil, que hace que Leo construya una realidad paralela, imagina la construcción práctica de dispositivos que no van a existir, con un lenguaje que juega con las palabras y explora la profundidad de la nada y del vacío. A esta altura, leyendo los poemas de Leo pensarán que han perdido el tiempo, pero no basta leerlo, sino releerlo para descubrir los insólito y extraordinario de su poesía. Astro Deseo es la búsqueda del grial, la búsqueda del tiempo-espacio para el Ser.

    ¿En qué radica la poesía de Leo Cáceres? La pregunta nos lleva a estudiar a los poetas empeñados en la labor de encontrar equivalentes verbales para estado anímicos, es decir, a Eliot, Paul Celan, Fernando Pessoa, Artaud, Blanchard, Battistini, Bretón,  Duchamp, Eluard y Tzara. Tanto ellos como Leo, integran el pensamiento con los sentidos. Entonces, el impulso proviene de una preocupación personal por la vida, la muerte y el cosmos. Este último es la piedra de toque. Advierto que emerge la contemplación en la mayoría de los poemas, como por ejemplo: cada vez que cruzo un puente / al tiempo le da un infarto / del que se recupera / a través / de mi sonrisa desvelada.

La simpleza y la claridad del verso, es justamente metafísica. Las coordenadas temporales y espaciales son necesarias para la poesía. El material onírico, las imágenes producidas en los sueños, forman parte importante de la técnica surrealista, como sostiene Aldo Pellegrini en su antología de la poesía surrealista. Leo hace uso de esas técnicas, una actividad pragmática e intelectual que le lleva a escribir versos largos, cuyo "yo" es el de un místico que intenta persuadirse a sí mismo, el sujeto lírico habla con él y los astros. Logra su captura en la unidad de las sensaciones , en el "yo", "tú", "hombre", "dios" e "individuo". En otras palabras los versos equivalen en la relación del espíritu y cuerpo.

    Como dice Hans-Georg Gadamer: La poesía exige otros estímulos, es necesario tener en cuenta para enjuiciar correctamente el estilo poético de nuestro tiempo. No cabe duda que en Puno hubo un hermetismo lírico, era necesaria la disolución de este y buscar otras creaciones poéticas como las de Trakl, Rilke y Holderlin. La invocación y la idea de creación y destrucción están recalcados y asegurados por la poesía de Leo Cáceres, ya que el habla con la vida, con la noche y con la tierra. La locura se enriquece definitivamente por la acción del amor. La locura es la fuerza que asciende en el espacio y revela una sensibilidad extraña, rara. Leo ha hecho el máximo esfuerzo para entregarnos poemas abstractos y complejos, que no poseen ritmo, esto ha obligado a exigir de nosotros el máximo análisis y lectura, y sino hacemos ello caeremos en la estupidez de confundirlo con cualquier otro poema que no dice nada.    

Alexánder Hilasaca



Este texto fue extraído del libro Huérfanos: Los poetas indómitos del post 2000, escrito por el poeta Alexánder Hilasaca (Puno, 1989) y realizado por Quimera Editores de Arequipa en marzo del 2021. Se presentó en el Cusco en enero del 2022.


Collage: Pablo Genoves

miércoles, 31 de enero de 2024

César Machaca Escobar: «SEMILLA ERRANTE»





JARAWI VII

El capricho del destino de San Juan
es el lindero del color
es el límite de la penumbra
exhibido en los titulares de un diario.

Los cánticos de los antepasados
echan al río un vaso
a la suerte de la temperatura
nace el pronóstico
impreso la suerte en la clara
el capricho en el tiempo.

El capricho golpea la pared del destino
en los ojos de un vaso
el pasado de una larva
luxa el tronco del tiempo
hacia el sueño de la prosperidad
o a la ceniza de pasos.

El tiempo es el destino del color
o el silencio de una tarde fracturada
en las manos de una larva
crece un nukhu nukhu
empuja el tiempo
amasa los sueños 
de un tronco de ojos
construido por el color.



ESTACIÓN II

Los niños cantan a la lluvia para tejer ríos de ranas

La sequía en los ojos de una rana
brota las voces de un apu
en una cantuta de diciembre
con los q'uchus a las nubes
engendran lluvias de cantuta
con voces de un cernícalo.

Los niños y las ranas tejen nubes
con aguas de cánticos
en las lluvias de la rama de una cantuta
anuncia el lenguaje del arcoíris
colorea las flores de una cantuta
con amaneceres de lluvias.

Los ritos del agua resumen juegos de niños
con el calor del viento desatan el q'ipi de jarawis
flamean las manos de la abuela como las wiphalas
con escritos de crianza del agua
en la cabecera de nubes
riega las cantutas con rituales
de llantos radiografiados por los niños
en el vientre de la lluvia
y en los ojos de una rana.

Los espejos de agua sin masas de pan
es la existencia de una cantuta
en el oído de un chiwanku.
Las células de piedras tejidas
en el tuétano de un hueso
son las grabaciones de los seres
en el curso de las aguas
en los camino de puertos empedrados
en el hueso de ojos.

El dolor de la sequía es la fecundación
de la nube en el grito del viento
compuesto por las melodías de un chiwanku
con flores de ojos de una niña
se extienden sus miradas
en la rama de una cantuta
florece la alegría de chiwankus
dibujados en el mapa de cantos a la lluvia.



DESEQUILIBRIO III

El hombre esculpe la semilla
con la nube de retratos.
La semilla engendra
en la ceja de una qiwlla.

Cincela el recreo de las qiwllas
en el camino al huerto
sacude la polvareda
del silencio de la semilla.

El hombre hace refranes de voces
en el intestino del vientre 
de una qiwlla con los ojos de nube
ablanda el pecho de una semilla.

El hombre dibuja qiwllas
cerca del huerto de grafías
cerca de las palabras de nubes
en la semilla de la lluvia.



RESPLANDOR IV

El mural tallado de ríos
hilvana las heridas de los huesos
de un invierno de sueños
con manantiales de nubes.

La costra de un espejo de ríos
golpea la herida de un cráneo
sutura la fisura de junio
con huesos de murales
y con sequías de nubes.

El mapa de ríos desata 
el nudo de las venas de una lombriz
calma la cicatriz de los renacuajos
en el color de los riachuelos
incuba las lluvias en la cabecera
de los pulmones de los sapos.

Los ríos sin sueños
registra cementerios 
heridos por un trueno
en el mural de un cráneo 
termina el manantial del viento.


Glosario:

Nukhu nukhu: Escarabajo
Apu: Cerro tutelar
Q'uchu: Canto propio de los rituales del agua en el mundo aimara.
Q'ipi: Manta que sirve para cargar objetos y a los niños pequeños.
Jarawi: Canción romántica andina.
Wiphalas: Bandera multicolor de los pueblos andinos.
Chiwanku: Pájaro de color gris con pecho blanco y pico amarillo, que con su canto anuncia el amanecer aimara.
Qiwlla: Gaviota que reside en las lagunas; es indicador de la presencia de la lluvia en el mundo aimara.


Poemas extraídos del poemario Semilla errante, de César Machaca Escobar. El libro fue publicado por la editorial limeña Pakarina, en octubre de 2023, con prólogo de Boris Espezúa Salmón. El libro se presentó en Puno el viernes 26 de enero del 2024 en la Casa de la Cultura, con acertados comentarios de Eland Vera. 


CÉSAR MACHACA ESCOBAR
(Puno, Perú)

Publicó sus poemas en los boletines Oasis (2009), Escribidores (2012), y en el diario Los Andes (2020). Editor y director del boletín Oasis (2010), el mismo que presentó en la Feria Internacional del Libro de Arequipa. Incursionó en la traducción, producción y revisión de textos aimaras para instituciones públicas y privadas, así participó en los libros colectivos Kunaymana sawinaka (2013) y Samkaja yatiwa (2014). También revisó la antología de poesía Harawikuna / Jarawinaka. Quechua / Aymara(2017) de Mauro Mamani Macedo y Alan Ever Mamani Mamani. Hizo labor de editor y coeditor del suplemento cultural Puno rumbo al Bicentenario del diario Los Andes (2019), medio en el que realizó reseñas, columnas, artículos y entrevistas culturales. 


