lunes, 28 de enero de 2013

ÉXTASIS EN LA NEBLINA Nº 1: Selección personal de poesía inglesa.




De «AMORETTI»

SONETO LXIII

Tras el triste acoso de larga tempestad
que apenas hasta hoy he soportado,
con miedo a morir entre peligros y desmayos
y la penosa agitación de mi frágil navío,

puedo ver al final la costa hospitalaria
a la que espero llegar con raudo movimiento.
Parece en la distancia hermoso suelo grávido
de lo que es espléndido y amamos en la vida.

Muy dichoso será quien logre alcanzar al fin
el seguro feliz de tan dulce descanso:
arrumbará allí el más mínimo deleite
el recuerdo opresivo de todos los dolores.

Con respecto a esto, poca cosa es la pena
y todo dolor, efímero frente al gozo eterno. 

Edmund Spenser (1552? - 1599)




EL PEREGRINAJE DE UN HOMBRE APASIONADO

(...)
Y ésta es mi eterna súplica
a quién hizo el cielo, la tierra y el mar:
al ver que mi carne debe morir muy pronto,
quiero tener mi boca para comer mañana
y cuando llegue la hora y se abran mis venas,
pon sobre mi alma una eterna cabeza.
Por eso estoy preparado, peregrino dispuesto,
a recorrer los caminos que anteriormente he escrito.

Walter Ralegh (1554? - 1618)




AMOR Y MUERTE

Aunque soy joven, y no puedo decir
qué es lo que son el amor y la muerte,
he oído decir que los dos llevan dardos
cuya diana preferida es siempre el corazón.
Y he oído decir igualmente que el amor
hiere con fuego y con hielo la muerte.
Así que temo que los dos sean lo mismo:
extremos que se tocan.

Igual que ante ruinas imaginamos
lo que se desmoronará o caerá,
o que nuestra vida encontrará su final
por el resplandor de un rayo o una ola:
así la flecha o el hierro al rojo vivo del amor
pueden matar tan pronto como la fría muerte.

Excepto al fuego del amor, debe la virtud
aprender a espantar al hielo de la tumba.

Ben Jonson (1573 - 1637)




EL RETIRO

(...)
¡Por eso, ay, qué grande es mi anhelo
de volver hacia atrás y recorrer de nuevo
todas aquellas sendas que ya pisé una vez!
Y poder otra vez alcanzar la llanura
donde estuvieron conmigo mis gloriosos amigos,
donde el luminoso espíritu aún puede ver
la ciudad en sombras con aquellas palmeras.
¡Pero, ay, está ebria mi alma con estancias tan largas, 
y tropieza y se tambalea!
Algunos hombres aman ir hacia adelante
pero yo prefiero caminar hacia atrás;
y cuando este polvo en la urna repose
quisiera regresar al lugar del que vine


LA NOCHE

(...)
Pero la vida donde hay sol
a cualquiera despierta y donde unos a otros
se hastían y se mezclan, me fuerza a encaminarme
a los reinos del lodo
y con la guía enferma de la luz de este mundo
perderme como nunca me he perdido en la noche.

Henry Vaughan (1621 - 1695)




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