jueves, 8 de enero de 2026
«La belleza y el espanto»: RAINER MARIA RILKE
domingo, 7 de diciembre de 2025
fuego ● fatuo II
Ultraonírico) ● el mal tiempo
desayuna mis impulsos demolidos ● piedras que brillan al mínimo
contacto humano ● libélulas secas para desorientar la palidez ● todos los reflejos que una charca puede
contener en vano ● (Día
Prófugo) ● la sed viajera germina ● vamos juntos a la torre enterrada ● descolguemos la espada crepuscular ● acariciemos la esquizofrenia lúcida ● que tus ojos sean nados atravesando mi estepa ● quiero tallar mis delirium tremens en sillar ● la noche nos llena el vaso con su risa ● yukio mishima yendo a dar al goyeneche ● me arrastro hacia un pueblo volatinero que me
muestre que hoy estoy limpiando el polvo del oleaje ● cargo a mis espaldas un desconcierto balsero
que rema lejos de mí mismo para rendirle culto a las flores
inconscientes ●
que por el hedor a viaje sé que no despierto
descalabro ● en menos de un segundo paladeaste la escena de nuestro futuro ● ahí ● rasgueando el sedimento de una guitarra lechuzesca ● caminando por la bahía de tu encrespada estrella ● líbrate de mis anhelos anhelándome ● arráncame el dulzor con tu acidez ● al menos intenta no sobrecogerte en este ovillo andino que tanto nos visita con su sonrisa de mil años infantes ● estrangulando lo que pudo ser con la paciencia del desierto ● con dedos que ya han perdido la sed pero aún guardan el cuerpo del perfecto amor en la boca ● porque en tacna todo se pudre más lento ● y nuestro futuro residual sigue meciéndose hasta que tu estrella gemela se apague ● y ya no quede nada más que ahorcar ● solo el cielo que se abre todavía enredada
creer que el viento sigue vivo y avanza su
fulgor por los muros intangibles ● y luego prosigue
hacia la izquierda de mi lóbulo horrísono ● un eco de fiebre conduce
como un balón humeante mi silencio mendigo hasta el griterío de cualquier
túmulo enmascarado (Escena de Teatro Fatuo) ● me cobran dos soles por
entrar al ajedrez azul con tzara y arp ● dando vueltas alucino entre
los barrotes de una misa plagada de errores de
lectura ● mientras tanto saco del polvo sin tiempo a la muerte
y le sostengo la cabeza con un poema viejo para que su cántico
reaccione ● busco la moneda que dejé un mal día en su cubículo de
flores violadas ● quiero fotografiar el cielo sangriento de quien no ha venido
al mundo ● me urge escampar mis quemaduras y salir de esta hambre sin
salida ● abro y no abro los huesos ante la mirada torturada de lo que
me va a suceder
(Ganyar de los Ganyares) hacer el amor en el eco de los
poemas encajonados ● oscurecer nuestra carne insatisfecha en esta
piedra rebosante ● eyacular un ocaso que se compare al pulso onírico
del fuego ● allá abajo se pudren dentro de sí las estrellas
madrastras ●allá adentro babea la negrura que amparó mi
vigilia ● allá arriba la ceniza de las nubes me
nutre las uñas ● una vez más desmantelo mi sangre en los pabellones
castigados y celestes ● que cambie qué si todo está tras una capa de
leyes putrefactas ● si yo lo que quiero es besar la noche de tu
muerte con mi sexo ● que cambie qué si yo reasigno el último vaho del
día y cosecho la nada fecunda de los que se fueron sin
nombre ● exhumo mi existencia y me marcho de esta aparición como un
pez desollado (Empatías Cinerarias)
achicharren mis retinas en
las rejas del espanto ● que desangren
mis huesos aciculares en la mediana aorta ● que salpiquen mis
vísceras los rostros de los viandantes ● lo demás es
asombro ● ternura ciega que me llueve por
naturalidad errante ● aquel día sentí
que iba a encargar mi moridero ● una
estrella que se va de bruces contra los nuevos muros ● y se lo he consultado a la familia
humana ● he estado en tacna preguntando por mí y me confirman que
sufro desvisiones ● y luego aquella idea de que el proceso
de escritura de un poema es más importante que el poema en sí ● rompí esa plañidera flor mil
veces con mi sombra ● y de tanto corroer la estatua del alma hice llorar a una piscis embrujada ● la familia humana no ve que
su viandante soy yo ● que me descaigo y que mi rostro salpicado es su
propio moridero
Foto: Craig Adderley
martes, 5 de agosto de 2025
«PUTUTO»: Alberto Cuentas Zavala
PADRE MIO, TITI-KAKA
TODAS las flores del campo se han bañado en tus pupilas, Titikaka.