Foto: Karolina Grabowska

miércoles, 10 de enero de 2024

César Calvo: «Ino Moxo enumera las pertenencias del aire»




-Es una historia larga, ya te dije. Si te contara todo, nada me creerías. Nunca se puede creer todo. ¿Sabes? Nuncanunca se puede escuchar todo.
-Yo estoy dispuesto a oírlo, maestro Ino Moxo, me oigo decir casi como un soborno, para eso he venido.
-¿Podrías? No, creo que no podrías. Y su cabeza yendo a un costado, trayéndola de regreso a sus ojos:
-Sólo para darte un ejemplo, mira la selva. Si te pones a escuchar todo lo que suena en la selva, ¿qué escuchas…?

    Y como si acabara de capturarse él mismo, como si al mismo tiempo él fuera la cerbatana y el dardo y la presa y el cazador y los leños encendidos de la cocina esperando, Ino Moxo algarabió su voz:

-No solamente el grito de los monos escuchas, no solamente el zumbido del zancudeo, de la arambasa que es la abeja más brava y más oscura, del chinchilejo que seguramente llamarás libélula, del chuspi que te infecta al picar, de la carachupaúsa que sangra sin aviso, no solamente oyes a la ronsapa siseando el aire, a la mantablanca que bebe tu cabello, a la quilluavispa de vuelos amarillos, al papási que nace de gusanos pero que no es gusano, a la wairanga que nunca toca el suelo. No solamente oyes el pájaro flautero, el jirirín que no sabe volar y tiene alas, ni el ushún, ni el tabaquerillo, ni el shansho, ni el piurí, ni el timelo grisáceo, ni el tibe blancoblanco, ni el taráwi que come caracoles y es demasiado negro, ni la sharára que sabe vivir bien bajo del agua y mejor encima del viento, ni el zuizúi celestito, ni el yungurúru grande cuyos huevos son color del zuizúi, ni esa garza gigante y rojiblanca que llama tuyúyu.

-No solamente escuchas al urkutútu sabihondo. Ni a la quichagarza, floja de excremento. Ni al ucuashéro, ni al tiwakuru que sólo come hormigas y canta en lo alto de las wimbras, ni al páwkar que sabe imitar todos los cantos de las aves con su plumaje negro y amarillo, ni a la unchala, lo mismo que paloma color vino tinto, ni al paujil, acaso habrás comido, más sabroso que carne de mono makisapa, más que carne de lagarto blanco, más rico que ciruelo gigante de taperibá, ni al tatatáo, que es ave de rapiña, algunos le llaman virakocha. No solamente oyes al pato mariquiña, al locrero, a la pinsha, al montete, que en ciertos lugares nombran trompetero, al tuhuayú, al pipite, a la panguana, que pone siempre cinco huevos y después muere, a esos loros azules que llaman marakána, ni a la wapapa carnicera, tú le has visto seguro en el río Mapuya. No solamente oyes a su primo el wankáwi, avisando cada que se aproxima algún humano, ni al chiwakúllin, ni al korokóro, ni al ayaymáman, que llora como niño abandonado, ni al camúnguy, ni esa garza del tamaño de un hombre que tiene plumas grises y se llama mansháku, tantos y tantos pájaros… No solamente oyes nubes gordas de insectos sonando desde la tarde, adentro, en las mañas del monte. No sólo suena la víbora desconfiando, el túnchi avisando una muerte, el tigre, el otorongo, calladito, procurándose carne tibia, ni el ronsoco baboso en los yucales ni los enormes peces cabezones en las redes tramperas.

