martes, 13 de noviembre de 2018

La petrificación





















Fue por encargo
que dispararán a Mamá Niñez
en el pecho enloquecido del gigante
que se esconde
que trata de salvar
lo que el oleaje le brinda.

En las playas de Chucuito
dan a luz los colores
porque Helena
ceguera de lluvia
ha dormido bien
su noche andina

Fue por encargo
que Pólux la buscara por Layka
y que dispararan sin piedad a Niñez
en el pecho enloquecido
del gigante que se muestra
que traga lo que la noche le brinda

La petrificación de los latidos
eso no fue por encargo


*Poema aparecido en la antología del XXII Festival de Poesía «Enero en la palabra», Cusco - 2018

jueves, 8 de noviembre de 2018

PACHA J. WILLKA: «Voluntad procreativa»





Todo el fin de semana, en las múltiples y complicadas tareas que le tocaba desempeñar, Niko registraba que el logaritmo con el que lo habían individualizado tecnócratas y tecnólogos, de manera aguda y persistente, escaneaba hasta los últimos chips, adminículos y adherencias de su frágil estructura cybórgica, para comprobar que cuando empezaba a sobrepasar los ocho kilómetros por hora, las extremidades se le entorpecían. Esto no era habitual ni alarmante, pero no cesaba de proyectarle la cuestión: ¿Y si dejaran de funcionar mis piernas?
El lunes, las chispas de la pantorrilla derecha perturbaron su habitual recorrido que iba desde el Multienlace del Centro de Información, por las avenidas Amazonas y Beijing, hasta la Vía del Parlamento Intercontinental. En circunstancias de buena performance su zoom y su mnem eran captados, grabados, interpretados y usados con placer por la administración. Y el martes saltó la alarma: algo definitivamente no iba bien.
Cuando atravesó por entre los peatones y manifestantes, la interferencia fue captada por los sensores que controlaba Juliette, la perito de reparaciones.
—¿Niko...?, ¿marcha todo bien?
La respuesta dubitativa determinó la decisión de marcar en la programación de Niko señal amarilla, es decir, «cita con el biomecánico». El sobrecalentamiento fue restando a Niko cinco minutos de estabilización cada hora, y aunque conectó un nanofrigo adicional que le provocó una rebobinación pesada de la memoria, una suspensión le mostró los primeros momentos de su fabricación, allí en el centro para los recursos cibernéticos, al Oeste del Edén... y se emocionó: Tres circuitos de colores dieron vueltas y vueltas en su sistema de comando, y empezó el círculo sin fin: reducir, reciclar y reutilizar...; reducir, reciclar y reutilizar...
El martes, a primera hora, llegó el automóvil de reciclaje. El personal desactivó con un destello a Niko y mientras lo emplazaban dentro de un embalaje de espuma de vidrio, las últimas imágenes que decodificó fueron los muros de la sala, decorados con dos grandes carteles de cine: Inteligencia artificial y Yo, robot, los retratos de Wiener y Turing, y la foto del parlamentario que había presentado el primer proyecto de ley de interacción y comparabilidad entre humanos y cyborgs, y entre cyborgs y humanos. Y lo llevaron al Nanolaboratorio Homo-Cybo.
El miércoles vino el primer tecnólogo. Comparó el prospecto «cero kilómetros» con el que varios años antes embalaron a Niko y tomó nota de detalles numéricos importantes. Luego abrió su tableta informática y utilizó una guía ilustrada interactiva. Abrió “reciclaje didáctico” en quince idiomas. Comprobó que todo estaba hecho de un número limitado de elementos, que estaba en cambio, movimiento y mutación, y si la naturaleza se recicla, la vida y muerte son lo mismo. Horas después, cuando el sol declinaba, a Niko le reemplazaron la fuente de energía.
El jueves, cuando Juliette llegó con el biomecánico, al compartimiento 25k6 de Homo-Cybo, comprobaron que las extremidades estaban parcialmente deterioradas, y que se necesitaba reemplazar el material con otro más flexible y resistente. Eso implicaba replicar la pieza. Era imprescindible un artista nanomédico... ¿dónde hallarlo? Delfina, la amiga cyborg de Juliette, al ser consultada, transmitió informaciones claves señalando dos o tres especialistas. Sin embargo, todos ellos realizaron advertencias: «Alguna vez tuvo alguna nanointervención? ¿Tiene piezas recambiadas? ¿Ha sufrido quemaduras?». Los períodos de sobrecalentamiento en fluctuación implacable habían afectado a Niko. La zona del vientre y la ingle registraba vibraciones inquietantes. Y de remate su conciencia registraba niveles altos de reflexión.
Efectivamente, el viernes Niko tuvo conciencia que sus extremidades se encogían a la manera de una grúa telescópica, y pocas horas después se vio a sí mismo hecho un bodoque informe y raro.
Cuando Juliette y Delfina entraron a la sala-laboratorio se encontraron con una escena kafkiana. En el ecran del imagógrafo las ondas procesuales de Niko mostraban su evolución descomponente, mientras se oía su voz estropeada pronunciando una frase recurrente: «Estoy convertido en una albóndiga… Estoy convertido en una albóndiga… Estoy…».
Delfina podía intuir cómo se encontraba Niko en esos momentos porque ella concluyó con éxito una importante investigación con la que obtuvo su doctorado en biónica aplicada a los procesos de conciencia. Además, había estado en contacto con varios cyborgs durante al menos tres años consecutivos. Y como mérito a su desempeño profesional los legisladores le habían concedido la naturaleza de homocyb, un nivel intermedio nuevo.
—¿Qué le ocurre, Delfi? ¿Tienes alguna idea? —preguntó Juliette.
—Su sí mismo no funciona bien. Ansía llegar a ser un homocyb, como yo, pero no termina de imaginarse con un cuerpo de carne. Las vibraciones del vientre y la ingle son curiosas. Con su serie aún no se empezó los tegumentos libidinales así que no puede ejercer atracción intersexual. ¿Qué cantidad de potencial artístico posee?
—Lo siento. No es posible medirlo en cantidad. Simplemente es extraordinario. Tiene varios packs: vista de zoom, ojo posterior, reductor de celulitis, reproductor mental de música, levitador de objetos metálicos-semimetálicos, modificador táctil de banda magnética, visión nemónica de fotos y videos, cuarenta input y cuarenta exput. Simplemente una maravilla. ¿No lo crees?
—¡Qué interesante! ¿Lee?
—¿A qué te refieres? ¿A textos escritos? Sí. Es uno de los pocos de su naturaleza que han logrado leer. Pero él prefiere los filmes. Es capaz de visionar hasta veinte filmes en el tiempo que un ser humano ve solamente uno.
Activó su tableta y aplicó al DH (decurso histórico) el filtro “veces visionadas” y el resultado mostró la mayor frecuencia para el trailer del filme Camino hasta el Sol, del director brasileño Kornelius Moraes, inspirado en una novela de un autor andino. Revisó el argumento: el hijo de un famoso neurocientífico, después de asistir a una conferencia de Matthiu Ricard, biólogo y budista, recibe la ingrata noticia que su padre se encuentra muy grave. Y acude de inmediato al hospital donde él permanece en coma, víctima de un aneurisma. Lo encuentra rodeado de dos colegas quienes le comunican la última voluntad de su padre: Realizar la duplicación de su conectoma y sus geodesias mentales en el cerebro de su hijo. El joven, sin dudarlo, se somete a la prueba. Los cirujanos tienen escasos minutos para despertar la conciencia del paciente, reconstruir el funcionamiento de los dos cerebros mediante un programa personalizado y efectuar la intervención. El joven, convaleciente, asiste a la cremación de los restos de su padre, y continúa sus actividades cotidianas. Sin embargo, poco a poco su vida comienza a cambiar de manera desconocida, hasta que una mañana se despierta con una determinación: Visitar el pequeño pueblo donde su padre nació y creció.
Delfina volvió a observar los controles de Niko y comentó con Juliette: «¿Tú crees que Niko es susceptible a las influencias de sus preferencias estéticas?»
—Quizás. ¿Tienes comunicación con Cyndy MacCarthy? Ella, y sobre todo su esposo, te pueden ayudar —respondió Juliette.
—¿Y quién es él?
—Es uno de los mejores discípulos de Raymond Kurzeil.
Delfina llamó inmediatamente a la Administración y solicitó asesoramiento.
Treinta minutos más tarde, de manera singular, se autorizó la operación denominada Niko, sobre la base de recientes avances en simulación informática de sistemas biológicos, y nanochameleones. Una empresa de estrategias de venta en grandes superficies que intentaba encontrar y dominar el mercado de la ciudad norteamericana con mayor cantidad de inmigrantes o descendientes de inmigrantes chinos, finalmente, fue la que concedió todo el dinero de la financiación.
El sábado, en el Center Nanointeligentsy Wierner, Linkwindsing, el doctor MacCarthy llegó puntual, aparcó su coche y se deslizó por pasillos, lobbys y ascensores hasta llegar a la sala-laboratorio. Sin perder tiempo, observó la ficha de Niko y las tareas principales: sintetizar avances en redes baynesianas, memory-prediction, mapas cerebrales y simulación de sentimientos. Leyó los símbolos y enumeró operaciones: flujo libre, nanoproteostática, ensayo de neurona artificial, transportación, rememoración, reimaginación, conexión de inconexiones. Niko tenía afectado su ensamble central con un desorden de impulsos eléctricos cerebrales... «Objetivo colateral, pensó: Experimentar la experiencia sentimental de la procreación en y con Niko. Denominación y tiempo de ejecución: Operación Niko & NBIC, dos horas de preparación, cinco minutos puesta en marcha, tres segundos de intervención». Dejó todo preparado para realizar la intervención el lunes por la mañana. Sin embargo, el domingo, a eso de las cuatro de la tarde, Delfina decidió utilizar algo inédito en los exactos y regulados procedimientos científicos utilizados hasta la fecha.
De manera astuta, mediante un neutralizador de potencia media realizó un interlapso en los sistemas de vigilancia, control y grabación.
Esperó dieciocho minutos. Luego se deslizó a través de una rendija del enorme ventanal del CNWL, caminó pegada a la pared, muy sigilosamente, y al fin pudo llegar a la sala donde se encontraba Niko. Lo encontró quieto, depositado en una cápsula anaranjada fluorescente junto a otros cyborgs. No sin esfuerzo logró abrirla, y luego, a la altura del cuello de Niko, deslizó la lengüeta que conectaba con un sistema de recarga de fusión. Una pequeña pantalla empezó a titilar indicando que el proceso estaba en marcha. Diez minutos después tocó las sienes de Niko y le dijo claramente:
—¡Despierta!
El cyborg despertó y miró sorprendido a la homocyb. Luego ella cruzó su índice en la boca. Fue un gesto de silencio que Niko comprendió perfectamente. Enseguida, con microsonidos le transmitió el mensaje:
—Tú estás bien. Tú no eres ninguna albóndiga. Simplemente se ha creado en alguna parte de tu sistema un programa de voluntad procreativa que por ser insatisfactorio te provoca esa borrosa autoimagen.
Ambos se miraron y sonrieron en actitud de complicidad.
Luego ella lo tomó de la mano, le ayudó a incorporarse y salir de la cápsula, y cuando lo tuvo frente a frente, practicó por primera vez algo increíble: Lo besó en los labios. Y enseguida, lo condujo por la misma rendija del enorme ventanal por la que había entrado.
—¿Tú crees que podremos lograrlo?
—¿Lograr qué? —dijo ella.
—Procrear.
—Sí. Si aún no te lo han dicho, yo te lo digo: Eres genial. Entre los dos crearemos algo nuevo y diferente, superior a nosotros.
Y salieron escurriéndose por los sistemas de información más complejos del planeta para perderse en el horizonte de su heroico romance. Surcando por sus sistemas cibernerviosos viajaba la esperanza.
Cuando el lunes a las nueve de la mañana, el doctor MarcCarthy ingresó al CNWL y le comunicaron que la cápsula de Niko se encontraba vacía, ni siquiera preguntó qué había pasado. Simplemente imaginó que lo que tenía que ocurrir había ocurrido. Y los detalles no tenían importancia, la más mínima importancia.


