viernes, 21 de julio de 2017

EDGAR PACOMPIA: 5 poemas de "La Estación de las Moscas"






I. PRELUDIO


una fiesta tiene de todo

                                   POR EJEMPLO

MANZANAS pobladas y algo de VERDURAS al norte
AVES ultimadas por el silencio
CUERPOS al costado del viento
MEMORIAS descalzas
MANOS que desvisten el cielo
                                                                  niños   
                                                                      y
                                                     TORRES de niños

                                                              aterrados
                                                  por el PRÓXIMO VIAJE





V. AVENIDAS


por las MAÑANAS
después de compartir
los insectos       el alcohol     y las carnes
me marcho PRESUROSA al lugar
donde habita mi pequeño
(Equipaje de rápidos viajes)
que a raíz de su LOCURA
luce hoy una espalda REDONDA Y VIDRIOSA

EL PRIMOGÉNITO de la moscarda
tiene de COMETA una libélula celeste
atada al extremo de su ESTERNÓN

SOY una mujer lasciva de sueños tiznados de silencio

algunas piedras errantes abren mis RECUERDOS
algunas aves SURCAN perturbadas cosechas
algunas viejas TAREAS / algunas calaveras rotas o añejas
algunas lluvias nómadas o CURTIDAS
y algunos trozos de carne
CRUDOS    ACECINADOS    ENVEJECIDOS
diluyen la embriaguez de mis pájaros

y todas las mañanas relumbra
LA SEÑORA DE LAS MOSCAS




X. SILENCIOS


mi ciudad
es una plaza en medio de un charco inmaduro
media BALADA MACERADA
que trota por las calles
como una cascada de hedor y melancolía

tiene de todo
                        por ejemplo
                                               UN DÍA MEDIO ABIERTO
                                    CON TAN SOLO 1/8 DE EXISTENCIA
                                                   (Vendaval de sueños)

entre tanto
ALGUIEN llora cerca del parque
ACUSA a todos
                            solamente midieron su VISTA
                                      y su largo cuerpo

se olvidaron 
                       medir
                                   lo ancho
                                                   que puede ser su GENTIL y ardoroso ÚTERO




SÉPTIMO Y ÚLTIMO PARTO (Ocho)


A Valentina Olaguivel


EN MEDIO DE TODAS esta carnes
INICIO a desollar mi cuerpo
a ENROSTRAR MIS CERÚMENES al tiempo

solo me queda
la OBTUSA SONRISA de Mamá Sara
y un pensativo y triste juguete para variar

desde hoy
tu falda SATURADA DE JILGUEROS
serán el sostén de las alegrías

me llevo puesto tus gemidos
Y ME PRENDO DE LA YERBA DE TU ALIENTO

jamás sabré desistir
aunque la sombra de las aves
desordenen mis sueños

AUNQUE TÚ TE HAYAS IDO 
AUNQUE       TÚ       TE      HAYAS       IDO
aunque            tú         te        hayas          ido




XXXII. MAMÁ SARA  


MAMÁ SARA tiene la DISTANCIA  de una sonrisa extensa
en ella habitan todas las ESTACIONES
las que hablan de AMORES
las que narran historias al BORDE

temporales que tienen el privilegio de ATADURAS y verdades
todas ellas sobre y bajo el denso dosel de MIGRAÑAS y olvidos

MAMÁ SARA sabe bien que detrás de sus OJOS
se eriza un POEMA
que regresa RAUDO del olvido
con letra y nombre de HERIDA

aún cuerda
remembra donde habitan los escualos
(Seres mercaderes de la LLUVIA)
los que tienen latitudes exactas / los malsanos

cierta noche MAMÁ SARA tuvo el valor de extirparse el ÚTERO

ella dijo que algunos edificios se iban a caer en su presencia
                             CLARO está
siempre con la SANGRE de algún animal
que se deja morir y dormir al lado de la TIERRA

nadie sabe el lugar exacto donde PERNOCTA la tierra
solamente ELLA

una mañana se dio cuenta de que existen MUCHOS DIOSES
pero ELLA solo le da tiempo a su TIERRA

simplemente le interesa más sentarse en un poyo y disfrutar
de la QUIETUD de las piedras
e incluso hojea la seca pradera
la que guarda OCASOS Y AURORAS

MAMÁ SARA
                            perpetuamente como una retama de lago amarillo
                                                  
                                                   MAMÁ SARA






La estación de las moscas es el primer poemario de Edgar Pacompia (Puno, 1977) y fue publicado por la editorial Rupestre en el año 2015 con gran éxito de ventas. Inaugura una nueva etapa en las letras puneñas ya que se su poética se desprende del legado indigenista y vanguardista muy propio de estas tierras. José Luis Ramos Salinas, docente de la UNSA y crítico literario, comentó que en el libro construye y a la vez se derruye una ciudad perdida; el escenario de los poemas podría ser cualquier ciudad perdida de este gran mundo en decadencia.

martes, 11 de julio de 2017

FILONILO CATALINA: 4 poemas



VI

Mi padre no fue pescador
(eso / también a mí me lo reprocharán)
Y no me hice a la mar
Pero soy azul turquesa
Me puse en el vientre de mi madre
Y esperé nueve meses para olvidarte
En el rio del olvido me bañé dos veces y
Eso no fue previsto por el viejo Heráclito de Efeso
Cuando nací
Mi grito (más que llanto)
Anunció la tercera estación de mi madre
Mi vocación de equilibrista lo aprendí
A punta de decirle adiós a mi padre
Que a pesar de no ser marinero
Siempre se estaba yendo
El oficio de ilusionista
(que ejerzo ahora con maestría y esmero)
Fue vital mientras crecía
y el primer y único público que tuve
fue mi propio corazón
ahora he aprendido a decir fuego
sin quemarme la boca
mi padre no fue pescador
no me hice a la mar
pero soy azul turquesa.


VI

Antes tenía una cabaña y un perro
luego tuve un cerro
ahora tengo un río
un río que canta mientras duermo
y una mujer
(Su cuerpo combina con el mío
como sus largas piernas con el río)
Al fin / tengo manos / de eso si estoy seguro
y no por que estén pegados a mis brazos
digo que tengo manos porque escribo
Estoy convencido
Que lo único que podré ahorrar es el calor y el cariño
Y me alegro por no tener que matar a nadie
Por no ganarme el pan con la pena ni el hambre
Pienso en lo que hay tras una ventana
en lo que esconde un suspiro y
la alegría del agua, el agua
en ese su modo de andar que tiene sin mirar atrás
Es una locura la seriedad
cuando tu sonrisa crea
el más grande parque de diversiones en la ciudad
En todo final está el secreto del principio.
Soy
Ese animal disecado
Que no sabe que murió hace  tiempo

Mi país mide lo que miden mis zapatos

Todo árbol tiene
Un pájaro aprisionado en su pecho
Y
Si no cito un ave en éste poema
Es / porque
No quiero que esta hoja se vaya volando.


XV

Escribo con el resto de mi cuerpo
Menos con mis manos
Con mi frente y con mis pies mi camino y mi destino
El paisaje con mis ojos bien abiertos
Con mi corazón mis sueños y tu recuerdo
Escribo con todo mi cuerpo
Pero no con mis manos
Porque mis manos son
Para abrasar tu cuerpo
Y agarrarte fuerte de las manos
Escribo con todo menos con mis manos
Con mi nariz el aire que respiro
Con mi boca los sabores de los besos y los vinos
Escribo con todo mi cuerpo
Pero no con mis manos
Porque mis manos son
Para arar la tierra
Y acariciar cada surco de tu cuerpo.


 MALÚ

Decir Malú es la forma correcta de cazar el primer
   pájaro que anida la primavera
Y las mañanas
son un pretexto que ha inventado el sol para
     asomarse a los ojos de Malú

Sólo para que se den un idea les diré:
Que Malú es la imagen de una flor empuñando
    otra flor (O sea una flor al cuadrado)
Que Malú es una selva endulzando esta amarga
    ciudad con sus repentinas aves
Que Malú tiene la distancia de todas las aves y
que todas las aves se apellidan Malú

Que Malú es el final de los ríos
Que Malú es la consecuencia de las lluvias
Que si Malú cierra los ojos se me apaga el mundo

Malú:
Para explicar la estación que provocas en mi cuerpo
   diría
que tienes la belleza de una escalera en un planeta lejano
O
simplemente desataría mi corazón en plena calle
Malú:
Para invitarte a salir
tendría que romper mi alcancía de flores

Malú, malú
Malu malú

Malú:

Si estuvieras esta tarde conmigo te diría
Flaca, este mundo que no alcanza
Lo podemos estirar en un cama
Y tú
Me mirarías plantada en este mundo como un árbol
Extraño Y tibio

Malú:

Si estuvieras esta tarde conmigo
No tendrías más remedio que abrazarme
Abrazarme hasta encontrarte.


Nota: Muy pronto, la editorial puneña "Rupestre" publicará una antología de la poesía amatoria de Filonilo Catalina, su aparición está programada para la segunda mitad del mes de julio de este año. He aquí la portada:



lunes, 2 de mayo de 2016

Con mi Huajsa yo me iré a naufragar




Protagonistas:

Filonilo Catalina: Conde de Huajsapata
Willni Dávalos: Contorsionista de papel
Sinfocaos Cfer: Horizonte musical
Leo Cáceres: Sobreviviente del paye
Niño: La realidad
Perro: La cordura


Domingo 13 de octubre del 2013. Un día después de celebrarse el 1er Festival de Arte «HatunÑakaj» en la Ciudad del Lago, unos aventurados poetas se encontraron acicalando la mañana gracias al azar cervecero y se dirigieron al cerrito Huajsapata. Allí, gracias a Jana Camila (sublime entre las sublimes), conocieron la maternidad de las flores y el nacimiento de las nubes. Horas más tarde descendieron hacia el lago, deteniéndose cada vez que un anciano niño pronunciaba, con lengua imaginaria y explosiva, la palabra «Algarabía». Las fotos se las debemos a una frondosa arboleda lacustre: NaturAlezita





●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●

ENTONCES

pienso
en lo bondadosos que son los postes
cada vez que permiten
enseñarles el pene un Domingo
como a las cuatro de la mañana
o
cualquier mañana en que
uno no espera el «mañana»

en verdad
las noches ya no alcanzan
o
como dirían nuestros viejos

                                                     «ya nada es como antes»

desde que amanece
mi cara en el espejo no me es suficiente
ni el sol
que molestoso como un insecto
se descuelga por el borde mi mis ojos

con / los famélicos días que veo pasar / en cuatro patas
por mi puerta
me percato / que las pistas siguen siendo las mismas
y que los postes son
los mismo abuelitos consentidores
malcriadores
que alumbranuna a una nuestra noches

y yo sé
                                       —estoy seguro—
                        que  mi  canto  tiene
                      el mismo sonido que emite la carcajada
                                             de un niño

                    mi canto que tiene el mar como principio



Filonilo Catalina, Fragmento de «Arquitectura de pájaros» (Cascahuesos, 2013)



●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●









II

Yo no quiero volverme evangélico.
Tener treinta y siete, ir al psiquiatra,
dispararme balazos químicos cada ocho horas,
comprar un kilo de boldo cada domingo.
No quiero conocer gente sonriente que dice saber por lo que ha pasado,
que finge interés en mi situación,
en mi nombre, en mi trabajo.
Yo no quiero resaltar con colores la biblia,
no quiero memorizar frases y mucho menos sus coordenadas.
No quiero tocar timbres para ser respetado,
me dan bascas pensar en gente perdiendo su tiempo oyendo mi voz plana,
vacía de énfasis, lineal y fría como un prolongado sonido de alarma
activado por equivocación.

Yo no quiero volverme mormón.
Vivir afligido. Pensando en cuando será la próxima recaída.
En quién extenderá el brazo
brindándome, en el extremo de la mano,
un vaso hasta el tope de licor.
Me inquieto tan solo al suponer que tal brebaje está en mi boca,
que se ha ido,
que ha caído en carnes rojas y verduzcas.
Y en lo que diría mi madre y lo que pensaría mi otra madre, mi padre.
Despertar asqueado y de sed.
Y al lado de un vaso de agua, la biblia celeste, firmada y con dedicatoria
por Rodrigo De la Hoz, mi posible padrino del grupo de AA.

Tampoco quiero volverme budista.
Caminar siendo silencio e ignorar al tiempo y su fantasmal
paso de muerte.
Quiero abrir la boca y comerme la tierra de un simple y ocioso bocado,
quiero saborearla y empalagarme de ella.
Quiero lo imposible y me entristezco,
es cuando enciendo una luz dentro mí, descubro a Dios y con él juego.

