jueves, 23 de agosto de 2018

Pargat Yamir





Yo, Pargat Yamir
(un lago entre tantos ríos,
un coloso entre tanto muro derruido),
habito el Punjab y de opio está hecho mi ser.

¿La “aldea de las viudas”?
Está usted sentado en ella.
En realidad, todo el mundo
es una gran aldea de viudas,
¿no le parece?
Soy un muerto vivo,
un vampiro si usted lo prefiere.
No debería decirlo, pero el opio
proviene íntegramente de Kazikot.
Mi mujer me dio gemelos
pero se murió al rato.

Lo de Longowal… eso sí que fue triste, muy emotivo,
verlo arder al mediodía en medio
de cien mil rostros desangelados,
verlo ahí, con su inmensa túnica blanca
y su turbante color azafrán...
y todos cantando: ¡Longowal es inmortal!
Supongo que los sijs
durmieron bien esa noche.

¿Recuerda Tamoli Patna?
Una mujer saltó a la pira funeraria de su marido
y gruñeron sus huesos ante el fuego...
Forma parte de un ritual prohibido,
el Sati, un suicidio de viudas
que se pierde en las burbujas de la historia.

¡Por ahí va la calesa del mediodía!
A veces su movimiento aviva en mí la idea
de que viajo dentro, junto a mi familia.
La aguja siempre me despierta de esas ensoñaciones;
aunque la aguja, ahora que lo veo,
también es una suerte de sueño.
Quizá ya esté muerto y nadie
ha venido corriendo a decírmelo.

Yo, Pargat Yamir
(un río entre tantos lagos,
un muro derruido entre tanto coloso),
habito el Punjab y de opio está hecho mi ser.




Nota: Poema aparecido en la antología: «GALIZA - PERÚ Libérrimo Austral», Roteiro das artes, 2017.

Foto: «Campos de opio» by Gloria Castro

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