jueves, 21 de febrero de 2013

HORROR VACUI




a Layla Martínez


Ha desaparecido al arnés que sujetaba las invertebradas lágrimas que se desprenden de un sigiloso morir en llamas. Las crepitaciones del sánscrito en la palma de mis ojos reanudan el oleaje de mi acorchado corazón en los manantiales del caos. Lloran las sangrientas noches, y veo como las sienes de los hombres las consuelan con una máquina de escribir. En los atardeceres tranquilos en los que presiento un idioma solariego, capaz de escudriñar los altares de la emoción; siento los mapas de la luz que nos conducen en danza tambaleante hacia la sombra de mis destinos desfragmentados. ¿Qué tipo de alma fingió desollar Trakl con su suicidio? ¿Qué frases marmóreas recitaba besando las arrugas en la frente del aniquilamiento? Y toda la vida es navegación sicalíptica por los mares del ensueño, un vibrar al unísono con los ruidos del vacío. Tumbado bajo un roble, inamable, cautivo del dolor, atisbando las estelas que dejan en las nubes las carcajadas infinitas del tiempo... tumbado bajo un roble, con la escarcha del amanecer entre mis dedos y las tumbas de toda una estirpe de palabras aciagas bajo mis pies, persigo, con el arpón de mi alma ciega y herida, la corrupta esencia de la vida para reprogramar el círculo de la muerte.

Leo Cáceres (Hernani 2012) 


Foto: Jon Wisniewski, "Lake Conway" 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada