lunes, 2 de mayo de 2016

Con mi Huajsa yo me iré a naufragar




Protagonistas:

Filonilo Catalina: Conde de Huajsapata
Willni Dávalos: Contorsionista de papel
Sinfocaos Cfer: Horizonte musical
Leo Cáceres: Sobreviviente del paye
Niño: La realidad
Perro: La cordura


Domingo 13 de octubre del 2013. Un día después de celebrarse el 1er Festival de Arte «HatunÑakaj» en la Ciudad del Lago, unos aventurados poetas se encontraron acicalando la mañana gracias al azar cervecero y se dirigieron al cerrito Huajsapata. Allí, gracias a Jana Camila (sublime entre las sublimes), conocieron la maternidad de las flores y el nacimiento de las nubes. Horas más tarde descendieron hacia el lago, deteniéndose cada vez que un anciano niño pronunciaba, con lengua imaginaria y explosiva, la palabra «Algarabía». Las fotos se las debemos a una frondosa arboleda lacustre: NaturAlezita





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ENTONCES

pienso
en lo bondadosos que son los postes
cada vez que permiten
enseñarles el pene un Domingo
como a las cuatro de la mañana
o
cualquier mañana en que
uno no espera el «mañana»

en verdad
las noches ya no alcanzan
o
como dirían nuestros viejos

                                                     «ya nada es como antes»

desde que amanece
mi cara en el espejo no me es suficiente
ni el sol
que molestoso como un insecto
se descuelga por el borde mi mis ojos

con / los famélicos días que veo pasar / en cuatro patas
por mi puerta
me percato / que las pistas siguen siendo las mismas
y que los postes son
los mismo abuelitos consentidores
malcriadores
que alumbranuna a una nuestra noches

y yo sé
                                       —estoy seguro—
                        que  mi  canto  tiene
                      el mismo sonido que emite la carcajada
                                             de un niño

                    mi canto que tiene el mar como principio



Filonilo Catalina, Fragmento de «Arquitectura de pájaros» (Cascahuesos, 2013)



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II

Yo no quiero volverme evangélico.
Tener treinta y siete, ir al psiquiatra,
dispararme balazos químicos cada ocho horas,
comprar un kilo de boldo cada domingo.
No quiero conocer gente sonriente que dice saber por lo que ha pasado,
que finge interés en mi situación,
en mi nombre, en mi trabajo.
Yo no quiero resaltar con colores la biblia,
no quiero memorizar frases y mucho menos sus coordenadas.
No quiero tocar timbres para ser respetado,
me dan bascas pensar en gente perdiendo su tiempo oyendo mi voz plana,
vacía de énfasis, lineal y fría como un prolongado sonido de alarma
activado por equivocación.

Yo no quiero volverme mormón.
Vivir afligido. Pensando en cuando será la próxima recaída.
En quién extenderá el brazo
brindándome, en el extremo de la mano,
un vaso hasta el tope de licor.
Me inquieto tan solo al suponer que tal brebaje está en mi boca,
que se ha ido,
que ha caído en carnes rojas y verduzcas.
Y en lo que diría mi madre y lo que pensaría mi otra madre, mi padre.
Despertar asqueado y de sed.
Y al lado de un vaso de agua, la biblia celeste, firmada y con dedicatoria
por Rodrigo De la Hoz, mi posible padrino del grupo de AA.

Tampoco quiero volverme budista.
Caminar siendo silencio e ignorar al tiempo y su fantasmal
paso de muerte.
Quiero abrir la boca y comerme la tierra de un simple y ocioso bocado,
quiero saborearla y empalagarme de ella.
Quiero lo imposible y me entristezco,
es cuando enciendo una luz dentro mí, descubro a Dios y con él juego.

No quiero seguir idealizando mi existencia
pero tampoco deseo ser un proto-muerto:
un obediente y sumiso ser hambriento,
por siempre, hambriento aunque calmado.
Molesto aun si calmado.
Impaciente pero calmado.
Sentado continuamente sobre los miembros inferiores de su cuerpo.