Este cuento pertenece al libro: «La tarea del cóndor» de Pacha J. Willka, Rupestre Ediciones, 2018.


Pacha Jatha Willka (de nombre legal Alberto Cáceres Gómez) nació en Puno en 1957). Es un polifacético poeta, docente, editor y viajero. Fue galardonado con premios y distinciones, y sus textos se encuentran en numerosas antologías. Activo desde que fue adolescente, a la publicación de sus poemas, cuentos y artículos, sumó una intensa labor periodística y social en prensa escrita, radio y televisión, y contribuyó en diversas instituciones ya sea como fundador, animador o miembro. También ha prologado decenas de libros. Actualmente es delegado del Instituto Americano de Arte en Europa, donde habita desde 2000. Sus tres libros de poesía (Invenciones, 1988, Luz de lluvia, 1999 y Wayrita, 2004), su primer libro de cuentos (La máquina de gobernar, 2007) y el presente, La tarea del cóndor, exploran sus mundos subjetivos, sus sueños y visiones, sus ilusiones de perpétuo creador de fantasías, de utopías, de imaginador en recreación hasta el infinito, sus exacerbaciones sociales y hasta las crisis identitarias que son tanto personales como colectivas, ofreciendo a los especialistas y a los lectores no especializados la posibilidad de adentrarse a una creática "siempre naciente y asombrosa".

jueves, 11 de octubre de 2018

Ernesto Sábato: «Pacto entre derrotados»


Hemos fracasado 
sobre los bancos de arena del racionalismo 
demos un paso atrás 
y volvamos a tocar la roca del misterio 

Urs Van Balthasar 


 Te hablo a vos, y a través de vos a los chicos que me escriben o me paran por la calle, también a los que me miran desde otras mesas en algún café, que intentan acercarse a mí y no se atreven. 
 No quiero morirme sin decirles estas palabras. 
 Tengo fe en ustedes. Les he escrito hechos muy duros, durante largo tiempo no sabía si volverles a hablar de lo que está pasando en el mundo. El peligro en que nos encontramos todos los hombres, ricos y pobres. 
 Esto es lo que ellos no saben, los hombres del poder. No saben que sus hijos también están en esta pobre situación. 
 No podemos hundirnos en la depresión, porque es de alguna manera un lujo que no pueden darse los padres de los chiquitos que se mueren de hambre. Y no es posible que nos encerremos cada vez con más seguridades en nuestros hogares. 
 Tenemos que abrirnos al mundo. No considerar que el desastre está afuera, sino que arde como una fogata en el propio comedor de nuestras casas. Es la vida y nuestra tierra las que están en peligro. Les escribo un verso de Hólderlin: 

El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a salir adelante. ¡Ven! Miremos los espacios abiertos, busquemos lo que nos pertenece, por lejano que esté.

 Sí, muchachos, la vida del mundo hay que tomarla como la tarea propia y salir a defenderla. Es nuestra misión. 
 No cabe pensar que los gobiernos se van a ocupar. Los gobiernos han olvidado, casi podría decirse que en el mundo entero, que su fin es promover el bien común. 
 La solidaridad adquiere entonces un lugar decisivo en este mundo acéfalo que excluye a los diferentes. Cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocará por encima de la fatalidad de la historia. 
 Pero antes habremos de aceptar que hemos fracasado. De lo contrario volveremos a ser arrastrados por los profetas de la televisión, por los que buscan la salvación en la panacea del hiperdesarrollo. El consumo no es un sustituto del paraíso. 
 La situación es muy grave y nos afecta a todos. Pero, aún así, hay quienes se esfuerzan por no traicionar los nobles valores. Millones de seres en el mundo sobreviven heroicamente en la miseria. Ellos son los mártires. 

 Se los ve bajando de los trenes, de los ómnibus, después de inhumanas jornadas de trabajo, o desolados cuando no lo consiguen. Se los ve en las mujeres gastadas a los treinta años por los hijos y la urgencia de salir a trabajar por pagas miserables. Se los ve en los chicos de la calle, en los ancianos que duermen en los subtes. En todos los hombres abandonados en el sufrimiento y en su indigencia. 
 Una vez le preguntaron a Passolini por qué se interesaba en la vida de los marginados, como el protagonista de Mama Roma, y él respondió que lo hacía porque en ellos la vida se conserva sagrada en su miseria. 
 En un archivo donde colecciono papeles, recortes que me ayudan a vivir, tengo una fotografía del terremoto que destruyó hace años Concepción de Chile: una pobre india, que ha recompuesto precariamente su ranchito hecho de chapas de zinc y de cartones, está barriendo con una escoba ese pedazo de tierra apisonada delante de su casucha. ¡y uno se hace preguntas teológicas! ¡Cuánto más demostrativa es la imagen de la pobre indiecita que sigue barriendo su casa y cuidando a sus hijos! Esta clase de seres nos revelan el Absoluto que tantas veces ponemos en duda, cumpliéndose en ellos, como dijera Hólderlin, que donde abunda el peligro crece lo que salva. 
 Cada vez que hemos estado a punto de sucumbir en la historia nos hemos salvado por la parte más desvalida de la humanidad. Tengamos en consideración entonces las palabras de María Zambrano: "No se pasa de lo posible a lo real sino de lo imposible a lo verdadero". Muchas utopías han sido futuras realidades.

 Son muchos los motivos, me dirás, podrías decirme, para descreer de todo. Los jóvenes como vos, herederos de un abismo, deambulan exiliados en una tierra que no les otorga cobijo. En este desguarnecimiento existencial y metafísico, sufren huérfanos de cielo y de techo. Comprendo tu congoja, el desconcierto de pertenecer a un tiempo en que se han derrumbado los muros, pero donde aún no se vislumbran nuevos horizontes. Falsas luminarias pretenden cautivar tu voluntad desde las pantallas. Debés de pensar que no hay un cambio posible cuando el valor de la existencia es menor que el precio de un aviso publicitario. El escepticismo se ha agravado por la creciente resignación con que asumimos la magnitud del desastre. La banalidad con que se degradan los sentimientos más nobles, degenerando al hombre en una patética caricatura, en un ser irreconocible en su humanidad. 
 Yo también tengo muchas dudas, y en ocasiones llego a pensar si son válidos los argumentos con que he intentado hallarle sentido a la existencia. Me reconforta saber que Kierkegaard decía que tener fe es el coraje de sostener la duda. Yo oscilo entre la desesperación y la esperanza, que es la que siempre prevalece, porque si no la humanidad habría desaparecido, casi desde el comienzo, porque tantos son los motivos para dudar de todo. Pero por la persistencia de ese sentimiento tan profundo como disparatado, ajeno a toda lógica -¡qué desdichado el hombre que sólo cuenta con la razón!-, nos salvamos, una y otra vez, sobre todo por las mujeres; porque no sólo dan la vida, sino que también son las que preservan esta enigmática especie. No en vano, en una de las culturas cuyas sabiduría es milenaria, se creía que el alma de una mujer que moría en medio del parto era conducida al mismo cielo que el guerrero vencido en un combate.

 Por eso te hablo, con el deseo de generar en vos no sólo la provocación sino también el convencimiento. Muchos cuestionan mi fe en los jóvenes, porque los consideran destructivos o apáticos. Es natural que en medio de la catástrofe haya quienes intenten evadirse entregándose vertiginosamente al consumo de drogas. Un problema que los imbéciles pretenden que sea una cuestión policial, cuando es el resultado de la profunda crisis espiritual de nuestro tiempo. 
 Yo reafirmo a diario mi confianza en ustedes. Son muchos los que en medio de la tempestad continúan luchando, ofreciendo su tiempo y hasta su propia vida por el otro. En las calles, en las cárceles, en las villas miseria, en los hospitales. Mostrándonos que, en estos tiempos de triunfalismos falsos, la verdadera resistencia es la que combate por valores que se consideran perdidos. 
 Durante mi viaje a Albania, conocí a un muchacho llamado Walter, que había dejado su casa en la provincia de Tucumán, para ir a cuidar enfermos junto a la congregación de Teresa de Calcuta. Con cuánta emoción lo recuerdo. Siempre que veo las terribles noticias que nos llegan desde aquel entrañable país, me pregunto dónde estará, si acaso leerá estas palabras de reconocimiento a su noble heroísmo. 
 Son millones los que están resistiendo, vos mismo lo podés comprobar cuando ves a esos hombres y mujeres que se levantan a altas horas de la madrugada y salen a buscar un empleo, trabajando en lo que pueden para alimentar a sus hijos y mantener honradamente al hogar, por modesto que sea. ¿Te detuviste a pensar cuántos en todo el país comparten esta hambre por la dignidad y la justicia? 
 Miles de personas, a pesar de las derrotas y los fracasos, continúan manifestándose, llenando las plazas, decididos a liberar a la verdad de su largo confinamiento. En todas partes hay señales de que la gente comienza a gritar: "¡Basta!". Lo mismo ocurre con el movimiento zapatista en México, y con todos los movimientos que nos advierten del peligro que corre el futuro del planeta.

 Hay que recordar que hubo alguien que derribó al imperio más poderoso del mundo con una cabra y una rueca simbólica. Una salida posible es promover una insurrección a la manera de Ghandi, con muchachos como vos. Una rebelión de brazos caídos que derrumbe este modo de vivir donde los bancos han reemplazado a los templos. 
 Esta rebelión no justifica de ningún modo que permanezcas en una torre, indiferente a lo que pasa a tu lado. Ghandi advirtió que es una mentira pretender ser no violento y permanecer pasivo ante las injusticias sociales. Por el contrario, creo que es desde una actitud anarcocristiana que habremos de encaminar la vida. 

Ya no quedan locos, se murió aquel manchego, aquel estrafalario fantasma en el desierto. Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.

 Esa locura, cuya ausencia León Felipe lamenta, es un acto similar a la del estoico Guevara, cuando abandonó todas las comodidades y partió hacia una lucha insensata en la selva boliviana, enfermo de asma, ya sin remedios para su mal; para terminar asesinado por despiadados y repugnantes bichos. ¿Qué importa si se equivocaba con el materialismo dialéctico? Eso mismo prueba su inocencia, su autenticidad. Luchaba por aquel Hombre Nuevo que hoy nos urge rescatar de los escombros de la historia. En su carta final les dice a los padres: "Queridos viejos, otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo a mi camino con mi adarga al brazo"; y entonces sale en busca de lo que Rilke llamaría su muerte propia. Esa es su grandeza, que algunos considerarán su chiquilinada, su tontería; pero estos gestos de heroísmo demencial son los que nos rescatan de tanta iniquidad, porque no se puede vivir sin héroes, santos ni mártires. Como esos estudiantes que en la plaza de TianAn-Men, en una horrible masacre, murieron al imponerse ante el implacable acero de los tanques. Son ellos los que nos indican los caminos por los que la vida puede renacer. 
 Vivimos un tiempo en que el porvenir parece dilapidado. Pero si el peligro se ha vuelto nuestro destino común, debemos responder ante quienes reclaman nuestro cuidado. 

 Hace poco he visto por televisión a una mujer que sonreía con inmenso y modesto amor. Me conmovió la ternura de esa madre de Corrientes o del Paraguay, que lagrimeaba de felicidad junto a sus trillizos que acababan de nacer en un mísero hospital, sin abatirse al pensar que a éstos, como a sus otros hijos, los esperaba el desamparo de una villa miseria, inundada en ese momento por las aguas del Paraná. ¿No será Dios que se manifiesta en esas madres? ¿Por qué tendría que manifestarse sólo en poetas como Juan de la Cruz o en las sagradas pinturas de Rouault? 
 Si toda la resistencia parece absurda cuando se presiente el fin, ¿por qué no detenernos a meditar en estos santos? ¿Acaso no son una muestra de que algo existe del otro lado del absurdo? 
 No sabemos si al final del camino, la vida aguarda como un mendigo que nos extenderá la mano. 
 Esta fe demencial, o milagrosa, se debe precisamente a que hemos llegado a tocar fondo. Es necesario preservar los lugares que existen hasta en los suburbios de las grandes ciudades, donde aún se conservan los atributos del hombre concreto de carne y hueso.
 Cuando el mundo hiperdesarrollado se venga abajo, con todos sus siderántropos y su tecnología, en las tierras del exilio se rescatará al hombre de su unidad perdida. Y quizá, cuando despertemos de esta siniestra pesadilla, cuando un vacío de humanidad nos duela en el pecho, entonces recordaremos que alguna vez fuimos aquello que dijo René Char: "Seres del salto, no del festín, su epílogo".

 Me hablás de tu agitación, de una especie de temblor que te sobrecogió y aún perdura, luego de nuestra conversación en aquel café al oírme decir estas palabras. 
 Debés perdonarme; a pesar de los años, no puedo evitar ser desmesurado en loque considero fundamental. 
 Por otro lado, ¡hay temblores que son tan importantes! Porque anteceden a esa clase de decisiones que sacuden los cimientos de nuestra existencia y, aunque generen incomprensión, terminan repercutiendo en el destino de los demás. Los grandes creadores realizan sus obras bajo tensiones similares. Sólo lo que se hace apasionadamente merece nuestro afán, lo demás no vale la pena. 