-No sólo suenan peces: el akarawasú, la gamitana, el tamborero, el paiche de tres metros y lengua de hueso que pare criaturas y no huevos, el pejetorre se hincha de aire y flota como boya, la dorada no tiene ni una espina, el chállualagarto, el kunchi, la añashúa, la anguila te mata de una sola descarga, la manitóa, el shitarí, la doncella uncida de franjas negras, el chullakaqla huérfano de escamas, el tiriri, el fasácuy al fondo de los lagos, el shirúi, el maparáte, la shiripira, el bujúrqui, la makana parece sable de tres filos, el shúyu sabe andar sobre la tierra, pez de camino, y el canero te entra por el ano y te come las tripas, el dementochállua vuela, poco vuela, más asombra el saltón, ese peje gigante sale del agua metros arriba y pesa más de cien kilos y mide hasta dos metros. Por no hablar de la paña, tú conoces, más le nombran piraña, que te come sin asco en un ratito. Y la kawára, enorme, y la palometa que sabe a casi dulce, y el bujéo, también nombrado delfín de los ríos, el bujéo cuya hembra es más deliciosa en amor que las mujeres, más rica, así dicen los pescadores que han probado, y tiene igual vagina y pechos duros y pare a sus hijitos, como humana. Cortándole a una bujéa los labios de su abajo, de su sexo, y curándolos algunos shirimpiáre fabrican pulseras infalibles en asuntos de amantes desdeñados, eso es sabido. Y suena también la gran carachama, de boca como de piedra, que vive una semana y más fuera del agua y que viene de lejos, desde antes del diluvio, antes de ese tigre que dispersó hace siglos a nuestros primeros padres ashaninka. Tantos y tantos peces…

-No solamente escuchas culebras, víboras: la afaninga inocente, inofensiva entre los pastos, defendiéndose apenas al azotar su cola, y el aguajemachácuy que respira en el agua y tiene piel ídem que fruto de palmera, y la naka-naka pequeñita y mortal acechando en los ríos, y la mantona con sus diez metros, por gusto pues no hace daño a nadie, diez metros de colores bien subidos, puro adornos ingenuos, y la chushúpe venenosa, que mide cinco metros y persigue a su presa mordiéndola varias veces, y la yanaboa que alcanza quince metros, y es gruesa como un hombre, que primero hipnotiza y más tarde ya devora. Y la sachamáma, boa con orejas, a diferencia de la yakumama que vive solamente en el agua. Anaconda de tierra es la sachamáma, se mimetiza sin proponérselo: la hierba le crece solita sobre el cuerpo. El jergón, al revés, también se mimetiza pero a propósito: conforme crece va adquiriendo su piel un color marrón moteado, de hojarasca brillante, y sólo puedes distinguirlo por su aura, por ese resplandor que el jergón deja en el sitio por donde va a pasar, como aviso, como ánima. Tantas y tantas existencias oyes, tanta callada sabiduría escuchas cuando escuchas la selva. Y eso que ya no puedes oír el canto de los peces que alegraban las aguas del Pangoa, del Tambo, del Ucayali, animales musicales que presintieron la llegada del gran otorongo negro y huyeron días antes y se salvaron. Has de saber que ese otorongo produjo con sus zarpas gigantescas un torrente de piedras y lodo que acabó con la vida de los ríos. Sólo los peces cantaban y que en sus canciones decían y escuchaban el futuro, pudieron sobrevivir al fango de esas garras. Aunque hoy no sepan cantar más, o si es que es, quiero decir si saben cantar todavía, lo harán de seguro sin delatarse, con sonidos que nuestros oídos no acostumbran, callados cantarán, en otra jerarquía… Has de saber que todos, hasta los humanos, cuando son niñitos, oyen el futuro igualito que los peces del diluvio, así como tantos animales de ahora, tantas vidas que saben lo va a suceder y no pueden hablarnos, advertirnos. Los niños, por lo general, tienen nueve sentidos y no cinco, otros llegan a dominar once, yo he visto. Conforme crecen y sus cuerpos se van envenenando con las comidas y los padeceres, y conforme sus ánimas van siendo casa de pensamientos y de sueños manchados, los cuerpos y las ánimas del hombre pierden esos sentidos, esas fuerzas. Y por eso los brujos, los grandes shirimpiáre, para ejercer a plenitud los poderes del aire, para desarrollar al máximo su potencia de mirar, usan espíritus de niño, ánimas como familias nuevecitas ocupando las moradas de su cuerpo, los caseríos ruinosos…