Ah, locura, pienso en mi padrino.
En Rodrigo soltando el control remoto y hundiéndose
perpetuamente en la narcosis:

Una piedra descomunal que lo persigue y aplasta.
Él sueña martirios, siente la presencia de un Ente que le aprieta la tráquea
impidiéndole despertar.
Tropieza con sus manos al intentarlo y su cabeza se hunde
ásperamente en el suelo de cemento rojizo y helado.
Mientras que la Entidad continúa ahorcándolo
con invisibles tentáculos de humo
que el aire cargado de la habitación permite.
Él oye a la Entidad partir una vez ejercido el dolor.

Rodrigo despierta transpirando su miedo.
Su finita razón le consuela diciéndole que solo fue un sueño,
que el Ente aquel que lo estrangulaba fue labor del subconsciente.
Pese a que en el fondo no cree en la objetividad de la ciencia mental.
Su fe se contradice con sus principios racionales.
La maldad ha tomado su cuello y le ha dejado vivir.
Da gracias a su Dios cuando tiene una visión:
Dos borrachos sobre una motocicleta, a siete octavos del domingo,
Llovió por cuatro horas y los buses no dejaron de circular
en ningún momento por todo el Cusco vestido de Abril.
Dos borrachos sobre una motocicleta a veinte metros de la combi
que los dejará hechos cadáveres.

Vuelve en sí.
¿Qué fue eso?
Fue como un relámpago a pesar de no tener nada que ver con la Luz.
Las imágenes se vertieron sagazmente en su mente dejando la impresión
que aquella situación había sucedido, ¿o estaba por suceder?

Pienso en él apagando el televisor perezosamente.
Hasta puedo sentirlo cerrando sus ojos durante las pocas horas
de madrugada que le quedan. Hasta aquí, por el momento, con Rodrigo.
He decidido dejar la Asociación de Alcohólicos Anónimos.




Willni Dávalos, de «El Egófago» (Dragostea, 2013)


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Soundtrack:


jueves, 7 de abril de 2016

POEMA DE LAS 17:28 O «NUNCA NOS ANOCHECIÓ»




Nos persigue el cráneo de la canción
Que entonó el escriba de la tarde
—Como suaves recintos de ojos—

¿Cieblo o Ciemblo?
Las ramas son las alas del cóndor quieto
Un diente de león incendia el mundo
—Maceración de crepúsculos—

Esta casa que hoy nos alberga
Es un humorista que teje despacio
Su tela de araña inimaginable
—Al observar el espejo dormido—

La borrasca del momento
También es un leño de fuego blanco
Como la ganzúa que sale por su boca
La poción preliminar del humo—

Somos
El faro de la palabra
Que estamos recordando

Somos
Un vasito de mente impura
Que riega amorosamente lo rígido

Tardes eternas de las 17:39
Nunca nos anocheció



Leo Cáceres, Edgar Pacompia, William Gordillo


Foto: Carlos Alp


viernes, 11 de diciembre de 2015

Desluz - Leo Cáceres (PDF)


Hasta el año 2005 mis ideas sobre la poesía se enfocaban en que ésta era un poderoso vehículo de libertad y rebeldía, un inmenso torrente donde depositar (para perderla de vista) toda la mohosa realidad que nos mancha día a día; un cántaro de furia que se derrama impune sobre el papel al comprobar las infinitas injusticias que nos rondan. Y a la vez era una habitación estelar, un refugio donde sentirse protegido y así poder acariciar las palabras, irlas arrimando como en un juego, ensamblándolas para ver qué aroma se desprende de la nueva imagen que brota llanamente. A finales del 2005 me trasladé a Madrid. Un viaje de casi doce horas me reseteó severamente las ideas y las emociones. Conocí la ciudad a fondo, tanto de día como de noche, sin temor. Fui ayudado, tal vez, por viejos amigos que se ocultaban tras mis pasos. Me instalé en Chamberí, barrio céntrico, a unos quince minutos en metro del centro de Madrid: La puerta del sol, el kilómetro cero. Mis lecturas empezaron a ser más ordenadas y más fluidas gracias a la red de bibliotecas públicas de Madrid; hay por lo menos una en cada barrio. Sacarse el carnet dura menos de diez minutos y con él uno puede llevarse hasta tres libros por espacio de un mes y tres discos, ya sean de música o películas, sobre todo lo que definimos con el término «clásico».

Iniciado ya el 2006, mis opiniones sobre la poesía no eran tan distintas a las mencionadas antes, pero sí más reflexivas. Si antes pensaba que ésta era un torrente, ahora comprobaba que era más un goteo alquímico estricto, que cada palabra tenía una razón de ser en la edificación del poema y que a la vez este debía estar iluminado por núcleos inamovibles. Es así como «Desluz» ve el alba (y el crepúsculo) durante todo ese año, con la premisa de hacer un poemario compacto, que tenga tres carriles que guíen subrepticiamente al lector: la luminosidad, la oscuridad y el silencio; tal como lo prefiguran los epígrafes iniciales. Constaté, en ese entonces, como las cosas contenían en sí mismas estos tres conceptos; y mucho más los seres vivos y conscientes, quienes además de contenerlas las ponen en práctica continuamente en sus acciones y pensamientos. Me di cuenta de que la introspección es básica para el desarrollo de cada poeta, de que primero debía revisarse hasta el último anaquel del espíritu para conocer, a la vez, el mundo y todo lo que habita en él. «Desluz» inaugura toda una puesta en escena en mi poesía, es la primera piedra de un poemario mayor llamado «Aromas Oscuros», que contiene mis escritos desde el 2006 hasta el 2012, año en el que regreso por primera vez al Perú después mucho tiempo.

Hoy, casi diez años después, he resuelto colgar todo el «Aromas Oscuros» en la red, en intervalos, para que sea de dominio público, no sin la esperanza de verlo publicado en papel algún día. 

domingo, 31 de mayo de 2015

PAN Y VINO - Friedrich Hölderlin





A Heinze



1

La ciudad reposa en torno; la calle, con luz, se aquieta
y con antorchas ornados se deslizan los carruajes.
Saciados vuelven los hombres al reposo en sus moradas,
sopesa algún pensativo la pérdida y la ganancia
satisfecho en el hogar; ya sin vides y sin flores
descansa en sus tareas el afanoso mercado,
de cuerdas, lejana música se oye desde los jardines,
¿son los sones de un amante o recuerda un solitario
a los perdidos amigos y la juventud ya ida?
Sobre sus lechos fragantes brotan frescos manantiales,
en el aire de la tarde suaves tañen las campanas,
atento al curso del tiempo un sereno da la hora.
La suave brisa reciente las copas del soto agita.
¡Mirad! La sombra de nuestro planeta, la hermosa luna,
viene también en secreto; la soñadora, la noche,
llega grávida de estrellas sin cuidarse de nosotros,
brillando, la sorprendida, entre el hombre forastera,
con tristeza y esplendor sobre la altura del monte.


2

Maravillosa es la gracia de la sublime, y no existe
quien conozca cuándo y qué por su causa le acontece.
Así mueve el mundo y el alma esperanzada del hombre.
Ni siquiera el sabio entiende sus designios, pues que así
lo dispone el dios supremo que a ti, Heinze, te ama tanto,
así, el día pensativo, cual la noche, te es preciado.
A veces ama la sombra la vista clarividente
y, antes que sea preciso, busca los goces del sueño,
o un hombre que es devoto mira la plácida noche.
Sí, oportuno es dedicarle dulces coronas y canto,
pues sacra es para los muertos y para los errabundos
aunque eterna permanezca dentro del más libre espíritu.
Mas, para que en la tiniebla un asidero tengamos,
deberá ella concedernos, al momento de la duda,
la dádiva del olvido y la inspiración divina,
darnos al ardiente palabra, cual los amantes insomne,
una copa rebosante y una vida más osada
y también sacra memoria para velar la noche.


