miércoles, 22 de octubre de 2014

xi) LA HUIDA



          el viento sigue vivo y avanza rebosando su fulgor por los inclinados muros de lo intangible, luego prosigue hacia la izquierda de mi lóbulo horrísono • un eco de fiebre conduce, como un balón humeante, mi silencio mendigo hasta el griterío de cualquier túmulo enmascarado (Escena de teatro fatuo) • me cobran dos soles por entrar al ajedrez azul con tzara y arp • dando vueltas alucino entre los barrotes de una misa plagada de errores de lectura • el cura arequipeño no pronuncia bien los apellidos aymaras ante el total plebiscito de los siglos ebrios  •  mientras tanto, saco del polvo sin tiempo a la muerte y le sostengo la cabeza con un poema viejo para que su cántico reaccione • busco la moneda que dejé un mal día en su cubículo de flores violadas • dibujo sin amparo los nombres ciegos que me descubren el sendero de la apacheta • todo este día ha sido una extensa huida de mí mismo, la obligación de ser deglutido por algo minúsculo, ser capturado en plena hecatombe, retratar el cielo sangriento de quien no ha venido al mundo • trato de cicatrizar el vuelo lastimero de su luz sin teclas (Eso me dispersa) • me urge escampar mis quemaduras y salir de esta hambre sin salida • abro y no abro la huesuda puerta ante la mirada torturada de lo que me va a suceder   

de «fuego | FATUO»

Foto: Romina Ressia

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