-No solamente escuchas animales: la awiwa, ese gusano que se puede comer como el zúri, otro gusano sabroso de colores, y ese sapo gritón que pesa más de un kilo y se llama wálo, y el bocholócho que canta y al cantar sólo sabe decir su propio nombre, bocholóchoooo, llamándose siempre a sí mismo, lejos, y la manakaracuy peleadora, invencible entre las aves, y el cupisu, pequeña tortuga de aguas que se come en sus huevos y en su carne, y la feroz wangána, cerdo salvaje que anda en poblaciones de cientos de colmillos voraces, y el tokón, ese mono de cola gigantesca y peluda, y el allpacomején, hormiga condenada a vivir sobre tierra, y la bayuca, gusano venenoso cubierto de cabellos azules, amarillos, rojos, verdes, y aquella hormiga grande y sin veneno que se alimenta de hongos y le dicen curuince, y el añuje, casi conejo de tamaño, y el isango que no podemos ver y nos pica metiéndose en la carne lo mismo que castigo, y el ayañawí, el ojo-de-los-muertos que otros llaman luciérnaga o cocuyo, y el achuni buscado porque tiene su falo hecho de hueso y con polvo de su pene condimentan brebajes para los impotentes, y ese otro jabalí de cerdas gruesas y collar como nieve que le nombran sajino, y el ronsoco, tal vez el roedor más grande de esta naturaleza, un metro de largo y cien kilos de peso, y la apashira que es un camaleón, la apashira con cuyo nombre nombran los pueblerinos al sexo de la mujer.