3

Ocultamos vanamente el corazón en el pecho;
en vano, maestros y alumnos, el ánimo controlamos,
pues, ¿quién nos impedirá o prohibirá el contento?
Partamos; un fuego sacro noche y día nos impulsa.
¡Ven, pues! Miremos lo abierto, indaguemos algo propio,
no importa su lejanía, por los confines del mundo.
Algo permanece estable: se trate del mediodía
o sea la medianoche, hay un cannon compartido
y a cada cual se le asigna su medida peculiar;
hacia ella se llega y de ella se vuelve hasta lo posible.
Que se burle de la burla un extravío dichoso.
Cuando en la noche sagrada sobrevenga a los poetas.
¡Ven hasta el Itsmo!, allá, donde ruge el mar abierto,
cabe el Parnaso y rodeado por délficas rocas níveas,
en las tierras del Olimpo, del Citerón en las cumbres,
allí bajo los pinares, bajo los dulces viñedos,
donde el Tebas y el Ismeno cruzan la tierra de cadmo,
de allí viene y hacia allí señala el dios venidero.


4

¡Grecia bienaventurada! ¡Hogar de todos los dioses!
¿Es cierto lo que una vez, cuando jóvenes, oímos?
¡Gozoso aposento! El mar, cual suelo; los montes, mesas;
antaño fuiste erigida para un único destino.
Pero, ¿dónde están los tronos, los templos? ¿dónde los vasos?
¿dónde, colmados de néctar, para los dioses y el canto?
¿dónde alumbran los oráculos que descrifran lo remoto?
¿dónde resuena, si Delfos dormita, la voz del rápido
destino? ¿dónde, jocundo, irrumpe sobre los ojos,
pleno de lo omnipresente y tronado del aire?
"¡Padre Eter!" era el clamor volando de boca en boca:
sin fin. No existe quien haya sufrido la vida solo;
dulce es tal bien compartido y, trocado con extraños,
cambia en júbilo. La ardiente palabra despierta en sueños:
resonando: "¡Padre! ¡alegre!" cual emblema milenario,
es la herencia de los padres: signo creador y certero.
Así vuelven los divinos: desde la sombra de su día
adviene profundamente emotivo entre los hombres.


5

Advienen en el comienzo sin que les reconozca,
y los hijos les porfían, con su luz ciega, la dicha,
y el hombre de ellos recela. Apenas un semidiós
nombrar a aquellos podría que con dones se le acercan.
El ánimo de los dioses vasto es; el pecho del hombre
insuflan con alegrías, bienes que usar sabe apenas;
necio y dadivoso, crea, dilapida y, cuando toca
con mano bendita, casi trueca en santo lo profano.
Los divinos lo toleran; mas, luego, ellos mismos llegan,
reales, y toma el hombre el hábito de la dicha,
y el del día y del mirar a los dioses manifiestos,
al rostro de los nombrados, largo tiempo, Uno y Todo,
que insuflan el hondo pecho mudo con libre abundancia
y aplacan, antes de nada, los inexhaustos deseos.
Así es el hombre. Recibe suerte, y cuando un dios lo atiende
con sus obras no le ve ni podría conocerlo.
Mas si debió sufrir antes, nomina lo que más ama,
y será en ese momento, tan solo en ese momento,
que palabras como flores brotarán para nombrarlo.


6

A los bienaventurados piensa honrar con devoción,
sí, todo debe anunciar ciertamente su alabanza,
no surja nada a la luz que no agrade a los divinos;
nada vaya al Padre Eter intentando con fatigas.
A fin de estar dignamente en presencia de los dioses,
entre sí van ordenándose gloriosamente los pueblos
para construir ciudades y templos de maravilla
alzados en las riberas de los mares y los ríos.
¿Dónde están? ¿dónde florecen las villas más renombradas,
las coronas de la fiesta? Mustia está Tebas, y Atenas.
¿No se escuchan ya los ruidos de las armas en Olimpia?
¿tampoco el de las doradas carrozas para el combate?
¿Y no se coronan ya los bajeles de Corinto?
¿Por qué enmudecen los viejos anfiteatros sagrados?
¿por qué no alegran las danzas de rituales ofrecidos?
¿por qué no signa un divino la frente del favorito,
cual una vez, señalando como antaño al elegido?
O compareció en persona, tomando humana figura,
culminando con consuelo la fiesta de los celestes.


