jueves, 21 de agosto de 2014

Maja desnudándose




Tus piernas son las calles que recorro a gritos
buscando la lúbrica pinacoteca del instante;
este albor hace todo más palmario:

dentro

tu nombre es tierra fértil en la nada
y un animal radiante se traga mi sombra

tu canto exprime todos los silencios
y solo tras el silencio respira mi lámpara

tu brillo domestica todos mis días
y una sola piedra es un jardín de mundos.

Mis huesos reconducen el
sueño bautizado en voz de vulva:
este aroma hace todo más disímil;

más adentro

colocamos nuestro pincel
en su perpetuo círculo

redactamos juntos los colores
en el lienzo sudoroso que nos contiene.


de Atardesear
(2007)


Foto: Laura Makabresku

lunes, 18 de agosto de 2014

ABISMO

  


Las hienas del malestar están
oliéndome con menos fuerza
porque estoy bebiendo 
continuamente
de la tierra mojada 
                                         
Repleto de llaves 
y encantos.

Las aves que circulan 
el abismo iluminado
se saben aplastadas
por mis alas.

de Desluz

viernes, 16 de mayo de 2014

dos poemas: Luzgardo Medina Egoavil





Siempre he sentido una profunda admiración por los versos de Luzgardo, desde niño. Mi abuelo tenía algunos de sus poemarios, solía recibirlos por correo, todos ellos con una dedicatoria lírica; en uno incluso había una pequeña nota pegada donde narraba los pormenores de la reedición de Contra los malos presagios. En algún pasaje de ese breve manuscrito había un recuerdo para Ernesto More al vincularlo a la terquedad de publicar pese a los tiempos en que se vivía en ese entonces, y que seguramente son los mismos que se viven ahora. A los ocho años (la edad en la que conocí su obra) me era difícil leerlo, lo intenté más de una vez, me hacia acudir al diccionario cada nada, tenía una imaginería tan trepidante que literalmente me ahogaba en ese mar de sensaciones, imágenes, escenas, tonalidades, etc. En sus poemas hay desde ligeras vibraciones orientales hasta silogismos de metafísica caníbal, desde hermosísimos oximorones danzantes hasta salvajes polifonías siderales; esto lo sé ahora, pero en ese entonces sus poemas me estremecían la mente. Me di a otras cosas, al interminable río que no dejaba descansar a Twain, al conmovedor naturalismo de los cuentos de Chejov o a las peripecias insólitas de los personajes de Kipling. Muchos años después, no frente a un pelotón de fusilamiento, sino ante unas cervezas y un pisco, nos llevamos mutuamente a conocer el hielo, o mejor dicho a conseguir más hielo para la mezcla. Hablamos de su amistad con mi padre y mi abuelo, de la realidad peruana, de terrorismo de alto grado. Incluso llamamos por teléfono, inmediatamente, al poeta Boris Espezúa (que nos conoce bien a ambos) para hacerlo cómplice de ese momento álgido. Ahí entendí plenamente que la vida nos brinda sus mejores galas justo cuando va a empezar el baile, que todo lo que nos acontece se entrelaza con nuestra bisoña e insondable memoria.  



MÁS ALLÁ DE LA MURALLA


La perfección no existe en el universo, la misma nada
es imperfecta. ¿Cuántas veces hemos besado de memoria?
Muchas. ¿Cuántas veces hemos espiado desde una enramada?
Muchas. ¿Cuántas veces hemos chapoteado en un arroyo?
Muchas. ¿Cuántas veces nos hemos prostituido por amor?
Muchas. ¿Cuántos humildes de corazón se yerguen sobre
los escombros del cinismo? Muchos. Es así que la perfección
es una palabra vaga donde ni la tristeza quiere
levantar su morada; ciertos alquimistas la comparan
con las grandes ciudades absurdamente construidas con
rezos y nubes verdosas. La perfección es más grande
que la locura expuesta en una charola incandescente,
mucho más que las piernas dilatadas de la ajena experiencia,
un poco menos que la maldición de los sentidos.
Si alguien deseara ser perfecto primero que experimente
las convulsiones de la luz submarina, que con serenidad
espante los gatos de la noche, que atrape la sombra del 
asesino con una mirada fugaz, que descubra una caja fuerte
de cocaína en la caverna del más preferido deseo.
Ni el hambre ni la soledad ni la muerte ni las frutas,
ni el vacío ni las emociones ni los sueños ni los ángeles
ni el cuerpo que busca otro cuerpo en la llanura
ni la tétrica boca llena de enfermizas estrellas, 
nada huele a perfección ¿Milagros?, hasta los elefantes
hacen milagros pequeños. Lo único perfecto es el corazón
del espejo peregrino (Eduardo Galeano en sus Venas Abiertas,
página 134, cuenta que «los dioses africanos continuaban
—continúan— vivos entre los esclavos de América»), aquel
espejo venido en medio de una eternidad maldita,
¿son negros los dioses de los negros? ¿De qué color
son los dioses de los Dakota/Sioux/Cheroqui/Hopi? Ni los
dioses tienen la misma piel. El destino de cada dios
es distinto: hay flores que curan la neumonía, otras 
que devuelven la virilidad, otras gimen en el centro
de la selva virgen pero sirven para curar el mal de patria.
Hay dioses y hay flores para todos los gustos,
si no tienes gusto te quedas sin dios y sin flor,
es lo mismo que quedarse desnudo y cubierto por un enjambre
de moscas metafísicas. Está escrito: «Quien busca, encuentra».
Está escrito, solamente. A veces se busca y se busca, y
no se encuentra nada. La nada, después de todo, es algo.
La nada tiene una memoria prodigiosa, jamás agoniza,
siempre está clavada en la pared con su ojo inclinado,
dispuesto a la fantasía habitual. 
La perfección no comienza con uno mismo ni va galopando
hacia los demás; los demás no existen, están ahí, pero no lo son.
¿Qué decir cuando te hablan en nombre de la utopía?, ¿a qué
perro tirarle un desvanecido hueso?, ¿a qué paisaje quitarle
sus tres sílabas?, ¿a qué muerte regalarle un trineo?
Lo único que nos queda (mi querido viejo) es irnos
a vuelo de pájaro sin el menor propósito de encontrar algo,
entonces —recién— nuestro cuerpo se ensanchará,
a la altura de los omóplatos nos crecerá un par de alas;
ya no importará para nada los libros de etnomusicología
y las piezas de ajedrez destinadas
para otros seres. Por eso (mi querido viejo, otra vez)
no creas ni en el cielo ni en el infierno. Dale una posibilidad
a la piedra en que te sientas, dale un suelo a tu abismo,
dale un beso de última cena a tu madre.



MISTERIOS DEL ANTIGUO ORIENTE


Ya viene, ya se acerca Ousha (la aurora), acaba de salir
de la muerte líquida, cubre su carcajada con

desdeñoso manto de gelatina, sus piernas son más blancas 
que la pulpa del coco, sus uñas más redondas

que una cascada rodeada de ósculos difíciles, su cabellera
donde se oculta la cejijunta nieve anglosajona

toca el extremo más urgente de mi yo; me asomo con cuidado,
la veo pasar, tiene gotas de limón en los ojos.

Después, a toda máquina, vía satélite llega Sivitris (el sol),
hace decir me-e-e-e-e-é a los borregos del tedio;

trae sus repollos lineales, su inocente trompeta endurecida
por las reservas de una añeja pubertad,

sus perros enmascarados, al ritmo de la obstinación
las pesadillas de un pentagrama se van a pie.

Con Sivitris llegan los Asuras (espíritus de la vida),
ellos se encargan de separar el calcio del

fósforo, de ponerle el más bello cráneo al acertijo;
quisiera ser uno de ellos para viajar

por mapas hechos en papel caramelo, recoger la oruga
que por placer aprendió a comer el vidrio poético,

entrar y salir de todas las fiestas, morder los pechos
enfebrecidos de una sirena consagrada al falso Eros.

Indra recorre todos los cielos, inclusive los cielos 
donde se guardan los atardeceres futuros,

él no cree en las nubes ni en lo que resulte de ellas,
señala con su dedo internacional y los rayos

no cesan; pero Varuna (el Urano de los griegos) es
un extremo más amargo que una princesa ciega,

más dulce que una mermelada de medusas, más eterno
que las mil puertas aseguradas con un cerrojo.



Poemas pertenecientes a «Ad Libitum», Lluvia Editores (1995)


Acuarela: Z.L. Feng  http://www.zlfeng.com/

lunes, 12 de mayo de 2014

Astro Deseo xxii




aunque sonreír es un acto de purificación
yo lo hago más por temor
para no ponerme el
enigma del mundo
nuevamente en la espalda

cabalgando 
con mi traje de vida
yerro el sendero del ocaso 
el galope es de respiración pesada
catafalco opalino hecho en los ápices 
de un tosco poblado errante 

la muerte 
ese iceberg deshojado 
tras el descanso de un borracho 
me dice
que por abrazar
tu sombra en un sueño
mis huesos se arquearon como flores

 me sangran otra vez los párpados  
cóncavo dolor de raigambre volatinera 
 mi vínculo industrial con dios está deslucido
porque ya no hay versos que burilen 
su llanura viuda de falsos cielos

ella
camina
                          a un lado
un barco de plata
hun           
 dién
              dose
al otro                      
golondrinas
sin lágrimas en las 
a          l          a          s
atrás
golpes de vida
con ademanes angelicales 
delante
un tórrido 
romance
con la 
n
a
d
a

el mar desgranó aquella vez con su ajetreo
la codicia del horizonte y mis huellas hospitalizadas

olvidamos fácilmente
que somos tiernos espasmos
mutilados con amor por la ventura del mañana

atrás vienen los sicarios de mi playa
un hombre muy delgado y cetrino
 una vieja con arrugas piramidales

tiritaré esperándote
pelando la oscuridad de la cebolla 
para poder mirarte y decirte que 
la madeja del amor que te habita
se devana en el patio soleado de mis nuevas manos


domingo, 11 de mayo de 2014

dos poemas: Katherine Medina Rondón





Yo de Katherine no sé mucho, solo lo que la intuición me dicta; con eso en realidad ya tengo bastante, al menos para mi manera actual de ver y comprobar el mundo. Intuyo, por ejemplo, que cuando escucha una canción y se detiene en sus primaveras, lo hace torciendo el gesto acicularmente, en distintas dimensiones y se va compactando tenuemente en las ausencias paralelas; que pone en marcha el kinetoscopio de sus anhelos cuando ve pasar un beso por la calle o un agolpamiento de rosas a través de una alambrada; que en su fuero interno ella misma es su peor enemigo; que tenemos las mismas debilidades marchitas y las sabemos camuflar por el modo en el que respiramos. A continuación dos poemas inéditos suyos:


EN-Sueño
A Diego de la Cruz


Marchábamos por callejones sombríos
presumí que tu deber era
guiar mi senda hasta llegar a casa.

Emergimos hacia esferas extrañas
y el alba se dejó devorar por nubes terrosas.

Encontramos un paradero
las luces tiritaban
y un gato paso por mi costado
                                             colisioné
me sostuviste
y un beso alcanzo mis labios
pronto todo se hizo confuso
aparecí en una selva monocromática
donde reinaban libélulas gigantes y pájaros hormiga
entonces
desperté        e x a l t a d a
con la gélida impresión de tu aliento.

02-Abril-2014


Poema Pop

He amontonado tu nombre
pero esta terrible maldición
de no poder escribir poemas de amor
estrujar el papel, expectorarlo
y maldecir este pobre oficio
me descompensa,
como el oxido de las sillas
o el olor a trementina
desde la habitación
donde ahora te recuerdo,
y tus manos ansiosas
buscando en  mi cuerpo
el botón de encendido
para que mis palabras se conviertan
en cursis carteles de “acción poética”
pero no puedo hacer mucho para complacerte
mas que cambiar los posters de mayo del 68
por personajes de la escuela de Birmingham
y tomar un gran sorbo de mate
pensando en que ya nada me impide estar a tu lado
y caer rendida en la cama
e imaginar mis manos en tu bragueta
(escena frecuente de habitaciones al paso).
 Y vuelvo a traicionarte pensando
en comuneros exhaustos y minas informales
pero tus frases me vienen a la mente como post-it
con largas brechas de silencio
que acomodo sobre mi pecho
y te dejo penetrarme, ronronear en mi oído
y cargar mis demonios
pero vienen en seguidilla-violentos
cual comerciales publicitarios
y siento que las personas leen nuestras vidas
como si cada tropiezo saliera en periódicos chicha
¿y todavía somos, todavía eres? sin serlo
de costado abrazo tu espectro,
te abotono la camisa
y me pongo el cuarzo al cuello
para marcharnos juntos de esta habitación
desde la cual te recuerdo.



05-Abril-2014



Pintura: Cary McAulay

martes, 22 de abril de 2014

dos poemas: PACHA J. WILLKA


























XXIII
Titikaka de mi dinástica

A Martín Gómez

Vuelto a la conciencia el día despierto salta de júbilo
la gente sale a la realidad a caminar su alegría
¡ha amanecido el día más bello del mundo!

La pampa inundada de pobreza es un panal de calaminas
resquebraja los cristales la helada filocortante
los khollis sonríen, los kh’eñuas se estremecen
y el cielo más azultintura que nunca
dispone albos cúmulos azucarados para adornar su hermosura
mientras la luz solar baja íntegra esplendiendo todo.

Veo mi ojota caminante
mis pies se agigantan para las pisadas más altas
mis manos sostienen la chakitajjla y el charango
mi wallaka atesora el chuño y el maíz
¡dos warakas cruzan mi pecho acorazado de amor!

Ah, inmensísima pampa amarillenta, altar de alturas
¡cómo te amo y cómo te sufro!

Ahora que estamos nuevamente interactuantes
¡rijchariy!
¡levantemos la ideadora mente y el músculo soberano!
tranquilicemos el espíritu y volquemos la creación
hacia la tecnología andina del nuevo milenio.

Un microsegundo bastó para ingresarte en mis neuronas
Titikaka de mi dinástica.



 VUELVE AL INICIO PUMA DORADO, BRILLANTE Y PODEROSO

Aquí donde yemas brotaron lozanas en fastuosa geografía
urgencias naturales tornaron poderosa a una gran sociedad
se levantaron fosas telarañosas en humos violeta
hoy los arco iris se conectan creando un círculo de paz
y una preciosa cadena de bienaventuranzas nos muestra el orbe.

Aquí en medio del calor hominal
bajo el intruso y aplastante sol vespertino
sentado en amable soledad y ansias de mundo
un puma dorado, brillante y poderoso
montura negra-morada cabecea
signos en eterna piedra olfatea
su afilada dentadura ejercita
y en torno a su majestad
las formas-substancia en tarea-obra-enseñanza transforma.

Ahora
puma dorado, brillante y poderoso
vuelves conmigo al galope en la inmensa llanura
e iluminados atravesamos la historia
abriendo el viril viento de la Altipampa
devorando marrones, verdes, amarillos, ocres y pajabravas.

Eres puma dorado instalado en la piedra inmóvil y veloz
vigoroso felino gigante de garras aceradas
sumergido en las profundidades del lago
encerrado en una prístina burbuja de emoción.

Vuelve al inicio puma de oro, puma verdadero
abramos nuevamente los libros de la realidad
ingresemos al otro lado de la muerte
para encontrar la alegría
llenando de creación las ramas de los días
poblando de amor las mantas de las noches
haciendo nevar helado de lúcuma, de sauco y de papaya
promoviendo el crecimiento del maíz y las hortalizas
hasta que exhaustos nos recostemos en las playas de quinua de Mamaqocha
para ascender a las estrellas, purpurinos, enlazados con gafas de chifón
bordados de lentejuelas, rizos, sueños, música y energía
y quedarnos dormidos en el amplio firmamento.


Poemas pertenecientes al poemario «Luz de lluvia», 1999



Foto: Yuri Maydana

miércoles, 26 de marzo de 2014

dos poemas: VERA EIKON




Es fantástico despertar solo para posar suavemente los ojos sobre el telescopio puro del alba y comprobar la presencia poética de Vera Eikon, poeta gallega que en su blog nos traduce los arcanos místicos del bosque con una pluma que se mimetiza con el escenario, nos habla de la purificación del cuerpo mediante el agolpamiento de los sentidos, de viejos dolores que no secan y se oscurecen profundamente. Veo en ella la metafísica del asombro, creo que sus pensamientos meditados se distancian del mundo para luego venir a integrarlo y reanimarlo. Tuvimos una breve conversación hace unas horas en las que hablamos, en síntesis, de la posibilidad de bebernos un licor gallego a las faldas de un volcán activo o adormecernos con un pisco sintiendo el panorama de Rosalía de Castro. Seis horas nos distancian; yo despertaba de un largo sueño donde mi padre y yo navegábamos un pequeño barco en un mar en calma mientras un sol verdusco nos transmitía un aroma familiar a domingo, ella se estaba preparando, sospecho, para salir al mar y al monte de su natal Vilagarcía de Arousa, ubicada en la provincia de Pontevedra, en la Comunidad Autónoma de Galicia, lugar donde, según me dice, le da absoluta libertad y temporalidad a sus ojos para absorber el núcleo dormido de las imágenes.   

He aquí su poesía: lekibutzdeveraeikon.blogspot.com  


PADECIMIENTOS

nada nos curará
del espanto de nacer

nada

nadie

de toda esta carne
alrededor de su éxodo

no

nada nos curará
de la daga de una esperanza 
templándose en el pecho
del gesto que desempolva el ala

de la propensión del pájaro
a cantar

no hay cura ni consuelo
para la belleza
es sólo un padecimiento
hecho de muertes


INSTRUCCIONES CONTRA LA ARIDEZ


Dejarse la piel en limar las aristas
los cuatro vértices romos
tan suave
que hiera

almar el verso
hasta llorarlo

escribir fuente
y que el agua fresca
te corra entre las piernas

y el pájaro se pose a beber

que el poema
sea de una sed
respuesta



sábado, 22 de marzo de 2014

YEMIRA sabe que puede ahogarse





Tengo la inmensa suerte de contar con la amistad de Yemira Maguiña, joven poeta puneña. Somos contemporáneos y esos nos hace partícipes del mismo juego, del mismo baile de carnaval, el mismo reclamo de justicia a los pies de este siglo que empezó en las manos infantiles de nuestro primer poema. La conocí en Puno, en un recital que hicimos conmemorando el premio Copé de Leoncio Luque, diciembre del año pasado. Recuerdo que llevaba puesto un abrigo rojísimo y una sonrisa de oreja a oreja, nos presentó Marianna Espezúa, no pudimos charlar mucho, solo breves comentarios dedicados al cálido frío puneño y a la poesía que brota de las caminatas lluviosas por las callecitas maltrechas del casco antiguo. Tras este primer encuentro compartimos algunas charlas por el chat de Facebook: sugerencias de libros, la posibilidad de la primera feria del libro en Puno, Marianna yéndose a la Argentina, el pesimismo rutinario del trabajo, saltos al interior del Misti a primera hora de la mañana, etc. Nos volvimos a ver nuevamente en Puno a mediados de febrero en un conato de recital poético que contaría con múltiples voces y la oportunidad de que cualquier persona del público pudiera coger el micrófono y expresarse, se iba a celebrar en mitad del parque Pino pero la falta de organización y una lluvia repentina nos obligó a todos a guarecernos en la Casa del Corregidor. Ese día Yemira venía del trabajo, traía un maletín un tanto anacrónico y algunos de sus poemas entre las manos, me quedé con ganas de saber el contenido de ambas cosas. A primera vista lo que más resalta de ella es la alegría deshilachada de sus pasos lentos, la sonrisa amable antes de iniciar una frase o el silencio de sus ojos cuando reobserva el cielo. Sé, sin preguntárselo, que ella también alinea sus pasos en la alterada vida poética, lo percibo. Sé que ella sabe que la poesía es victoria pírrica en los campos de batalla de un arcoiris, comprensión natural de espejismos amorosos, arquitectura hecha de fe en la humanidad, crueldad rabiosa en medio de convencionalismos, abrir los ojos solo ante la verdad social del autoconocimiento. Le pedí hace poco que me envíe un poema, éste es el resultado, una imaginería boyante que me hace volver a pensar en el esoterismo cinético de la luna y en el oleaje transido y solitario que esa misma luna produce en los corazones trasnochados. Forma parte de un poemario que está preparando y que llevará por título «Arco Amoris».    



NOCHE XVIII


Cuarto menguante
Tú y las voces del ayer
carentes de cielo
carentes de mar
pies sin suelo a quien amar

Cuarto menguante
Elevas besos en el tiempo
bosquejas semillas de enero
ruedas, ruedas, ruedas hasta el sueño.


Color cuarto menguante, apareces entre las rieles del tren que ha caído alegre al abismo, no te has salvado ni has salvado a nadie, como si tu sino y el mío fueran el abismo oscuro y frío del río, te haces pez menguante y nadas contracorriente, sabiendo que me puedo ahogar.



 
 
Pintura: Amy Judd


martes, 18 de marzo de 2014

Astro Deseo xv





me abandono a la corriente más importante
la que me hace visitar todo el temor del mundo
en embarcaciones primitivas para captar la señal
de que hubo un tiempo o un canto parecido
a la adolescencia tardía de la muerte

esta mañana de troquel amistoso acuña
mis viejas disputas con el relincho de los rayos
la alegría encerrada en las fotos familiares
el olor de tu sexo en mitad del apagón general 
todo en una tosca moneda de plata

por la tarde vi los bártulos en el rellano
forman parte de un equipaje secreto
que guarda un bosque derretido
sugerencia de embrujo

náufrago de un sueño
donde mi madre me
está pariendo en calma 

las
puertas
insomnes

te doy mi palabra

como quien brinda 
un poco de agua 
al ahogado




Fotografía: Kent Shiraishi