-No solamente suenan tantos y tantos animales que has visto, que no has visto, que nadie verá jamás, bichos que aprenden a pensar y conversar lo mismo que personas… Suenan también las plantas, los vegetales: la katáwa de savia venenosa, la chambira que nos presta sus hojas para fabricar sogas, el pan-de-árbol que nominan pandisho, el makambo elevado de hojas grandes y frutos como cabezas de gente, la ñejilla espinosa que crece en los bajiales, el rugoso pashako, el machimango de olores imposibles, la chimicúa cuyas ramas se desgajan a un soplo, el wakapú mas duro de corazón que el propio palosangre, la itininga, el witino, la itahúba, el wikungu de espinas negras y ese árbol recto que se llama espintana; que cuando cae es bueno para sentarse y charlar, y la wakapurána más mejor para leña, y la chonta, cogollo de palmeras: de wasaí, de cinámi, de pijuáyu, de hunguráwi. Y el hunguráwi de cuyo fruto mana un aceite que hace crecer cabellos. Y la wayúsa trepadora en sus hojas contiene un poderoso tónico que borra las flaquezas. Y el sapote de color fruta verdesombra. Y el tawarí durísimo. Y la shiringa, la shiringa, ese caucho que sin querer nos trajo las desgracias… Y la quinilla, y el timaréo, y la shapája de aceitosos frutos, y la wiririma, y el shebón gigantesco que nos brinda sus hojas para techar viviendas, y ese marfil vegetal que nosotros llamamos tágua, y el sitúlli, aquel plátano rarísimo de grandes flores rojas, y el wingu, arbusto cuyo fruto se vuelve recipiente de bebidas y se llama tutúmo, y el pitajáy, la pona negra y dura, y el aguaje gigante, y la andiroba, y el caimito de frutos como pechos de virgen, y la waqrapona, palmera barriguda, y la anona sabrosa, y el cashú que por fuera es almendra y por dentro más dulce y más jugosa, y la apasharáma de savia para curtir cueros, y el barbasco de raíz de veneno, y el camucamu cítrico, semiacuático, y la capirona insuperable para leña y carbón, y la aripasa de fruto chato, pardo y redondito que no debe comerse, y la cumala, y la punga, y la cumacéba, y la cashirimuwéna, y el ashúri que protege los dientes de la caries, y la caritima por cuyos frutos disputan y se matan algunos peces, y la cocona hermosa, y ese tubérculo que se come crudo y se llama ashipa, y el pukaquiru de corazón rojo, durísimo, y el punqúyu coposo, apretado de hojas, a cuya sombra nada vive pues expele veneno por sus ramas, y el mucho más frondoso parinári de fruto largo y rojo que se llama súpay-ocóte, culodeldiablo. Y la lupuna en las orillas con sus alas inmóviles, blancas o coloradas, a flor de tierra, el más grande de los árboles de toda esta Amazonía. Y ese otro que llueve como tejado de invierno. Y ese otro que se infla y revienta peor que cientos de balas en la noche, en lo adentro del bosque, y el renaco creciendo más que bosque sin hojas y sin flores, y el garabatokasha que sana varios tipos de cáncer y disuelve lo torpe de las articulaciones que envejecen, y el tamshi te aleja del frío, y la coca se usa con ayawashka para adivinación, y la camalonga también se usa para diagnosticar, y la renaquilla distrae a los lisiados, y la wankawisacha cura para siempre a los alcohólicos, y el chamáiro ayuda a chacchar coca, y el tornillo-negro flotando bajo el agua, a media altura de los ríos flacos que traicionan mejor que el jugo de tohé, cuando la luna es verde y la época buena para talar el cedro sin rajar su corteza. Y la paka, la paka también suena como túnel al borde de los ríos que han desaparecido, y la zarzaparrilla sana de la sífilis, y la papaya verde elimina la sarna y la parasitosis y sus hojas cubren las carnes más duras y las vuelven animalitos tiernos. Y la wenáira de sombra venenosa como el jugo de la flor del tohé. Y el tohé que te hace ver los mundos de ahora y de mañana que forman este mundo. Y la parapára, más llamada hiporuru, esa hoja nunca pierde su forma como si estuviera hecha de jebe, porfiada: tú la cortas de su tallo, la arrugas, la doblas, y ella regresa a como era en la rama, siempre vuelve a su forma, a su tamaño, al tamaño y la forma de sus dos nacimientos, y no es por eso sino por los poderes que le vienen de lejos que la hoja de hiporuru sabe devolver a los hombres la juventud sexual. Y la quina-quina que aprendió hace siglos a lavar las heridas corrompidas. Y la liana-del-muerto, ayawashka, sagrada, La Madre De La Voz En El Oído. Con el ayawashka, con el oni xuma, si lo mereces, puedes pasar del sueño hacia la realidad, y sin salir del sueño… Tantas y tantas plantas, todas y todas suenan. La abuta, pon atención, la abuta, árbol mediano cuya raíz rojiza se hierve y tomando ese líquido en pocos días el azúcar de la sangre se borra, no existen los diabéticos. Y la mariquita, mitad enamorada y mitad flor, que sólo sabe abrirse en la purísima sombra. Y la tzangapilla, anaranjada y grande, hija única, flor más caliente que frente de afiebrado. Todas y todas suenan, lo mismo que las piedras…

-Y más que nada suenan los pasos de los animales que uno ha sido antes que humano, los pasos de las piedras y los vegetales y las cosas que cada humano ha sido. Y también lo que uno ha escuchado antes, todo eso suena en la noche de la selva. Dentro de uno mismo suena, en los recuerdos lo que uno ha escuchado a lo largo de la vida, bailes y pífanos y promesas y mentiras y miedos y confesiones y alaridos de guerra y gemidos de amor. Voces de agonizantes que uno ha sido o que uno ha escuchado solamente. Historias ciertas, historias de mañana. Porque todo lo que uno va a escuchar, todo eso suena, anticipado, en medio de la noche de la selva, en la selva que suena en medio de la noche. La memoria es más, es mucho más, ¿lo sabes? La memoria verídica conserva también lo que está por venir. Y hasta lo que nunca llegará, eso también conserva. Imagínate. Nada más imagínate. ¿Quién va a poder oírlo todo, dime tú? ¿Quién va a poder oírlo todo, de una vez, y creerlo?…





César Calvo fue un poeta, escritor y compositor peruano. Es considerado miembro de la generación del 60 y autoridad cultural importante en Perú. . Nació en Iquitos el 26 de Julio de 1940 y falleció en Lima el 18 de agosto del 2000. Fue una de las figuras más relevantes del panorama cultural peruano.

Foto (1): La liana de los muertos, ayawashka.