7

¡Tarde llegamos, amigo! Por cierto, los dioses viven,
pero arriba, en otro mundo, por sobre nuestras cabezas.
Sin descanso ahí trabajan y de nosotros parecen
no cuidar; pero vivimos, tanto es lo que nos protegen.
No podría un frágil vaso a menudo contenerlos,
solo a veces tan divina plenitud resiste el hombre.
La vida es un sueño de ellos. Pero el estravío ayuda
cual sueño, y nos fortalecen la necesidad, la noche,
hasta que en cunas de bronce crezcan héroes bastantes
surgiendo con corazones fuertes cual de los celestes.
Descenderán entre truenos. Mientras estoy a su espera,
mejor me parece el sueño que vivir sin compañero;
al persistir indolente no sé qué hacer o decir
luego, ¿para qué poetas en un tiempo de penuria?
Son, dices, cual oficiantes sagrados del dios del vino,
errando por las comarcas bajo la noche sagrada.


8

Pero cuando en un momento, que creemos ya remoto,
ascendieron a la altura los que la vida alegraban,
y el Padre de los humanos su rostro apartó divino,
y se inició con razón el duelo sobre la tierra,
y adivinó apacible genio, celestial consolador,
que anunció el fin de aquél día, desvaneciéndose luego.
Dejó aquel coro celeste determinadas ofrendas
cual signo de su presencia y retorno venidero,
que como antaño nos causan un humano regocijo,
pues la dicha en el espíritu insoportable sería 
para el hombre: héroes no hay que soporten tales goces,
sin embargo, en la quietud vive un reconocimiento.
El pan fruto es de la tierra y es bendito por la luz,
y del tonante proviene el regocijo del vino.
Pues que nos recuerdan ambos a los celestes venidos 
antaño, y que volverán cuando sea el tiempo justo,
con devoción los poetas al dios del vino le cantan
y loas que oye el anciano no pensadas en vano.


9

¡Dícese, pues, que el anciano reconcilía día y noche!,
que a las estrellas del cielo eternamente dirige,
siempre alegre, cual follaje del verde pino que ama,
o cual Corona de yedra que eligió, porque Dionisos
permanece, y el vestigio trae dioses idos 
a quienes, faltos de dioses, yacen bajo las tinieblas.
Mira lo que el canto antiguo vaticina de los hijos 
de dios, Heinze, somos nosotros: el fruto de las Hespérides,
maravilloso y exacto, que maduró entre los hombres.
¡Afírmelo quien lo vio! Bastantes cosas suceden, 
pero pocas dejan huella; sin corazón, sombra somos
hasta que, reconociendo a cada uno, el Padre Eter
sea de todos. En tanto, llega quien porta la antorcha 
el sirio, hijo del altísimo, a las tinieblas bajando.
Lo ven los sabios dichosos: sonreír ilumina
al ánima prisionera y, al hombre que la guarece,
al resplandor de la luz le abre súbito los ojos.
Cuán plácido sueña y duerme el Titán sobre la Tierra
e, incluso, el envidioso Cancerbero, bebe y duerme. 




Versión de David Sobrevilla y Ricardo Silva-Santisteban
(Dedicada a Gred Ibscher)

Separata de la revista «Oráculo» - N° 1, julio de 1980

viernes, 8 de mayo de 2015

CONVERSACIÓN DE MAO CON WANG HAI-JUNG, SU NIETA


Me sorprendió bastante hallar en medio de un maremágnum de poemas esta conversación que viene a refrescar un poco la memoria de todo eso que se ha dado en llamar «maoísmo» y que nuestro país se ha visto tergiversado de múltiples maneras. Ahora que han pasado casi 40 años de este intercambio de ideas entre abuelo y nieta, es necesario hacer un balance de lo que realmente llamamos una educación progresista, democracia participativa, conceptos en auge pero que son muy poco desglosados por nuestro profesionales de la educación.




Wang:
La lucha de clases se ha agravado en nuestra escuela; palabras reaccionarias han aparecido escritas en inglés en nuestro pizarrón.
Mao: ¿Qué palabras reaccionarias?
Wang: Yo no conozco más que una: "Viva Tchang".
Mao: ¿Y qué otras?
Wang: Solo conozco esa.
Mao: Bien, dejémoslo. Déjalos que las escriban y que todo el mundo las lea. ¿Eso no mata a nadie, no?
Wang: Yo no digo que mate o no. Pero si se descubre al autor, será necesario enviarlo a la "reeducación por el trabajo".
Mao: Mientras que no mate a nadie, no se tiene derecho a excluirlo ni de mandarlo a la reeducación por el trabajo. Que se quede en el Instituto y prosiga sus estudios. Ustedes pueden reunir una asamblea y preguntarle por qué Tchang es alguien de bien, qué hace de bueno. Así podrían discutir sobre por qué Tchang no es alguien de bien. ¿Cuántos son ustedes en el Instituto?
Wang: Más de tres mil, comprendiendo el personal docente y administrativo.
Mao: No estaría mal del todo, si entre tres mil que son, hay siete u ocho partidarios de Tchang Kai Chek.
Wang: Siete u ocho, ¡qué horror!
Mao: Bueno, tu eres cómica. Basta que leas una palabra reaccionaria para perder la cabeza. Lo esencial es que no maten a nadie, y además se les puede utilizar para enseñar los ejemplos negativos.

(Más adelante)

Wang: En mi clase hay uno que es un hijo de un cuadro; no se defiende bien en los cursos, no escucha con atención, no estudia después del curso y se contenta con leer novelas y a veces se duerme en las clases. Lo sábados a mediodía, cuando hay reunión, a menudo no viene y el domingo no regresa en hora. Incluso, cuando nuestra clase o los miembros de la Liga de la Juventud tienen una asamblea en domingo, él no viene. Nuestro juicio sobre él está hecho.
Mao: ¿Vuestros profesores os permiten dormir o leer novelas durante las clases?
Wang: No, no lo permiten.
Mao: Es necesario autorizar a los estudiantes para que lean novelas o duerman durante los cursos, hay que ocuparse de su salud. Que los profesores hagan menos conferencias y dejen leer libremente a los estudiantes. Ese muchacho de que hablas creo que será un hombre de bien, pues se atreve a no participar en las reuniones del sábado y no volver a la escuela el domingo. Cuando vuelvas, dile que si vuelve a las ocho o a las nueve es aún demasiado temprano, que vuelva tranquilamente a las doce. ¿Quién los obliga a tener reuniones los domingos?
Wang: En la escuela Normal no era así, los domingos eran libres, pero aquí tenemos toda la tarde del domingo para asambleas.
Mao: Cuando vuelvas, tienes que ser la primera en rebelarte, no vas a las reuniones.
Wang: No me atrevería, está bien especificado en el reglamento del Instituto, es necesario regresar el domingo de cualquier manera. Si no lo otros dirán que no respeto el reglamento.
Mao: ¿Y qué hay? No vas, y declaras simplemente: "Yo no respeto el reglamento de la escuela".
Wang: No puedo hacer eso, sería demasiado criticada.
Mao: Yo creo que tú no llegarás a ser gran cosa, tienes miedo de que se te acuse de violar el reglamento y de ser criticada, por lo que tienes también miedo de que te reprendan y te expulsen, y quizá también de que no te acepten en el Partido-. Y bien, es necesario que la escuela dé a los estudiantes el permiso de rebelarse, y tú debes ser la primera.
Wang: Me acusarán de no tener educación ni disciplina, y dirán, miren la nieta del Presidente, no escucha sus palabras y viola el reglamento.
Mao: Y bien, tú tienes miedo de todo. Tú debes decirle que tú has escuchado las palabras del Presidente, y justamente por eso es que tú te rebelas. Creo que ese estudiante del que me hablas será en el futuro alguien mejor que tú, él ha osado resistir el reglamento. Ustedes, me parece, están todos un poco imbuidos de metafísica. 


Texto aparecido en la revista «Hipócrita lector» n° 6 - Lima, diciembre de 1976

martes, 18 de noviembre de 2014

HATUN ÑAKAJ, festival del lago




Ha pasado más de un mes del gran cierre de fiesta del 1er Festival de Arte «Hatun Ñakaj», en el que se «anudó» parte del centro histórico de Puno con trozos de telas coloridas, en una performance sumamente telúrica creada por el artista limeño Pancho Bazurco que busca la confraternidad de reconocernos en todo aquello que amamos. La resaca de todo eso es una émpatica toma de conciencia sobre la necesidad de generar este tipo de plataformas donde lanzar la esencia de cada mensaje artístico hacia la población puneña tan falta de este tipo de recursos culturales.

