domingo, 5 de julio de 2026

«EL FUEGO QUE SOSTIENE LA MANO»: María Negro





María no le canta al incendio: le canta a la brasa que alguien sostiene para que otro no tirite. En El fuego que sostiene la mano la herida deja de ser accidente y se vuelve animal propio, la sed no encuentra vaso donde caber y aun así se aprende a beber, la madre reparte siglos enteros con el mismo cucharón. Es un libro que no busca apagar el dolor sino nombrarlo hasta domesticarlo, que confía más en el lenguaje entrecortado —versos que se quiebran como leña— que en cualquier consuelo fácil. Su aporte no es la calma: es enseñarnos a sostener el fuego sin soltarlo y sin quemarnos del todo, a saber que lo que nos da forma también puede deshacernos, y que aun así vale la pena acercar la mano.




◆ 
El espejo 
es el color rojo 
que se acerca 
sin bajar la mirada. 
Toca la desnudez 
que desconozco 
de mí. 
Dice: 
No hay peor sordo que/ 
El que no quiere ver/ 
Ni peor ciego/ 
Que el que mira la luz/ 
La verdad es un animal inapropiado/ 
Nos queda el sonido/ 
De lo que cae y cae/ 
En el bosque/ 
Cuando no estamos/ 
Levanta tu piedra y anda.




◆ Acepta al tajo 
por su vacío. 
La herida ya tuvo lo suyo. 
No te demores. 
Ahí, no hay más. 
Los fugaces pechos del tiempo se derraman. 
Mama y descansa. 
Observa el fuego 
que sostiene la mano. 
El aire que le permite ser 
puede apagarlo. 
Sin embargo 
quema y arrasa, 
se nutre de su enemigo. 
Se entrega, erguido, al agua. 
¿Lo ves? 
Mama y descansa.




◆ 
He sanado 
de la mujer 
que me mira, 
he servido el agua ligera 
de los partos; 
Debajo de la batalla 
escondíamos el terror, 
la malicia ingenua, 
pretendidamente salva. 
He devuelto el puñal 
por el inverso. 
Aliviar la sangre 
como quien limpia un río, 
maleza y palabra, 
arrancar y arrasar, 
la turba a salvo. 
La fecundidad es el después 
sembrado en barro.




◆ 
Coloca la mano 
en el agua muerta 
y tira. 
Esa es su fe. 
La forma laxa 
de lo que ignora 
de lo que no sabe ver, 
reclama 
el sudor laborioso 
reclama 
la atenta disciplina. 
Es difícil 
destruir lo correcto. 
La certeza del golpe 
talla 
la escultura. 
Esa es su fe 
—se dice— 
Tendrás 
el monstruo 
que seas capaz 
de buscar 
—se dice—. 
Coloca la mano 
en el agua muerta 
y tira.



Estos poemas fueron extraídos de El fuego que sostiene la mano, de María Negro, publicado por Azul Francia en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, en 2025.


Foto: Sherine

No hay comentarios:

Publicar un comentario