No quiero seguir idealizando mi existencia
pero tampoco deseo ser un proto-muerto:
un obediente y sumiso ser hambriento,
por siempre, hambriento aunque calmado.
Molesto aun si calmado.
Impaciente pero calmado.
Sentado continuamente sobre los miembros inferiores de su cuerpo.

Ah, locura, pienso en mi padrino.
En Rodrigo soltando el control remoto y hundiéndose
perpetuamente en la narcosis:

Una piedra descomunal que lo persigue y aplasta.
Él sueña martirios, siente la presencia de un Ente que le aprieta la tráquea
impidiéndole despertar.
Tropieza con sus manos al intentarlo y su cabeza se hunde
ásperamente en el suelo de cemento rojizo y helado.
Mientras que la Entidad continúa ahorcándolo
con invisibles tentáculos de humo
que el aire cargado de la habitación permite.
Él oye a la Entidad partir una vez ejercido el dolor.

Rodrigo despierta transpirando su miedo.
Su finita razón le consuela diciéndole que solo fue un sueño,
que el Ente aquel que lo estrangulaba fue labor del subconsciente.
Pese a que en el fondo no cree en la objetividad de la ciencia mental.
Su fe se contradice con sus principios racionales.
La maldad ha tomado su cuello y le ha dejado vivir.
Da gracias a su Dios cuando tiene una visión:
Dos borrachos sobre una motocicleta, a siete octavos del domingo,
Llovió por cuatro horas y los buses no dejaron de circular
en ningún momento por todo el Cusco vestido de Abril.
Dos borrachos sobre una motocicleta a veinte metros de la combi
que los dejará hechos cadáveres.

Vuelve en sí.
¿Qué fue eso?
Fue como un relámpago a pesar de no tener nada que ver con la Luz.
Las imágenes se vertieron sagazmente en su mente dejando la impresión
que aquella situación había sucedido, ¿o estaba por suceder?

Pienso en él apagando el televisor perezosamente.
Hasta puedo sentirlo cerrando sus ojos durante las pocas horas
de madrugada que le quedan. Hasta aquí, por el momento, con Rodrigo.
He decidido dejar la Asociación de Alcohólicos Anónimos.




Willni Dávalos, de «El Egófago» (Dragostea, 2013)


●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●●







Soundtrack:


jueves, 7 de abril de 2016

POEMA DE LAS 17:28 O «NUNCA NOS ANOCHECIÓ»




Nos persigue el cráneo de la canción
Que entonó el escriba de la tarde
—Como suaves recintos de ojos—

¿Cieblo o Ciemblo?
Las ramas son las alas del cóndor quieto
Un diente de león incendia el mundo
—Maceración de crepúsculos—

Esta casa que hoy nos alberga
Es un humorista que teje despacio
Su tela de araña inimaginable
—Al observar el espejo dormido—

La borrasca del momento
También es un leño de fuego blanco
Como la ganzúa que sale por su boca
La poción preliminar del humo—

Somos
El faro de la palabra
Que estamos recordando

Somos
Un vasito de mente impura
Que riega amorosamente lo rígido

Tardes eternas de las 17:39
Nunca nos anocheció



Leo Cáceres, Edgar Pacompia, William Gordillo


Foto: Carlos Alp


domingo, 31 de mayo de 2015

PAN Y VINO - Friedrich Hölderlin





A Heinze



1

La ciudad reposa en torno; la calle, con luz, se aquieta
y con antorchas ornados se deslizan los carruajes.
Saciados vuelven los hombres al reposo en sus moradas,
sopesa algún pensativo la pérdida y la ganancia
satisfecho en el hogar; ya sin vides y sin flores
descansa en sus tareas el afanoso mercado,
de cuerdas, lejana música se oye desde los jardines,
¿son los sones de un amante o recuerda un solitario
a los perdidos amigos y la juventud ya ida?
Sobre sus lechos fragantes brotan frescos manantiales,
en el aire de la tarde suaves tañen las campanas,
atento al curso del tiempo un sereno da la hora.
La suave brisa reciente las copas del soto agita.
¡Mirad! La sombra de nuestro planeta, la hermosa luna,
viene también en secreto; la soñadora, la noche,
llega grávida de estrellas sin cuidarse de nosotros,
brillando, la sorprendida, entre el hombre forastera,
con tristeza y esplendor sobre la altura del monte.