La actividad se desarrolló los días 10 y 11 de octubre en el pasaje Grau, quien no conozca Puno, que sepa que se trata de una de las zonas más emblemáticas de la Ciudad del Lago. Todo surgió de la tentativa de hacerlo en plena calle para buscar la participación del ciudadano de a pie, bajo la premisa de que el artista tiene que comunicarse con el pueblo, ya que si no lo hace, su mensaje se marchita y acaba pereciendo; y también porque es normal en Puno que a las actividades ligadas a la cultura acudan por lo general las mismas personas, conformándose así un molesto y nada productivo círculo vicioso. 

Todo esto se generó tras una pesadísima campaña electoral en la que ningún candidato enarboló la bandera de la apuesta cultural, que sabemos que es un pilar básico para forjar una sociedad con criterio y que no sufra de los males endémicos de estos últimos años en el país, como son: la improvisación, el peculado, la falta de planificación a largo plazo y los altos niveles de corrupción en las áreas estatales y privadas.

El nombre del evento brota desde las milenarias representaciones pétreas de la exultante cultura Pukara; Hatun Ñakak quiere decir «El gran degollador». Se trata de un monolito de piedra, esculpido con una pasión que ciertanemente aún nos es desconocida, en él se puede observar una figura humana que sujeta un hacha en una mano y en la otra una cabeza decapitada. «Decapitando la incultura para que pienses con cabeza propia» fue el lema que retumbó el altiplano. El festival nació con el inalterable propósito de revalorar una identidad escamoteada por siglos de confrontación y malos lineamientos, traer a la palestra actual una forma de pensar que no se ha analizado con nuestras propias herramientas, sino con las de Occidente, con la consiguiente deformación de los conceptos ligados a lo terrígeno y a la preservación de la vida.

Los artistas invitados entre nacionales e internacionales tuvieron la enorme amabilidad de presentar sus trabajos en la Capital del Folklore incluso viajando con dinero de su propio bolsillo. Tras varios meses de convocatoria, se configuró un cronograma variopinto, donde tuvieron cabida varias categorías artísticas: Fotografía, teatro, música en vivo, poesía, pintura, trabajo en material reutilizable, dibujo, etc.; el resultado de ese gran despliegue fue: Niños dibujando flores con tizas en la dura piedra de los andes, fotografías que supieron transmitir el vértigo de los lugares más espirituales del departamento de Puno, performances artísticas que llamaban a la conciencia sobre el calientamiento climático, conciertos de cuencos de cristal, recitales de poesía, presentaciones de libros, improvisación teatral, pagos a la tierra, y el fin de fiesta con un proyecto que rueda por todo el Perú, el ya nombrado «Anudando la tierra». También hubo mesas de debate sobre el manejo de las leyes en el ámbito de la cultura, se conmemoró los 50 años del grupo «Carlos Oquendo de Amat». Una vez finalizado todo, la música se hizo ama y señora de la noche; las conocidos colores sonoros de los sikuris deleitaron a la población que participó activamente y quedó gratamente conmovida por este suceso.

El equipo que organizó el festival, antes de que se inicien las actividades, dio una rueda de prensa donde sostuvo su intención de institucionalizar esta actividad y generar muchos más espacios para que todo ese esfuerzo llegue verdaderamente a cambiar mentalidades enquistadas, y que el sentir de todo un pueblo se impregne de estos nuevos aires a través de una buena gestión cultural de los políticos entrantes. Finalmente, agregaron que su deseo es que Puno sea parte del circuito de festivales que se dan a lo largo y ancho del país, que no se quede excluído de este panorama, y que en el futuro sea sede de un diverso intercambio intelectual entre ciudades, promoviendo un creativo y fresco flujo de ideas. 

Entonces queda claro que Puno goza de salud artística, que tiene un festival que respalde el talento de sus ciudadanos. Como muestra está la mirada antropológica de sus fotógrafos, esa inacabable búsqueda de la luz lacustre por sus pintores y los nobles artificios pirotécnicos de sus poetas. Aún seguimos danzando en nuestras mentes esa noche hasta despertar en la segunda edición del Hatun Ñakaj.

Si quieren ver las fotos y todo lo que pasó en el festival, ingresen a la página de Facebook tecleando «Hatun Ñakaj», o dándole clic aquí:

martes, 4 de noviembre de 2014

xii) APACHETA

 

     (Cantar de los Cantares) hacer el amor en el eco de los poemas encajonados • oscurecer nuestra carne insatisfecha en esta piedra rebosante  eyacular un ocaso que se compare al pulso onírico del fuego allá abajo se pudren dentro de sí las estrellas madrastras, allá adentro babea la negrura que amparó mi vigilia, allá arriba la ceniza errante de nubes agusanadas me nutre las uñas  una vez más desmantelo mi sangre en los pabellones castigados y celestes que cambie qué, si todo está tras una capa de leyes putrefactas, si yo lo que quiero es besar la noche de tu muerte con mi sexo que cambie qué, si yo reasigno el último vaho del día y cosecho la nada infecunda de los que se fueron sin nombre exhumo mi existencia y me marcho de esta aparición como un pez obnubilado (Empatías Cinerarias)


de «fuego | FATUO»

miércoles, 22 de octubre de 2014

xi) LA HUIDA



          el viento sigue vivo y avanza rebosando su fulgor por los inclinados muros de lo intangible, luego prosigue hacia la izquierda de mi lóbulo horrísono • un eco de fiebre conduce, como un balón humeante, mi silencio mendigo hasta el griterío de cualquier túmulo enmascarado (Escena de teatro fatuo) • me cobran dos soles por entrar al ajedrez azul con tzara y arp • dando vueltas alucino entre los barrotes de una misa plagada de errores de lectura • el cura arequipeño no pronuncia bien los apellidos aymaras ante el total plebiscito de los siglos ebrios  •  mientras tanto, saco del polvo sin tiempo a la muerte y le sostengo la cabeza con un poema viejo para que su cántico reaccione • busco la moneda que dejé un mal día en su cubículo de flores violadas • dibujo sin amparo los nombres ciegos que me descubren el sendero de la apacheta • todo este día ha sido una extensa huida de mí mismo, la obligación de ser deglutido por algo minúsculo, ser capturado en plena hecatombe, retratar el cielo sangriento de quien no ha venido al mundo • trato de cicatrizar el vuelo lastimero de su luz sin teclas (Eso me dispersa) • me urge escampar mis quemaduras y salir de esta hambre sin salida • abro y no abro la huesuda puerta ante la mirada torturada de lo que me va a suceder   

de «fuego | FATUO»

Foto: Romina Ressia

domingo, 28 de septiembre de 2014

iv) HUAJSAPATA



         saboréate si tengo sed por qué no he de abrirme las venas en flor y beber de mi sangre como si se tratase del vaivén del primer río si tengo hambre por qué no he de comerme mi propia carne como si se tratase de un pan en el ombligo del desierto gateando por la oscuridad suprema me rompí las piernas y dejé que un amigo (mi alma) fuera a descubrir la salida nunca sabré si lo hizo o si también se transfiguró en oscuro vuelo un labradío de tumbas se abastece con lluvias de otros siglos, cuando la salamandra era cántico de ojos cerrados (cielo unísono), cuando el cerebro era un ave carroñera sobrevolando un mundo de aromas deletéreos arrastro conmigo la condena de saberme embrión imprecisohorizonte de mi cuerpo, astrolabio de mi dolor, irrigación de nubes muertas, planeta de plumas horrendas salgo volando como el agua de los filósofos, como un grito dormido que ha sucumbido al autocanibalismo para decantar las ramas de la conciencia 


Poema perteneciente a la colección «fuego | FATUO». Con prontitud aparecerá en una antología de poesía titulada: «10 poetas de un solo caño», que se editará en Puno.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

MUNDO



Pobres luces apasionadas
danzando en un mundo petrificado,
un destello por aquí, un orgasmo por allá.


Detengo la vida por error y en sus manos
la nada más expresiva me anuncia
una colección de júbilos amordazados.

El mutismo lleva en la coronilla
una sola muerte tremenda.



de Aromas Oscuros, «Desluz»
(2006)

Foto: Brooke Shaden