 También yo quise huir del mundo. Ustedes me lo impidieron, con sus cartas, con sus palabras por las calles, con su desamparo. 
 Les propongo entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso: salgamos a los espacios abiertos, arriesguémonos por el otro, esperemos, con quien extiende sus brazos, que una nueva ola de la historia nos levante. Quizá ya lo está haciendo, de un modo silencioso y subterráneo, como los brotes que laten bajo las tierras del invierno. 
 Algo por lo que todavía vale la pena sufrir y morir, una comunión entre hombres, aquel pacto entre derrotados. Una sola torre, sí, pero refulgente e indestructible. 
 En tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche. Lean las cartas que Miguel Hernández envió desde la cárcel donde finalmente encontró la muerte: 

Volveremos a brindar por todo lo que se pierde y se encuentra: la libertad, las cadenas, la alegría y ese cariño oculto que nos arrastra a buscarnos a través de toda la tierra.

 Piensen siempre en la nobleza de estos hombres que redimen a la humanidad. A través de su muerte nos entregan el valor supremo de la vida, mostrándonos que el obstáculo no impide la historia, nos recuerdan que el hombre sólo cabe en la utopía. 
 Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido.


Epílogo de «Antes del fin», libro de memorias de Ernesto Sábato, Seix Barral (1998)

miércoles, 26 de septiembre de 2018

dos poemas: Willni Dávalos











































GRAVEDAD


Suenan las voces quebradas por la euforia del smog.
Del exicial humo decorando los pulmones rosados.
Miles de ojos buscan luz en los míos.
Miles de manos tiemblan y buscan algo que buscar.
La monotonía mata a la voluntad.
La rasga.
No la hace retroceder.
La amenaza.

Y siguen las voces,
el humo sigue en los pulmones.

Nos vamos a morir de cáncer.
Nos vamos a morir por respirar
el efluvio maldito de los jardines,
de los corazones cayendo podridos
al caldo de vísceras y domingos.
No me importa si entero caigo.
Tal vez, en el fondo, sea mejor que la superficie.
No habrá motivo para caer.
Sin embargo, las voces se quiebran

C rr r aa aa c c c c !!! !!!
C rr r aa aa c c c c !!! !!!
C rr r aa aa c c c c !!! !!!

¡Qué escándalo hacen!

Imposible, es, visualizarlas
entre serpientes y espejos.
Y es hoy otra vez,
algo borrachas andan mis neuronas.
Mis dioses internos
se han devorado a sí mismos en la caída.




RADICAL OH

Le eché alcohol medicinal a mi refresco
para que esta magia barata surja
y las precoces horas que chorrean del techo vuelvan a ser
el prototipo nocturno que tengo grabado en la memoria
para no dejarme arrastrar por los brazos famélicos
de mis propias mascotas escritas,
esas que se ocultan tras mi corteza
y esperan que mis ojos clausuren su injusto negocio
y mi cuerpo se tienda como un objeto en reposo
para llevarme de los pelos hacia la negritud cuadrada
con rombos negros y hexágonos flotantes
dejando claro
que la oscuridad es gradual y ubicua.
Arrepentimiento
mentira y más momentos para arrodillarse y besar el suelo
que pisó el santo pie del santo patrono de los desalmados
bolsillos abiertos como piernas cansadas, vacíos,
hambrientos
y dos palabras que se atascan en mi glotis
y no me dejan pedir ayuda a los que escuchan tras la puerta.

Alcohol medicinal en mi sangre
un poco más abajo y abajo me veo
en tercera persona me veo
desde arriba
soy un punto
una coma
un espacio
un silencio.

Como cualquier chispa
instalada en mi pecho.



Poemas pertenecientes al libro Ceros y Cruces, Pardiez Editores (Cusco, 2008)

Fotografía: Irving Penn (Beauty treatment with Gauze Mask, New York, 1997)
https://www.irvingpenn.org/

lunes, 10 de septiembre de 2018

Pedro Olórtegui: «Cuando el pasado nos alcance»




DOBLECES

Lo desnudó como al desierto y desasosegó su alma. Su violencia era cosa dulce cada vez que lo odiaba con toda su pasión. Una mañana le cambió el corazón por un reloj. Ahora, en el olvido, solo se escucha el latido del tiempo.

DESPEDIDA

Sus últimas palabras —en aquella carta de suicidio— fueron una dolorosa y dulce elegía de la muerte, que solo la muerte, entre lágrimas, pudo leer.

ÍKARO

El cosmonauta de los vientos solares fue encontrado tendido boca arriba; sobre la arena, en sus manos calcinadas, aún ardían las llamas que Prometeo jamás pudo despojarle a los dioses.

ROEDORES

Dos ratas echaban una parrafada en el viejo depósito de antigua filmoteca, a su vez, comían los restos de una vieja películas —una adaptación de La naranja mecánica de Anthony Burgess por Stanley Kubrick— y una le decía a la otra: «Pues a mí me gustó más el libro».


LA MUERTE Y SUS SECRETOS

Al tiempo que el soldado descerrajaba una ráfaga de su FAL sobre el cuerpo rendido de aquel hombre, se abrieron todas las ventanas del pueblo para darle mil rostros a la sombra de la muerte.


Estos breves poemas en prosa pertenecen al libro «Cuando el pasado nos alcance» (Rupestre Ediciones, abril 2017) del vate ayacuchano, Pedro Olórtegui.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Juan Cristóbal: «El llanto / El fuego»





























FRATERNIDAD

No soy ajeno a los tiempos
Pero envejezco cuando el sol no llega a mis manos
O cuando el último exiliado escribiera
En la pared más solitaria del mundo
«El último que salga que le apague las luz a los muertos»

Por eso
Cuando el mar me señala la soledad de mis pasos
O se refugia como un loco en las neblinas del tiempo
Trato de saludar al cartero
                           dar los buenos días al viento
                           jugar con las mariposas del huerto
Y en las noches
                          como quien enciende la sonrisa de un antiguo recuerdo
Le envío un cesto de frutas a la Bella Durmiente
Para que siga soñando con esa flor escondida en su pecho

Pero cuando descubro
Que los ancianos acaban
Como una golondrina en los techos
Dibujo la fraternidad
Como un eucalipto en el cielo.



NO ES VERDAD LO QUE SUCEDE

«El Perú es un burdel»

Pablo Macera


No es verdad
Que en mi país
Las palomas no conozcan
Los últimos afiches desesperados del otoño

Ni que sus calles
Tan parecidas a los aullidos entristecidos del olvido
Se hayan extraviado
En las pequeñas charcas abandonadas de la pena

Lo que sucede
Es que su alma se asemeja
A esos boxeadores ebrios de la noche
Cuando se amanecen en los parques
Después de haber sido derribados
Por la realidad inapelable de los sueños.



A LOS QUE MURIERON POR SUS SUEÑOS


Los que nacieron en octubre no festejarán a los bolcheviques,
 sino celebrarán la Toma de la Bastilla y la Revolución Francesa.

(Carta de Carlos Vivanco; 17/08/91)


Se me han agotado las palabras
                  al igual que la esperanza
Y ya no hay mariposas en el cielo
Ni aves que jueguen con los atardeceres en el tiempo
Incluso los claveles que antaño dibujaban sonrisas en el agua
Se han marchitado en los ojos de los niños

Sin embargo recuerdo a los que murieron por sus sueños
A los que aún entregan sus vidas en el viento
Y sufren cárcel o destierro por el secreto de sus pueblos
Entonces reparo: todavía existen semillas en el pecho
Sobrevivientes mirando como un árbol estrellas en sus manos
Y si bien las fuentes
de donde brotaban inagotables los caminos
                                               se han secado
La felicidad nunca debe hacerlo
Aunque las mañanas amanezcan
                                                    friolentas
                                                             como gaviotas
                                                                             heridas
                                                                                     en el campo.



RETOMANDO EL HILO (Con Carlos Oquendo de Amat)


Naciste
Cuando los peregrinos
se extraviaban en el alba
Y los enamorados dibujaban solícitos
Su amor en las retamas

Cuando los duendes bailaban en los puentes
Y cuando los loros contaban chistes en la playa
Mientras las miseria se mecía como una pompa de jabón en la cocina

Era el tiempo
En que todos se burlaban de tu vida
Y de tu alma arrancada como una fotografía de los cines
Porque vendías caramelos en las calles
Y leías tus poemas a los locos
Y a los gorriones asesinados en la luna

A pesar de todo
Jamás lloraste en los crepúsculos de Europa
Ni en los campos de concentración de tu nostalgia
Pues seguiste soñando con los recuerdos de tu patria
Y con la sonrisa de tu madre vagando por la aurora
A la hora en que los obreros repartían volantes en la noche
Recordándonos el entierro de tus ojos
Y las huellas del sol deshilvanándose en tu casa.



EL DESTINO DE LA MAGIA(*)


A Tassie Bermúdez, a quien nunca conocí

No era una bruja
Pero se alegraba cuando las luciérnagas volaban
                   en los ojos de las niñas
O cuando veía curar a las enfermeras
A los maltratados por el agua
Con su blusa azul turquesa de la selva
Con sus ramitos de nomeolvides por el pecho

Nadie cultivó mejor la amistad en la tierra
Por eso sus amigos la amaban cuando les adivinaba la suerte
Y como por arte de magia
-con ese candor que le brotaba del sueño-
Les deseaba los mejores deseos del alba
Para que jamás se olvidaran de la realidad de sus días

Su vida fue a sonreír a los grillos
Y leer literatura en varios idiomas
Para hablar y comprender y bailar con la gente del pueblo
Y amenazar con echar de su casa
A quienes no deseaban la unidad de la izquierda

Se le encontró siempre en miles de sitios:
Repartiendo octavillas de Vallejo en España
Bailando con Celia Cruz en los callejones de Lima
O pidiendo a sus dioses lejanos (especialmente a Buambó)
Que no olvidara a los infantes del mundoç

En realidad en su corazón habitaban muchas mujeres
Tal vez por eso voló con castañas y todo
Hasta los rascacielos más inhumanos del cielo
Para curarse de las heridas que le quemaban los huesos
Pero la poesía (esta vez) no estuvo al alcance de sus ojos
              tiernos y claros
Que le enseñaron siempre a mirar los abismos del cielo
Y esos viejos como amados olivos que aromaban su casa
Hoy (una mañana de invierno) que escribo todo esto
         en medio de una tonta y desordenada llovizna
Y que veo a todas sus amigas llorar al pie de sus adorados
            amuletos de cuero
No puedo dejar de pensar que esta mujer
(a quien jamás conocí en el exilio de una mañana sin nubes)
Y cuyos coqueteos con la luna asombraba a los zorros
Era capaz de conmover las raíces más negras y agoreras del bosque.