Con ellas haremos, en la orilla, nidal de pueblos.
Se están bañando, míralas.
Sacuden sus corolas llenas de perlas, Titikaka.
Envidiosas, las estrellas del cielo se han descolgado
y han quedado suspendidas con las niñas
Hasta el Sol ha vertido el abalorio de sus sueños
y, cojiendo una punta de tu manto parece un alfiler
Y Tú estás como adormecido, ¡Oh mi Dios Lar!
¡Padre mío, Titikaka!
Vientre de ayllus, adoratorio, ara donde está Dios.
Mama Okllo y Manco Kapak, tantos ídolos de la Mitología Solar
caminaron sobre las espumas de tu oleaje,
sembrando virtudes, castigando el Mal.
¡Cuántos dioses surgieron de tus ondas!
El Kati-Kati es tu deidad maléfica, hijo de tu vientre.
Le diste la cabellera de tus espumas y los ojos de tu inmensidad.
Al puma le diste fosforescencia, a la serpiente, tu inmovilidad.
¡Padre mío, Titikaka, padre de tantos seres. Padre Demiurgo!
De tus entrañas brotaron cuántas Dinastías; cuántos pueblos
Miles de hombres van hacia ti como a una fontana lustral.
Los ayllus se buscan, entrechocan, te ven y hacen paz.
Eres ala materna, nido de cóndores donde vaga el ensueño
como una neblina sobre un lecho de rosas.
El Sorata, el Illimani, el Tacora, el Misti, el Ausangate,
Te hacen reverencias,
humean mirra e incienso,
dejan una perla como una espuma,
una nube como un tocado,
una lágrima como un beso,
y un beso como una tempestad.
Ablucionan sus frentes, y serenos y olímpicos, siguen la ruta
Titikaka, mesón de tribus, cuna de Inkas, padre mío, Titikaka:
meciste muchas civilizaciones, en ti se conjugó el Sol.
El hombre se hizo verbo, y el verbo, humanidad.
Cubres como un ala la pampa dilatada,
multiplicas como Jesús los peces,
rajas la roca como la quilla del barco de Caronte,
te elevas hasta el cielo como un ala de gaviota,
o te retuerces con el dolor de un parto.
Eres bondad, misericordia infinita.
Das de beber y alimentas al Kollao, tu raza, tus hijos.
Titikaka, agua espumosa, retina azulina donde se columpia Dios.
¡Dios, Tú mismo!
Fuiste mi cuna. Serás mi tumba y el vaivén en mi agonía.
No me entregues a la Protervia, ni a los gusanos.
Flotaré en tus espumas. Te cantaré una barcarola.
Seré una lentejuela prendida a tu manto azul.
Conversaré con los astros. Seré una luciérnaga para el caminante,
una gota de agua cristalina para el sediento,
una gasa blanca para tu Venus de Bronce.
No me dés a los reptiles, ni a los peces. Seré una luz
Y, ambos seremos, padre mío, Titikaka, Dios tú mismo,
una voz de alerta, el murmullo de un beso, la tempestad de un trueno.
¡Oh, gusanos de la tierra, arrollados como una espiral del tiempo!
L u m i n o s o s .
Cuando yo muera, os comeréis rosas, beberéis néctar, gota a gota,
deshojaréis auroras, besaréis crepúsculos, todo a sorbos
como destilando aguardiente de los Dioses.
¡Oh, gusanos de la tierra!
fraternalmente caminaréis todas mis cavidades:
desde la caverna de los ojos, nidal de paisajes,
el Occipucio, destiladora de pensamientos,
hasta el hueco del centro de gravedad, desperdicio humano.
¡Oh, gusanos! Dejad tan sólo sin transitar la columna vertebral,
para que sea árbol que dé frutos masculinos,
en sus ramajes se columpiará el Sol,
cantarán los pájaros y anidarán las tórtolas.
Cada vértebra será anillo de solidaridad,
todo cóndilo ejemplo de altivez,
y la médula dará en abundancia glóbulos rojos,
glóbulos rojos, signos, yunque, sangre, jeroglíficos de posteridad,
semiente de un mundo nuevo en almas nuevas. ¡Simiente!...
Ahí beberán mis hijos tempestades, darán chispas sus cóndilos,
y en sus huecos anidarán huracanes, crisol de las edades.
¡Gusanos! dejadme tan sólo eso: LA COLUMNA,
símbolo de virilidad,
contra ella amarrarán otros··· sus intestinos.
Por la columna soy libre, lo seré siempre.
Por la columna soy pobre, rebelde en vida.
Por la columna se me canta el poema de la inmortalidad.
¡Por la columna!
¡Oh gusanos! llegaréis, también, al corazón, dadle un mordisco.
He sufrido tanto por la llaga de esa emoción,
que el corazón no sirve.
Y, si os encontráis en algún recoveco a mi alma,
sacadle una suerte con vuestra capa de esmeraldas.
Ella es más fuerte que vosotros, os mataría sin piedad, sin piedad.
Después recorreréis todos los resquicios del cerebro.
No necesitaréis de luz, en cambio, vosotros
seréis, sobre la tierra, lumberas. ¡Lo aseguro!
Así son todos los gusanos: viven de otra luz, triunfan siempre.
Por los vivos, ¡oh, gusanos! seréis antorchas:
en vida aduláis a los tiranos, como noctilucas.
Por los muertos, a los cadáveres; daréis fuegos fatuos.
Sois aduladores eternos, ¡oh, gusanos!
triunfaréis siempre, siempre, siempre.
ANTES era soledad, paz, aburrimiento, lontananza.
Encerrado en un cascarón de ágata.
Hombre en germen, falto de luz. ¡Pobre, hombre!
He contemplado, sin embargo, todas las auroras,
he estrujado la kantuta del Ocaso,
he oído al torrente y he sentido crepitar el silencio
como la yesca en un hogar sin lumbre, sin mujer.
¡Y, ésta es toda una enseñanza!
Antes era dulce la querencia campesina,
el jarrón de leche de la ubre sonrosada,
el cantar del gallo y el arrullo de la paloma.
Una eterna primavera clavada en los ojos,
con flores y aves, árboles y frutas,
nidos y aromas metidos en el alma como cocaína.
Ahora es la lucha con el meridiano,
en el cantar del gallo, en el futuro humano,
canto rebelde, canto de Hombre en el surco aún frío.
Esperar es aún tener fe en el mañana.
El Sol espera tras la cordillera, acoquinado,
En la espera vamos hurgando el alma
al compás del alba.
Sonarán las esquilas pidiendo el paso,
la luz será un torrente de agua espumosa y blanca.
Y pasará la yunta, abriendo el surco negro.
La fragancia de la tierra nos llegará a las narices,
dándonos contra una piedra.
¡Y, será día!
Y, seguiremos la batalla dando combos con el puño
Arrancaremos un haz de luz en la huida.
El Olimpo dará tumbos de agonía.
Y lucharemos con el alma humana, la de cemento,
hasta ponerla en el camino, con voz y con conciencia.
Y se hará la luz, como si fuera el sol sobre las cumbres.
¡Y, será el día!
DE la piel del patrón has hecho tus karabotas, ¿verdad?
Con la paja brava anidas en la “chujjlla”.
Comes “cuchu-cuchu", mascas piedras
en el acantilado de Chilligua, sobre el Wencke.
Ahí has formado tu nidal, junto a los guijarros.
Como un aguilucho oteas el horizonte rocoso
y lanzas en la “corawa” los cantos rodados,
pedazos de tus lágrimas, Karabotas.
Viejo rondador de imillas, al galope,
en el “sunicho”, polvorín de la pampa,
coses barrancos bordando con el abalorio de tus ojos
la extensión sombría.
Eres el Karabotas, mi ventrículo, mi compañero.
Rondador de imillas,
y a lomo del sunicho levantas polvaredas de alpakas.
Eres el Rondador.
La “wiphala” de tu chalina del hombro, es tu gallardete.
Y con tu zurriago, semillero de asesinatos,
pegas ronzalazos en pleno pajonal.
Eres viento roquedo, gajo de “queñua”,
peñazco, “huari pucuchi” en el espejismo cordillerano.
Salpicado de hortigas, poncho gris.
Tienes, también, la “corawa” amarrada a la garganta
como un celaje.
Y, partes en el “sunicho”, cazador de ventarrones,
como el “tuttuka” de la pampa.
Anidas en el roquedo, sobre el acantilado de Chilligua,
como si fueras el Cóndor que pone mordaza
del pajonal andino a la llanura acuosa.
¡Oh, Rondador!
En el bosal del “sunicho” tienes anudados los horizontes.
Se ha cuajado el Sol en la grupa de tu caballo.
Guardas la reata junto al apero chapeao
para los ronzalazos del futuro.
Cazador de vientos, Karabotas,
eres domador de tempestades.
Contigo el Wencke se hace remanso,
los torrentes tiritan, dormita el viento.
¿Cómo no dominarás en la refriega humana?
Karabotas, corre, levantando polvaredas de alpakas
Al galope···
DON RUMUALDO, sacarás la suerte en la esmeralda
Deshojarás las montañas como si fuera una Biblia.
Desnudarás al cielo como si fuera una cebolla.
Y las frondas llorarán tu angustia.
Y tus manos incendiarán el Mundo, Rumualdo.
Y serás otro enigma con tu rostro de bronce.
Y tus manos de piel de elefante jugarán con las sombras de la noche.
Los "hachachillas" del Wenckasi, de Anu-anuni y Khapia
escarbarán con sangre tus pupilas.
Y será tarde.
La lechuza agitará sus alas aceitosas
sobre el fogón donde revienta el trigo.
La luna enjuagará de leche los muros del tinglado aymára.
Mama Siska extenderá el kkamiri lleno de piojos violados.
Ellos te dirán la suerte, Rumualdo.
Te lo están diciendo con su punsón de fiebre.
Y será noche.
Cuando el supaya se revuelque en la pampa,
como en una hoja de coca,
con una risa de pichitanka, agorera,
las estrellas multiplicarán el cielo en los ojos
aún sonrosados de tus llokallitos ccalatos
que pedirán con las manos juntas pan y abrigo.
Hervorosa la olla de "ppesqque" temblará
en el umbral de la cocina
ante los perros vigilantes y las criaturas de hambre.
Y será el alba.
Así será, Rumualdo, la suerte de hoy día
para el mañana: en el cáliz de la pampa
beberás aljófares de lágrimas.
Así será, llena de amargura ···
Obras del autor
Monografía de Chucuito.
Rumores del Titikaka (cuentos y poemas en prosa).
Desde la cumbre (poemas).
Pututo (poemario).
El escudo de Manko —polémica—.
El problema agrario y social del Titikaka.
Historia del Kollao.
Balsas de Amantani —cuentos—.
Otros poemas.
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