2

Maravillosa es la gracia de la sublime, y no existe
quien conozca cuándo y qué por su causa le acontece.
Así mueve el mundo y el alma esperanzada del hombre.
Ni siquiera el sabio entiende sus designios, pues que así
lo dispone el dios supremo que a ti, Heinze, te ama tanto,
así, el día pensativo, cual la noche, te es preciado.
A veces ama la sombra la vista clarividente
y, antes que sea preciso, busca los goces del sueño,
o un hombre que es devoto mira la plácida noche.
Sí, oportuno es dedicarle dulces coronas y canto,
pues sacra es para los muertos y para los errabundos
aunque eterna permanezca dentro del más libre espíritu.
Mas, para que en la tiniebla un asidero tengamos,
deberá ella concedernos, al momento de la duda,
la dádiva del olvido y la inspiración divina,
darnos al ardiente palabra, cual los amantes insomne,
una copa rebosante y una vida más osada
y también sacra memoria para velar la noche.


3

Ocultamos vanamente el corazón en el pecho;
en vano, maestros y alumnos, el ánimo controlamos,
pues, ¿quién nos impedirá o prohibirá el contento?
Partamos; un fuego sacro noche y día nos impulsa.
¡Ven, pues! Miremos lo abierto, indaguemos algo propio,
no importa su lejanía, por los confines del mundo.
Algo permanece estable: se trate del mediodía
o sea la medianoche, hay un cannon compartido
y a cada cual se le asigna su medida peculiar;
hacia ella se llega y de ella se vuelve hasta lo posible.
Que se burle de la burla un extravío dichoso.
Cuando en la noche sagrada sobrevenga a los poetas.
¡Ven hasta el Itsmo!, allá, donde ruge el mar abierto,
cabe el Parnaso y rodeado por délficas rocas níveas,
en las tierras del Olimpo, del Citerón en las cumbres,
allí bajo los pinares, bajo los dulces viñedos,
donde el Tebas y el Ismeno cruzan la tierra de cadmo,
de allí viene y hacia allí señala el dios venidero.


4

¡Grecia bienaventurada! ¡Hogar de todos los dioses!
¿Es cierto lo que una vez, cuando jóvenes, oímos?
¡Gozoso aposento! El mar, cual suelo; los montes, mesas;
antaño fuiste erigida para un único destino.
Pero, ¿dónde están los tronos, los templos? ¿dónde los vasos?
¿dónde, colmados de néctar, para los dioses y el canto?
¿dónde alumbran los oráculos que descrifran lo remoto?
¿dónde resuena, si Delfos dormita, la voz del rápido
destino? ¿dónde, jocundo, irrumpe sobre los ojos,
pleno de lo omnipresente y tronado del aire?
"¡Padre Eter!" era el clamor volando de boca en boca:
sin fin. No existe quien haya sufrido la vida solo;
dulce es tal bien compartido y, trocado con extraños,
cambia en júbilo. La ardiente palabra despierta en sueños:
resonando: "¡Padre! ¡alegre!" cual emblema milenario,
es la herencia de los padres: signo creador y certero.
Así vuelven los divinos: desde la sombra de su día
adviene profundamente emotivo entre los hombres.


5

Advienen en el comienzo sin que les reconozca,
y los hijos les porfían, con su luz ciega, la dicha,
y el hombre de ellos recela. Apenas un semidiós
nombrar a aquellos podría que con dones se le acercan.
El ánimo de los dioses vasto es; el pecho del hombre
insuflan con alegrías, bienes que usar sabe apenas;
necio y dadivoso, crea, dilapida y, cuando toca
con mano bendita, casi trueca en santo lo profano.
Los divinos lo toleran; mas, luego, ellos mismos llegan,
reales, y toma el hombre el hábito de la dicha,
y el del día y del mirar a los dioses manifiestos,
al rostro de los nombrados, largo tiempo, Uno y Todo,
que insuflan el hondo pecho mudo con libre abundancia
y aplacan, antes de nada, los inexhaustos deseos.
Así es el hombre. Recibe suerte, y cuando un dios lo atiende
con sus obras no le ve ni podría conocerlo.
Mas si debió sufrir antes, nomina lo que más ama,
y será en ese momento, tan solo en ese momento,
que palabras como flores brotarán para nombrarlo.


6

A los bienaventurados piensa honrar con devoción,
sí, todo debe anunciar ciertamente su alabanza,
no surja nada a la luz que no agrade a los divinos;
nada vaya al Padre Eter intentando con fatigas.
A fin de estar dignamente en presencia de los dioses,
entre sí van ordenándose gloriosamente los pueblos
para construir ciudades y templos de maravilla
alzados en las riberas de los mares y los ríos.
¿Dónde están? ¿dónde florecen las villas más renombradas,
las coronas de la fiesta? Mustia está Tebas, y Atenas.
¿No se escuchan ya los ruidos de las armas en Olimpia?
¿tampoco el de las doradas carrozas para el combate?
¿Y no se coronan ya los bajeles de Corinto?
¿Por qué enmudecen los viejos anfiteatros sagrados?
¿por qué no alegran las danzas de rituales ofrecidos?
¿por qué no signa un divino la frente del favorito,
cual una vez, señalando como antaño al elegido?
O compareció en persona, tomando humana figura,
culminando con consuelo la fiesta de los celestes.


7

¡Tarde llegamos, amigo! Por cierto, los dioses viven,
pero arriba, en otro mundo, por sobre nuestras cabezas.
Sin descanso ahí trabajan y de nosotros parecen
no cuidar; pero vivimos, tanto es lo que nos protegen.
No podría un frágil vaso a menudo contenerlos,
solo a veces tan divina plenitud resiste el hombre.
La vida es un sueño de ellos. Pero el estravío ayuda
cual sueño, y nos fortalecen la necesidad, la noche,
hasta que en cunas de bronce crezcan héroes bastantes
surgiendo con corazones fuertes cual de los celestes.
Descenderán entre truenos. Mientras estoy a su espera,
mejor me parece el sueño que vivir sin compañero;
al persistir indolente no sé qué hacer o decir
luego, ¿para qué poetas en un tiempo de penuria?
Son, dices, cual oficiantes sagrados del dios del vino,
errando por las comarcas bajo la noche sagrada.


8

Pero cuando en un momento, que creemos ya remoto,
ascendieron a la altura los que la vida alegraban,
y el Padre de los humanos su rostro apartó divino,
y se inició con razón el duelo sobre la tierra,
y adivinó apacible genio, celestial consolador,
que anunció el fin de aquél día, desvaneciéndose luego.
Dejó aquel coro celeste determinadas ofrendas
cual signo de su presencia y retorno venidero,
que como antaño nos causan un humano regocijo,
pues la dicha en el espíritu insoportable sería 
para el hombre: héroes no hay que soporten tales goces,
sin embargo, en la quietud vive un reconocimiento.
El pan fruto es de la tierra y es bendito por la luz,
y del tonante proviene el regocijo del vino.
Pues que nos recuerdan ambos a los celestes venidos 
antaño, y que volverán cuando sea el tiempo justo,
con devoción los poetas al dios del vino le cantan
y loas que oye el anciano no pensadas en vano.


9

¡Dícese, pues, que el anciano reconcilía día y noche!,
que a las estrellas del cielo eternamente dirige,
siempre alegre, cual follaje del verde pino que ama,
o cual Corona de yedra que eligió, porque Dionisos
permanece, y el vestigio trae dioses idos 
a quienes, faltos de dioses, yacen bajo las tinieblas.
Mira lo que el canto antiguo vaticina de los hijos 
de dios, Heinze, somos nosotros: el fruto de las Hespérides,
maravilloso y exacto, que maduró entre los hombres.
¡Afírmelo quien lo vio! Bastantes cosas suceden, 
pero pocas dejan huella; sin corazón, sombra somos
hasta que, reconociendo a cada uno, el Padre Eter
sea de todos. En tanto, llega quien porta la antorcha 
el sirio, hijo del altísimo, a las tinieblas bajando.
Lo ven los sabios dichosos: sonreír ilumina
al ánima prisionera y, al hombre que la guarece,
al resplandor de la luz le abre súbito los ojos.
Cuán plácido sueña y duerme el Titán sobre la Tierra
e, incluso, el envidioso Cancerbero, bebe y duerme. 




Versión de David Sobrevilla y Ricardo Silva-Santisteban
(Dedicada a Gred Ibscher)

Separata de la revista «Oráculo» - N° 1, julio de 1980