martes, 19 de febrero de 2013

LA MUERTE TRAS LA MUERTE


 



«Unicamente creen en lo divino
aquellos que también lo son»

Hölderlin


I

La muerte aguzaba el oído para sentir con inexorabilidad,
la herida en el silencio, la fractura,
la leve ondulación del alma tras el relámpago,
el gorjeo de un río que transcurre taciturno
por entre flores y hados.

La muerte aguzaba el oído
para dar caza a un búho impaciente,
para desenroscar un sortilegio entre las nubes,
para barrer con minucia las migajas de amor
que depositan los ciervos en las estrellas.


II

Dos niños se desentienden de la vida,
y fraguan un destino en los nevados más alejados,
detrás de ellos, un mosaico de rostros inquisidores,
una ramificación de sangres primitivas,
el albañal citadino y su malestar neblinoso.

Dos niños estrujan sus sueños en los ápices del olvido, 
dejan caer lentamente las sábanas del tiempo
sobre la mampostería de sus soledades,
mientras vislumbran ávidos como el sol
embaraza sus sombras con luz neurálgica.



Leo Cáceres, de "La Suspiradora"


Foto: Marco Barone, "Dark atmosphere"
http://500px.com/Marcobarone 

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