(*) Escrito después de leer el artículo: La magia de la mujer peruana de Víctor Carranza. Publicado en La República el 12 / 08 / 93



Poemas del «El llanto / El fuego», quinto libro publicado por la editorial Rupestre, en agosto del 2015.

Foto: Tommy Ingberg
 http://www.ingberg.com/

lunes, 3 de septiembre de 2018

Charly Lira: «Muerto en el áun»





Arquitecto luminoso
Dicta donde te dejo
Por las nubes
     

Buscamos
Que nos busquen!

En el gusto congelado del sonido
En el último vaso de los glaciares

Futurista salamandra neural
Apuñala esta osamenta transitoria

Holgadas mareas empuñan tu aliento
Rapaz reencuentro
El del espejo y el mar

Penetramos el tiempo
       Nos buscan!

Locos vientistas
Y el aire de las mesas
Y el sopesarte
En plan: Qué dijiste acerca de la virginidad?

Sobre todo a ti
Sobre todo a ti
Porque la hora ya bajó del barco

En viejas glorietas
En Chucuito
He muerto

He muerto?
Sí, he muerto en el aún

Yo soy Charly Lira
Y en mis ojos cabe la infinitud del mar

La orfandad solo es comparable
A las botellas vacías de ron

No quiero tu piedad
Los hombres libres tenemos

En una mano el cuchillo
Y en la otra un girasol

Tú eres Charly Lira
Y en tus ojos no acaba el mar



Este poema pertenece a «Finventario», una plaquette de poesía editada por Rupestre Ediciones en la ciudad de Puno en noviembre del 2017. El poeta perdió la vida a los 22 años, es justo el homenaje.

Foto: «Retrato de Charly Lira» de Paco Goyzueta Linares, pintor arequipeño con raíces puneñas. Es el único retrato del poeta que se conoce hasta la fecha y forma parte de su nueva exposición individual. Los amigos que viven en el Cusco podrán gozar del nuevo trabajo de Paco Goyzueta titulado: «Disolución de la conciencia» desde el viernes 07 de setiembre, a partir de las 19:00 en las instalaciones del Museo de Arte Contemporáneo de la Municipalidad del Cusco. El ingreso es libre. Esa misma muestra de pintura se exhibirá en Puno, en la galería Francisco Montoya Riquelme ubicada en la Dirección Desconcentrada de Cultura - Puno en la primera quincena de octubre.

domingo, 2 de septiembre de 2018

André Góes: «Patúa de ternuras»




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Las palabras son traicioneras
Las imágenes están viciadas
Toda fragilidad es brutal
Esperanto gestual
Pajarístico esencial
Y el dialecto oculto del corazón de las hadas.


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Rondaba la fábrica de los colores de infancia
Las primeras y amarillas fiebres del sol
En aquellos tiempos sabía desmaterializar 
Ciudades enteras en los espejos de la retina.


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A modo de educar serpientes
Y adiestrar parientes
Nada dura para siempre
Pero las flores se pudren
Bien antes que los dientes.


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Gente con menos suerte para sangrar por dentro
Cuchilladas que no valen un dólar
Serenas pálpebras cerradas 
En la morgue de un pueblito al sur
Carnadas humanas
Rabias de fin de agosto
Lotería del inevitable
Palomitas que duermen con murciélagos
Y se despiertan de cabeza para abajo.


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Desde el día que subiste
A los largos gallos de aquel árbol
Para nunca más volver

Allí nació una ventana triste
Por donde llegaban los pájaros
Que cantaban una melodía 
Parecida al color de sus ojos

Yo era pequeño y todas las tardes volvía allí
Creí que llegarías con el achachairú
O con los pájaros

Ambos venían pero tú no estabas
Hasta que un día me di cuenta
Que mi cuerpo había crecido lo suficiente
Para manejar el hacha olvidada
Siempre callada tras la puerta de la cocina

Desde tal día en nuestra casa
Nunca más se escuchó hablar
De raros pájaros que cantaban

Melodía de verde selva / tierra húmeda
Madera ocre / carmín de sangre y miel

Desde ese día en adelante 
Noté que la señora que nos cuidaba
Parecía poder dormir
Con una expresión un poco más tranquila.


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Era poeta, decían
En tiempos díficiles
En épocas remotas

Era poeta, sentían
Al ojo del huracán
En el alma de la revuelta

Era poeta, insistían
Una brújula de vientos
Y doblaban la apuesta.



Estos poemas superlativos corresponden al libro: «Patúa de ternuras», Ediciones Golpe Bajo, (Bolivia, verano del 2017), del poeta, cineasta, actor y gestor cultural brasileño André Góes, afincado en La Paz - Bolivia desde hace ocho años. Góes dirigió una película llamada: «El museo de la nada» que fue filmada entre el 2011 y el 2013 y finalmente estrenada en 2015, en Bolivia, con un gran éxito por su hondo sentido poético ya que el escenario es un extenso salar repleto de metafísica.


Foto: "André Góes en el muelle de Puno". © Archivo personal del autor.
https://www.facebook.com/andre.goesdmenor